El 10 de enero de 2016 cerró sus puertas la exposición Figuras del Desdoblamiento, que pudo verse durante tres meses (se inauguró el 8 de octubre de 2015) en el Arts Santa Mónica, en pleno centro de Barcelona. Una exposición grande, que ocupó los dos pisos del conocido centro artístico de la Rambla, y que ha reunido más de 280 piezas pertenecientes a unos 60 prestadores. Contando los vídeos exhibidos, la cifra de prestadores y de colaboradores directos asciende a unos noventa. También, y para cerrar este párrafo de números, indicar que han pasado unas 15.000 personas por la exposición, siendo la segunda más visitada de las presentadas por Arts Santa Mónica durante el año 2015.

Figures del Desdoblament
Foto © Román Yñán, Arts Santa Mònica 2015

Vale la pena iniciar esta historia y balance con las cifras globales del proyecto, para situar de entrada sus dimensiones y poder entender así el recorrido que se inició hace cerca de tres años, después de una conversación mantenida entre quien firma este texto y Anna Valls, directora del MAE (Museo de las Artes Escénicas) del Instituto del Teatro. Fue durante una visita al Museo Frederic Marés, un museo que considero de los más importantes de Barcelona, reflexionando ambos sobre el hecho de que los importantes fondos del Museo de las Artes Escénicas (MAE) no disponen de un espacio permanente de exhibición, cuando se nos ocurrió la idea de realizar una gran exposición que por un lado mostrara algunos de estos fondos -especialmente los relativos al mundo de los títeres- y por otro lado pusiera en evidencia la vitalidad extraordinaria que el sector del teatro visual, de objetos, de títeres, de máquinas e hilos, tiene hoy en día en Barcelona y en toda Cataluña.

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El pájaro de Artristras arriba en la escalera de Arts Santa Mònica. Foto T.R.

Debemos tener en cuenta que en el año 2013, cuando nació la idea, nos encontrábamos todavía en plena crisis económica por no decir también política, con unos presupuestos de cultura bajísimos y con un pesimismo ambiental en cuanto a la realización de nuevos proyectos de cierta envergadura. Debo decir que esta circunstancia, lejos de desmotivarme, actuó en un sentido contrario, ya que siempre he considerado que para subir, va bien estar abajo, de modo que sólo se trata de seguir una inercia natural en el desarrollo de las cosas.

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Entrada 2do piso: La Fábrica y los Artistas. Foto T.R.

Enseguida me di cuenta de que el proyecto tenía un cierto sentido estratégico: por primera vez se mostraría la amplitud de un sector y de un campo de actividad que va más allá del teatro y de los títeres, al incorporar también el mundo de los autómatas, de las máquinas automatizadas con fines artísticos o lúdicos, de la robótica como una de las disciplinas de futuro íntimamente relacionada con nuestro sector, del uso de los objetos, mientras al mismo tiempo se mostraba la riqueza de las tradiciones del teatro de figuras en todas sus múltiples variedades: hilo, guante, sombras, varilla, teatrines, papel, gigantes..

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El Cantante. Autómata de Roland Olbeter y Esterina Zarrillo. Foto T.R.

Un sector que es más que un sector al convertirse en un extenso campo de creación, interpretación y reflexión que tiene que ver con la idea del doble, de la figuración y del desdoblamiento. Es por ello que el proyecto se vio en la necesidad de vestir un traje bastante ancho para que en vez de encorsetarlo, le diera alas. Inventamos el IF Barcelona, letras que indican Imaginación y Formas, dos palabras que sitúan el ámbito de la creación en su base, para no tener que descartar nada. Sin embargo, y para orientar al espectador y al visitante, añadimos el subtítulo de ‘Títeres, Máquinas e Hilos‘, elocuente y ambiguo vez.

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Centaurus nandertalensis. Fauna d’Ameisenhaufen. De Joan Fontcuberta y Pere Formiguera. Fondo del Macba. Foto de T.R.

