Una de las iniciativas de más éxito del Festival TOT ha sido lo que se llama Tot Experience, que consiste en un recorrido por cuatro diferentes espectáculos que se invita a hacer al público en la zona del Monasterio del Poble Espanyol. Las compañías Micro Troupe, La Finísima, Rambling Puppets y Zero en Conducta han sido las cuatro opciones del Experience de este año, una elección que ha resultado acertadíssima, y que ha ofrecido al público una hora de gran virtuosismo titiritero.

“Escudella de Reis”, de la Micro Troupe.

Fue una muy agradable sorpresa descubrir esta compañía de Sant Pere de Riudebitlles, en el Alt Penedès, que entusiasmó al público con sus historias de reyes explicadas por una pareja de cómicos (Roc y Mina, nombres artísticos de Elena Mesa y Juan Gispert) de los que viajaban en la Edad Media con un carro y sus títeres. Yo vi la historia del “Rey que tenía la nariz roja”, un rey entregado a la bebida que quiere casar a su hija y exige que le lleven el mejor vino de su reino.

Micro Troupe

La Micro Troupe. Foto Jesús Atienza.

Nos encontramos de hecho ante dos cómicos muy versados ​​en las artes del clown, con un largo recorrido y una muy agradable presencia, fresca, simpática y desenvuelta, que además se expresan, en esta obra, a través de un divertido texto versificado con pareados y algunos ripios, bien armados y que entroncan con una de las venas más populares de la poesía catalana de siempre. Unos pareados que están dichos con gracia y a la vez con la distancia de una actuación de clown, es decir, sin necesidad de que sean del todo convincentes pero en cambio poseídos de la naturalidad que da esta distancia.

Y es ese tono lo que da también a la manipulación del único títere que entra en juego, una marioneta de hilo que representa el rey, de madera sin ningún vestido y con la nariz roja, una tonalidad muy fresca y orgánica respecto a sus movimientos. De hecho, la cómica que se encarga de manipularlo, Elena Mesa, interpreta su papel a través del cuerpo, de la mímica, los gestos de la cara, y los movimientos cuidadosos pero también afectados por la bebida de los hilos que mueven la marioneta. La combinación del juglar músico y poeta, con la manipuladora que parece una muchacha que se las sabe todas, es realmente afortunada y de las que se meten al público en el bolsillo. En efecto, los espectadores siguieron los versos y la historia del monarca borracho sin perder la sonrisa ni dejar de mirar a los dos cómicos, que recibieron al terminar su trabajo una salva de aplausos muy sinceros.

Es a destacar el esfuerzo de la Micro Troupe de recitar con versos fáciles pero muy bien elaborados y de buen decir, según el estilo clásico de la poesía popular catalana. Un esfuerzo que, junto con los hilos de la marioneta, exige una interesante contención vocal, mímica y manipuladora a los dos cómicos, y que otorga al espectáculo el ritmo justo y un temple equilibrado entre inteligencia y frescura. Todos los espectadores salimos muy agradecidos.

“Nymio, Historias mínimas explicadas a mano”, de la Cia. Zero en Conducta.

Los espectadores, terminada la historia del rey lirón, fueron conducidos a la capilla románica de San Miguel y de ahí a su magnífico claustro, donde les esperaba el titiritero Putxa, con un pequeño escenario preparado para representar sus historias mínimas. El contrapunto fue fantástico: de la actuación luminosa y popular en la calle de la Micro Troupe, pasamos a la intimidad de esta pequeña joya, que pide una concentración más cuidadosa, y que tuvo el magnífico marco y la oscuridad adecuada en el claustro donde nos encontrábamos.

Nymio

Nymio. Foto Jesús Atienza.

El espectáculo Nymio tiene un único personaje: Punto. Es la mano del manipulador. Con dos ojos y un pequeño guante que le hace de vestido. Y dos zapatitos. Una mano, sin embargo, que tiene vida propia: se mueve por donde quiere, baila, salta, vuela y enamora al público. El escenario es una pequeña mesita con una farola que se enciende cuando comienza el espectáculo. Una historia nimia pero que tiene una fuerza extraordinaria. Se cumple aquí la teoría de los títeres, que dice que a más economía de medios y síntesis, más fuerza expresiva. Claro que la síntesis, para que funcione, no debe tener pretensiones pero sí gracia. Y estas condiciones las cumple Putxa al pie de la letra: como aquel que no hace nada, Punto se levanta con el orgullo del personaje que se inventa a sí mismo.

