(Imagen de ‘Vairoleto, pechito libertario’, de La Pelela Títeres.)

Acabamos con esta crónica el espacio que hemos dedicado al Festival Galicreques 2019 de Santiago de Compostela, con mención de cinco de los espectáculos vistos: A familia unida, de Mircromina Teatro, Vairoleto, pechito libertario, de La Pelela Títeres, Serenata con Sonata, de Tres Tigres Teatro y Desde el Azul, de Gaia Teatro. Igualmente hablaremos del Premio Galicreques 2019, otorgado este año a Ángel Suárez, fundador del Festival Titiricuenca y de la compañía Títeres Larderos.

A familia unida, de Mircromina Teatro.

Ya mencionamos al joven titiritero Ton Arenas cuando comentamos su trabajo en colaboración con Arturo Pérez Cabral de Spaguetti Títeres en la anterior crónica (ver aquí). Conviene ahora hablar de su espectáculo A familia unida, título de doble significado, pues por una parte hace referencia al argumento de la obra, con un padre que no sabe que tiene un hijo y su posterior reencuentro con él, y a la familia titiritera de los personajes clásicos que componen el repertorio tradicional, como son el Diablo, el Dragón, la Muerte, el Policía, la Mujer, el Héroe, aquí llamado Cromina, el Bebé y el Propietario, André, que también ejerce de presentador.

Ha querido Ton Arenas pagar el obligado peaje al oficio en su iniciación a las viejas artes de los títeres, penetrando en los arcanos del repertorio clásico, con esos personajes sacados de las distintas tradiciones, pero dándoles nombres y matices diferentes, a modo de sana revisitación de los cánones y sus fijaciones.

Y hay que decir que el resultado es muy bueno, gracias sobre todo a un control de la manipulación -sin duda por influencias lejanas del estilo poético de Guaira Castilla y las más cercanas de la sabia mano de Arturo Pérez Cabral- que le ha evitado las aceleraciones y los ritmos desbocados y a veces frenéticos en los que los titiriteros jóvenes muchas veces caen cuando se atreven con la tradición. Igualmente recurrir a la voz y obviar la lengüeta es una buena decisión en su caso, pues le permite este despliegue más sosegado de las clásicas rutinas. Si algo se le pudiera objetar sería haber querido introducir en una misma obra un cúmulo demasiado extenso de trucos, gags y números clásicos, peccata minuta en su caso, al tener bien agarradas las riendas de la representación.

Ton Arenas, con la máquina de hacer salchichas.

Sin duda nos encontramos ante un titiritero que ha salido con fuerza y con buen pie en los escenarios del mundo, provisto de la serenidad que requiere el oficio, amén de una extraordinaria energía que le permite apuntar lejos y largo. Oiremos a hablar de él en los próximos años.

Vairoleto, pechito libertario, de La Pelela Títeres.

De San Martín de los Andes, Neuquén, la Patagonia argentina, llegó a Santiago de Compostela la compañía La Pelela Títeres, formada por el actor-titiritero Daniel Negro Aguirre y por un par de músicos de los que te dejan con la boca abierta y con ganas de seguirles escuchando más y más, Andrés Durán con el bandoneón y Santiago Aguirre, hijo del Negro, con la guitarra y el canto. Presentaron en el Teatro Principal de Santiago un espectáculo que asombró y encandiló a todos los allí presentes, provisto de una factura impecable en cuanto a interpretación, juego titiritero, relación con la música en directo, y con una actuación solista del Negro Aguirre excepcional, en el doble sentido técnico de dominio del oficio y en el aspecto humano y vivencial de alguien que se pone frente al público con la verdad por delante.

Una ‘verdad revolucionaria’, si es que tal juego de palabras puede existir, pues bien sabemos como las verdades hoy en día han dejado de ser absolutas, por mucho que así lo crean quienes las defiende a fuego y espada. Pero la obligación de un buen actor es hacernos creer que lo que cuenta es verdadero y absoluto, y así lo intenta y sin duda lo consigue con la nota muy alta Daniel Negro Aguirre, actor enamorado del personaje, al que sitúa en los altares de una mitología popular de buen bandido amigo de los pobres.

