Dentro del ciclo FIOS que organiza el Museu da Marioneta de Lisboa, ha tenido lugar hoy una pequeña Maratón de Hilos en el Jardín del Príncipe Real, una de los lugares más hermosos de la capital lusa. Las representaciones han sido justo al lado del impresionante Ciprés Portugués centenario, con una copa de 23 metros de diámetro, una de las maravillas del sitio. Han participado cuatro compañías de marionetas de hilo con espectáculos que generalmente se representan en la calle: Ele y Marionetas Nómadas, de Barcelona, Legni e Galla, de Italia, y Alex Barti, de Macedonia.

Instalados en diferentes lugares del hermoso jardín, en un día de sol y una temperatura muy agradable, las cuatro compañías se han ido sucediendo en sus actuaciones, con un público mixto de niños y adultos que han seguido con entusiasmo e interés las funciones. El resultado ha sido una pequeña maratón que en su conjunto ha funcionado como un espectáculo en cuatro actos, cada uno con estilo, historia y ritmo muy diferentes, ofreciendo una caleidoscópica muestra de esta técnica milenaria de manipulación a través del hilo.


Una técnica que siempre funciona, especialmente en la calle, como una interrupción de los tiempos lineales que se mueven horizontalmente. La marioneta de hilo impone una Verticalidad en el espacio que abre otras dimensiones temporales, motivo por el cual los espectadores se sienten de inmediato atrapados por la sensación inconsciente de hallarse en una especie de suspensión temporal, de agujero en el tiempo o parón cronológico: los niños entran en una zona que no es ni de clase ni de recreo ni de juego ni de estar en casa o en la calle, una zona proclive a los vuelos de la fantasía y al encantamiento. Los adultos notan que de pronto se han detenido sus relojes interiores, ni siquiera se acuerdan de mirar la hora aunque sepan que llegarán tarde a donde sea que vayan. Los ancianos pueden focalizar su tiempo ya interrumpido y darle direcciones nuevas, subiéndose a las verticales que apuntan los hilos.

Un arte, el del hilo, que es un cruce de percepción lúdica y filosófica, aunque esta segunda entre por la puerta de atrás de la inconsciencia, de modo que se nota pero no se formula.

Los cuatro actos de la Maratona de Fios

Rompieron el hielo las dos jóvenes marionetistas de Ele, las catalanas Raquel Batet y Marta Lorente, surgidas de la Casa-Taller de Marionetas de Pepe Otal, de Barcelona. Su espectáculo “Roulettes” es una pequeña delicia que desde su presentación hará cosa de un año no ha cesado de girar por toda Europa, llamada por los más importantes festivales del género. El secreto de su éxito está en la delicadeza de la manipulación y en una historia cargada de humanidad entre un anciano y un niño, en la que se pasa del conflicto al entendimiento, en un tono distanciado y carente de sentimentalismo. El ritmo pausado permite a las dos manipuladoras poder desplegar todos los matices de los personajes a través de una gestualidad muy bien marcada, con un estudiado dominio de los hilos. Ternura, profundo sentimiento humanista, cruce de las edades, tolerancia de las diferencias entre sí, tales podrían ser los contenidos que se desprenden del espectáculo de Ele. Se nota, por otra parte, que lo tienen rodado, pues el ritmo, que no corre, encaja perfectamente con la capacidad de percepción de los espectadores, muchos de ellos pescados al vuelo en la calle. Los aplausos duraron lo que pocas veces suelen durar cuando se actúa en la calle. Una gozada.

Raquel Batet y Marta Lorente, compañía Ele.

Pere Bigas, de Marionetas Nómadas, nos mostró la versión de calle de su espectáculo el Tesoro del Pirata, que se podrá ver estos días en el Museu da Marioneta junto con su colega Bruno Valls. Nos encontramos ante uno de los titiriteros más interesantes del momento barcelonés y con una trayectoria singular en la que el arte del hilo se combina con el viaje y la aventura, como si desde un principio Bigas hubiera entendido que eso de las marionetas es salirse de los tiempos normales para vivir en otros que uno debe inventarse a lo largo de la vida. Como si el hilo fuera una llave que permite abrir otros espacios, experiencias y conocimientos. El resultado es una presencia en el escenario en la que las marionetas se ven cargadas de la personalidad del titiritero (de los titiriteros, cuando interviene también Bruno Valls), como si la verdad que hay en las manos de los artistas corriera por los hilos y se instalara en los personajes articulados de madera. ¿De qué va éste? La versión de calle son sketches sueltos con los diferentes personajes de la historia del pirata que aparecen y desarrollan sus habilidades mímicas: el bailarín negro, el pirata patapalo, el divertido hombre coco, la sensual sirena, y la Muerte bailarina y de miembros huidizos, el indispensable esqueleto de los espectáculos de marioneta de hilo. Se acompaña cada salida con una música muy bien escogida y se consigue así una sucesión de números musicales a modo de cabaret de marionetas. Manipulación impecable y elegante distanciamiento: la entrega final del público.

