Se estrenó el viernes 17 de enero, en el Ateneu 9 Barris de Barcelona la nueva obra que José Antonio Puchades “Putxa” ha elaborado con la directora, titiritera y bailarina mexicana Julieta Gascón Roque, una iniciativa nacida en el seno de la Casa-Taller de Marionetas de Pepe Otal, de la cual ambos son asiduos artistas residentes. Por cierto, una demostración más de la gran capacidad creadora que tiene este lugar entreñable de la escena titiritera barcelonesa.

Alegro Ma Non Troppo

Había visto pequeños fragmentos de este trabajo, que tiene sus antecedentes en “Nymio: Historias mínimas explicadas a mano”, una obra que desde su estreno en 2012 no ha cesado de viajar y asombrar al público. Nymio (vean los siguientes artículos de Titeresante donde se habla del mismo) mostró las habilidades y el brillo gestual de Putxa en su dominio de las manos, pero se notaba que era un primer ejercicio tras el que se escondía una energía y una voluntad creadora que quería ir más allá. Yo no sabía, cuando lo vi en el pequeño claustro del monasterio del Poble Espanyol, que Putxa, además de titiritero, era un bailarín de escuela contemporánea. Pero al ver el pequeño fragmento que presentaron en una de las últimas sesiones de cabaret del Taller de Pepe Otal, comprendí que Putxa había encontrado, en el tándem coreográfico creado con Julieta Garcón Roque, la vía perfecta por la que explayarse.

Allegro Ma Non Troppo

El título de la obra, “Allegro Ma Non Troppo”, nos indica por dónde van los tiros de la propuesta: el amor es lo más dulce y alegre que existe, pero que nadie se lleve a engaño, hoy en día las relaciones no están tan claras ni son tan fáciles de llevar. Una pareja que lo tiene todo para ser feliz –físicamente, son dos especímenes singularmente hermosos y de una gran presencia física–, lo es pero con el estigma de la fragmentación, la duda, la constante incertidumbre y las dobles o triples caras. Tal es la realidad de nuestro mundo y así nos lo muestran Julieta y Putxa en un dueto maravillosamente bien hilvanado en el que la pareja luce sus grandes habilidades mímicas y gestuales. Sin una sola palabra, con muchos silencios y escogidas músicas –con un tango central que de algún modo marca el estilo musical del conjunto–, ambos actores van desplegando diferentes situaciones donde la hermosura se combina siempre con la inquietud.

Allegro Ma Non Troppo

¿Actores? Yo diría que también bailarines, mimos y titiriteros, además de hábiles coreógrafos, pues tales son las funciones que ejercen en el escenario. Baile de cámara, que juega con los objetos y que sabe transformar el cuerpo o partes del mismo en títeres que hablan por los codos. Las manos del Nymio Putxa están presentes pero jugando ahora con el cuerpo seductor que se deja y no se deja atrapar de Julieta. Los pies también actúan, y la combinatoria de manos y pies de los dos artistas consigue algunos de los momentos más mágicos de la obra: la escena del sombrero sin rostro, o de la lámpara que es una cara oculta por la luz.  Quizás la coreografía con la máscara en la que el tango a dos se convierte en un intrigante baile a tres, sea uno de los momentos más brillantes y prometedores del espectáculo, sobretodo porque apunta hacia unos contenidos de ambiciosa reflexión, cual es la multiplicidad de rostros que la contemporaneidad nos obliga a vivir. Tras el rostro hermoso y radiante del amor –que la presencia siempre impactante de los dos titiriteros bailarines ayuda a crear–, la máscara neutra e indiferente, que habla más de la muerte que de la vida.

Allegro Ma Non Troppo

Una obra sobre dualidades que juegan a componerse –los dos cuerpos unidos dando vida a un único personaje– para luego descomponerse en un constante vaivén que nos habla de nuestra condición actual de seres fragmentados que intentamos ilusionarnos y lo logramos pero para vivir de inmediato el desengaño o la separación. Lo hermoso de “Allegro Ma Non Troppo” es que esta condición de incertidumbre se configura sin dramatismo exagerado, es decir, se asume y se vive ya como tal, con alegre vitalidad pero con la máscara inquietante en la antecámara, lista para asomar su mirada hueca e inexpresiva, como si la lleváramos siempre pegada en el cogote. El buen oficio y las habilidades que destilan Julieta y Putxa, más la gran inteligencia que subyace en el espectáculo, nos indican que pueden haber todavía más sorpresas.

Sólo resta decir que el estreno en el Ateneu 9 Barris fue un éxito rotundo, con una sala llena hasta la bandera y unos aplausos con muchos bravos que premiaron la labor de los dos artistas. Un estreno largamente esperado por los que seguíamos la pista del trabajo de Putxa y Julieta, y que colmó con creces las expectativas que se habían creado. Una obra que auguramos de largo recorrido y que será de obligado lucimiento para los festivales.

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