Cuando el títere es simplemente una parte del cuerpo del titiritero, la relación entre títere y titiritero es de sorpresa y de admiración, y de mucho respeto. Lógico, al tratarse de una parte de uno mismo. Pero no es nada fácil cultivar esta relación manteniendo la distancia adecuada y el mínimo toque de ironía. Y es quizás en esta relación con su doble -o su mano doble- donde Nymio más brilla y convence al público, al despertar una empatía doble en el espectador, hacia el personaje y hacia el titiritero. Así al menos lo vi yo en el pequeño claustro del monasterio del Pueblo Español.

“Titelles al terrat”, por la Cia. La Finíssima.

El siguiente espectáculo transcurrió en el exterior del Monasterio, a pleno sol. El público fue recibido de inmediato por un titiritero que llevaba su teatro colgado al cuerpo, de modo que la boca del retablo quedaba justo encima de la cabeza del manipulador. Un sistema que da movilidad al titiritero, que se puede desplazar, él y el teatrillo, allí donde quiera. Una técnica muy difícil pero también muy agradecida.

La Finíssima

Titelles al Terrat. Foto de Jesús Atienza.

Ramonlluc de Selvanyola es el nombre artístico de Luis Bosch y también el hombre-teatro de La Finísima. Actuando a la manera de los cómics antiguos de calle, Ramonlluc se metió enseguida el público en el bolsillo con su palabrería divertida que hacía ir al respetable de un lugar a otro, buscando el mejor ángulo para hacer la función. Finalmente lo encontró -bien puesto en un lugar al sol, sin que hiriera los ojos de los espectadores- y la función pudo empezar.

Claro que ya hacía un rato que había comenzado, al tratarse de un espectáculo donde tan importante son los títeres como las palabras y la manera de dirigirse al público. Y es precisamente en el registro de esta charla donde radica el gran mérito de Ramonlluc de Selvanyola, al conectar con la tradición popular en estos usos, caracterizada por un lenguaje franco, directo, que no tiene miedo a las palabras duras y a decir las cosas por su nombre, entroncando también con la tradición titiritera europea por excelencia. Un tono que ya estaba presente antes de que salieran los títeres. Cuando estos salen -títeres de tipo “guiñol” con trajes hechos por Montse Mola-, nos encontramos con una historia clásica de Perico y el Demonio, que para disimular su apariencia, se convierte en un Guardia Civil. Es decir, situaciones y personajes arquetípicos de los títeres de toda la vida. La obra termina “comme il faut”, es decir, con los correspondientes golpes de bastón. Acción directa y lenguaje franco que junto al tono festivo y alegre de la representación, llenó la plazoleta de color y de antiguas resonancias titiriteras.

Hay que decir que Ramonlluc salió muy bien parado de su reto, ya que no es nada fácil manipular títeres cuando llevas el castillete encima y todo cuelga del propio cuerpo. Una técnica que parece muy sencilla pero que requiere mucha práctica y un dominio casi virtuosístico de la manipulación. Un reto con el que la Finísima se ha comprometido muy seriamente.

“Canelo Show”, de la Cia. Rambling Puppets.

El último espectáculo de la tanda de cuatro del TOT Experience fue el Canelo Show de Fernando Costa, un titiritero surgido de la Casa-Taller de Marionetas de Pepe Otal. Canelo es un perro ya bien conocido por el público del Pueblo Español, ya que el año pasado también estuvo, pero que en esta ocasión nos ha mostrado sus progresos de artista cantante. En efecto, maravillosa marioneta de hilo de una extraordinaria vida canina, Canelo es un perro que bosteza, obra y cierra los ojos, mueve la cola y las orejas como quiere, incluso para taparse los ojos como si fueran manos , un perro en definitiva muy perro que salta, se sienta, se estira, canta y ejerce sus necesidades de micción. Su talante es más bien lento y perezoso, pero a la vez muy listo y vivo, por lo que despierta las simpatías del público, que se enamora de él casi bien de inmediato.

Canelo Show

Canelo. Foto de Jesús Atienza.

En esta última versión del personaje, Fernando Costa nos ofreció todo un show que constituye una refinada secuencia a través de la cual se presenta el personaje, que no sale hasta que el titiritero-domador no lo tienta con un hueso. Después de mostrar sus habilidades de perro, se prepara un escenario de un típico cabaret, con un micrófono y un piano al fondo. Sale el pianista, y Canelo, que es el cantante, se pone en situación. De repente el público ve como el pianista se pone a tocar y el perro a cantar, con un número de gran virtuosismo manipulador gracias a un excelente dominio de los hilos. Se nota que el titiritero ha estudiado hasta el último detalle su marioneta, de la que extrae todo su jugo. Una técnica, la del hilo, muy compleja pero que parece no tener secretos para Ferran Costa, tal es precisión de los diferentes movimientos del perro.

El virtuosismo de Canelo no hace más que confirmar el buen momento que la marioneta de hilo vive en Barcelona, ​​una capital europea sin duda en esta especialidad, como decían estos días algunos titiriteros.

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