(Maite Miralles junto al cuadro del Molino, en la Sala Naranja dedicada a la Fiesta del Museo Teresita Pascual)

No todos los días se abren museos para rescatar legados artísticos importantes. Así ha ocurrido en la localidad de Benassal, en el Alto Maestrazgo, Castellón, con la denominada Casa-Museo Teresita Pascual, un espacio destinado a recoger la obra artística de esta gran pintora, Teresita Pascual, así como la de su hija Maite Miralles, pintora también y reconocida titiritera, fundadora junto con Gabi Fariza, de la histórica compañía La Estrella. Un museo pues de índole familiar, situado en una casa propiedad de la familia Miralles y que ha alcanzado un acuerdo con el Ayuntamiento de Benassal para convertirse en un pequeño templo donde las artes de Minerva y las máscaras de Talía se junten bajo el espíritu de los títeres populares.

Son muchas las confluencias necesarias para que acuerdos y proyectos de este tipo lleguen a buen puerto. Aunque no convergen las estrellas ni los destinos si no hay quien se esfuerce y luche, desde la abnegación de los trabajos cotidianos, para que ello suceda.

Gabi Fariza y Maite Miralles frente al teatro La Petxina. Foto T.R.

Ha sido fundamental para llegar a esta meta la larga carrera artística de La Estrella, forjada de ingentes trabajos en la creación de espectáculos, en el reguero de los bolos, en el empuje empresarial siempre arriesgado cuando no suicida de abrir teatros, y en las mil batallas por mantener el pabellón de las artes, de los derechos y de la libertad al alza.

La historia de este museo empieza de muy lejos, con la figura de Jesús Pascual, el abuelo de Maite Miralles y padre de Teresita. Un hombre inteligente y emprendedor nacido en Benassal, amigo de este otro personaje tan importante en la cultura valenciana,

Aula tal como era en la época en que Carles Salvador fue maestro. Fundación que lleva su nombre en Benassal

Carles Salvador, entonces el maestro del pueblo. Jesús Pascual fue alguien avanzado a su tiempo, amante de la fotografía (que solía colorear a mano) y de las artes (pintaba y hacía maquetas de los edificios que le interesaban), un verdadero animador cultural del pueblo, persona clave en el rescate y la celebración de las principales fiestas populares, a las que les dio la vuelta recreándolas con nuevas ideas, construyendo carrozas y cabezudos para los desfiles festivos, organizando conciertos y concursos. Lo fue antes de la Guerra Civil, cuando coincidió con su amigo Salvador, y lo fue después, cuando hubo que empezar de nuevo con el rescate de todo lo que se había perdido.

Ya de muy joven, Teresita, la hija de Jesús Pascual, destacó por su habilidad en el dibujo y la pintura. Fue el mismo Carles Salvador, reconocido poeta, el autor de la primera gramática del Valenciano y miembro destacado de la asociación valencianista Lo Rat Penat, para el que Teresita ilustró varios de sus libros, quien la animó a pintar y a esforzarse en aprender y persistir en su vocación. No pudo matricularse en la Escuela de Bellas Artes, como si lo hizo su hija Maite más adelante, a causa de los prejuicios y las barreras que entonces había para las mujeres. Pero su padre sí permitió dejarla estudiar en la Escuela de Artes y Oficios de Valencia, donde fue la primera mujer en entrar.

Retrato de Teresita Pascual hecho por su hija Maite

La obra de Teresita Pascual, además de los retratos que hizo de tantos personajes de su época, destaca por sus dibujos y pinturas de los paisajes de Benassal, de antes, durante y después de la Guerra, de modo que sus trabajos han quedado como los mejores testimonios de cómo era antes el pueblo y de cómo fue cambiando a lo largo de los años. Un trabajo artístico que a su vez se convierte en documental y en antropológico. Para los actuales habitantes del lugar, ver estos cuadros y dibujos representa conectar con las raíces de lo que fue su pasado y de cómo han llegado al presente. Son muchas las emociones que estos días se han vivido entre las paredes de la Casa Museo Teresita Pascual, cuando ancianos lugareños han visto retratadas sus antiguas casas mientras explicaban a hijos y nietos los detalles de edificios, placitas, esquinas, ventanas y balcones.

