La serie de reportajes iniciados bajo el distintivo “La Revolta dels Titelles” (La Rebelión de los Títeres, ver aquí) continúa su andadura sin tregua, aunque con algunas pausas, y toca ahora centrarnos en la compañía Marionetàrium, instalada en el Tibidabo de Barcelona, que guarda el extraordinario legado artístico de la marionetista austríaca Herta Frankel. La entrevista se hizo en verano y toca ahora pasar al papel parte de lo que explicaron frente a la cámara.

Pili i Ferran

Fernando Gómez y Pilar Gálvez. Foto Jesús Atienza.

Siempre he considerado un privilegio poder acercarse allí donde las compañías guardan y fabrican a sus marionetas, lugares por lo general mágicos al tener algo de sagrado. Suelen ser espacios peculiares donde las marionetas pertenecientes a distintas obras y épocas se juntan y se mezclan como si tuvieran permiso para saltarse los guiones y relacionarse con personajes procedentes de mundos completamente ajenos. Sin ir más lejos, en el local de Marionetàrium he visto a Carmen Miranda charlar y coquetear con un negro rumbón de alguna orquesta de los años cincuenta, mientras un payaso zumbón compartía opiniones con el mismísimo Harpo de los Hermanos Marx y discutía sobre flamenco con Lola Flores…

Vivimos en efecto esta curiosa experiencia los afortunados que fuímos al local que tienen los del Marionetàrium de Herta Frankel en el barrio de Sants, en Barcelona, el mismo local que perteneció en su día a Mariona Masgrau y que ella llamó Espai Fènix. Éramos Sac-Nité en la cámara, Jesús Atienza en la fotografía, Ferran Baile y yo mismo con las preguntas, los lápices y los papeles.

Nada más entrar en el local, nos esperaban unas treinta marionetas colgadas en una especie de parrilla elevada que se levantaba en medio del espacio. Junto a ellas, Pilar Gálvez, Fernando Gómez y Oriol Pont cuidaban de que no se pelearan entre sí y de que sus hilos estuvieran separados y sin líos. Algo nada fácil, teniendo en cuenta el variopinto proceder de la mayoría de los muñecos.

Fernando Gómez

Fernando Gómez. Foto Jesús Atienza.

Fernando Gómez, director artístico de la compañía, tras darnos la bienvenida, se instaló en la silla que había frente a la cámara, junto a Pilar Gálvez. En efecto, Sac-Nité ya tenía su imponente cámara de video bien puesta en el trípode, Jesús Atienza había revisado convenientemente luces y sombras, preparado a su vez para sacar instantáneas del momento, mientras Ferran Baile y yo teníamos a punto nuestras baterías de preguntas.

Fernando Gómez

– Yo quería ser carpintero, pero empecé trabajando en un banco. Durante nueve largos años, combiné la rutina bancaria con el teatro de calle y la organización de Carnavales. A los 23 años dejé el banco y me escapé al campo. Allí empecé a construir juguetes de madera, indagando en el movimiento de esos juguetes decidí volver a Barcelona para aprender. En realidad, lo que buscaba era juntar la madera con el teatro. Me matriculé en el departamento de títeres del Institut del Teatre. A los pocos días, el azar me llevó a abrir una puerta cerrada y allí encontré el taller del señor Harry V.Tozer. Era lo que buscaba. Allí se enseñaba a mover muñecos de madera con hilos. Cambié la matricula y estuve diez años con el señor Tozer. Allí construí una marioneta llamada Julio Jaleo prevista como presentador de las marionetas de Tozer. No lo conseguí con él, pero años más tarde presentó las de Herta. Fue una inmensa suerte que aproveché todo lo que pude.

Poco podía sospechar entonces Fernando que el hilo acabaría siendo su profesión y su vida.

– Un día le pregunté qué había sido de Herta Frankel, a la que conocía por haberla visto de niño mil veces por televisión. Tozer me habló de ella pero lo bueno es que una semana más tarde, estando en una de las muestras de títeres de Terrassa, me llamó y me dijo: “mira, te presento a Herta Frankel”. Me quedé de piedra. Pero lo más curioso es que, tras presentarme y decirle que hacía marionetas con Tozer, me ofreció entrar en su compañía. Necesitaba a un manipulador para la semana siguiente. Fue el otoño de 1985.

