He aquí una reminiscencia que nos ha llegado muy viva de las antiguas ceremonias de figuras animadas que se realizaban en las iglesias, muy especialmente tras las fundamentales decisiones del Concilio de Trento (entre 1545 y el 1563), que sentaron las bases de la Contrarreforma, abrieron las puertas al Arte Barroco y tanto vuelo dieron al desarrollo de las imágenes religiosas. Unas ceremonias que se remontan, sin embargo, a las antiguas tradiciones medievales de los Autos Sacramentales, muchas veces representados con marionetas.

Iglesia Laguardia
Exterior de la Iglesia de Santa María de los Reyes de Laguardia.

Tuve la suerte de ser invitado por Adolfo Ayuso a viajar a Laguardia para asistir a una de las últimas representaciones del Ciclo Navideño (la última será el 2 de febrero, a las 13h, centrada en el episodio de la Huída a Egipto, tras la cual el belén entero será desmontado y guardado hasta la próxima Navidad), función que tuvo lugar el sábado 25 de enero a las 18:30h de la tarde. Lo bueno de esta representación es que era la única de todo el Ciclo en la que se representaban todos los episodios. (Vean la página web del Belén aquí). Íbamos con Adolfo la titiritera Arantxa Azagra de Trastam, Paco Paricio de Los Titiriteros y un servidor. Ya en Laguardia, nos encontramos con Enrique Lanz, sus dos hijos Ana y Leo, y Yanizbel Martínez, de Etcétera de Granada, además de Felipe Garduño, del Teatro Bihar de Sestao y su esposa Nati Cuevas. Una buena representación del gremio titiritero, como puede verse, a modo de homenaje a esta reliquia que nos habla de uno de los orígenes lejanos de nuestro arte.

Interior Igledia Laguardia
Interior de la Iglesia de Santa María de los Reyes de Laguardia, con el Belén a la izquierdsa y el Retablo del Altar Mayor al frente.

Aunque las representaciones del Belén se vienen sucediendo ininterrumpidamente desde hace siglos (con los evidentes paréntesis históricos de guerras, hecatombes e invasiones), la verdad es que se sabía muy poco del mismo. Fue Adolfo Ayuso quién en el año 2010 invitó a Maryse Badiou y al fotógrafo Jesús Atienza a Laguardia para dar fe de una de sus representaciones. El resultado fueron dos magníficos artículos escritos por Maryse Badiou acompañados por las fotografías de Atienza, aparecidos uno en castellano en la revista Fantoche n.5 del año 2011, editada por Unima Federación España, y el otro en catalán en la revista Serra d’Or, editada por la Abadía de Montserrat. Artículos que revelaron al mundo titiritero la existencia de esta preciada reliquia. (vean el artículo en Fantoche aquí, en pág.26).

Serra d'Or, Belén de Laguardia
Portada de la revista Serra d’Or, con el Niño Jesús del Belén de Laguardia. Fotografía de Jesús Atienza.

Es importante destacar que en agosto del año 2006, gracias al empeño de Jaime Barrachina, director del Museo del Vino del Castillo de Perelada, y gracias al entusiasmo de su director artístico, Jesús Polanco, el Festival de Perelada sacó al Belén fuera de Laguardia por primera vez en la historia, para presentarlo en la Iglesia del Carme de Perelada, con música en directo de los gaiteros de Elciego. La muerte prematura de Polanco impidió que se realizara su sueño de presentar el Belén con composiciones de música contemporánea. (vean artículo publicado en El Punt aquí)

Adolfo Ayuso y Clara Ajamil
Adolfo Ayuso y Clara I. Ajamil.

Para un conocimiento en profundidad del Belén, es imprescindible la lectura del libro de Clara I.Ajamil y F.Javier Gutiérrez, titulado “El Belén de Santa María de los Reyes de Laguardia (Álava). Un Belén barroco de movimiento”, editado en el año 2004 por la Asociación Belenista de Álava. Se puede comprar el libro en la oficina de turismo de Laguardia.

Laguardia, un Villa rica en imágenes.

Impresiona entrar en esta villa fundada por el rey navarro Sancho VI El Sabio en 1164, hoy capital de la Rioja Alavesa, y que aparece rodeada de murallas en un estratégico altozano situado en los límites de lo que fueron Navarra y Castilla. En la actualidad pertenece a la provincia de Álava y constituye un centro turístico de primer orden, gracias a la buena conservación de sus calles y edificios, que guardan una hermosa configuración medieval, y gracias a su capitalidad vinícola, pues en ella se beben algunos de los mejores caldos de la zona.

Reloj autómata de Laguardia
El reloj atómata en la fachada del Ayuntamiento con las puertas cerradas.

Reloj autómata de Laguardia
El reloj con las puertas abiertas (fotografía web Cándido Valverde).