Daniel Negro Aguirre, con uno de sus títeres.

La obra es un canto a la anarquía romántica de los que huyen de la sumisión y resuelven por la vía directa sus problemas de manutención y los sociales correspondientes. Lo bueno es que Vairoleto, el protagonista de la obra, existió realmente y aún es recordado hoy por los viejos de la región patagónica como un mito vivo que pervive en la memoria y la imaginación libertaria de la gente. Me contó Aguirre que, para llevar a cabo el espectáculo, quiso conocer a los que vieron y trataron en vida al bandido bueno, hablando incluso con su hija, lo que le acercó a la humanidad del personaje. Un hombre que consiguió retirarse y vivir en paz con su familia hasta que un antiguo colega suyo lo vendió a las autoridades. Al verse rodeado y sin ganas ya de pelear, se quitó noblemente la vida.

El espectáculo se desarrolla en varios niveles y registros, con la presencia del titiritero-narrador-actor saltando de uno al otro: ora ensimismado en los objetos que recuerdan la vida íntima del personaje, ora encarnando su exaltación libertaria, ora manipulando los títeres que escenifican algunas escenas de su vida. Importante la presencia de la Muerte, que abre y cierra la obra, representada por un títere inquietante pegado a la cintura del titiritero. Buscando en los créditos, descubrí que la obra está escrita por Rafael Urretabizkaya y que la dirección de escena ha sido de Carlos Piñero, uno de los dos ilustres miembros del Chonchón, de Córdoba. Una dirección impecable que ha trabajo al mínimo detalle y que ha tenido la suerte de contar con una obra muy bien escrita que se adapta como un guante a la excelencia de los intérpretes.

El público quedó sorprendido tanto de la entrega de Aguirre y los dos músicos como de la visceralidad interpretativa de los tres, estallando en fervorosos aplausos cuando la obra llegó a su punto final.

Serenatas con sanata, de Tres Tigres Teatro.

En la Carpa de la Alameda, actuó la compañía de Córdoba, Argentina, Tres Tigres Teatro con una obra musical para niños a cargo de dos únicos intérpretes: Carolina Vaca Narvaja y Jorge “Pico” Fernández. Más que espectáculo de títeres, fue una sesión de cuentos y canciones, que los dos intérpretes, armados de sendas guitarras, pero ayudándose también con un sinfín de otros instrumentos de pequeña percusión, explicaron y cantaron siempre con la complicidad del público.

Fue extraordinario ver el gran oficio del que ambos disponían, lo que les permitía moverse con absoluto desparpajo por la sala, subir y bajar del escenario, propiciar la interacción del público, hasta acabar con un largo cuento en el que los mismos niños hicieron de protagonistas. Un verdadero goce no sólo para los pequeños sino también para los mayores que asistíamos entregados a lo que parecía ser más una fiesta que una obra teatral, mientras escuchábamos la preciosa voz de Carolina Vaca y la simpatía cosida a impecabilidad musical de Pico Fernández.

Entregados y boquiabiertos, aplaudimos a rabiar cuando terminó el espectáculo.

Desde el azul, de Inés Pasic, Gaia Teatro.

Cerró el Galicreques de 2019 en el Teatro Principal la gran maestra titiritera Inés Pasic con su espectáculo Desde el azul, una verdadera maravilla que la artista bosnia afincada en Perú y fundadora junto con Hugo Suárez de la mítica compañía Hugo e Inés, lleva presentando desde hace años por los escenarios del mundo. Comentada ya en Titeresante (ver aquí), Inés Pasic desveló una vez más cómo de la simplicidad máxima es posible hacer poesía con el lenguaje del cuerpo y de las manos.