No debemos olvidarnos que nos encontramos en un pueblo de muy lejanas raíces históricas, una villa de origen árabe, reconquistada por Blasco de Alagón en 1234, cuando tomó el Castillo de Culla con todas sus pertenencias, entre las que estaba Benassal. La huella medieval está aún presente en su centro histórico, en el que destaca el conjunto de La Mola, núcleo primitivo de la población donde todavía se puede ver un lienzo de muralla, y las torres de Garcés, Redona, de la Presó y un portal de acceso al recinto con un arco de tradición árabe.

Puerta de entrada a la Mola

La Mola da paso al viejo casco urbano denominado Els Carrerons (los Callejones), conformado por estrechas callejuelas con algunas de las más antiguas casas de la villa. Actualmente en La Mola se encuentra el Museo Arqueológico del Alto Maestrazgo y el aula-museo Carles Salvador i Gimeno.

Y es justo enfrente de este recinto medieval, entre el Arco de la Mola y la Iglesia, donde se encuentra la Casa-Museo Teresita Pascual, en un noble edificio del siglo XVIII modificado a principios del XX con ornamentos y detalles modernistas en la fachada y en su interior. Lo compraron hace ya veinte años Maite y su hermano José Luís Miralles, y poco a poco lo han ido restaurando, siempre con el sabio apoyo de Gabi Fariza, convirtiéndolo en un sueño hecho realidad: un patio interior magníficamente rehecho con un suelo artístico de mosaico de piedras, todas las paredes rebozadas y pintadas por la misma Maite con colores que distinguen los diferentes espacios, la misma fachada restaurada y pintada por los dos esforzados titiriteros.

Fachada del Museo teresita Pascual

El camino hacia la Casa-Museo no fue un camino de rosas. Además de los trabajos realizados, no hubo verdadera entente con el Ayuntamiento hasta que una nueva generación de políticos sustituyó a la vieja. Tanto la actual alcaldesa, María Luz Monterde Puig, como el concejal de cultura, Gerardo García, son unos entusiastas del proyecto. Han comprendido la importancia de realzar y dar visibilidad a los legados artísticos más valiosos de la propia localidad, indispensables hoy en día para atraer visitantes y dar prestigio a un lugar. Mimar a las personalidades que han sobresalido por su dedicación altruista a las artes, como lo fue Teresita Pascual, que cuenta ya con una calle que lleva su nombre, es una obligación de cualquier ayuntamiento. La familia Miralles ha establecido un contrato de 7 años por el que el municipio se encarga del Museo y de la logística de mantenimiento, vigilancia y visitas, mientras la familia cede sus instalaciones al pueblo, salvo unas estancias privadas donde Maite mantiene su estudio particular de pintura.

Visita a la Casa Museo

Visitar la Casa Museo Teresita Pascual es entrar en la intimidad de un espacio acogedor y familiar, en el que todo rezuma arte y poesía. Es entrar en un universo de memoria, de creación y de juego, con muchos guiños y sorpresas. No por nada son manos titiriteras las que le han dado forma y lo han impregnado de este espíritu juguetón, fresco y audaz, propio del mundo de la farándula.

La visita también es un viaje, como bien indica Maite Miralles en el vídeo de introducción, a través de varias generaciones de artistas y de su evolución pictórica, que se inicia a finales del siglo XIX, con Jesús Pascual, y llega hasta nuestros días.

El espacio está dividido en cinco zonas. La primera, que ocupa la entrada de la casa, está destinada a exposiciones temporales, para mantener así un interés vivo y siempre renovado del Museo. Ahora, muestra una selección de dibujos a tinta china de Teresita Pascual, con retratos de las calles y las casas del Benassal de antes de la Guerra Civil, una de las joyas de su legado; para algunos, como para el concejal de cultura Gerardo García, también dibujante, una de las más significativas.

