La presencia de Federico García Lorca en Buenos Aires entre el 13 de octubre 1933 y 26 de marzo de 1934 fue un acontecimiento inigualable en el ámbito de la cultura argentina. Invitado de manera especial por Amigos del Arte que dirigía Elena Sansinena para dar cuatro conferencias en el salón Van Riel  y por la compañía de la actriz Lola Membrives para las cien representaciones de Bodas de Sangre, de su autoría y el reestreno de ésta en el célebre Teatro Avenida. Por ese entonces uno de los más importantes teatros de Buenos Aires dedicado al arte español de la zarzuela. Aquí mismo la compañía de la actriz argentina Lola Membrives estrenó La Zapatera prodigiosa y Mariana Pineda.

El éxito de Lorca  por su obra en cuanto a originalidad y recepción del público en todos estos puestas teatrales, fue difundido por la prensa especializada en el arte del teatro de manera precisa y elogiosa. El testimonio del propio Federico en una carta enviada a su familia en los últimos días de octubre de 1933 es testimonial y elocuente.

Queridos Padres y hermanos, ya se celebró el estreno de Bodas que constituyó por la prensa que os mando por barco, un verdadero escandalazo. Yo no he visto en mi vida una cosa igual de entusiasmo y cariño. El Gran Teatro Avenida es como diez veces el Teatro Español de Madrid, uno de esos inmensos teatros de América, y estaba totalmente ocupado por una muchedumbre que estaba de pie en los pasillos y colgada del techo. El teatro tiene cien palcos que ocupaba lo mejor de la sociedad de aquí y el resto, abarrotado[1].

Todo estaba ahí, en la Avenida de Mayo, apodada desde poco tiempo de su inauguración en el año 1894, en la Avenida de los españoles. Lorca se encontró con una  calle hecha para él. Los cafés: el Berna, los 36 Billares, el Hotel Castelar[2] y su confitería, donde además funcionó Radio Stentor y la Peña Signo, lugares donde fue habitué  Federico. Pasando la Avenida 9 de Julio, el famoso café Tortoni, donde se conserva la mesa que ocupaba para tomar café y reunirse con sus amigos. Finalmente, la Plaza de Mayo de las palomas, donde jugaba y corría alborotando a las mismas.  Ricardo Llanes, el historiador de la Avenida de Mayo y de las Plazas de Buenos Aires recuerda así aquellos tiempos de esta arteria luminosa y activa de los años treinta:

La Avenida de Mayo, insinuación y presencia de lo andaluz y madrileño, castañuelas y sabor de jerez puro, el calañes, el peinetón y la mantilla. Todo eso, con el vocabulario sonoro de cordialísima franqueza se desparramó por sus veredas repletas de mesas familiares y rebosó en sus copas florecidas de invitaciones. Si sus aceras siempre se extendieron a lo ancho, con espíritu de comunidad simpática y acogedora. Costumbre pública de lo madrileño que da sabor al café de la tarde y mayor gusto al aperitivo de la noche, y que nunca fue posible en Corrientes, la internacional, ni en Callao, la residencial y aristocrática[3].

En el final de su estadía, poco antes de su partida a España en marzo de 1934, Federico García Lorca decidió ofrecer un homenaje especial a sus amigos periodistas, artistas, poetas, y a su público de Buenos Aires, el cual consistió en un espectáculo de títeres.

