Retablo - EtcéteraEl día 9 de marzo el Teatro Romea de Murcia volverá a abrir al público tras varios años cerrado. De inspiración neoclásica, esta verdadera joya arquitectónica construída en 1862 se caracteriza por una monumental fachada de estilo ecléctico, en la que también aparecen detalles modernistas como la marquesina y las verjas de forja que adornan la entrada, más los tres bustos de Beethoven, Mozart y Listz. Para la inauguración de su nueva etapa, ha escogido la ópera de Manuel de Falla El Retablo de Maese Pedro, en la magnífica versión realizada por Etcétera Teatro y dirigida por Enrique Lanz.

Obra estrenada en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, ha sido sin duda uno de los grandes logros de la compañía Etcétera, por el que Enrique Lanz ha recibido el Premio de la Crítica de Barcelona a la mejor Dirección de Escena. El Retablo se ha representado en prácticamente todos los teatros de España y en algunos de Europa, entre ellos el mítico teatro La Monnaie de Bruselas, cosechando éxito tras éxito, tanto con público infantil como adulto.

El Retablo de Maese Pedro es uno de los mayores retos que esta compañía de Granada se ha planteado. Una compañía que desde sus inicios avanza a “golpe de retos”, pues es Enrique Lanz una de estas personas a las que les gusta enfrentarse con lo desconocido en cada una de sus propuestas. Pero el de este Retablo… era un reto mayúsculo, no sólo por la obra en si, muy difícil de representar pues tiene un libreto endiablado con un narrador, el Trujamán, que canta en vez de hablar y un argumento lioso que avanza a veces al galope, sino por las medidas de las marionetas, pues desde el primer momento quiso Lanz que ocuparan todo el espacio de un escenario de ópera. Marionetas gigantes, pues, lo que acarrea no pocos problemas logísticos sumados a los dramatúrgicos. El resultado es, simplemente, espectacular y genial, y constituye sin duda una de las mejores puestas en escena que jamás se hayan realizado de esta ópera.

Teatro Romea de Murcia.

Fachada del Teatro Romea de Murcia.

El otro reto al que se enfrentó Enrique Lanz era más de tipo personal y biográfico, pues resulta que quién hizo las marionetas y los decorados con las que esta obra se estrenó en 1923 fue Hermenegildo Lanz, abuelo de Enrique, artista del grupo de la Generación del 27, muy amigo de Falla y de Lorca (autor también de los títeres utilizados por el poeta granadino para sus funciones de Cristobitas). Al ser el nieto titiritero, no podía menos que enfrentarse a esta obra en la que su abuelo estuvo implicado, pero no podía hacerlo con parámetros similares. De aquí este esfuerzo por encontrar una solución formal y dramatúrgica distinta, original, y a la vez suficientemente “grandiosa” como para ser un sincero y apasionado homenaje a quién fue su mentor biográfico.

Para el proyecto contó con un gran equipo y no pocas colaboraciones, entre ellas la inestimable ayuda de Yanisbel Victoria Martínez, en la investigación dramatúrgica y como responsable de la compleja logística de producción del espectáculo.

Una inauguración, la del Teatro Romea de Murcia, que no podía contar con un mejor espectáculo. Felicitaciones pues desde Titeresante.

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