(Alacena adentro de una cáscara de nuez. Caja con miniaturas varias)

Afuera, la revolución y los amagos de la modernidad;
dentro, las lupas y la voluptuosidad de los objetos
Carlos Monsiváis, Los rituales del caos

 1.

Además de escritor, Carlos Monsiváis (1938-2010) fue también un cronista de México a través de su colección de objetos de la cultura popular. Una buena parte de su manía acumulativa la conforman las miniaturas de artesanos y artesanas mexicanas, como si en ellas el autor hubiera leído otras magnitudes de la historia del país. Para él, “el placer miniaturizante” tenía que ver con “el antiguo placer medieval por los homúnculos” (*) [1].

Homúnculo: humano diminuto que se creía que era creado por los alquimistas en un laboratorio. Quizá Monsiváis comprendió la característica tendencia mexicana a miniaturizar la existencia, como efecto de un posible laboratorio social de imaginación histórica. Porque muchas de sus piezas podrían denominarse “históricas”, en el sentido de que se concentran en nanificar episodios, mitos y tradiciones de la idiosincracia mexicana. Las figuras de las maquetas, cajitas, autómatas, huesos, maderas y marfiles tallados, serían las materializaciones de la alquimia sucedida por medio de las manos de los artesanos, frente a un macrorrelato, ante un hecho distante o un trauma  histórico que presuponen la génesis de una identidad.

Detalle de La Divina Comedia en miniatura. Alfredo Vázquez Lona.

De acuerdo a varias notas que sobre coleccionismo hizo Monsiváis en algunos de sus libros, se sabe que había sido lector de Walter Benjamin, de él tomó prestadas ciertas premisas del “ser del coleccionista” elaboradas por el alemán, con las que también se podría entender parte de su impulso a retener todo paisaje miniaturizante (inclusive fue apodado por la periodista Ángeles Vázquez como “detective de las miniaturas”). Monsiváis sabía bien que según Benjamín, existe en la vida del coleccionista una dialéctica entre los polos del orden y el desorden.[2] De hecho el impulso coleccionista “es el grandioso intento de superar la completa irracionalidad de su mera presencia [del objeto] integrándolo en un nuevo sistema histórico creado particularmente: la colección.”[3] En consonancia con este pensamiento, la colección de micropaisajes históricos del cronista, podría interpretarse como una forma de darle un orden singular a determinadas alegorías colectivas y sucesos de la historia del país. Una especie de crónica visual por vía de las miniaturas, en donde “la sensualidad del poseedor”[4] se presiente en el atlas de imágenes reducidas que hacen su colección.

La Divina Comedia en miniatura. Alfredo Vázquez Lona.

En las 250 piezas que exhibió por primera vez la muestra El juego y el arte de la miniatura (2017)en el Estanquillo, podían verse los diminutos altares de muertos de Eduardo Oliva Arias, el cementerio imaginado por Guillermo Romero Amador, las tallas de madera de Hipólito Vázquez Sánchez que retratan la lucha entre aztecas y españoles, una serie de sucesos solemnes miniaturizados por Teodoro Torres y Susana Navarro, tales como escenas del gabinete de Benito Juárez pronunciando las Leyes de Reforma o la ejecución de Maximiliano, los escenarios móviles y autómatas de madera de Luis Ascanio Zenteno. Las múltiples tallas minuciosas en hueso de las calaveras de José Guadalupe Posada y otros esqueletos de Roberto Ruiz y sobre todo, las cajas microscópicas de Alfredo Velázquez Lona, que forman una parte prominente de la colección, entre muchos otros nombres.

Ofrenda de muertos en una caja de puros. Eduardo Oliva Arias.

Hay que decir, que el escritor no solo se dedicó a colectar miniaturas preexistentes, sino también a provocarlas. Monsiváis fue todo un provocador de “micropaisajes documentales” de México. Así lo hizo por ejemplo con el matrimonio Navarro y Torres, al influenciar su trabajo con las crónicas del s.XIX, por medio de las litografías que les enseñaba. O con los trabajos por encargo que le solicitó a la poblana Teresa Nava, precursora del “maquetismo documental” popular. Nava hizo 130 maquetas para Monsiváis, 44 de las cuales forman parte de su colección y en ellas, la artesana hizo una vasta crónica a pequeña escala de las tradicionales poblanas.

Trabajo de Alfredo Vázquez Lona.

2.

