Iniciada hace una semana la 38 Feria Internacional del Títere de Sevilla, alcanzó este jueves su zénit con un acto entrañable dedicado a la compañía La Tartana, que desde hace un año viene celebrando su 40 aniversario por distintas ciudades españolas. Sevilla ha dedicado a la afamada compañía madrileña una exposición, el pase de la película ’40 años de La Tartana’ de Elena Muñoz y un premio que se otorga por primera vez: el Premio Farolito a la trayectoria.

Exposición y documental La Tartana

Ya hemos comentado en otras ocasiones el aniversario de La Tartana (ver aquí) y la exposición, que vimos en Lérida el año pasado. Una ocasión preciosa para repasar el trabajo de la compañía a lo largo de sus cuatro décadas de actividad. Sabido es que el teatro de marionetas, a diferencia del de actor, cuenta con un legado patrimonial sólido, como es el conjunto de sus marionetas, muñecos y otros objetos animados o no. De ahí la importancia de los museos de títeres, indispensables para dar cabida a estas acumulaciones de material artístico, del que es necesario hacer una selección, pero que siempre suele incluir piezas de gran relieve y belleza plástica.

La Tartana en el año 1979.

La tartana ya ha efectuado una labor previa de selección y puesta al día de su material, que estos días se expone en el impresionante Centro Cultural de la Casa de Las Sirenas de Sevilla, una noble casa palacio del siglo XIX obra del arquitecto Joaquín Fernández Ayarragaray para el Marqués de Esquivel, acabada en 1864 y comprada por el Ayuntamiento en 1989.

Casa-Palacio de las Sirenas.

La exposición ocupa el segundo piso del edificio, en una bonita disposición que permite una visita cómoda y espaciada. El día que lo visité, varios niños la recorrían con pícara curiosidad, especialmente la sala de los autómatas donde todo parece estar en movimiento.


Imagen de la exposición.

A continuación se proyectó el documental que Elena Muñoz ha realizado para conmemorar los 40 años de La Tartana, titulado ‘Construyendo teatro: 40 años de oficio’, un  hermoso documento que recorre la trayectoria vital de la compañía con imágenes de múltiples espectáculos y testimonios de sus protagonistas y otras personas allegadas.


Un documental que invita a la reflexión al describir una época, la de finales de los setenta y los ochenta, de agitado activismo en la que se iniciaron tanta cosas en España, y que luego se transformó en la década prodigiosa de los noventa marcada por los fastos del 92 para bajar, tras la crisis de 2008, no pocos peldaños de la al parecer hoy inalcanzable altura lograda. Lo más hermoso: la película termina con el doble del protagonista, Juan Muñoz, dándonos a entender que una vida de titiritero tiene como premio llegar a la sabiduría de saber que, como los títeres, estamos vivos y estamos muertos a la vez, que somos y no somos…

Imagen extraída del documental ‘Construyendo Teatro’, de Elena Muñoz.

El Premio Farolito

Después del documental, Juan Luís Clavijo, director del Festival, tomó la palabra para anunciar el Premio que a partir de ahora se dará en cada edición a la trayectoria de una compañía o un titiritero: el Premio Farolito, homenaje a la compañía de Guadalupe Tempestini y Alcides Moreno (ver aquí), creadores del Festival y de la Escuela de Títeres que tantas vocaciones despertó en Andalucía. Un premio que en esta primera ocasión ha recaído en la compañía La Tartana, y que fue recogido por Juan Muñoz, su director y fundador.

Foto de familia tras la entrega del Premio Farolito. Foto de Esther.

Como dijo el mismo Muñoz en las palabras de agradecimiento, es importante que los titiriteros reconozcamos nuestros méritos para así dejar constancia de unas vidas y unas labores que muchas veces pasan desapercibidas, y que han tenido una presencia constante en los escenarios del país y en los imaginarios de tantos espectadores. Si no los reconocemos nosotros, ¿quién lo hará?, se preguntaba el titiritero de Madrid.

Los asistentes refrendaron sus palabras con un apretada y sentida salva de aplausos.

Vida, de Javier Aranda, en La Alameda

Por la noche se presentó en un escenario al aire libre, en medio de La Alameda de Sevilla, el espectáculo VIDA, de Javier Aranda, ampliamente comentado en las páginas de Titeresante (ver aquí). Y una vez más, la obra del titiritero de Zaragoza atrapó a los espectadores que siguieron entregados la actuación y que al acabar se pusieron en pie para aplaudir emocionados su labor.

Imagen de VIDA, de Javier Aranda.

Un acierto programar por la noche en este espacio tan popular, a pesar de los ruiditos que asomaban de las terrazas y los bares de la zona, pero que en ningún momento distrajeron la atención del respetable, ante una faena tan magistral como la ejecutada por el de Zaragoza.

Conferencia de Toni Rumbau sobre Polichinela visto como arquetipo europeo

El día anterior, quién firma estas líneas presentó una conferencia basada en su libro Rutas de Polichinela en la que desarrolló la figura de Polichinela como un arquetipo europeo que suma los atributos de afirmación individual y los principios de libertad. Para ello repasó las dos grandes oleadas de aparición y propagación del arquetipo: la del siglo XVI la primera, de la mano de la Comedia del Arte, que permitió esta multiplicación del personaje en figuras con características tan distintas y, tras la Revolución Francesa y la substitución en Europa del Antiguo Régimen por el nuevo orden burgués, la explosión de nuevos personajes enmarcados por el surgimiento de las naciones.

Toni Rumbau. Foto de María José González de La Lastra.

Un arquetipo que, al bajar del escenario y encarnarse en figuras reales de personajes de carne y hueso con poder político, pueden llegar a convertirse en verdaderos monstruos (ver aquí)

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