Función de Títeres en el Avenida de Buenos Aires

Federico, conocedor y gran amante de este arte, pidió la colaboración del conocido pintor Ernesto Arancibia y el escenógrafo y acuarelista Jorge Larco, quienes se sumaron de inmediato al proyecto.  De acuerdo a las sugerencias de Federico García Lorca, se modelaron los títeres y los decorados para las tres representaciones que fueron seleccionadas. Los Dos habladores de Cervantes, las Euménides de Esquilo, y el Retablillo de Don Cristóbal y Doña Rosita, escrita expresamente por García Lorca para esta función, como aparece en el programa original. Además contó con la realización de los trajes y decorados de Manuel Fontanals que también pintó la portada del retablo. Manipularon los títeres, actores de la compañía de Lola Membrives. El entusiasmo y la curiosidad que despertó este plan urdido por la genialidad creativa de Federico, se anticipó en la prensa local con mucha repercusión. Los presentes de esa noche del domingo 25 de marzo en el Avenida, gozaron, rieron y aplaudieron reiteradamente las ocurrencias de los muñecos. Entre otras personalidades invitadas, estuvieron, Oliverio Girondo, Norah Lange, Pablo Rojas Paz, Pablo Neruda, José González Carvhalo, César Tiempo,  Amado Villar, Javier Villafañe, Pablo Suero, Edmundo Guibourg, María Rosa Oliver, la Rubia Rojas Paz, González Tuñón, Enrique Amorín y la lista sigue.

Luego de esta histórica función de títeres de cachiporra, ofrecida por Federico García Lorca en el Avenida de Buenos Aires, se produce un gran movimiento de cultores del arte de los títeres de cachiporra o títeres de guante.  La presencia de Lorca y su teatro, su poesía, su voz, su palabra y fundamentalmente de su teatro de títeres, sentarán la base para el movimiento titiritero en la Argentina.

Ernesto Arancibia crea, inmediatamente en los meses que siguen a marzo de 1934, luego de la partida de Lorca, por sugerencia de este, su propia compañía de Títeres de Cachiporra “Los Fantoches de Maese Perico”, integrada por artistas y músicos, entre otros, José Luis Lanuza, Ricardo Bernardez, Alberto Morera, Elvira  Peñaloza, José Bonomi, Jorge Larco, José Larrocha, Ofelia Rossi. Y Mane Bernardo, una joven y talentosa pintora, que quedará a cargo de la compañía cuando Ernesto, “El Negro” Arancibia, renuncia a la dirección para dedicarse al cine, su otra pasión.

La presencia de Javier Villafañe y Juan Pedro Ramos en la histórica función de títeres del Avenida permite a ambos, nutrirse y tomar confianza en el proyecto que acaban de emprender con sus títeres. Lanzados por esos tiempos con su carreta “La Andariega” a recorrer caminos y realizar funciones de títeres. Es muy importante y fundacional del teatro de títeres en Argentina: En este sentido, viviendo esta experiencia, el Javier Villafañe de estos años era un desconocido total. Sus escritos, poesías, y especialmente su creación titiritera, estaban  en los comienzos. Esa noche se pudo llenar su imaginación a través de su mirada buscadora y segura, todo lo que aconteció en el espectáculo.  Más tarde los amigos presentes en ese acto tan especial, reconocían que Javier aprendía con una rapidez increíble, primero Vito Cantone, luego los titiriteros de La Boca, y ahora este Federico García Lorca, contagioso, bullanguero y capaz de transmitir todo su entusiasmo por el mundo de los títeres.[4] La suerte está echada, de aquí en más, tanto Arancibia, luego Mane Bernardo y Javier Villafañe se constituyeron en los depositarios de la tradición titiritera mostrada y practicada por Federico García Lorca, esa noche del 25 de Marzo de 1934 en el Teatro Avenida de Buenos Aires.

La gran cantidad de cultores que siguieron las enseñanzas de estos dos maestros titiriteros en la Argentina son incontables. Anotamos algunos de los más conocidos que reconocieron y aceptaron estos orígenes que señalamos, entre otros: Ariel Bufano, Otto Freitas, los hermanos Héctor y Eduardo Di Mauro, Sarah Bianchi, César y Eduardo López Ocón, Enrique Acuña, Kike Sánchez Vera, Alcides Moreno, Alberto Cebreiro, Lucho Claeyssen, Roberto Espina, Cándido Moneo Sanz.

El teatro de títeres en el estilo “lorquiano”, denominado inicialmente títeres de cachiporra, hoy títeres de guante, no era muy conocido en la Argentina y América Latina[5].  De manera permanente, a partir de esta experiencia, encuentra su práctica teatral titiritera pero también un campo fértil para el estudio y la investigación. Este es el mejor homenaje a Federico García Lorca que amó los títeres y señaló el camino a seguir desde esa histórica función del Teatro Avenida de Buenos Aires, aquel 25 de marzo de 1934.

