Siguiendo con esta línea a la que nos tiene acostumbrados La Puntual, de traer a Barcelona los mejores espectáculos de títeres del país que caben en su pequeño escenario, hemos tenido la oportunidad de ver durante este largo fin de semana del 2 al 5 de junio de 2017, a la compañía La Canela, de Alcalá La Real, Jaén, creada por la titiritera argentina Analía Sisamón, con el espectáculo La Semilla.

Con dirección de Claudio Hochman (quién comparte con Analía Sisamón la autoría), La Semilla es un refinadísimo trabajo para una sola actriz manipuladora que gira alrededor del tema de la generación a partir del desarrollo de una semilla, tratada más como concepto que como realidad estricta de la naturaleza. Es decir, puede ser una semilla cualquier cosa u objeto que bien plantado y regado, crece y se desarrolla.


Un punto de partida que se centra en un concepto fundamental de la vida, como es el plantar y el crecer, para poder aplicarlo a imágenes y situaciones diferentes. Creo que aquí está el gran acierto de la propuesta, cómo desde lo mínimo se consiguen mostrar facetas esenciales de la vida, a través de un simple juego de las manos que se van metamorfoseando en diferentes formas, objetos animados y personajes. Y es en esa simplicidad que sabe ir a las esencias, donde vemos la maestría de esas dos grandes figuras del teatro que son la actriz titiritera Analía Sisamón y el director de escena Claudio Hochman.


Pero la gracia es que este ir a lo esencial se hace también desde las herramientas básicas del titiritero: los dedos, las manos y los brazos de la actriz, que se visten con artilugios complementarios para disponer de unos pies, unas piernas o unos ojos, y que exigen una depurada manipulación que bien podríamos calificar como una mímica de dedos y manos. Lo acompaña todo la gestualidad y la voz de la actriz, siempre con un lenguaje onomatopéyico, que más que denotar, puntúa y da ritmo a la gestualidad de la figura resultante, y que define los entornos caracterológicos del personaje.


Un trabajo que exige una disciplina muy estudiada y un ‘savoir faire’ de años de práctica, es decir, un oficio que no sólo debe saber los cómos, sino también poseer el refinamiento que exige la sutileza de la gestualidad cuando ésta quiere ser contenida e inteligente. Una sensibilidad, la requerida por este trabajo, que Analía Sisamón tiene en abundancia, como ha ido demostrando en sus diferentes creaciones con La Canela.

El uso del huevo como origen primordial de la vida, que se asocia aquí también al principio seminal del nacer y del crecimiento, es otro de los aciertos, pues amplía la temática a campos más abstractos y generales, y quizás aún más profundos. De hecho, la secuencia de los huevos, que se aparta del inicio vegetal del espectáculo, aparece hacia el final y sirve para concluir el espectáculo. Fascinante la figura del huevo que se rompe y de toda la secuencia protagonizada por el personaje que sale el mismo.

El público de La Puntual asistió clavado en sus asientos, niños desde los más chicos hasta adultos de todas las edades, captivados todos por el quehacer poético y sorpresivo de las manos de Analía Sisamón y sus diferentes transformaciones. Tras los aplausos, grandes y chicos permanecimos en nuestros asientos como atontados, atrapados aún por las imágenes seminales de la obra, y tuvo que salir la actriz con algunos de sus trucos y complementos para saciar el hambre de más en el que nos habíamos quedado. Un gran éxito de La Canela Teatro y un puntazo de La Puntual.

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