Comprendí de inmediato que este proyecto, surgido de la propia revista Titeresante a través de sus contactos con Anna Valls y el MAE del Instituto del Teatro, necesitaba un equipo. Por supuesto, Cesc Martínez, mi colaborador en la primera etapa de la revista, fue el socio que ya desde un primer momento acompañó todo el proceso de creación del proyecto, convirtiéndose en el co-comisario de la exposición y al mismo tiempo en el editor del libro-catálogo que hemos publicado gracias a la valiosa ayuda de la Diputación de Barcelona, que lo financió íntegramente. Su rigor en la parte conceptual y en la escritura de los textos ha sido muy importante a la hora de dar coherencia y forma digerible el producto.

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El lobo de Didó (fondo MAE) y los cabritos de la companyia l’Estaquirot Teatre. Foto T.R.

Por otra parte, necesitaba también un jefe de producción muy bien amueblado que pusiera orden a la cascada de ideas que la fuente del IF Barcelona generaba a borbotones. Fue Jordi Alomar la persona elegida, un cerebro de altos vuelos, que proviene del mundo de la música cuando ésta se cruza con las otras artes y el mundo de las imágenes y los objetos. Jordi Alomar, seguramente por influencia de la temática a tratar, se desdobló en seguida en una segunda cabeza pensando y ordenadora, la de Giulia Poltronieri, persona de una eficacia fulminante, con capacidad de reaccionar a la velocidad del rayo. Personas ambas que puede decirse pertenecen ya al sector mutante de la producción cultural, cuando ésta se convierte en un trabajo de creación, organización y programación. Un campo que podríamos tildar de ‘cuántico’, debido al dinamismo y a la ubicuidad que muestra.

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Giulia Poltronieri, Cesc Martínez, Toni Rumbau y Jaume Reus, durante una de las ruedas de prensa de la exposición. Foto Jesús Atienza.

Hay que sumar a este primer equipo la figura de Víctor Molina, profesor del Instituto del Teatro y buen amigo, que nos dio pistas muy importantes para afrontar las ideas con buen pie.

Lo que sin duda este tipo de proyecto más requiere para arrancar es entusiasmo: una energía difícil de definir pero necesaria e indispensable para convencer, envolver y entusiasmar a una gran cantidad de personas y de cargos públicos, que son los que tienen que ir abriendo, una a una, las diferentes puertas hasta llegar a la recta final y a su desarrollo. Una energía que prodigué en abundancia y que conlleva a la larga un desgaste, que es lo que se siente sobre todo cuando la ola realizadora ha concluido. Un desgaste que es a la vez resaca y hartazgo, como cuando se ha asistido a un banquete descomunal. Sensación que ahora tengo y que me empuja secretamente a escribir estas líneas, a modo de conclusión y de punto final, para ver si la cosa se acaba ya de una vez.

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Procesión de Semana Santa de Robertos de Manuel Rosado. Fondo del Museu da Marioneta de Lisboa. Foto de T.R.

Y debo que decir que el proyecto IF Barcelona y de la exposición Figuras del Desdoblamiento encontró rápidamente cómplices entusiastas en las primeras personas que fuimos a ver. Descontando a Anna Valls y a su equipo, como Cristina Soler, que desde un inicio se sumaron al entusiasmo congénito de la idea, Jordi Sellas, director entonces de Cultura de la Generalidad de Cataluña, fue el primero que nos dio el empuje básico para empezar. Una persona que conectó con el espíritu de la propuesta y que la visualizó de inmediato. Después fueron los directores del Arts Santa Mónica, el espacio que elegimos como el más idóneo: Conxita Oliver y Manuel Guerrero, ambos literalmente fascinados por la idea, que lo han apoyado en todo momento y que han sido claves para que todo llegara a buen puerto. Más tarde, el nuevo director de Santa Mónica, Jaume Reus, se sumó al entusiasmo y se hizo el proyecto suyo, un punto absolutamente indispensable.

