Roberto White en tres secuencias de su trabajo. Foto compañía
Los amantes del buen teatro de títeres estuvimos de suerte en Barcelona, al poder ver en la programación habitual del Teatro La Puntual, del 16 al 18 de enero de 2025, el espectáculo Variette White, a cargo del clown y titiritero argentino instalado en España hace décadas, Roberto White.
Un artista al que hemos seguido la trayectoria durante años, y que en su presentación en Barcelona nos ha asombrado por el alto nivel alcanzado en sus diversos números con objetos, en los que hace gala de un extraordinario dominio de la manipulación y, sobre todo, de una presencia en el escenario llena de empaque y seguridad, de alguien que ya ha adquirido esta sabiduría del cómico de amplio espectro que se siente firme, sólido y cómodo consigo mismo y con el público.

Foto compalía
Mostró White números nuevos y clásicos de su repertorio, en un alarde de manejar diferentes técnicas todas ellas exquisitamente tratadas, con un cierto denominador común en el uso del juego mímico de las manos en combinación con los globos.
Globos: un objeto que se presta a metamorfosearse en lo que se le ocurra al actor: una cabeza, una nariz, una lágrima, un moco, una persona, un pájaro, un pez, y todo ello con una perfecta sincronía de gestos y manos, que ejercen de sostén y casi podríamos decir de ‘osamenta’ a los múltiples estados de la materia y de la vida animal creados por la imaginación activa de Roberto.

Foto compañía
Manos que usan los globos como una vestimenta imaginaria, de signo alusivo o de pincelada figurativa. Visto desde la distancia del espectador que aplica una mirada en diagonal, el lenguaje de las manos con sus apliques nos habla del trasfondo del titiritero, de las oposiciones que rigen nuestros conflictos interiores, de sensaciones, afinidades, rechazos y sentimientos que viven en nosotros y que pugnan por manifestarse de un modo y otro. Los artistas como White han aprendido a mostrar estas dinámicas ocultas sin necesidad de trasladarlas al exterior, aplicándolas al vecino: salen del cuerpo y las manos del titiritero, pero para reflejarse a si mismo en esa complejidad tan rica como contradictoria que tenemos los seres humanos.
Y la verdad es que niños y mayores seguimos fascinados y encantados con las metamorfosis de White logradas mediante manos, brazos, piernas, pies y cabeza, pues como buen mimo que es, cualquier parte del cuerpo sirve a sus propósitos.

Roberto White y El Samurai. Foto T.R.
A pesar de que casi todos sus números son preciosos ejercicios de desdoblamiento, el espectáculo sigue una línea evolutiva en la que esta idea de desdoblarse en sus muñecos va haciéndose cada vez más evidente e intensa, con los números finales en los que White recrea figuras grandes que se superponen al mismo titiritero. Quizá sea el hilarante número de las dos simples manos que juegan a ser un personaje que busca transformarse cada vez en un ser mayor, el que marca esta transición hacia las figuras más complejas, como el del Samurai, obligado a ejercer como tal pero que busca efectos más sutiles y poéticos.
El público, asombrado ante esta prodigalidad de duplicaciones, aplaudió a rabiar, mientras los más chicos intentaban imitar al cómico titiritero, creando formas y personajes con las manos o con lo que tenían más a mano. Un espectáculo hecho para cultivar la imaginación, del actor y de los espectadores, un casi ‘servicio público’ para chicos y mayores que debería ser tan obligatorio como lo es la escuela.
¡No se lo pierdan!