(Zé de Vina y Zefa de frente al teatrino. Foto Izabela Brochado)

José Severino dos Santos, conocido como Zé de Vina o Zé Divina, porque su madre era Doña Vina, nació y se crió en Sítio Lagoinha en Glória de Goitá, Pernambuco, el 14 de marzo de 1940. También llamado Zé do Rojão, por su poderosa y voz fuerte, nos dejó en junio de 2021 a los 81 años.

Este texto es un homenaje que le rindo a este gran maestro, sin duda uno de los mejores mamulengueiros de Brasil, por su genio como artista y su gran generosidad en acoger a jóvenes titiriteros, investigadores y todo aquel que se le acercó para conocer más sobre el Mamulengo. Y así lo conocí en 2001 durante mi investigación de campo de doctorado bajo la recomendación de Adriana Alcure, y desde entonces, convivimos por diferentes períodos: en mis visitas a Pernambuco; en las veces que estuvo en Brasilia (la ciudad donde crecí) y en otras ciudades de Brasil, con motivo de festivales y encuentros de títeres. La información aquí contenida es el resultado de muchas conversaciones que tuve la suerte de tener con él, así como de asistir muchas presentaciones de su Mamulengo Riso do Povo (Mamulengo la Risa del Pueblo).

El aprendiz

Zé de Vina aprendió Mamulengo a través del contacto directo con titiriteros mayores, siendo su primer maestro, Sebastião Cândido, su hermano adoptivo, a quien comenzó a seguir a los 11 años.

Caboclinhos. Acervo del maestro. Foto Izabela Brochado

 Sebastião tenía un Mamulengo y todos los sábados por la noche Zé de Vina iba con su madre y su padrastro a su casa a ver la “brincadeira”[1]. Recordando aquellos tiempos, Zé de Vina dice que ni siquiera cenó, pasó hambre para ver el Mamulengo, pero cuando llegó allí y comenzó a ver los títeres y su barriga se llenó, “parecía que había comido dos hoteles de comida”. Zé de Vina siempre le pedía a su hermano que participara en su Mamulengo, pero él le respondía que era muy pequeño, pero Zé insistía: “¡Me cuido nego (hermano)” !Hasta que un día Sebastião accedió!

Al principio, Zé de Vina ayudó a su hermano, pasándole los muñecos que entraron en escena. Luego, poco a poco, fue poniendo uno u otro muñeco en su mano. Sebastião le enseñó cómo poner bien el muñeco, cómo moverlo, y así, Zé de Vina entrenó, observó, aprendió algunas líneas y ya sabía tamborilear con los pies[2]. El 10 de octubre de 1952, en el Sítio Cutizia, en Glória do Goitá, en la casa del viejo Casimiro a las once de la noche, llegó a buscarlo Sebastião Cândido y le dijo: “Zé, ven aquí. Pon una escena, necesito que me ayudes”. Avergonzado, se puso el muñeco Caso Sério, “uno muy negro que al tirar de una cuerda abre la boca, enseña la lengua y pone los ojos en blanco”. Y con él, hizo el paso completo de la escena Xoxa, Véio Grenguena y la Cobra. Zé de Vina tenía solo 12 años.

Conjunto de títeres del maestro

Como la mayoría de los titiriteros del Nordeste de Brasil de la vieja generación, desde niño Zé de Vina trabajaba en el campo, con un azadón y ganaba un salario diario. No podía esperar a que llegara el sábado para ganar un cambio extra con el Mamulengo, para ayudar con los gastos de la casa. Durante el espectáculo, pasaba el sombrero y, a veces, recogía un buen dinero. Otras veces, le dieron un plato de comida o una botella de brandy a cambio, pero siempre, enfatiza, “¡fue siempre muy divertido!”

Quitéria, acervo del maestro. Foto Izabela Brochado

Poco a poco fue formando su propio Mamulengo; construyendo, ganando o comprando títeres; aprendiendo nuevas escenas. Dice que en esta vida ha tenido muchos maestros, “primero Nuestro Señor Jesucristo, que me dio fuerzas, en segundo lugar, mi hermano Sebastião Cândido y luego vinieron otros maestros: Samuel Alves de Oliveira; Zé das Bananas; Luis da Serra y Pedro Rosa”. Con cada uno aprendió un pasaje (escena).

El Maestro

Cuando conocí a Zé de Vina, en ese momento con 61 años, era uno de los mamulengueiros más conocidos de Pernambuco, ya había actuado en muchas ciudades de Brasil y ya había enseñado y capacitado a varios mamulengueiros de la nueva generación.

Pisa milho, acervo del maestro. Foto Izabela Brochado

Su grupo, Mamulengo Riso do Povo estuvo formado por 7 artistas: el maestro Zé de Vina (el creador del espectáculo y titiritero principal); Zefa, su esposa, que lo ayudaba dentro de la carpa (manipulador secundario); Amaro, su hijo, que interpretaba Mateus (un actor que está del lado de afuera de la carpa y dialoga con los títeres y el público), y una pequeña orquestra compuesta generalmente por tres instrumentos: acordeón de ocho bajos; triangulo (o ganzá) y caja (o zabumba). También lo ayuda dos nietos pequeños. Tenía una colección de unas 150 marionetas y un repertorio de veinticinco pasajes (escenas) listos para ser interpretados.

En su forma más tradicional, el espectáculo de Mamulengo está compuesto por una sucesión de pasajes, que abordan temas diversos. La gran mayoría de estas escenas hace parte del repertorio tradicional del Mamulengo y ha sido repasada oralmente de una generación de mamulengueiros a otra. Otras, no obstante, son creaciones individuales que abordan temas más recientes. Muchas de estas escenas son verdaderas “reliquias”, manteniendo hasta la actualidad conexión con antiguas formas de representación. Un ejemplo es la escena de los “Caboclinhosi donde cuatro caboclos (indios) dialogan en forma de versos que son reminiscentes de las representaciones de la Navidad llevadas a Brasil por los Jesuitas.

Zé de Vina con la família y compañeros de Mamulengo.

¡El dominio del maestro Zé de Vina sobre el grupo fue impresionante! Usando un silbato, dirigió el espectáculo mientras actuaba. Su prodigiosa memoria guardó diálogos, versos y canciones de las escenas, aprendidas a lo largo de su formación. Y su habilidad para improvisar y dialogar con el público, principalmente las clases populares, ¡hizo único a su Mamulengo! Por medio del humor y la ironía presentes en él, Zé de Vina exponía la estructura desigual de la sociedad brasileña, al mismo tiempo que expresaba el deseo de otra “posible” realidad, a través de la inversión. ¡En su Mamulengo el mundo “patas arriba” se concretizaba y la gente se reía, y la gente vivía otra realidad!

Evoé, maestro Zé de Vina, que ahora “brinca” em São Saruê[3]!


[1] Brincadeira (juego) es como los mamulengueiros designan una presentación de Mamulengo.

[2] Este es el sonido de madera que produce el pisoteo de los zapatos de los titiriteros en una caja de madera, donde se sientan durante la actuación. Acompaña el ritmo de la música tocada durante todo el espectáculo; subraya el ritmo de los movimientos de las marionetas, principalmente en las escenas de lucha y baile; y finalmente, destaca los discursos de los títeres

[3] São Saruê, es un espacio imaginario habitado por los espíritus de los títeres, del cual hablaba el mamulengueiro Maestro Solón (?- 1983).

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