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Árbol sonoro de Cabo San Roque, en la Puerta de Animalia. Foto T.R.

En el Instituto del Teatro fue la figura de su entonces director gerente, Jordi Roig, quien nos dio el segundo empuje trascendental: una ayuda económica que constituyó la gasolina necesaria para poner los motores en marcha. Y, una vez estos encendidos, no fue un coser y cantar, pero sí una conducción firme de todo el equipo por las empinadas carreteras del momento (elecciones, indeterminación política, subvenciones …) con el todoterreno de nuestra pequeña estructura productora. Se pidió subvenciones al ICUB, a la Generalidad, a la Diputación de Barcelona, y al Ministerio de Cultura …

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El Infierno. Foto © Román Yñán, Arts Santa Mònica 2015

Toca hablar aquí del otro fundamento básico respecto a la construcción artística de la exposición: el diseñador del espacio. Yo enseguida tuve claro quién podría hacerlo, Dani Freixes, arquitecto con experiencia sobre el tema, ya que él mismo fue titiritero de joven y además es el creador del Museo del TOPIC o Centro Internacional del Títere de Tolosa, que conozco muy bien. Todo el mundo lo encontró difícil, dada la condición del personaje, una figura asaz reconocida y siempre muy ocupada, pero lo decidimos probar. Su respuesta fue inmediata: un sí como una casa, al oír sólo la temática del doble, una de sus debilidades. ¿Una exposición de marionetas en Barcelona? Esto es lo que le interesaba. ¿Poco dinero? Seguro que será suficiente …

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Joan Baixas, en la seva conferència-espectacle el dia de l’obertura de l’exposició. Foto Jesús Atienza.

Bueno, los dineros fueron escasos, bastante pocos por las dimensiones tomada por la exposición que se desplegaba en los dos pisos de Santa Mónica. Pero saldríamos adelante. Y así ocurrió, más o menos chamuscados como suele ocurrir en estos casos.

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Dani Freixes dibujando el Infierno. Foto de T.R.

Dani Freixes fue esencial para acabar de dar forma a la idea de la exposición. No sólo aportó multitud de ideas avaladas por su larga experiencia, en el número de piezas y su selección, o en la misma denominación de todo el apartado del segundo piso, la Despensa de los Títeres, que yo previamente había bautizado como el Pabellón de los Títeres. Suya fue la creación del impresionante Infierno infinito de la Tercera Puerta, como todos los efectos realizados con espejos tanto de la Primera (el Umbral) como de la Séptima Puerta (El Doble, el Otro, el Observador de uno mismo).

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Los pingüinos de Dido, fondo del MAE. Foto de T.R.

Ahora bien, para hacer una exposición necesitas piezas y alguien te las tiene que prestar. Aquí es donde pienso que acertamos de lleno, al pedir obras a un gran número de titiriteros y compañías en activo, básicamente de Cataluña, que enseguida mostraron su voluntad de colaborar. En ningún momento quisimos ser exhaustivos ni intentar hacer una muestra de los grupos de títeres existentes, algo imposible de hacer, sino que nos dirigíamos a quien tenía piezas que encajaban con lo que queríamos enseñar. Partíamos también, por supuesto, de la gran colección del fondo del MAE, el Museo de las Artes Escénicas de la Diputación de Barcelona, ​​de un valor extraordinario y de la que dispusimos de todo lo que nos exigía el concepto y las medidas del espacio: las marionetas de Harry V.Tozer, y los títeres de Didó, de Vergés y de la familia Anglés, más algunos teatrines, carteles, herramientas titiriteras… También pedimos piezas a varios museos, como el de Lisboa de marionetas (el Museo da Marioneta) o el del TOPIC de Tolosa, ambos los especializados en marionetas de la Península más importantes. Pero igualmente a otros museos de la ciudad (Marés, Etnológico, Macba) y de fuera de Barcelona (el de la magia del gran Mago Xevi, de Santa Cristina de Aro, o el de la Porciúncula de Palma de Mallorca). Los Titiriteros de Binéfar aportaron un número importantísimo de piezas, y Etcétera de Granada nos dejó unas imágenes preciosas de su reportaje ‘El Alma del Pueblo’, así como algunas marionetas. Por no hablar del vídeo prestado por el Museo della Marionetta di Palermo Antonio Pasqualino, y los realizados expresamente para la exposición por el virtuoso titiritero Luca Ronga, de una calidad muy apreciada por el público.

