Pude asistir finalmente a la última representación que Nelo Sebastián Vera hizo hoy domingo 22 de diciembre en la Sala Fènix de Barcelona de su particular versión de la Odisea, que él ha subtitulado “de andar por casa”. Y debo decir que valió la pena no perdérselo, tal es la profusión de ideas y de felices hallazgos que componen el espectáculo. Una obra que se podría calificar de teatro actoral y de objetos a partes iguales, con una cuidada puesta en escena en la que ha participado también la titiritera y actriz Julietta Miranda.

Nelo Sebastián

El valenciano Nelo Sebastián no es un primerizo en las cosas del teatro: con una larga experiencia como clown, músico y titiritero –ha recorrido casi toda América Latina en calidad de cómico de la legua–, ha participado en numerosos montajes (vean aquí un trabajo suyo reseñado en Putxinel·li) y últimamente vive instalado en Barcelona, muy cerca del entorno de la Casa-Taller de Pepe Otal, y de la activa Sala Fènix, el nuevo teatrillo de la calle Riereta, en la que suele colaborar como técnico, actor y músico.

El punto de partida de su Odisea, espectáculo intimista dirigido a público infantil o familiar, es honesto, clásico y sencillo. Situado en la buhardilla de su casa, un joven tropieza con un acopio de viejos objetos acumulados alrededor de un baúl. Tras prestar una atenta y silenciosa atención a algunos de ellos –empezando con una especie de lámpara de Aladino que nos hace presagiar no pocas aventuras de la imaginación–, se fija de pronto en un libro muy querido por él: la Odisea. Rescata también un viejo casco invento de su juventud –se trata de un colador invertido que se pone en la cabeza–, un historiágrafo que permite convertir la fantasía en realidad. Poseído por tan extraño artefacto, nuestro personaje entra en la piel de Odiseo y, con él, entramos todos en las páginas del famoso poema de Homero.

Nelo Sebastián

A partir de este momento, el espectáculo nos va situando en distintos episodios de la obra con el ardid de la luz, los objetos y una interpretación medida y bien ajustada a lo indispensable. Lo bueno del trabajo de Sebastián y Miranda es que cada escena está recreada con los elementos justos, sin que sobre ni falte nada. El esencial principio de síntesis, básico en este tipo de lenguaje escénico, se respeta aquí al pie de la letra, y cada objeto está correctamente asociado a una escena y a un hallazgo. Y lo bueno es que todo surge del trastero encerrado en el círculo –una alfombra roja– que ocupa el centro del escenario, dominado por el baúl como gran caja mágica que guarda todo lo que cabe en el desván de la memoria.

Nelo Sebastián

Uno de los momentos más bellos de la obra es cuando se abre un paraguas que se convierte en pantalla donde las sombras permiten el despliegue poético de los objetos, tratados en esta ocasión con libertad semántica, cargando las imágenes de una intriga sugerente y misteriosa. Es como un paréntesis de poesía que nos introduce en la esfera del todo posible, abriendo las puertas a la imaginación y a las escenas posteriores donde, en efecto, el escenario del desván con el baúl se amplía y entra en la mente de los espectadores.

Nelo Sebastián

A destacar la importancia que se da a la luz, muy bien jugada en todo el espectáculo, que sirve incluso para crear personajes, como el Cíclope Polifemo, representado por el ojo de una lámpara que se ciega al apagarse. Los hallazgos del saco de los vientos, de Poseidón, del viaje al Reino de los Muertos, y de los hilarantes diálogos entre Odiseo y Penélope van tejiendo el desarrollo de la obra, que incluye también la participación activa de dos niños voluntarios. Y termina todo con la música del acordeón y la letra cantada con la que también se inicia el espectáculo, antes de que se apague la luz y la puerta que cierra el desván.

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El público, con más adultos que niños, cerró su temporada en la Fènix con prolongados aplausos, premiando una gran labor de honesta creatividad y de mucha imaginación.

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