Pilar Gálvez

Pilar Gálvez con Grock, de


Pilar Gálvez

– Debo decir que también empecé trabajando en un banco. Pero no tardé en dejarlo. Mi relación con las marionetas viene del Teatre Malic, donde fui jefa de sala durante bastantes años. Allí conocí no pocos secretos de la profesión y, en los últimos tiempos, incluso hacía los talleres de sombras para los niños por distintos barrios de Barcelona. También hice de técnica de Mariona en varios de sus espectáculos, especialmente los de su última época. Un día, Herta Frankel llamó a los de La Fanfarra diciendo que andaba buscando un manipulador. De inmediato vi allí una oportunidad de entrar en el mundo profesional, contratada por uno de los mitos vivos del marionetismo español. No me lo pensé dos veces. Fue en el verano de 1985. Debuté en la Scala de Madrid. Tres meses mas tarde conocí a Fernando Gómez, recién contratado por Herta.

Ambos ríen al comentar aquella coincidencia, que marcó el inicio de toda una andadura que todavía continúa. Dice Fernando:

– La compañía contaba entonces con cuatro manipuladores más Herta. Éramos dos chicos y dos chicas, algo para ella importante por una razón muy simple: los saludos. Daba mucha importancia a los saludos. Al actuar en galas, casinos o cabarés, a veces acabábamos antes del fin del espectáculo, pero debíamos esperar, cambiarnos y salir a saludar con un vestuario para la ocasión. Era  toda una época y un estilo que hoy ya no se estila o sólo en determinados ambientes. Para Herta, era lo más normal del mundo.

– Nosotros dos empezamos a tutear a Herta –comenta Pilar-, algo impensable para los demás que hacía más tiempo estaban con ella. No sólo los tiempos estaban cambiando, también nosotros veníamos de otro mundo, por primera vez tenía titiriteros en la compañía, con conocimientos técnicos y mundanos sobre el asunto. Fernando, además, era constructor de marionetas y eso fue algo fundamental, pues tener a un experto en la compañía le dio una gran seguridad y le otorgó mucha confianza. Así empezó nuestra amistad con ella. Una gran mujer. Fuerte como un roble y con una voluntad de hierro. Las marionetas, bastante grandes y pesadas, se manipulaban a la vista sin puente y con un estilo muy especial: con los brazos levantados en alto, en una posición para nosotros insufrible al principio. ¡Pero ella pudo hasta los ochenta años!

Marionetàrium

En plena grabación, con Ferran Baile y Sac-Nité García en primer plano. Foto Jesús Atienza.

Todo un mundo de otra época se abre ante nosotros. La compañía de Los Vieneses llega en 1942 a España y se instala en Barcelona, huyendo de los desastres de la guerra. Arthur Kaps y Franz Johan eran los directores y empresarios de aquella mítica compañía. Herta Frankel y Gustavo Re, que habian llegado desde Italia, en 1943 pasaron a formar parte de ella.  Un día de 1946 asisten a una función de marionetas de la compañía de Harry V.Tozer que organizaba el FAD en la Cúpula del Coliseum de Barcelona. A Arthur Kaps, el ideólogo del grupo, se le enciende la bombilla: “¡Herta, eso es lo que debes hacer!”. Kaps habla con Tozer, pero éste tiene otro concepto del espectáculo de marionetas, más técnico y condicionado al mando vertical y a la manipulación desde el puente. Tozer le sugiere a su principal colaborador y constructor. Luís Fontanet es también responsable de la programación del FAD y decorador del Teatro Español de Barcelona, donde actuaban Los Vieneses. Empieza así una colaboración que tras arduos trabajos, cuaja en los primeros números de marionetas de Herta Frankel y se extiende durante más de una década. Sigue Fernando contándonos la historia:

– Chiquitín fue la primera marioneta manipulada por Herta, construída en 1948 por Fontanet –nos la ensenya orgulloso, perfectamente restaurada, colgada en la parrilla del Espai Fènix–. Incorporan los números de marionetas en sus espectáculos de variedades. Lanzada ya a esta nueva carrera, no duda en buscar los mejores constructores de marionetas de toda Europa. Para Herta trabajan los maestros del momento: Luis Fontanet, Regino Mas, Harro Siegel, Fritz Herbert Bross, Irmgard Sturm, Elvira Loyzaga, Hermanos Nieto, Zdenek Podhursky Georges Lafaye y Josef Vítek. Marionetas que actuaron en teatros, circos y hasta en plazas de toros. ¡En 1975, Herta actúa con sus marionetas en la Torre Eifel! Los Vieneses llegaron a tener tres circos que giraban por toda Europa, con leones, tigres, elefantes, y las principales atracciones de la época, cantantes como Nati Mistral, malabaristas como Bela Kremo o trapecistas como Pinito del Oro.