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Foto © Román Yñán, Arts Santa Mònica 2015

El otro gran acierto de la exposición fue, en mi opinión, el hecho de haber creado el recorrido de las 7 Puertas de la Alteridad en el primer piso. Espoleado por las preguntas de Víctor Molina, que me pedía qué discurso había previsto para la exposición, elaboré ya desde un principio la idea de las 7 Puertas que me permitía centrarme en el tema del desdoblamiento -eje conceptual de la exposición, una temática por otra parte profusamente tratada en mis espectáculos- y a la vez hablar de la idea de Alteridad, un concepto bastante amplio, ambiguo y transversal para poder meter la variedad de piezas y referentes que nos rondaban por la cabeza.

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Pupo de Nápoles. Colección de Los Titiriteros de Binéfar. Foto T.R.

De entrada, el número 7 nos conecta con una cifra de resonancias mágicas y ocultistas, y el concepto de las puertas, a un recorrido iniciático. ¿Hacia dónde? Pues hacia el descubrimiento del propio doble, a la observación de uno mismo a través de una figura que nos distancia de nosotros mismos. De este modo, el sentido de alteridad coge una significación profunda y clara: todo es alteridad y relación, pero lo importante es ser conscientes de ello, poder practicar el desdoblamiento, comprender y saber los mecanismos de proyectarnos en los demás o en las figuras que nos rodean y nos representan. Hay iniciación cuando hay autoconciencia. Las 7 Puertas nos ofrecen un recorrido por siete modos diferentes de desdoblarnos desde la autoconciencia.

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Calvario con marionetas de Santi Arnal. Foto de T.R.

De este modo, simples marionetas de animales, o simples demonios populares, o monstruos extraídos de las más profundas pesadillas, o títeres clásicos como los títeres europeos de cachiporra, o imágenes de devoción, se convierten en piezas que nos reflejan y nos abren espacios de autoconciencia.

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Instalación de exvotos de Raquel Tomàs. Foto de T.R,

Creo que éste, el recorrido de las 7 Puertas de la Alteridad, es el gran acierto de la exposición, que se manifiesta en toda su profundidad en el primer piso, y que impregna a través de un fenómeno de resonancia toda la diversidad desplegada en la Despensa de los Títeres del segundo piso.

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La ‘granja’ de Animalia, la Segunda Puerta. Foto © Román Yñán, Arts Santa Mònica 2015

Las 7 Puertas.