Pere Bigas, de Marionetas Nómadas.

Alex Pires es el titiritero solista de la joven compañía Legni e Galla que se estrenó en las calles de San Sebastián durante el Congreso Mundial de UNIMA 2016 con este espectáculo, “Tic-Tac”, cuyo título nos indica claramente de que la cosa va sobre el tiempo. Proviene también de la Casa-Taller de Marionetas de Pepe Otal, algo que se nota pues tanto la estética como la temática tienen íntima relación con el mundo de las marionetas tal como lo entendía el maestro de Albacete. Dos son los elementos claves de la obra: el Tiempo y la Muerte. La Pálida Señora, representada por un compacto esqueleto -de los que no se descoyunta- ejerce de maestra de ceremonias: ella introduce y acaba el espectáculo. Su argumento, muy simple y pensado para los pequeños espacios de tiempo de la calle, se resume en realidad a los elementos que se ven en el pequeño escenario: la Rueda del Tiempo a modo de reloj parado en cuyo centro yace un humano atrapado por el fatídico círculo; un libro en un atril que nos habla de la inutilidad del conocimiento, peso muerto con sus letras de plomo que jamás impide la acción de la Parca; una puerta que nos indica el principio y el fin, la entrada y la salida, con un espejo en una de sus caras para dar al menos al “pasante” la oportunidad de conocerse a sí mismo, que es la máxima sabiduría a la que podemos aspirar en este mundo; y una marioneta cuyo cuerpo es simplemente un despertador, clara imagen de la futilidad del vivir, pues cuando la cuerda se detiene, se acabó lo que se daba. Entre estos elementos, vive “su momento” el humano, para llegar rápido a su fin. La Muerte lo espera: se hace con su corazón, pequeña bolita roja que sin embargo se escapa hasta que la Parca se lo pone en la nariz. Convertida en una Muerte Payaso, cierra el ciclo dando la nota de humor negro, indicando que la vida es tragedia pero también comedia, una tragicomedia, vaya. El pública aplaudió los apuntes filosóficos de la obra, que no hizo más que abrir a fondo la verticalidad de quién conoce todos los secretos de los hilos: la Muerte.

Alex Pires, compañía Legni e Galla.

Y remató la Maratona de FIOS esa figura excepcional del hilo, el macedonio Alex Mihajlovski, con su “Alex Barti Show”, que encandiló a los espectadores dejándonos a todos no sólo con la boca abierta, sino absolutamente entregados a la gracia y a la vida independiente que logra su personaje. Es realmente increíble el dominio que llega a tener el marionetista sobre su muñeco, de tal manera que puede hacer todo lo que se le antoje, improvisando constantemente con el público, aprovechando que se acerca una paloma, que llora un niño, o cuando se fija en la mamá guapa de la que se enamora Alex, o en la relación de condescendencia hacia los niños, a los que trata como colegas. El espectáculo podría durar horas, interactuando Alex con el público en un sinfín de situaciones que el titiritero conoce a la perfección, pues no por nada es la única marioneta que maneja Mihajlovski. Uno podría pensar: claro, ahora se entiende, al actuar siempre con la misma marioneta, le ha sacado todo el jugo posible. Pero los que nos dedicamos a esas cosas sabemos muy bien cuáles son los límites con los que se tropieza cuando se trabaja con un único muñeco: por muchas horas que te pases frente al espejo, no hay manera de traspasar unas fronteras naturales insalvables. Pues Mihajlovski nos indica que estas fronteras pueden saltarse a la torera si uno quiere. Si se quiere y si se puede, pues aquí interviene el genio del titiritero, que ha sido capaz de crear su “instrumento”, una especie de Stradivarios de la manipulación. La gracia de Barti es su naturalidad, todo lo hace sin pretensiones, como si realmente fuera una personita que vive de actuar de vez en cuando, cuando lo saca de la maleta el titiritero y le toca trabajar. Aquí, la verticalidad del hilo te eleva hacia cotas insospechadas, al olvidarse uno completamente de la realidad, pues se ha impuesto la de Barti, la única verdadera durante sus momentos de vida. Luego, el titiritero abre la caja-dormitorio, la marioneta entra en ella, bosteza, dice adiós y se cierra la caja, con los hilos plegados dentro. Regresa el tiempo cotidiano. Para alargar un poco el sabor de ese tiempo suspendido que se acabó, los espectadores aplauden a rabiar.

Barti con su amor.

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