Precisamente Fernando Gómez, fiel a la devoción que siente por estos maestros de la marioneta de hilo, ha puesto su empeño en rescatarlos del olvido. Desde el Marionetàrium, les han dedicado una preciosa exposición, ha escrito también un artículo importantísimo en la revista Fantoche nº 6 donde se da cuenta de los mismos, y este último verano ha viajado a Francia, Austria, Alemania y Chequia para seguir el rastro de la mayoría de ellos. Le pregunto sobre el movimiento que a principios del siglo XX hubo de auge de la marioneta de hilo en Europa.

– Es algo ínsólito que ocurrió en los años de entreguerras y que explica la existencia de un Tozer en Barcelona o de Siegel y Bross en Alemania. Los profesionales de la época eran muy celosos de sus trucos técnicos, de modo que jamás los explicaban a nadie. Fue entonces cuando surgió un movimiento espontáneo de marionetistas aficionados que, decididos a superar estas trabas de los profesonales, intercambiaron conocimientos entre ellos, creando clubes y revistas con el objetivo de aprender y compartir. Tozer creció en este ambiente y de él se nutrió, a la vez que se daba a conocer en los ambientes especialmente de Inglaterra, Estados Unidos y en menor medida Alemania. Es la época de revistas míticas como The Puppetry Yearbooks, The Puppet Master, fundada en 1925 por The British puppet and model theatre guild, que presidió Edward Gordon Graig. El origen de esta organización es consecuencia de la entusiasta correspondencia que provocó la publicación del libro Everybody’s Theatre de W. H. Whanslaw en 1924. Desde entonces, puede decirse que los marionetistas han abandonado sus recelos y hoy lo más frecuente es intercambiar conocimientos y enseñar a los que quieren aprender. Al menos, tal es nuestra filosofía desde el Marionetàrium, fieles a los maestros que nos han antecedido, con los cursos que regularmente convocamos.

En efecto, hay que decir que la nueva compañía de Herta Frankel, dirigida por Fernando Gómez y Pilar Gálvez, se ha convertido hoy en uno de los más importantes focos de propagación de las artes del hilo en Barcelona, junto con otros nombres tan consolidados como Jordi Bertrán, Carles Cañellas, Santi Arnal, Carlos López o Teresa Travieso. De su área de influencia han surgido titiriteros hoy ya con nombre propio como Helena de Sola, Paula López, Miren Larrea, Valentina Raposo, Glòria Arrufat, Paulette San Martín, y los actuales y ya veteranos miembros de la Compañía:  Oriol Pont, Litus Codina, Oscar Gallart y Josep Milan.

Les pregunto por los inicios del Marionetàrium.

– Todo empezó con las exposiciónes de la última época de Herta. Primero fue la de Lleida pero comprendimos que lo importante era presentar la colección entera de su obra en Barcelona. Tras mucho mirar, nos concentramos en el antiguo Salón Vienés de la Casa Fuster, viejo café convertido en sede de la Enher y que ahora es un hotel. Fue un éxito inesperado y brutal. En solo un mes, pasaron cincuenta mil personas sin publicidad alguna, solo con los reclamos de la prensa por los artículos que salían prácticamente a diario. Fue en 1996, pocos meses antes de que muriera Herta. La exposición desveló la riqueza del patrimonio de la marionetista austríaca y el interés que despertaba. Fue el mismo público quién nos urgía a no dejar en la cuneta tantos años de arte, oficio e historia del país. Piensa que la exposición la montamos sin ninguna ayuda y teníamos que financiar nosotros todos los gastos. La condición que nos puso la Enher, a cambio de no cobrarnos alquiler, era que la entrada debía ser libre. Decidimos entonces vender una postal a 100 pts, a modo de apoyo voluntario al acto. ¡Recaudamos más de un millón de pesetas! Herta tenía claro que la compañía debía continuar y nos dejó, a Pilar y a mi, la colección entera, con todos los archivos. ¡Una responsabilidad tremenda!