He visto a los visitantes francamente impactados por esta manera de presentar las piezas a través de las 7 Puertas: el Umbral, donde un juego de espejos multiplica al infinito la presencia del visitante, primera puesta en cuestión de nuestra identidad; Animalia, el mundo de los animales y de la naturaleza, un nivel base de proyección y desdoblamiento, que nos traslada a las primeras culturas humanas cuando dábamos forma y vida a las imágenes que reproducían las fieras de caza, o los animales más admirados; El Infierno, una alteridad muy íntima y asentada, la de los demonios de toda la vida, las proyecciones de nuestras partes oscuras y truculentas que nos sorprenden y asustan cuando las tenemos delante; la Batalla, el mundo de las guerras y de los conflictos, que los títeres tan bien saben mostrar, como las distintas tradiciones mundiales de los títeres de cachiporra, que expresan las dualidades conflictivas interiores (las dos manos del titiritero), o los guerreros de los pupi, que recogen en sus armaduras los golpes de todas las batallas; La Muerte, tema arquetípico del teatro de marionetas europeo y mundial por excelencia, la imagen del esqueleto animado que nos distancia del drama y nos permite reír y aceptar lo que más nos cuesta aceptar; la Devoción, con figuras que vemos en el día a día de las iglesias, o en las culturas todavía animistas, o en el politeísmo hindú, donde las imágenes del teatro de sombras y de marionetas son dioses y personajes sagrados; y finalmente, el Otro, la Séptima Puerta, el Observador de Un Mismo, donde confluyen las máscaras de carnaval, quizá la manera más popular que tenemos los occidentales de otrarnos, de ser otros, los desdoblamientos explícitos de los alter egos, las cabezas dobles, los siempre inquietantes muñecos de ventriloquia, los androides y los Geminoid de la robótica, o los mil trucos de los espejos que permiten vernos desde ángulos insólitos y sorprendentes. Unos versos de Antonio Machado, que resumen muy bien una de las autoconciencias de la Alteridad, cerraban las 7 Puertas: Busca a tu complementario / que marcha siempre contigo / y suele ser tu contrario. (Nuevas canciones, 1919).

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La Puerta del Infierno, con las sombras del Águila de Barcelona y el Dragón de Valentina Raposo. Foto © Román Yñán, Arts Santa Mònica 2015

La experiencia de las 7 Puertas ha sido para mí una de las más gratificantes de esta exposición, y creo que también para muchos visitantes. Era fantástico poner en marcha el fastuoso autómata de Roland Olbeter ‘El Cantante’ con una moneda de dos céntimos, frente al no menos inquietante Monstruo en movimiento de ETY Fefer y José Tola, en la entrada del Infierno, mirando de reojo al pérfido cabrón del Apocalipsis de Pepe Otal, de cabeza fálica. Joëlle Nogués, titiritera de Toulouse que participó en este espectáculo de finales de los setenta, nos contaba como hacían brotar leche del inmenso falo ante el atónito público europeo. Cada puerta tenía sus joyas y creo que muchas personas repitieron varias veces la visita para volver a ver las figuras que más te atrapaban -inoblidables los siete Ogritos de Pa Sucat, de Eudald Ferrer, o el demonio quemado de los Vergés, o el Lobo de Didó que tenía hipo después de haberse zampado los siete cabritos de los Estaquirot, o el magnífico vídeo de Luca Ronga sobre la Gramática de la Mano y la rutina de la pelea de marionetas con estaca…

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Joëlle Nogués mira el Demonio Cabrón del Apocalipsis de Pepe Otal, del que fue coautora. Foto de Giorgio Pupella.

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Escena de calaveras en la Puerta de la Muerte. Marionetas de Jordi Bertran y de Lope de Alberdi. Foto © Román Yñán, Arts Santa Mònica 2015

Los esqueletos del señor Tozer, de la obra El Cementerio de Montmartre, impresionaron a todos. Impactante saber que desde el día de su fabricación, nunca nadie los había visto expuestos, ya que el espectáculo no se llegó a estrenar. Y alrededor de la calavera pianista de Lope de Alberdi, dos magníficas marionetas de Jordi Bertran: el barquero Caronte con su barca y un esqueleto de lucimiento, de los que se desmiembran en plena danza.

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Los esqueletos del ‘Cementerio de Montmartre’ de Harry V.Tozer, fondo del MAE. Foto T.R.

Ya en la Sala de la Devoción, presidida por una Virgen con el niño del siglo XIII prestada por el Museo Frederic Marés, una procesión de Semana Santa de Robertos de Manuel Rosado – préstamo del Museo da Marioneta de Lisboa- se movía mecida por un ruidoso mecanismo, mientras sonaba la banda de la procesión de máscaras de Figuras Bíblicas de Puente Genil, filmadas por Etcétera. Una sala curiosa y mistérica, con el Calvario de marionetas hechas por Santi Arnal, y la parada de exvotos presentada por Raquel Tomás, en una visión moderna y personal de este fenómeno devocional.

