La Sala Fènix de Barcelona no deja de sorprender a los aficionados de la figuración escénica, con espectáculos que recurren a las imágenes visuales a través de objetos, muñecos y otros procedimientos, cuando no directamente con títeres y marionetas. Hace poco fue el ‘Gabinete Onírico’ de Ángel Navarro, un éxito  que se nos escapó, pero que creo va a volver en la próxima temporada a la Fènix. Y ayer fue ‘Judith con cabeza de Holofernes’, una creación de la titiritera italiana Michela Aiello.

Judith con cabeza de Holofernes, de Michela Aiello
Fotografía de Jesús Atienza.

La referencia bíblica del título nos habla de este episodio truculento de la guerra entre Nabucodonosor e Israel, en la que el general babilonio Holofernes es engañado por Judith y asesinado de noche, aprovechando su ebriedad, para regresar la oscura heroína con la cabeza cortada del guerrero vencido a la ciudad de Bethulia, que así consigue liberarse del asedio de las fuerzas babilónicas. Una referencia que parece querer darnos las pistas para situar el montaje y contextualizar sus diferentes escenas, que no siguen ningún hilo argumental concreto.

Judith con cabeza de Holofernes, de Michela Aiello
Fotografía de Jesús Atienza.

En efecto, la necesidad de liberarse de un asedio a través de acciones drásticas que conllevan sufrimiento, muerte y sangre, es quizás la temática de fondo que subyace en la obra de Aiello. Es decir, una pulsión libertaria –las imágenes recurrentes de un pájaro y de  varias jaulas nos hablan de este deseo de escapar y de salir volando– es el motor que empuja a la actriz a realizar un recorrido por diferentes imágenes-situaciones, que empiezan con la conciencia de un vacío, quizás de un niño no-nato, de una mujer que se consuela con un muñeco y una cuna de juguete, para luego entrar en un cuadro donde aparece la cabeza de un Holofernes ya vieja y gastada, como si se sacara de un cajón donde se guarda a modo de recordatorio del crimen. El cuadro y la cabeza nos sitúan en un espacio de profundidades arquetípicas, enigmático y oscuro, de dolor y carencia, pero en el que reina la mujer soberana, seductora y feroz, a pesar de su apariencia apacible, de mujer en luto.

Judith con cabeza de Holofernes, de Michela Aiello
Fotografía de Jesús Atienza.

Las imágenes de jaula más la máscara de pájaro provista de un largo pico, explicitan el deseo de escapar y volar. Algo que no es fácil, cuando la ave con figura humana se encuentra sujeta a una enorme falda que encierra mundos de pesadilla en su interior: la marioneta de un monstruo que parece surgir de las entrañas de la mujer.

Judith con cabeza de Holofernes, de Michela Aiello
Fotografía de Jesús Atienza.

Obra catártica y visceral, que busca sumergirse en las profundidades vivenciales del mito, lo más atractivo del trabajo de Michela Aiello es haber conseguido crear un mundo oscuro, personal y enigmático, un mundo con una fuerte personalidad que no se resuelve a través de la acción sino en la duda, el titubeo y casi podría decirse en un regodeo del sufrimiento, con el objetivo claro de mantener abierta la herida en canal, con la conciencia despierta para no cerrar los ojos ante las profundidades abismales del mito, cuando éste es vivido en su cruda realidad. Una atmósfera cargada de tensión, vacío y drama estático que la magnífica música de Natan Nexus Paruzel encarna a la perfección. Obra enigmática y turbadora.

Judith con cabeza de Holofernes, de Michela Aiello

Judith con cabeza de Holofernes, de Michela Aiello
Fotografías de Jesús Atienza.

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