Hemos dicho rica en imágenes y lo es, en verdad, si sumamos a la extraordinaria imaginería religiosa de la Iglesia de Santa María de los Reyes, el reloj autómata de tres bailarines que se halla en la fachada del Ayuntamiento (obra de la empresa madrileña Cándido Valverde) así como la figura festiva del Cachimorro, que en las fiestas de San Juan preside la agrupación de los bailarines, vestido con un traje multicolor, gorro, cincho y polainas con cascabeles, que tanto nos recuerda a un bufón de la época medieval.

Gigantes de Laguardia
Los Gigantes de Laguardia en la Casa de Turismo.

También podríamos citar la estatua que se levanta en memoria de Félix María Samaniego (1745-1801), reconocido fabulista de la época, hombre liberal e ilustrado, que llegó a tener problemas con la Inquisición. Los interesados pueden saber más del mismo clicando aquí. Hoy, en su palacio se ubica la oficina turística, que contiene también los gigantes de la Villa y otras figuras expuestas.

Pórtico gótico Laguardia
El pórtico gótico.

Yanisvel Martínez y Paco Paricio
Yanisbel V.Martínez y Paco Paricio en el belén del Pórtico gótico.

Pero donde se hallan las grandes riquezas icónicas de Laguardia es en la Iglesia de Santa María de los Reyes. Para empezar, su pórtico gótico de finales del siglo XIV, una impresionante joya escultórica realizada en piedra y policromada en el siglo XVII, que se conserva muy bien gracias a haberse cerrado el pórtico ya en el siglo XVI. Realizado en piedra como se ha dicho, está formado por un arco gótico muy apuntado que forma cinco arquivoltas, todas ellas decoradas. Remito al interesado a visitar la web de Laguardia donde se habla de estos tesoros medievales con detalle.

Iglesia Laguardia
Miquel Serrano, Maire Ayala, Adolfo Ayuso, Paco Paricio y Arantxa Azagra en el interior de la iglesia.

Ya en el interior de la iglesia, el visitante que ama los excesos, puede regodearse con el magnífico retablo renacentista en transición hacia el barroco, situado en el altar mayor, obra del escultor Juan de Bascardo (1584-1653) (+info aquí).

Retablo
El Retablo del Altar Mayor.

Antes de fijarnos en el Belén, que se halla instalado frente a una de las puertas laterales de la Iglesia, debemos detenernos en dos lugares previos: al fondo de la iglesia, en un rincón algo oscuro, el observador curioso podrá ver el Cristo articulado que yace en un sarcófago de cristal y que por lo visto es bajado de la cruz en una emotiva ceremonia durante la Semana Santa;

Cristo articulado de Laguardia
El Cristo articulado de la Iglesia de Santa María de los Reyes de Laguardia.

y, a la derecha del Altar Mayor, verá un pequeño paso también de Semana Santa que representa la Santa Cena con unas curiosas figuras articuladas y de rostros muy iguales que sin embargo parece tener un uso más bien estático en sus funciones sacras. Sobre la mesa, un extraño animal en un plato, tal vez un venado.

Paso santa cena
Detalle del Paso con la Santa Cena.

Como puede verse, desde que entramos en la Iglesia de Santa María de los Reyes, el entorno de su gran riqueza icónica parece querer prepararnos para esta pequeña apoteosis figurativa que es el Belén animado, en el que serán protagonistas destacados precisamente los tres Reyes Magos de Oriente, tema preeminente del lugar (los tres reyes aparecen ya en el pórtico gótico, en el que se conmemora la glorificación y el triunfo de María).

Pórtico gótico Laguardia
Detalle del pórtico gótico.

Ensayo y representación.

Nos recibieron Mikel Serrano y Maite Ayala, miembros de la Asociación que se encarga de dar vida al Belén junto con Faustino Ayala, presidente de la misma. Tras las presentaciones, entramos directamente en materia, y fuimos conducidos en los mismísimos interiores mágicos del retablo, donde recibimos profusas explicaciones sobre el mismo, respondiendo a las preguntas efectuadas por Yanisbel Martínez, Arantxa Azagra, Adolfo Ayuso y un entusiasmado Paco Paricio, maravillados todos por lo que veíamos. Pero lo más interesante fue la invitación que recibimos para presenciar un ensayo a las cinco de la tarde, antes de la función. Podríamos verlo todo desde el interior, mezclados con el equipo de manipuladores.

Mikel Serrano y Maite Ayala
Mikel Serrano y Maite Ayala.

Tras comer ricamente, para cargarnos de calorías y poder resistir así el frío de la Iglesia -sólo encienden algunas estufas durante la representación-, a las cinco en punto de la tarde estábamos allí. Enrique Lanz asistía con todas sus cámaras de rodaje, pues tenía la intención de incorporar el Belén de Laguardia al gran proyecto de reportajes sobre tradiciones titiriteras del mundo que se halla realizando -para eso había acudido de Granada (ver aquí sobre el proyecto “El Alma del Pueblo”).

