Se ha presentado este fin de semana, del 1 al 4 de julio de 2021, el nuevo espectáculo de Jordi Bertran titulado Power Point, en el que el veterano titiritero catalán explora un universo que ya habría tratado en anteriores espectáculos (como en Poemas Visuales), este juego minimalista de jugar con simples bolas blancas capaces por sí solas de componer un personaje.

Y lo ha hecho desde la sabiduría y la humildad que siempre han caracterizado el trabajo de Bertran, y que es uno de los signos propios de quien domina el oficio: expresar lo máximo desde lo mínimo. Con Power Point, el marionetista ha conseguido depurar todavía más su estilo, desde la labor solista de dos únicas manos y un uso escueto de las palabras, rigurosamente ceñido a lo indispensable. Algo que solo se consigue cuando existe el oficio suficiente y una presencia que ya de entrada, sin necesidad de preámbulos, nos sitúa donde el artista quiere.

El gran animador de marionetas que es Jordi Bertran abandona aquí los hilos para centrarse en las manos, jugando con la elipsis de esos hilos invisibles que existen en la imaginación. Pues es a la imaginación del espectador a lo que recurre el titiritero, al convertir en unos personajes llenos de vida unas simple bolitas, unas veces más pequeñas, otras más grandes, como el primer número en el que un gran helado de cucurucho se convierte de pronto en la cabeza del protagonista, simplemente vestido con un pañuelo y la otra mano del manipulador.

La guitarra, esa gran amiga de Bertran que siempre lo ha acompañado, acude en el siguiente número para explicarnos como los conflictos en el fondo no son más que las tensiones propias de la mano derecha con la izquierda. Esta gran verdad titiritera, base de los tradicionales títeres de cachiporra, se expresa aquí yendo a las fuentes de la cuestión, con una sencillez apabullante. Algo que solo está al alcance de los más grandes maestros.

Guitarra, música y mano izquierda serían los elementos claves de la tercera parte, cuando la mano que se siente araña, como el Gregorio de la Metamorfosis de Kafka, consigue salir de su delirio y liberarse sin recurrir a las palabras.

En el último número, inspirado en un cuadro del artista Pere Jaume, Bertran quiere hacer un homenaje a quien fue su amigo y maestro, Pepe Otal, quien siempre decía que lo imposible no existe, gracias a la imaginación. Y para ello, recurre al hilo, pero un hilo que podríamos llamar de ‘marioneta de mesa’ o de ‘hilo corto’, para explicarnos como de fácil es conseguir la luna, ese deseo de todos los Pierrots habidos y por haber. ¿Acaso no es la luna este espejo en el que nos reflejamos y vemos en ella lo que escondemos en nuestro interior? Y sin que nadie nos pueda llevar la contraria, pues por mucho que el hombre haya ido a la luna, desde la Tierra es y seguirá siendo una simple bolita de luz. Así nos lo indica Jordi Bertran, cuando sustituye la luna por la cabeza del personaje, explicitando este efecto reflejo que siempre ha tenido para los humanos el misterioso sol de la noche.

Un lujo tener a Jordi Bertran en el teatro más pequeño de Barcelona, La Puntual, para regocijo de padres y chicos, y de los aficionados de todas las edades que hemos acudido al teatrillo de los Navarro.

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