Por supuesto que una revista de títeres tiene que hablar de títeres. Pero flaco servicio haríamos a nuestro arte si nos limitáramos a sólo fijarnos en los títeres, sin ver lo que a su alrededor se cuece y existe. Claro que son tantas las cosas que hoy en día se cuecen en las calderas del tiempo y de la historia, que no acabaríamos nunca de abarcarlas. Sin embargo, creo que merece la pena hacer el esfuerzo de focalizar con los ojos sintéticos del oficio, aceptar que allí donde hay movimiento hay hilos, y preguntarnos por los mecanismos y las técnicas de manipulación por las que son movidos estos hilos.

Figura africana

Figura africana. Museu da Marioneta de Lisboa.

Si vamos de las generalidades a lo particular, veremos que nos encontramos en una época de escasez. Curiosa paradoja: cuando el paradigma de la complejidad se impone en el mundo, con su generoso abanico de lo infinitamente múltiple, un imperativo surge como condición ineludible: váyase a lo esencial, déjense de los caprichos de lo superfluo, ríanse del espejismo despilfarrador del jolgorio consumista, no estiren más el brazo que la manga, ahorren, recorten, sean más pobres y frugales. Europa, en concreto, parece haber entrado en una nueva etapa de capitalismo que sus críticos tildan de regresivo y luterano. Desde los países y continentes nuevo ricos y emergentes, se lo miran con estupor. ¿Así que ése es el desenlace de tanto espejismo ensoñador? ¿Deberemos acabar como esos europeos del sur, atrapados por la resaca de las deudas y del fin de nuestro bien ganado bienestar?

Los titiriteros, acostumbrados o más bien obligados a regímenes de frugal austeridad, observamos la nueva moral que llega del norte con mirada irónica y resignada. Por un lado, buscamos los hilos que tiran de semejantes realidades y, por el otro lado, intentamos comprender lo que parece ajustarse a ciertas necesidades del siglo.

Kantor

La ninfa eslava Goplana y elfos, de Tadeusz Kantor. Propiedad de Cricoteka.

Es evidente que las políticas de austeridad y de recorte tienen saldo positivo para las élites que manejan las alegres florituras de la nueva ingeniería financiera. A más empobrecimiento de la mayoría, más réditos de la minoría. Se deja engordar a las clases medias de los países del mundo para, llegado el momento del hastío, cobrarles la comilona con intereses de caballo. Esta mecánica, que las élites pretenden instaurar como una normalidad científica, lógica e inevitable, triunfa hoy al menos en Europa. Ya veremos hasta donde llega. Más bien parece gasolina al fuego larvado de las crónicas insatisfacciones humanas.

Pero por otro lado, es evidente que el jolgorio despilfarrador del consumo y de los incentivos del llamado “crecimiento”, tienen un futuro limitado si no cambiamos el sentido de estas palabras y no les damos nuevas funciones. El crecimiento desmesurado puede ser necesario para crear complejidad y capacidad combinatoria, base de emergencia de lo nuevo, pero también lleva en su seno no pocas pulsiones autodestructoras de lo humano. Frenar la imaginación emprendedora jamás será solución alguna, pero embridarla con criterios de austeridad sintética quizás aumente la capacidad de sus fogones creativos.

Mariona Masgrau

Cara de cerámica de Mariona Masgrau. Foto Museo del TOPIC, Tolosa.

¿Austeridad sintética? Estas palabras suenan conocidas a los oídos titiriteros. ¿Acaso nuestra dramaturgia más elemental no se basa en este principio? Empiezan los jóvenes titiriteros con muchos elementos sobre la mesa o el retablo: multitud de hilos, decorados, objetos, trucos, gags, cuánto más cosas salgan en escena, mejor explicaremos la historia. Hasta que el oficio, la experiencia y la madurez te enseñan que, a menos elementos, mayor fuerza expresiva. Los maestros son los que con cuatro elementos abstractos te explican las mayores complejidades humanas. La depuración de las artes populares, laminadas por los siglos, han dado estas formas sintéticas de las máscaras africanas, de las sombras orientales de trazos casi geométricos, o de los títeres populares de la Europa de Polichinela.  Esta austeridad creadora no es signo de empobrecimiento sino, al contrario, volcán explosivo de vitalidad reconcentrada.

Quizás en esa dramaturgia de síntesis de los títeres y de las artes populares se encuentre una sabiduría aplicable a la dramaturgia sociopolítica de las poblaciones actuales, eficaz para enfrentarse a los retos de la explosiva creatividad que las posee. Una creatividad que bajo el temple de la contención sintética podría multiplicar sus resultados con efectos de refinamiento y sofisticación máximos, necesarios para enfrentarse a la inabarcable complejidad del mundo.

Visto desde esta perspectiva, el estudio y la reflexión sobre las retóricas de los títeres se nos aparece como una disciplina y un saber que va más allá del mero teatro para el entretenimiento. Entretener es importante, qué duda cabe, y a los niños hay que enseñarles a ser dobles y múltiples en sus identidades conscientes, pero nuestra época pide retóricas de mínimos para expresiones de máximos. El gesto, el silencio, la imagen escueta o la palabra precisa son hoy herramientas tan importantes como la matemática y la ciencia más refinada. Pensamientos altisonantes de humildad titiritera.

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