Pablo L. Medina

 

[1] Federico García Lorca, Lettere americane, acusa di Gabrielle Morelli con testo a fronte, Marsilio Editori, Venezia, 1994. Página 250.

[2]Habitación Museo No. 704 Visitas guiadas, Peña Signo y Radio Stentor. Hotel Castelar. Av. De Mayo 1152. Buenos Aires. Pequeña habitación Museo del Hotel Castelar, donde vivió Federico García Lorca desde  el 13 de octubre de 1933 hasta el regreso a España en Marzo  de 1934.

[3]Serie Cuadernos de Buenos Aires, dedicado a las plazas y calles de Buenos Aires de Ricardo M. Llanes, Editorial Planeta. 1998.

[4]Javier Villafañe, Antología, biografía y selección literaria. Pablo Medina. Editorial Sudamericana, Buenos Aires. 2001.

[5]En América Latina fueron difusores: Javier Villafañe en casi toda América (Ecuador, Venezuela, Chile, Bolivia, Brasil, Uruguay, Paraguay, etc.); Eduardo Di Mauro en Chile y Venezuela; Otto Freitas en Uruguay; Enrique Acuña en Costa Rica; Carlos Converso, Lucio Espínola. A. Murray y Cecilia Andrés  en México.  En España: Javier Villafañe, Alcides Moreno, Alberto Cebreiro, Horacio Casais, Horacio Konke y Guadalupe Tempestini.

 

Pablo L. Medina, nació en la provincia de Corrientes (Argentina) en 1937. Es Maestro Normal Nacional y ejerció durante años la docencia. Es Profesor especializado en Investigaciones Pedagógicas, además de haberse formado en Recreación y Tiempo Libre (YMCA de Buenos Aires y Montevideo).

Dirije la Asociación La Nube · Infancia y Cultura desde el año 1978 y continúa: Biblioteca y Centro de Documentación dedicada a la Educación y Cultura de la Infancia. Escribió “Javier Villafañe. Antología, biografía y selección literaria” (Sudamericana, 1990/2001), “Libros del Trujamán” Selección de textos para preadolescentes (Kapelusz, 1988, 4 tomos), “Lorca, un andaluz en Buenos Aires (1933, 1934)” (Manique Zago y León Goldstein Editores, 1999), “Títeres en la escuela” (Autoría compartida con Hugo Villena, Ediciones Colihue, 2012), “El gallo pinto y otros poemas de Javier Villafañe” (Coligue, 2011), “Teatro para chicos. Títeres y actores, obras completas de Javier Villafañe. Tomo I” (Edic. Colihue, 2011), “Teatro para jóvenes y adultos. Títeres y actores. Obras completas de Javier Villafañe, Tomo III” (Edic. Colihue, 2013), “La niña que riega la albahaca y el Príncipe Preguntón y otras obras” de Roberto Aulés, Ilustraciones de María Wernicke, Ministerio de Cultura (Selección y notas aclaratorias Pablo Medina) 2016, “Gallegos sembradores de ideas” dedicado a Federico Ribas Montenegro y Rafael Dieste (Ediciones Centro Betanzos, 2016), “Los títeres de Federico García Lorca en el Teatro Avenida de Bs As, 25 de Marzo de 1934” (Investigación documental, inédito, 2017) (*). Actualmente es Presidente de la Asoc. La Nube · Infancia y Cultura ONG y dirije las siguientes investigaciones: 1) Sobre la vida y obra del titiritero argentino Javier Villafañe, 2)La presencia de Federico García Lorca en la Argentina, entre otras actividades.

(*) Participó en el Comité Editoral de la “Encyclopédie Mondiale Des Arts de la Marionnette”, bajo la dirección de Henryk Jurkowski, después Thieri Foulc, UNIMA, Éditions L’Entretemps, París, 2009. (Redactó la sección Amérique Latine)

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