Enrique Lanz
Enrique Lanz con la cámara en ristre.

Un equipo compuesto por unas diez personas, voluntarios de mucha juventud -el menor tiene 17 años-, todos ellos capitaneados por Mikel Serrano y Faustino Ayala, nos esperaba, cada uno ocupado en que todo estuviera a punto.  Maite Ayala, desde el altar mayor, se encargaba de recitar los textos del Auto. El resto de la compañía estaba formada por Ana Gervás y Pilar Feli García de Olano (encargadas del cambio de vestuario), Gonzalo García de Olano (Iluminación), Alfonso Garcia de Olano, Jon Navaridas, Ion Serrano, Roberto Muro y Raúl García (manipuladores).

Belén de Laguardia
El Belén de Laguardia antes del ensayo.

Belén de Laguardia
Detalle del Belén.

El ensayo empezó y fuimos testigos privilegiados de cómo se urdía todo el entramado de la representación sacro-pagana desde el interior del retablo. Lo más destacable, por lo novedoso y por lo simple del caso, fue la técnica de manipulación de los muñecos que se movían desde abajo en la parte posterior del escenario: una técnica que podríamos llamar de “manipulación sobre tablones”, en la que las marionetas se deslizan en efecto sobre típicos tablones de los usados en la construcción. Los manipuladores, con los brazos estirados, agarran las bases planas donde se sostienen las figuras y las van deslizando lentamente encima de los tablones. Una manipulación tan eficaz como sencilla. Para que se inclinen las marionetas a modo de leves saludos, se utiliza una cuerda que cuelga directamente del cuello y que un manipulador tira hacia abajo.

Belén de Laguardia
Los tablones del Belén.

Belén de Laguardia
Manipulación sobre tablones.

Belén de Laguardia
Tablones y pastor.

Además de los movimientos lentos y majestuosos de los personajes principales -Ángel, Santa Familia y Reyes Magos, con sus burros, camellos y criados, más los pastores que acuden a adorar al Niño Jesús-, están los cuatro pastores que bailan sobre una rueda giratoria y que junto a los dos carneros, constituyen magníficos instrumentos de percusión que acompañan a los gaiteros, cuando éstos entran en acción. La rueda de los pastores es de una ingeniosidad extraordinaria y permite muchas sutilizas y juegos airosos de manipulación y de percusión. Los dos carneros son el elemento pagano y divertido del conjunto, que cuando suena la música y se acelera el ritmo, se embisten rítmicamente entre sí, con sonoro estruendo. De algún modo, encarnan la figura del diablo que aquí no aparece, a diferencia de los autos navideños catalanes, más inclinados a la paganidad lúdica. En este caso, las fuerzas simbólicas del mal, representadas por los dos carneros, se neutralizan pegándose entre sí, mientras ayudan a crear un entorno festivo y entrañable al pesebre.

Belén de Laguardia
Los dos carneros.

Belén de Laguardia
Los dos carneros, desde el interior del Belén.

Durante el ensayo sólo vimos brazos en alto, caras muy atentas, gestos estudiados, cambios rápidos de vestuario e incluso de cabeza -los pastores se convierten en los reyes magos, y la cabeza de uno de ellos es substituida por la cara negra de Baltasar, con su correspondiente turbante-, dedos que aprietan el play de la música grabada o disparan el humo de las máquinas encargadas de este menester. Enrique Lanz  pudo regodearse con su cámara al sacar imágenes insólitas que luego le servirán para el montaje, inmortalizando unos gestos y unas técnicas que llevan más de doscientos años repitiéndose Navidad tras Navidad. Al fondo, la cara atenta y asombrada de Felipe Garduño brillaba en la oscuridad, como si tomara nota mental de cuanto sucedía ante sus ojos, mientras yo sacaba fotografías y algunas imágenes con mi pequeña cámara de video.

Belén de Laguardia
Cara del Rey Negro en su caja de cartón, antes de ocupar el cuerpo de un pastor y convertirse en Baltasar.

A las seis y cuarto, el público empezó a llenar la Iglesia. Los bancos, ahora ya irradiados por el calor de las estufas, fueron rápidamente ocupados. No cabía ni un alfiler frente al retablo. Público local, por supuesto, pero también de otros lugares de la región, pues el Belén crece día a día en popularidad, considerado como una de las singularidades más interesantes de la zona. Aparece ya en los folletos turísticos, y no me extrañaría que en un futuro próximo, sus representaciones constituyan momentos álgidos del calendario turístico de la Villa de Laguardia. Tal vez entonces sus responsables le dedicarán todavía más atención, y las funciones se multipliquen, con incorporación de nuevas intervenciones musicales en directo y con el beneplácito de las autoridades locales y de las eclesiásticas, que verán en el Belén una oportunidad de ampliar público, del que compra y gasta duros para las primeras, y clientela espiritual para las segundas.