La entrada del Museo

Sigue la Sala Verde, dos espacios a modo de alcobas íntimas donde se muestran recuerdos, objetos antiguos y personales de Teresita Pascual, así como algunos retratos al óleo de la familia y amigos. Lo importante aquí es la calidad de los objetos, las fotografías y las pinturas que conforman una instalación que busca reproducir el espíritu de una época que ya no existe, y que fue el sostén íntimo de unas vidas que encontraron en la vocación artística sus destinos.

Imagen de uno de los lados de la Sala Verde

En sus paredes se mezclan pinturas de Teresita y de su hija Maite, como los dos retratos de sus padres, cuyos semblantes están magníficamente fijados por el pincel.

Teresita Pascual

Destaca en uno de los lados de la Sala Verde un espacio íntimo y entrañable donde se exhiben los artilugios de costura utilizados por Teresita Pascual, con su máquina de coser con la que cual hizo el vestido para la primera comunión de Maite. Un vestido que podemos ver puesto hoy en una de sus marionetas, dando al conjunto de la pequeña instalación un tono entre teatral, nostálgico y costumbrista.

La marioneta con el vestido de la primera comunión junto al retrato de Teresita Pascual hecho por Maite Miralles

Entramos a continuación en la Sala Naranja, un espacio que se abre a la fiesta desde muchos puntos de vista diferentes. Confluyen aquí las tres generaciones básicas del museo: la de Jesús Pascual con sus fotografías coloreadas, sus maquetas más unos vídeos que explican su obra y su vida; la de Teresita Pascual con algunas pinturas alegres de temática festiva llenas de colorido, y la de Maite Miralles, con su importante pintura sobre el Molino de Barcelona, las marionetas hechas para La Estrella, y los cabezudos que realizó con Gabi Fariza para las fiestas del pueblo.

Vista parcial de la Sala Naranja

Un espacio en el que se combinan magistralmente los tres universos separados en el tiempo de los tres artistas base del Museo, y que confluyen en algo que los ha unido para siempre: el gusto por la fiesta y por el color; por el teatro y por los pasacalles populares; y por este deseo de observar la realidad que nos envuelve y reproducirla con figuras en un escenario o con pintura en el lienzo, afín de conocerla mejor.

Deslumbran los cuadros que Teresita Pascual pintó de figurines y modelos de su época, así como las fotografías coloreadas de Jesús Pascual donde se retratan los momentos álgidos de las fiestas del pueblo, con atractivas escenas taurinas.

Fotografías, dibujos y maquetas de Jesús Pascual

Igualmente están en la Sala Naranja los espléndidos cabezudos creados por Gabi y Maite de La Estrella, los moldes que se utilizaron para dar forma a esos muñecos portátiles, y el conjunto de marionetas realizadas por Maite para el espectáculo El médico a palos, de Molière, de una preciosa factura y con una técnica de manipulación parecida a la de los pupi sicilianos.

Figurines de Teresita Pascual
Marionetas de Maite Miralles para ‘El médico a palos’

La visita nos lleva ahora a la llamada Sala Azul, compuesta de dos espacios: el Estudio y la Salita.

La Salita es uno de los lugares más impactantes del Museo. En ella se muestran distintas fases pictóricas de Maite Miralles, desde sus inicios hasta la actualidad, con pinturas que indican claramente que nos encontramos ante una artista de un enorme talento.

Pintura de Maite Miralles
Pintura de Maite Miralles

A un lado, están las pinturas centradas en el mundo de las muñecas, una temática que obsesionó a la pintora durante años, y que podemos entender como una premonición inconsciente al mundo de los títeres que más tarde abrazó. Son bodegones de figuras que anticipan el actual teatro de objetos, buscando descifrar el enigma de unas miradas que juntan vida y muerte a la par.

Autoretrato de Maite Miralles con muñecas

Está la impresionante pintura de la Corrida de Toros tal como se sigue haciendo en el centro de Benassal, en una plaza que se convierte en ruedo al instalar unas gradas a un lado a modo de tribuna y la fachada de las casas en el otro lado. Una pintura de su primera época, con este estallido de colores que según cuenta heredó de su abuelo Jesús, siempre atraído por los colores vivos.