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Madre de Dios con el niño del s.XIII, del Museu Frederic Marés. Foto de T.R.

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El modelo de escultura del Museu Frederic Marés, pieza del s.XIX, y los Alter Egos de H.V.Tozer y Pepe Otal. Foto © Román Yñán, Arts Santa Mònica 2015

En la Séptima Puerta, el Hombre de Carne de Marcel·lí Antúnez presidía la sala más inquietante de la exposición. Su cabeza doble, puesto en una urna de vidrio, vigilaba su criatura, que se movía según los ruidos que oía en el entorno.

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El Hombre de Carne de Marcel·lí Antúnez mirando las cabezas dobles de la Séptima Puerta. Foto © Román Yñán, Arts Santa Mònica 2015

Segundo Piso: La Despensa de los Títeres.

Subir al segundo piso te transportaba a un diferente tipo de experiencia: el despliegue de piezas iba de lo más pequeño a lo más grande, ya que empezaba con la sección de Sala y Alcoba, y terminaba con la Plaza, donde los Gigantes del Pi se imponían en este amplio espacio de Santa Mónica. Unos decorados de calle de los Hermanos Salvador daban la atmósfera necesaria de Plaza, acompañados por el Sol Solet de los Comediants, por el cabezudo Cucut, por Pandora de Artristras, o por la conocida y a la vez desconocida comparsa de Picasso del artista Jordi Joan Guillén.

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La Plaça. amb la comparsa de Picasso de Jordi Joan Guillén. Foto © Román Yñán, Arts Santa Mònica 2015

Manos, Hilos, Máquinas y Chips, Luz y Sombras, Nudo de Artes, he aquí las diferentes secciones que seguían el recorrido entre los teatrines y las miniaturas de la Sala y Alcoba, y la majestad solemne de los gigantes en La Plaza. Mucha gente se quedaba extasiada viendo el teatrillo checo que un día compró en Praga Reni Baker, con ganas de llevarlo de paseo por los pueblos del Pirineo, y que acabó vendiendo a L’Estaquirot Teatre, que lo exhiben en su taller-museo de Vilanova y la Geltrú. Don Quijote y Sancho Panza de David Laín, hechos con botes de cocina, tuvieron mucho éxito. O la joya de la corona de la colección infinita de Pilar Amorós y Paco Paricio, de Los Titiriteros de Binéfar, el teatrillo de madera que se supone perteneció a George Sand, cuando estaba en Mallorca y hacía marionetas para su hijo Maurice Sand (gran titiritero y divulgador).

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El teatrillo de George Sand, de los Titiriteros de Binéfar. Foto de Ping Lin.

También sorprendió ver las primeras figuras de los catalanes Marduix Títelles o de los veteranos Babi, cuando actuaban todavía en el Pueblo Español de Barcelona, unos clásicos entrañables del movimiento titiritero catalán de los setenta siempre en activo a día de hoy.

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Los títeres de Marduix a contraluz. A la derecha, cabezas de títere catalán del fondo del MAE. Foto © Román Yñán, Arts Santa Mònica 2015

Sería imposible mencionar todas las piezas -quizás un día debería hacerse, al carecer de un estricto catálogo de la exposición con las imágenes de todas las obras expuestas- y sólo nos podemos limitar a citar alguna a modo de pincelada nostálgica, con la vana intención de fijar imágenes que querríamos mantener en la retina. Y quizás aún sea mejor adjuntar a las palabras fotografías pescadas de la exposición que seguramente llenarán mejor los huecos de nuestra memoria.

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Cabezas de Títere Catalán de talla de madera. Familia Anglès y Familia Vergés. Fondo del MAE. Foto de T.R.

