Se ha podido ver estos días de principios de 2013 dentro de la programación “Titelles al Barri de la Ribera”, en una doble iniciativa de La Puntual y del Teatro del Atelier de Barcelona, el espectáculo de la peruana Ana Santa Cruz “Revoltosas Manobritas”, dirigido a todos los públicos. Hay que decir, en primer lugar, la oportunidad de estos espacios que programan obras llegadas de América Latina con una cierta regulartidad -a los que abría que sumar la Casa-Taller de Marionetas de Pepe Otal, otro punto sensible a las novedades transoceánicas-, pues nos permiten hacernos una idea de por donde van los tiros en aquellas latitudes, en unos momentos dulces para los títeres en los países hispanoamericanos.

Ana Santa Cruz

Ana Santa Cruz

Son pocos los trabajos que nos llegan de Perú, y de ahí el interés de estas Revoltosas Manobritas que nos ofrece Ana Santa Cruz, cuyo exquisito trabajo debe enmarcarse en la órbita de influencia de esos increíbles mimos-titiriteros que son Hugo e Inés, instalados desde hace años en Lima. En efecto, la técnica utilizada por la titiritera peruana se inscribe en los hallazgos desdoblatorios del mítico grupo croata-peruano en el uso de las manos y de partes del propio cuerpo para dar vida a personajes que complementan al del titiritero. En el caso que nos ocupa, Ana Santa Cruz consigue crear un mundo de dobles suyos profundamente enraizados en la música y la cultura popular actual de Perú. Sus personajes, bien marcados por una impecable labor de manos, asoman de la periferia corporal de la titiritera a modo de esbozos, apuntes y perfiles que tienen la gran virtud de ampliar su presencia, compulsivamente inclinada a dotarse de otras voces y formas. De hecho, creo que puede hablarse de una dualidad clara, marcada por una segunda voz distorsionada en falsete que da vida a la mayoría de las figuras que emergen de las manos.

En este sentido, creo que es posible hablar de una unidad argumental del espectáculo -estructurado en números que se van sucediendo uno tras otro- basada precisamente en este afán desdoblatorio de la titiritera que a medida que avanza el espectáculo, se va afirmando y explicitando, con personajes cada vez más definidos -como el de la vieja, uno de los más logrados, o el de la coliflor convertida en una doble presumida y marchosa- hasta llegar al número casi final del personaje formado con sus propias piernas, manos y pies, cuya cabeza es una simple gorra, y que está marcado por un cierto “destape” de la titiritera, que ha ido perdiendo su pudor inicial hasta llegar a esta escena de seducción sexual que acaba sublimada en una cariñosa muestra de instinto maternal hacia la figura.

Ana Santa Cruz

Momento de Revoltosas Manobritas

Un trabajo de muchas posibilidades teatrales y cabareteras, que tiene la gran virtud de desarrollar una temática “profundamente titiritera”, cuál es la de desdoblarse en otros partiendo del propio cuerpo y de pequeños objetos transformadores (bolas, zapatitos, cajitas, telas, coliflores…), sin necesidad de recurrir a los títeres “ya hechos” propiamente dichos. Ver como cada personaje se arma en directo y a la vista del público es otro de los elementos más interesantes del espectáculo. Las dotes desdoblatorias y la agradable presencia escénica de Ana Santa Cruz, constituyen, sin duda alguna, el mejor sostén y las garantías de un trabajo de exploración y de largo recorrido sobre estas temáticas nada fáciles de tratar.

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