Plaza de toros de Benassal. Pintura de Maite Miralles

La salita contiene también varios trompe-l’oeil, como el juego pictórico que se permite Maite con la puerta, en la que se pinta a un lado de espaldas para recibir a quién entra, y en el otro lado de la puerta su cara que asoma para ver quién llega.

Los dos lados de la puerta

O el mueble que aparece pintado como si fuera de madera, y que en realidad esconde una nevera en pleno funcionamiento con sus cervezas dentro.

La nevera
Imagen general de La Salita

El Estudio es un espacio íntimo de trabajo y de vivienda, que Maite ocupa cuando se instala unos días en Benassal. En él se muestran las herramientas de pintar, su paleta y sus pinceles, algunas de sus muchas obras colgadas o apoyadas en la pared, y también un juego que su hijo Simón, cineasta, le propuso: pintar un retrato suyo ‘de memoria’ en siete minutos, mientras una cámara lo grababa.

Imagen parcial del Estudio

En el Estudio se muestra el cuadro acabado al pie de un caballete, y en su parte superior, un monitor con el vídeo que reproduce el proceso en un plano de cámara fija enfocada en el lienzo. Siete minutos que sirven a Maite para fijar su rostro con una precisión que nos remite al profundo conocimiento del oficio que tiene.

La Sala Dorada es el siguiente espacio al que nos lleva la visita. En ella se reúne la obra paisajista, religiosa, los bodegones y los dibujos a tinta china de Teresita Pascual. Nos encontramos en las dependencias más nobles de la casa, con los ornamentos clásicos en los techos, sus cornisas, molduras y rosetones. Se han conservado restos de pinturas de tema mitológico que requieren una restauración especializada. Maite Miralles, por su parte, ha rehecho algunos de estos adornos, pintando los angelitos, las águilas y las conchas que se intercalan en las cornisas y en el mismo rosetón central.

En esta sala destaca un armario en cuyo interior se ha instalado un monitor con imágenes comparadas de los antiguos paisajes urbanos de Benassal dibujados y pintados por Teresita Pascual, con fotografías de los mismos lugares en su estado actual. Imágenes que se van sucediendo a ritmo pausado y que nos muestran muy bien los cambios habidos y cómo la obra de la pintora es crucial para llegar a entender estos cambios. En el fondo del armario, Maite ha puesto la manta que usó su padre durante la Guerra Civil, creando una textura dramática de fondo que nos habla del paso del tiempo que tantas cosas cambió y destruyó.

La Sala Dorada

Llegados aquí, conviene mencionar la labor del cineasta Simón Fariza Miralles en la creación de los cuatro vídeos que animan la exposición. Unas imágenes magníficamente ensambladas que nos permiten profundizar en cada uno de los espacios, abriendo ventanas que van más allá del tiempo y del espacio, y que nos evocan de un modo nítido a veces, poético y sugerente otras, la historia íntima de un pueblo y de una familia de artistas.

El pato del Museo

Por último, debemos citar el patio, hoy bellamente ajardinado con dos bancos, una fuente y un bello mosaico realizado por los mismos titiriteros de La Estrella, según el diseño hecho por Maite Miralles. Un lugar fresco de reposo con una hermosa higuera, garantía segura de sombra en verano.

El Museo, un lugar de memoria y arte

Con esta iniciativa privada de la familia Pascual Miralles, llevada a buen puerto gracias a la sensibilidad de los actuales responsables municipales, Benassal cuenta hoy con una Casa Museo, la de Teresita Pascual, que es a la vez lugar de arte y de memoria. Un espacio abierto a la práctica artística y cultural, de un gran interés memorialístico y antropológico para los lugareños, pero también para los visitantes que llegan a esta localidad del Alto Maestrazgo, ya sea para beber sus aguas curativas -famosas en todo el país-, o para gozar de los paisajes y de las maravillas geográficas e históricas de la región.

Maite Miralles en la puerta de entrada de la Casa-Museo Teresita Pascual

Un Museo en el que las artes de la marioneta confluyen generosamente, entrelazadas con la pintura, el dibujo, la historia y la fiesta, a través de Benassal, La Estrella y su nueva generación de jóvenes titiriteros.

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