Pero no sólo del cuerpo y de las manos está compuesto Desde el azul. La fabulosa artista que es Pasic consigue con su presencia someter el tiempo a voluntad, para curvarlo a su alrededor e invitar al público a entrar en ese espacio insólito de poesía y sabiduría de la existencia. Pues de sabiduría y de experiencia de la vida va la obra, con sus sucesivas secuencias en las que la persona se interroga sobre temas como el nacimiento, el amor, las obsesiones, la vejez…, mirándose en el espejo del cuerpo, con unas manos dejadas libres para representar con su escritura gestual los interrogantes y algunas de las respuestas.

No es necesario recorrer a los libros de ayuda y de sabiduría que nos ofrece el mercado de la vida, basta con observarnos a nosotros mismos y dialogar en nuestro interior: el cuerpo, a través de sus partes, tiene la solución de los misterios más oscuros y responde a muchas de las preguntas imposibles.

Eso es lo que nos viene a decir Desde el azul. El público así pareció entenderlo, premiando a la artista con los más aplausos más entusiastas.

Permio Galicreques 2019 a Ángel Suárez.

El Premio Galicreques 2019 ha sido concedido este año al conquense Ángel Suárez, en reconocimiento a su trayectoria en favor del títere y del teatro.

Jorge Rey, Ángel Suárez y Carmen Domech, durante la entrega del premio en el Teatro Principal.

El galardón, entregado en la última representación de la XXIV edición del Festival de Títeres de Santiago de Compostela, se concede cada año a entidades, personas o compañías que destacan por su labor en el mundo de los títeres a través de proyectos que, “aunque en su comienzo pudieran parecer descabellados y efímeros”, se acaban transformando en una realidad, según han señalado los organizadores en un comunicado.

Ángel Suárez, fundador de Títeres Larderos, ha recorrido numerosos festivales y programaciones “realizando una continuada y fructífera tarea en pro del teatro de títeres siempre con el decidido apoyo y colaboración de Mari Carmen Jacob y Carlos Suárez”, según dictaminó el jurado del premio.

Ángel Suárez posa feliz con el Premio Galicreques, escultura de Borja Insua.

Con el premio Galicreques, los organizadores del festival han querido reconocer al titiritero conquense “su impagable labor” como colaborador infatigable de la Unión Internacional de la Marioneta, UNIMA, o como promotor y sostenedor del Festival Internacional de Títeres Titiricuenca, desde su papel como presidente de la Asociación Conquense de Amigos del Teatro –uno de los colectivos, desde su fundación en los inicios de los setenta, de más larga continuidad y permanencia de la vida cultural conquense.

También destacan cómo desde esta asociación, Suárez gestiona la Bienal Internacional de Teatro de Actor, BITA, que en alternancia con Titicuenca hacen pasar cada dos años por la capital conquense “a lo mejor del mundo del títere y el guiñol”.

A toda esta actividad se suma también la organización de los llamados Sábados de Títeres en Cuenca.

Por todo ello, el Festival Internacional Galicreques ha decidido destacar la importancia “de este querido titiritero y gestor, por su entrega y su entusiasmo por el títere y el teatro”, con la entrega de un Premio que han recibido numerosos artistas titiriteros.

Escena de “Pelos, misión Bolsa y Paso”, de Ángel Suárez.

En consonancia con el premio recibido, Títeres Larderos estrenó en el Galicreques su obra “Pelos, misión Bolsa y Paso”, escrita por Ángel Suárez. Obra que pudo verse en la Carpa de la Alameda, con un gran despliegue de títeres y el humor siempre corrosivo del titiritero conquense. Con un argumento de tipo casi detectivesco alrededor de un paso de Semana Santa robado, Suárez divirtió al público con situaciones descabelladas de gran comicidad y un final con procesión de Semana Santa incluida, lo que gustó mucho al público hispanoamericano presente, desconocedor de estas arcaicas fiestas pagano-religiosas.

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