Una triste noticia ha impactado en los medios poéticos, teatrales y titiriteros de Barcelona, la muerte de Rafael Metlikovez en Granollers a los 53 años, tras una larga enfermedad. Nacido en 1964 en Canovellas, Barcelona, Rafael Metlikovez fue miembro del grupo de poesía escénica Accidents Polipoètics junto al escritor y dramaturgo Xavier Theros. Su vida profesional se repartía entre sus dos grandes vocaciones: la poesía y el teatro, por un lado, y la psicología familiar, por el otro lado.

Rafael Metlikovez, además de sus actuaciones polipoéticas con su amigo Theros, hizo muchas colaboraciones con varios artistas de géneros muy diferentes, como es el caso de la bailarina Sol Picó y de la marionetista Mariona Masgrau. Su presencia en el pequeño Teatro Malic de Barcelona fue una constante hasta el cierre de este lugar en 2002. Los Accidents Polipoètics solían estrenar sus obras en el pequeño teatro del Born, donde se sentían en casa. Allí les conocí yo y allí conoció Mariona Masgrau a Rafael, con el que estableció una fecunda amistad creativa. Rafael fue el autor de los últimos montajes de Mariona, con textos que trabajaban largamente entre ambos.

Metlikovez hablaba con voz valiente, decidida y clara, decía las cosas por su nombre y siempre se ponía del lado de la heterodoxia y de las minorías. Por eso congenió tanto con la titiritera Mariona Masgrau y por eso se hizo del Español (fue comentador deportivo especializado en el equipo blanquiazul en El País). Bien se le podría considerar como un filósofo ácrata de los de vida y salón, más propenso al aforismo y a la paradoja chispeante, que al discursear largo y teórico. Sus frases podían ser contundentes, con una voz de las llamadas de ‘hijo del pueblo’, es decir, provista de campechanía y natural franqueza. Sus fobias eran el chovinismo, la cerrazón y la estupidez humana.

Aunque hacía tiempo que la pareja de los Accidents Polipoètics se movían cada uno por su lado, de vez en cuando nos sorprendían con una nueva aparición en algún pequeño teatro de la ciudad. Sus fieles seguidores nos quedaremos, a partir de ahora, con las ganas de vivir otra nueva sesión de ‘polipoesía’, un término que ellos se habían hecho suyo y cuyo significado había que deducir de cada una de sus actuaciones. Pero en la memoria nos quedará siempre la imagen de Rafael y de Xavier bebiendo en porrón tras cada secuencia de números, actuando sin ser actores, conferenciando sin ser conferenciantes. Igualmente, la resonancia de las verdades aforísticas con las que nos regalaba Rafael, tanto en el escenario como en la vida privada. Una huella, la que ha dejado Metlikovez, de profundos surcos, en la parte más noble de la memoria colectiva. Descanse en paz.