Interviene Pilar para recordar la exposición a Sevilla que sucedió a la de Barcelona, ya tras la muerte de Herta.

– La prensa dijo: “Herta Frankel resucita en Sevilla”, y así fue en cierto modo. La exposición de Sevilla fue el arranque de la compañía. Fernando tenía la idea, desde hacía años, de juntar las dos grandes colecciones de marionetas de Barcelona, las del señor Tozer y las de Herta Frankel, para crear un gran centro de marionetas en la ciudad, un sueño que todavía le persigue pero que por lo visto no está en la agenda de ninguna institución. Entonces decidimos que debíamos tener nosotros este centro en algún lugar de Barcelona. ¿Pero dónde? Tras el Salón Vienés de la Casa Fuster, no podíamos bajar el listón. Hubo algunas ofertas, poco interesantes para nosotros, hasta que un día Fernando, paseando por la terraza de su casa, vio iluminarse el Tibidabo a lo lejos. Fue un flechazo, una verdadera iluminación. ¿Qué mejor sitio para instalar la obra de Herta que el Tibidabo? Allí están los autómatas y todo el parque constituye uno de los lugares más entrañables para las distintas generaciones de barceloneses. Al día siguiente, subimos con un dossier y preguntamos por el director. Así conocimos a Santi Sardá, con quién nos sigue uniendo una gran amistad. A la semana, ya nos instalábamos en el espacio de la Miranda, un lugar maravilloso con vistas a toda la ciudad de Barcelona. Nos bautizamos con el nombre de Marionetàrium.

Marionetàrium

Fernando Gómez, Oriol Pont y Pilar Gálvez. Foto Jesús Atienza.

Desde un principio tienen claro que lo importante es mantener, mostrar y animar el rico patrimonio de Herta. Por eso empiezan con exposiciones guiadas salpicadas de pequeños números con las marionetas. Al año deciden crear un espectáculo que sume varios de los muñecos ya restaurados y más atractivos. Su título es Marionetarium. Deben adaptarse a la realidad del parque, con afluencias masivas de público y, por lo tanto, con la necesidad de ofrecer espectáculos cortos para que mucha gente pueda verlo. Serán doce horas diarias durante los tres meses que dura la temporada. El resto del año se limita a los fines de semana. Para ello necesitan de un buen equipo y, para conseguirlo, convocan un curso de manipulación. Nace así una de las iniciativas más importantes del Marionetàrium, lo que podríamos llamar su Escuela, de la que ha salido ya un montón de nuevos marionetistas hoy en activo por los escenarios del mundo, como antes se ha dicho.

– Hay un antes y un después en el marionetàrium –nos dice Pilar–: la entrada en juego del escenógrafo José Menchero. En el 2001 decidimos crear un nuevo puente y reestructurar el teatro, y para ello conectamos con Menchero. Él substituyó los frágiles aluminios que usábamos entonces por sólidas estructuras de hierro que posibilitaron una teatralización mayor de toda la estructura del puente y del espectáculo. Menchero es un caso especial, pues además de escenógrafo, puede decirse que también es medio titiritero, por haber participado en tantos montajes de títeres. Trabajó muy íntimamente con Mariona Masgrau, con el Teatro Malic, y luego con los distintos montajes y óperas de Toni Rumbau. Conoce pues muy bien el tema. Fue un lujazo tenerlo a nuestro lado, aportando sus ideas y soluciones.

La historia del Marionetàrium tiene varias fases, y en una de las últimas vivieron momentos traumáticos, a causa de los cambios súbitos de la dirección del Parque y sus correspondientes precipitaciones.

– Un día nos enteramos que debíamos desalojar la Miranda en tan sólo doce días… Se nos hundió el mundo… Menos mal que las aguas volvieron a sus lechos, y aunque nosotros no volvimos a la Miranda y tuvimos que pasar una temporada instalados en medio de la sala de los Autómatas, el Ayuntamiento comprendió la importancia y la trascendencia ciudadana del patrimonio de Herta, por lo que decidió construir un nuevo teatro, en el que estamos ahora. Hay menos espacio para la colección, parte de la cual está expuesta en unas salas laterales al teatro, y ello nos ha obligado a disponer de otro local en Barcelona donde guardar las marionetas y donde ubicar el taller.