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Gato de boca articulada. Colección de Los Titiriteros de Binéfar. Foto de T.R.

Pero no podemos dejar de citar la magnífica colección de títeres catalanes del MAE, con los deliciosos movimientos creados por el inventor Oriol Font (responsable de todos los mecanismos que han movido los títeres de la exposición, salvo los autómatas), en la sección de Manos. Unas figuras de cabezas de talla de madera según la conocida técnica del Títere Catalán, que se complementaban con la colección también única de los Titiriteros de Binéfar, magnífica con la joya de un gato que abre la boca y enseña unos dientes pequeños y afilados.

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La Corrida de Carles Cañellas, Rocamora Teatre. Foto de Ping Lin.

Quizás el hilo sea la técnica más bien representada de la exposición, además de los títeres de guante. Un homenaje a varios maestros que Barcelona ha tenido a lo largo del siglo XX: Harry V.Tozer, Herta Frankel, Pepe Otal y Mariona Masgrau entre los desaparecidos, y Fernando Gómez, Jordi Bertran, Santi Arnal, Toni Zafra y Carles Cañellas (citados por orden de aparición en las salas dedicadas al Hilo) entre los vivos en plena forma y actividad profesional. La evidencia de una realidad que permite considerar Barcelona como una pequeña gran capital europea del Hilo.

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La Banda de Madera. Piezas del Marionetàrium, de la compañía Herta Frankel. Foto de T.R.

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Módulo escenográfico de la compañía Farrés Brothers. Foto de Ping Lin.

El apartado de Máquinas y Chips estaba muy bien representado por el león Boris del actor Oriol Aubets, bien encerrado en una jaula, por un verdadero robot del Centro de Informática de Barcelona, una araña de hierro articulada que veíamos en movimiento en un vídeo, o por los dos autómatas creados por Josep Ventura, de los Excéntricos, en colaboración con su padre, el señor Ventura, relojero de profesión. No podía faltar la Máquina de medir el amor de Jordà Ferré, ni el gracioso autómata de percusión de los Estaquirot Teatre, accionado por dos zapatos que pedaleaban solos. Y muy cerca del Poeta que se duerme, del Tibidabo, uno de los autómatas más queridos de los barceloneses de ahora y de antaño, varios videos nos mostraban imágenes de la Fura, de Cabo San Roque, de Marcel·lí Antúnez o de la exposición de Monstruos y Guerreros de Ety Fefer y José Tola.

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Figura autómata de Ety Fefer. Foto de T.R.

Después de cruzar el espacio de las sombras, con figuras de Jordina Salvany, de Cengiz Ozek (del Teatro Karagöz de Turquía), del Karaghiosis griego y del Wayang Kulit de Bali, llegábamos a la sala de las artes: preciosas esculturas de barro cocido de Mariona Masgrau, realizadas para ser marionetas, que impresionaban por la originalidad de sus rasgos, las dos figuras principales del Mori el Merma, de la Claca y Joan Miró, piezas históricas del teatro contemporáneo de marionetas, o el magnífico poema objeto de Joan Brossa El Balance o Los ahorros de la caja.

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Cabezas de Mariona Masgrau. Museo del TOPIC de Tolosa. Foto de Ping Lin.

La ópera estaba muy bien representada por las figuras de Hansel y Gretel, obra de Joan-Andreu Vallvé, del Centro de Titelles de Lleida, y por las tres marionetas de Etcétera de la obra La Serva Padrona. Unos vídeos mostraban más ejemplos de muchos estilos diferentes de ópera con marionetas y grandes figuras.

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Instalación de Shaday Larios. Foto de Ping Lin.