Belén de Laguardia
El público ocupa sus asientos.

Pero volvamos a la Iglesia. Enrique Lanz se coloca en el púlpito para instalar en él sus cámaras. Yo hago lo mismo en unos escalones laterales para ver también la representación desde una cierta altura. Abajo, el público ocupa expectante sus asientos. Por fin el acto empieza. Música grabada de Telemann y la voz de Maite Ayala nos explica los orígenes lejanos del Belén y la singularidad de su pervivencia. Y empieza la función. Su ritmo es lento, así lo requiere la obra y también el sistema de manipulación, pues los muñecos avanzan despacio sobre los tablones. El escenario es en realidad un gran Belén con sus típicas escenografías de madera, corcho, musgo y boj, algunos corderos, una fuente con agua, un fuego de luces rojas para resguardo de los pastores. Y en la parte elevada del fondo, entre el establo donde se ubica la Familia Divina y el pesebre, los tablones con las figuras que se deslizan lentamente. La iluminación es de colorines, muy típica de los pesebres. Lo enmarca todo un gran decorado pintado en forma de arco.

Belén de Laguardia
El Belén con sus colores.

De pronto hay un cambio, y suenan con estrépito las gaitas. Así se llaman en la zona las típicas dulzainas, que dos músicos, verdaderos maestros en estos instrumentos, se encargan de tocar. Pero de momento son sólo pequeños bailes para que luzcan los dos carneros y los cuatro pastores que giran en la rueda. Ya llegará su hora de lucimiento. Los bailes son divertidos y rompen con gran estruendo la lenta acción escénica.

Belén de Laguardia
Los pastores en la rueda.

Belén de Laguardia
La rueda.

Belén de Laguardia
Bailando.

Más tarde, llega el momento en que los dos gaiteros de Elciego salen del interior y se plantan entre el público y el Belén. Algo a oscuras, pues no hay luz que los alumbre, tocan varias piezas acompañados por un tamborilero. Son momentos musicalmente álgidos, pues ambos instrumentistas son realmente unos virtuosos y hacen las delicias del público, al sacar a estos indóciles instrumentos un partido extraordinario, sin que apenas se escape nota alguna, como es frecuente en la gaitas. El público les recompensa con calurosos aplausos. Y mientras tocan, pastores y carneros celebran también la ocasión para sacudirse en sus bailes y pendencias.

Belén de Laguardia
El Campesino siembra.

La última escena, la Huída a Egipto y el Milagro del Trigo, es seguramente una de las más vistosas, con un agricultor que ocupa con su buey la rueda que sirve ahora para que con su trabajo giren también las estaciones, mientras siembra la cosecha de trigo. La Familia Santa pasa junto a él y San José le pronostica que el trigo crecerá en un sólo día. Pasa la noche, y el campesino regresa al campo para ver asombrado como se ha cumplido la predicción: el trigo está en efecto crecido. Cuando llegan las tropas del Rey Herodes, figuras planas recortadas, y le preguntan por los huidos con ansias de cortar el cuello al niño Jesús, contesta el campesino que pasaron por allí cuando sembraba el trigo. Los soldados comprenden que jamás les darán alcance, pues llevan demasiado tiempo por delante…

Belén de Laguardia
Los soldados de Herodes.

Divertido ver como el agricultor va cortando el trigo mientras una mano secreta armada con unas tijeras le ayuda por lo bajo. La función llega a su fin. El mensaje bíblico ha llegado a la audiencia, y el público parece satisfecho: una vez más han cumplido con el rito. Lo sagrado y lo profano se han juntado en el espacio mágico de Santa María de los Reyes. Durante hora y media, Ipads e Ipods dejaron de funcionar, las televisiones callaron y aunque vi a algunos silenciosamente atentos a los Smarphones, respondiendo sms o WhatsApps, por lo general la atención fue bastante sacra.

Belén de Laguardia
Manipuladores del Belén con algunos de los titiriteros.

Los titiriteros presentes, emocionados y pensativos, éramos vagamente conscientes de que habíamos asistido a un espectáculo primigenio y esencial, en el que las fuentes de nuestro arte nos habían sido desveladas en pequeñas y sutiles dosis de sofisticada destilación histórica. El frío de la piedra, el calor de los manipuladores que nos recibieron, el fragor de la música y de la madera que chocaba entre sí, más el silencioso desfilar de las figuras sobre los tablones, nos hablaban de tiempos pretéritos que sin embargo nosotros revivimos secretamente en el día a día de nuestro oficio titiritero. Hacía falta acudir a Laguardia para saberlo.

Fotografías de Toni Rumbau.

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