(Gari Garaialde / Bostok Photo)
Las fiestas de San Pedro y San Marcial de Irún incorporaron este año un nuevo espacio dedicado al teatro de títeres en euskera. Impulsado por la asociación Euskal Herriko Titiriteroen Elkartea OMAK-UNIMA, en colaboración con el Departamento de Euskera del Ayuntamiento de Irun, Txotxongiloen Parkea (El parque de los títeres) reunió durante cuatro jornadas diferentes propuestas escénicas dirigidas al público familiar.
Más que un ciclo de funciones, esta primera edición puede entenderse como un nuevo paso dentro de un proceso que viene desarrollándose desde hace varios años en la comarca del Bidasoa, donde compañías, asociaciones e instituciones han ido consolidando progresivamente la presencia del teatro de títeres en euskera dentro de la programación cultural del territorio.
Desde esta perspectiva, el interés de la iniciativa trasciende la programación puntual. La continuidad del encuentro de titiriteros de Euskal Herria y actividades impulsadas por compañías locales como Títeres Ostomila, junto con el trabajo asociativo de OMAK UNIMA, parecen haber contribuido a la creación de un contexto en el que el público familiar reconoce cada vez con mayor naturalidad el teatro de títeres como una práctica artística contemporánea y diversa. Txotxongiloen Parkea se inserta, por tanto, en un proceso de construcción de públicos que todavía continúa desarrollándose.

Las representaciones previstas para los días 23, 24, 25 y 26 de junio de 2026 iban a celebrarse en el parque Sargia de Irun, integrándose en el espacio festivo de la ciudad. Sin embargo, la alerta roja decretada por el Gobierno Vasco debido a las elevadas temperaturas obligó a trasladar las funciones al Centro Cultural CBA. Este cambio modificó inevitablemente las condiciones de recepción de los espectáculos: el tránsito espontáneo propio de un parque durante las fiestas dio paso a un espacio escénico más convencional, donde la atención compartida entre intérpretes y espectadores adquirió un carácter diferente.
Precisamente, la idea de la que nace este proyecto es la ocupación del espacio público. Si años atrás era habitual encontrarse con espectáculos de títeres en plazas y parques, hoy este tipo de propuestas resulta cada vez más escaso. Txotxongiloen Parkea surge con la intención de recuperar esa relación entre el teatro de títeres y el espacio abierto, acercándolo de nuevo a la vida cotidiana de la ciudad.
La programación comenzó con Kay Robot, de la compañía gasteiztarra Ameztu Antzerkia. Antes incluso del desarrollo de la ficción, la aparición inesperada de David Taboada, intérprete del espectáculo, entre el público estableció desde el inicio una relación directa con los espectadores. El espectáculo combina actuación y manipulación directa de objetos y títeres para construir un discurso en torno a la creación de un robot, abordando cuestiones relacionadas con la inteligencia artificial, la automatización y la dimensión afectiva de la experiencia humana.
Más que ofrecer respuestas cerradas, la propuesta sitúa estos temas dentro de un dispositivo escénico en el que el humor y el ritmo acelerado favorecen una recepción activa por parte del público. El espacio escénico, construido a partir de cajas cuadradas y rectangulares que se transforman constantemente, funciona de manera dinámica al crear nuevos lugares para la acción. Junto con la manipulación directa, este recurso expone al espectador a un juego donde se revela el propio mecanismo teatral, desplazando continuamente la atención entre el objeto animado y quien le da vida. Este procedimiento acompaña el recorrido cronológico del protagonista y su relación con la tecnología, logrando, desde el humor, abrir una reflexión pertinente sobre una época marcada por las pantallas.

Babaluva con “KATXARULOREN ALABA”. Irun. Junio 24, 2026. (Gari Garaialde / Bostok Photo)
La segunda jornada estuvo dedicada a Katxaruloren Alaba, de Babaluva, versión en euskera del espectáculo *A filla do Cacharulo*, estrenada en Hondarribia durante el II Encuentro de Titiriteros de Euskal Herria en 2025. En esta ocasión, Mirari Urruzola articula una dramaturgia inspirada en el mundo marinero mediante una combinación de canciones tradicionales y diversas técnicas titiriteras, con predominio del títere de guante.
La propuesta construye un relato donde la tradición oral adquiere un papel estructural. Los objetos, las canciones y los mitos generan un espacio escénico en el que la memoria y la transmisión cultural aparecen entrelazadas, sin que ninguno de estos elementos se imponga sobre los demás. El espectáculo mantiene un diálogo constante entre la narración y los títeres.