La pequeña y potente instalación de Shaday Larios, un homenaje a las mujeres desaparecidas en México, en una simple cajita de madera que se iluminaba al abrirse, gustó mucho a todos. Y junto a la Marioneta de Rodrigo Orduña, una intrigante cabeza hueca de estructura informe, reinaba otra joya de la corona: Flamenco Figure, de Tony Ousler, donde la proyección de una cara daba vida a un cojín con un cuerpo apoyado sobre tres sillas. Inquietante imagen que perturbaba profundamente a los que se paraban a contemplarla.

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Instalación de luz y sombras de Lluèrnia, y las grandes marionetas de Mori el Merma, de la Claca pintadas por Joan Miró. Foto © Román Yñán, Arts Santa Mònica 201

Joan Baixas quiso estar presente con una creación nueva: colgadas de un hilo que salía de una caña sostenida por una montaña de libros, varias figuras bailaban entre una lámpara y una pantalla. Un texto invitaba a soplar y a poner así en movimiento la sombra.

Y, al llegar a la Plaza, te esperaba el vídeo de Marionetas Nómadas, con los dos preciosos reportajes de Helena Molina, sobre Burkina Faso y Haití.

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Els Gegants del Pi, el cabezudo Cucut y el Sol Solet de los Comediants. Foto © Román Yñán, Arts Santa Mònica 201

En la Plaza podemos sentarse y descansar en las sillas situadas frente a un escenario, donde se apoya un teatrillo pequeño de Guignol, con sus cinco títeres de la tradición europea, piezas cedidas una vez más por Los Titiriteros de Binéfar.

El descanso en la Plaza fue un punto fundamental de la exposición, ya que recorrerla entera acababa cansando al más curtido de los mortales. Allí, bajo la mirada indiferente y majestuosa de los Gigantes del Pi, uno podía dejar que el festín de imágenes se fuera poniendo en su lugar, mientras la identidad de cada uno que se había visto asaltada por tantas figuras de desdoblamiento, se recomponía. Si el primer piso tenía una estructura más de ‘gabinete’ o de ‘laboratorio’, el segundo lo era más de banquete o de ‘mesa puesta’, para que el visitante pudiera empacharse, si quería, con un buen atracón de imágenes y de figuras.

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Pandora, figura de la cia. Atristras, y los Gigantes pequeños del Pi. Foto © Román Yñán, Arts Santa Mònica 201

Algunos han planteado hasta qué punto esta exposición se la podía definir de Arte, en mayúscula. Si entendemos Arte desde la perspectiva sociológica de lo que sube muchos enteros en el Mercado, ciertamente la exposición era relativamente poco artística, aunque tampoco tanto, y es mejor dejar aquí las reflexiones en boca de los entendidos en esta materia, que no es mi caso. Ahora bien, si entendemos el Arte desde una perspectiva de creación, creo que la exposición se eleva por las nubes. Pocas veces se ha visto un despliegue de creatividad de tan distintos niveles -colectiva, popular, individual, reflexiva, experimental, artesanal, mecánica, científica, vivencial …- como la que ha mostrado Figuras del Desdoblamiento, dentro de una transversalidad absoluta. De hecho, el mismo concepto de desdoblamiento implica la creación del doble al que nos queremos proyectar, individual o colectivamente. El verdadero proceso de ser otro, si se lo quiere real, exige un acto de creación. Sin creación no hay alteridad. Es precisamente en esta conjunción entre imagen, figura, creación y alteridad donde radica el interés, en mi opinión, de esta exposición.

Vista desde la corta distancia de un par de semanas, diría que el esfuerzo ha valido la pena y que el reto siguiente será adaptar las 7 Puertas a otros espacios, culturas y países.

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Gallina de David Laín, en Animalia. Foto de Ping Lin.

Falta, en esta reflexión a posteriori, referirnos al IF Barcelona, es decir, al Festival que ha acompañado la exposición, así como a las diversas actividades, representaciones, residencias y simposio realizados. Actividades que han tenido todo un magnífico equipo de gente detrás y en las que han participado numerosas compañías. Lo haremos, sin embargo, en otro artículo, para no empacharse aún más al lector.

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