Rococó Bananas, de Los Excéntricos, es uno de los ocho espectáculos del programa Avignon á la catalane, que ha elaborado el Instituto Ramon Llull para promocionar la escena de Cataluña y Baleares en el marco del Festival de Aviñón. Aunque Los Excéntricos tenían pensado plantarse en Aviñón por su cuenta, finalmente, cuando se supo que el Ramon Llull preparaba esta acción, pasaron a engrosar la lista oficial de compañías catalanas. Y si el conjunto presenta una variedad de géneros bastante ecléctica, Rococó Bananas, junto con Mirando a Yukali, de Alba Sarraute, y Capas, de “EIA”, es uno de los ocho espectáculos que seguramente arriesga más a la hora de mezclar lenguajes..

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Zazà (esquerra), Sylvestre y Marceline.

Los Excéntricos  son payasos. Rococó … está compuesto por una serie de números en torno a la interpretación musical y la relación entre los tres intérpretes: una supuesta diva malabarista que desafina y dos músicos: piano, ukelele, serrucho, violín trompeta … Las situaciones cómicas, a diferencia de los tríos de payasos clásicos, no osciulan entre un carablanca, un augusto y un contraaugust, sino que el papel de “maestro” se reparte más o menos a partes iguales en varios momentos del espectáculo, y emplean el lenguaje del “excéntrico”: la difícil relación entre el payaso y el objeto que tiene entre manos, ya sea un instrumento musical, un banco, un micrófono, un vestido, un aspirador, una pajarita, etc. Marceline, Sylvestre y Zazá acometen la empresa con oficio, y el resultado es una hora larga de risas espontáneas, incluso en el caso de que el espectador, como yo, ya lo hubiera visto. (Y a pesar, también, del cansancio que impone actuar en Aviñón: sin la posibilidad de tener elementos fijos en el teatro, con el tiempo limitadísimo entre una compañía a la siguiente, lo que les ha obligado a cambiarel número final de los platos rotos, y el trabajo extra de ir a buscar al público en la calle.) los Excéntricos son una de las compañías que mantiene intacto un sentido del humor limpio y efectivo, que se basa en un cincuenta por ciento en la experiencia y otro cincuenta por ciento más en el talento innato de cada uno.

Además, en Rococó Bananas se utilizan títeres. El número de la marioneta esqueleto, manipulada por Sylvestre, es uno de los momentos oscuros del espectáculo. El otro es el del número del autómata: una reproducción de la cabeza del mismo Sylvestre, que canta. De repente, el código del humor cambia, y por tanto es fácil descolocar al público. Pero en este punto la experiencia es un grado y Los Excéntricos superan el reto gracias a una gramática escénica surrealista.

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En otro lugar escribí que el payaso, de la familia de los pierrots y los arlequines, tiene una vinculación directa con la muerte. Rococó Bananas no es el primer espectáculo en el que un payaso interactúa con una marioneta esqueleto; en 1999, Jordi Bertran y Tortell Poltrona compartieron escenario en ¡Uy, ahora!, por ejemplo, y es más que probable -aunque no tengo la fecha exacta y en las conversaciones que he tenido no hemos precisado más- que el mismo Sylvestre ya hubiera escenificado antes la relación entre la risa y la muerte de una manera muy parecida.

Josep Ventura “Sylvestre” comenzó su carrera artística en 1977 haciendo de marionetista y de músico. Salido del Colectivo de Animación, pertenece a la tradición titiritera del Taller de Marionetas de Pepe Otal. Como músico, para destacar un hecho, tocó la batería en el primer Circ Cric, en 1981. No tardó mucho en formar el dúo Marceline y Sylvestre con Marceline Kahn (1983): payasos, músicos y malabaristas. Más adelante, con Zazá (1996), forman Los Excéntricos. Rococó Bananas fue estrenado en 2008 y recibió el Premio Nacional de Cultura en la categoría de circo en el año 2011..

Riesgo escénico

El cartel Avignon à la catalane da una idea del momento artístico que se vive en Cataluña y Baleares. Si nos fijamos en Yukali, de Alba Sarraute, vemos una acertadísima mezcla de música, acrobacia, recital poético y payaso, hasta el punto de dar impulso a una actualización del género de cabaret (en Aviñón, sólo actuó el día 10 de julio en La Manufacture); Capas es una apuesta de circo contemporáneo en favor de una investigación colectiva en el revoltijo de la cultura popular en pleno siglo XXI, que va de la Iglesia al fútbol pasando por los cantos tradicionales y el rock.

La lista de los espectáculos presentados se completa con: Operetta, de Jordi Purtí y la compañía Cor de Teatre, el mismo autor que ya había triunfado en 1995 en Aviñón con Hop!era; Don Juan, amère mémoire de moi, de Miguel Gallardo / Cía. Pelmànec, una puesta en escena con títeres del mito de Don Juan, del que hablaremos más adelante; Streaptease, de Pere Faura, danza; MicroGloPhonE, de Ton Muntané “Katraska”, payaso, y Petita Lula, de la compañía Mariantònia Oliver, danza teatro.

El Institut Ramon Llull ha presentado en Aviñón montajes de altísima ambición y calidad, una auténtica vanguardia escénica con un estilo propio, identificable en aspectos concretos, materiales, de las creaciones catalanobaleaers.

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