Cabaret de Marionetas. June 26, 2026. (Gari Garaialde / Bostok Photo)
Esta propuesta supone también una forma de navegar entre diferentes culturas y de generar un espacio intercultural. Llevar una obra nacida en el contexto gallego y su cosmovisión al euskera no implica únicamente un cambio de idioma; supone incorporar el humor y determinadas características propias de este territorio. De esta manera, el espectáculo adquiere nuevos matices sin perder la esencia de su propuesta original.
El jueves fue el turno de Hamaika Gatazka, de El Tenderete, compañía bilbaína con más de tres décadas de trayectoria, presentada ante un aforo completo en la sala del CBA. Esta puesta en escena forma parte del repertorio histórico de la compañía y recupera una farsa de marionetas con esa esencia crítica que ha caracterizado buena parte del teatro popular. La historia se construye a partir de una sucesión de situaciones cercanas a la realidad, donde dos jóvenes intentan conservar su espacio vital mientras el político de turno y un policía les imponen constantes sanciones por querer utilizar el espacio público desde una perspectiva colectiva y no mercantil.
La obra pone de relieve una época en la que el teatro de títeres para público familiar abordaba también cuestiones de crítica social y reflexionaba sobre el tipo de sociedad que deseamos construir. El tono desenfadado característico de El Tenderete permitió que humor y reflexión convivieran durante toda la representación, generando una respuesta constante por parte del público.
La programación concluyó con un Cabaret Familiar organizado por OMAK-UNIMA en el frontón del parque Sargia, una propuesta poco frecuente dentro de las programaciones dirigidas al público familiar. Frente al formato de cabaret habitualmente asociado al público adulto, esta versión reunió pequeñas piezas de diversos artistas de Euskal Herria en una estructura fragmentaria que favorecía la convivencia de distintas técnicas, estéticas y formas de manipulación.
La conducción del espectáculo corrió a cargo de un matrimonio de ancianos, representado mediante títeres de gomaespuma animados por Marta Alzate y Rubén Mejuto, quienes enlazaban los distintos números con intervenciones cargadas de humor. Esta estructura permitió alternar escenas de compañías consolidadas con trabajos colectivos creados específicamente para la ocasión.

Mirari Urruzola de Babaluva. (Gari Garaialde / Bostok Photo)
Entre las intervenciones destacó la aparición del conocido diablo devorador de quesos de bola de El Tenderete, integrado en una historia donde se encontraba con un viejo árbol parlante. La presencia de la bandera mapuche sobre el escenario otorgaba a la escena un marcado carácter simbólico en torno a la defensa del territorio y la naturaleza. A continuación, Títeres Ostomila presentó un breve relato dirigido y animado por la titiritera nicaragüense Zoa Tamara Cuéllar, inspirado en las historias del Tío Coyote y el Tío Conejo y acompañado por improvisaciones al piano de Rubén Mejuto.
Para cerrar el cabaret se presentó un número colectivo, reflejo de una de las líneas de trabajo que OMAK impulsa desde su creación: la creación compartida como elemento central de la asociación. Carlos López puso a disposición cuatro marionetas pertenecientes a un espectáculo de calle, un cuarteto musical de calaveras acompañado por un coro oculto que aparecía como elemento sorpresa. La manipulación compartida entre Rubén Mejuto, Marta Alzate, Carlos López, Zoa Tamara Cuéllar y Santiago Ortega (Santi SOS) puso de manifiesto el valor del trabajo colectivo y la coordinación entre diferentes manipuladores como parte esencial de la construcción escénica.

Kay Robot, de la compañía gasteiztarra Ameztu Antzerkia. (Gari Garaialde / Bostok Photo)
Si algo permite observar esta primera edición de Txotxongiloen Parkea es la diversidad de lenguajes que actualmente conviven dentro del teatro de títeres en euskera: desde el teatro de objetos contemporáneo hasta el repertorio clásico, pasando por propuestas vinculadas a la tradición oral y formatos experimentales como el cabaret familiar. Lejos de presentar un modelo único de teatro para la infancia, la programación mostró distintas maneras de comprender la relación entre objeto, intérprete y espectador en la escena de calle. Desde OMAK se busca precisamente incidir en el regreso del teatro de títeres euskaldun al espacio público; por ello, Txotxongiloen Parkea nace con la vocación de continuar no solo en Irun, sino también en aquellas localidades que deseen hacer suya esta experiencia.
Como conclusión, esta iniciativa parece confirmar un proceso cultural que viene desarrollándose desde hace varios años en la comarca del Bidasoa. La continuidad de proyectos impulsados por compañías, asociaciones y administraciones públicas ha favorecido la creación de un público familiar habituado a asistir a espectáculos de títeres y dispuesto a encontrarse con propuestas estéticas diversas. En este sentido, Txotxongiloen Parkea no constituye únicamente una nueva actividad dentro de las fiestas de San Pedro y San Marcial, sino un episodio más en la consolidación de un sector profesional titiritero euskaldun que apuesta por las propuestas en espacios abiertos. Euskal Herriko Titiritero en Elkartea aporta así su grano de arena a este proceso de construcción cultural, desde la autogestión y el compromiso con la profesión titiritera.
