Carlos Monsiváis está sentado en el café del Museo del Estanquillo. Yo llego -un poco tarde- para hablar con él de la pasión miniaturizante que compartimos. Le hablo de usted. Y alcanzo solo hacerle dos preguntas antes de que se tenga que ir. Durante la conversación saca algo del bolsillo izquierdo de su camisa, y luego abre el puño de su mano también izquierda para mostrarme algo. Transcribo:

Carlos Monsiváis en miniatura junto a la Catrina de Posada. Trabajo de Roberto Ruiz

¿Qué hay en el bolsillo de su camisa?

Mi propio “empequeñecimiento para ajustarme al requerimiento del cosmos” (*)

¿Qué lleva en la palma de su mano?

Es mi propio rostro de dos centímetros tallado en hueso.
Es la Figura número 300 de Roberto Ruiz, expuesta aquí en el Estanquillo.
En esta miniatura estoy como un homúnculo de mí mismo junto al emblema popular de la ironía mexicana, la Catrina de José Guadalupe Posada.
No podemos hacer nada frente a las calaveras.
“Son las licencias del bufón trasladadas a un campo de representación funeral.”[5]

3.

Hay una famosa fotografía en blanco y negro que Graciela Iturbide le hizo a Monsiváis, titulada “Retrato de Monsiváis en su cuarto de juegos.” En ella vemos al escritor sentado, observa una mesa alargada sobre la que se ubica la fachada de una iglesia en pequeña escala. Frente a ésta, hay varios habitantes equidistantes sobre lo que parece la explanada del recinto católico. No se alcanza a reconocer muy bien la identidad de las figuras. Pero hay una carreta, un hombre a caballo, mujeres con mantos y rebozos, un antiguo retratista, hombres con sombrero, hombres que llevan cestos con algún producto en venta en la cabeza, quizá un minúsculo funeral, etcétera.

Foto de Graciela Iturbide. Retrato de Monsiváis en su cuarto de juegos.

Para mí esta imagen, es la evidencia de cómo la alquimia presentida por el cronista en las miniaturas, se expande en un trasvase epistemológico hacia su propia manera escritural. Los emblemas identitarios son un campo de juegos que pueden contenerse en la palma de la mano y asimilarse desde el distanciamiento intrínseco que da la pequeña escala en su percepción del mundo. Me pregunto si algunos de los libros de Monsiváis habrán sido escritos tras la contemplación de sus maquetas, aunque no trataran directamente con el tema contenido en la artesanía. Algo así como ver las maquetas y luego ensayar con las palabras un dispositivo de conjunto, en donde se está adentro pero al mismo tiempo se está afuera de una realidad; otra vez, narrar la microhistoria como si la tuvieras en la palma de la mano y con eso, erradicar de algún modo la suntuosidad discursiva con la que se suelen abordar algunos textos históricos de la memoria oficial mexicana. Acercar entonces la crónica hacia el territorio lúdico, humorístico, poroso, del relato microscópico, acercar el tono de la crónica, hacia las maquetas de comprensión no deliberadas, que tanto se materializan en nuestro gremio artesanal. Pienso que las miniaturas de Monsiváis fracasaron como adornos, souvernirs o meras piezas de una colección, sus homúnculos se hicieron pensamientos y están también, en la raíz invisible de sus libros.

Vida de Benito Juárez. Artesanos Teodoro Torres y Susana Navarro.

 

[1] En este escrito hay algunas referencias marcadas con (*), que están tomadas de las textos sin bibliografía precisa, anotados en las paredes de la exposición El juego y el arte de la miniatura (2017) en el Museo del Estanquillo de la CDMX, dedicado a exponer las colecciones particulares del escritor por medio exposiciones temporales.

[2] Cfr. Los rituales del caos, Ediciones Era, México, 2013. p.3504  [versión Kindle]

[3] Libro de los Pasajes. Trad. Luis Fernández Castañeda, et.al. Akal, Madrid, 2013, p.223.

[4] Cfr. Juan Manuel Gómez, “Retrato de un coleccionista. Entrevista con Carlos Monsiváis” en Nexos, abril (2016) [En línea]: https://www.nexos.com.mx/?p=27997

[5] “Las vanguardias y lo popular”, conferencia pronunciada en la Universidad Iberoamericana, en el marco de las jornadas «Gramática de la memoria» en 1996. Disponible en revista Fractal, No. 76 [En línea]: http://mxfractal.org/articulos/RevistaFractal76CarlosMonsivais.php

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