En efecto, la Sala Fénix de Mariona Masgrau acoge hoy las marionetas de Herta Frankel y su alegre taller. Allí nos mira, instalado sobre un taburete, Oriol Pont, miembro de la compañía desde hace quince años y joven promesa del marionetismo catalán, pues ha abrazado esta profesión con extraordinario entusiasmo. Le preguntamos a Oriol sobre cómo llegó a meterse en eso de las marionetas.

Oriol Pont

Oriol Pont. Foto Jesús Atienza.


Oriol Pont

– Los inicios son siempre raros y casuales, y los míos no podían serlo menos. Una vez vi una película de Krzysztof Kieślowski, “La Doble Vida de Verónica”, que me impresionó mucho. Uno de los personajes es un titiritero que me fascinó. Pensé que por ahí debía dirigir mi vida. Le pedí a mi madre, que es maestra, que me diera el teléfono de algunos de los titiriteros que conocía por actuar en la escuela. Así empecé una ronda de llamadas hasta que tropecé con un señor que tenía un taller y que me invitó a ir aquella misma tarde. Fui y así conocí a Pepe Otal. Fue mi primer maestro. Un privilegio conocerlo y vivir su mundo. De este nmodo me inicié ya de entrada en la marioneta de hilo. Un día, leí un anuncio en la prensa sobre un curso que se daba en el Tibidabo. Llamé, y aunque el plazo de inscripción ya había pasado, me convocaron para la mañana siguiente. Conocí entonces a Fernando Gómez, mi segundo maestro, a Pilar y al marionetàrium. Al poco tiempo, entré a formar parte de la compañía.

Curiosa la coherencia de que su punto de partida haya sido una película que trata con tanta poesía y profundidad el tema del doble, que constituye el núcleo básico de la temática titiritera, como el mismo Kieślowski dio a entender, al situar a un marionetista en uno de los lugares claves de la película.

Oriol Pont y Toni Rumbau

Oriol Pont y Toni Rumbau. Foto Jesús Atienza.

– Para mi una marioneta es un instrumento que genera movimiento. Y eso es lo que más me interesa: cómo generar este movimiento, con qué mecanismos, trucos, técnicas… Es decir, lo que más me fascina es el mundo de la construcción. Claro que sigo manipulando y la importancia de la práctica es básica para entender la intimidad de los funcionamientos, pero construir para mi es lo básico y lo fundamental. Noto a faltar en nuestro medio más investigación. Experimentar es esencial para poder avanzar en este oficio. Y por eso estoy tan feliz aquí en el Marionetàrium: me permite construir y experimentar. Al restaurar las piezas antiguas de Herta, desmontamos toda la marioneta y luego debemos reconstruirla y encontrar la manera de moverla con aún mayor precisión si cabe. La magia del movimiento es lo que me fascina. Considero que la marioneta de hilo es difícil y que faltan lugares en Barcelona donde aprender y experimentar. Es una lástima, pues existen excelentes profesionales, pero ya se sabe, las obligaciones impiden a veces estas labores más tranquilas del taller.

Enseñar, exponer, actuar. Estas son las tres funciones que tanto Oriol como Fernando y Pilar consideran principales y prioritarias. Tienen un deseo:

– Nuestro deseo es disponer algún día de un espacio en Barcelona donde poder cumplir con estos cometidos con garantías y condiciones adecuadas. Es decir, un teatro-museo-escuela en el que deberían estar y actuar las distintas colecciones de marionetas que existen aquí. Las de Herta, las de Tozer, las de Pepe Otal, y las de tantos profesionales que guardan en sus baúles joyas que piden salir a la luz del día. Fíjate, las de Harry V.Tozer se encuentran hoy en cajas, muy bien guardadas y conservadas, nos consta, pero no es justo que el público de Barcelona y los aficionados no podamos verlas. Yo considero que las marionetas no están hechas para estar ni en cajas ni colgadas en vitrinas, sino que deben actuar en el escenario –dice Fernando. Es como si condenaras a un Stradivarius a vivir eternamente en su funda. Lo que tiene que hacer es sonar. Lo mismo ocurre con las marionetas. Deben moverse, conservarse actuando para el público y transmitirlas a otras generaciones.

Desde Titeresante sólo podemos desearles suerte, darles todo nuestro apoyo y esperar que su sueño se haga realidad: sería el mejor regalo póstumo que Barcelona podría hacer a los maestros marionetistas que escogieron la ciudad para sus sueños de hilos y desdoblamientos múltiples.

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