Se han estrenado este fin de semana dos espectáculos en la cartelera de Barcelona, ambos relacionados con los títeres: Gnoma, de la compañía Pea Green Boat, y ‘La dernière danse de Brigitte’, de Zero en Conducta. Dos espectáculos muy diferentes entre sí, uno para niños y el otro para públicos nocturnos, ambos con dosis altas de calidad, lo que indica el buen momento en el que se encuentra el arte de los títeres en Barcelona y en todo el país.

Gnoma, de Pea Green Boat

Emilia Langstaff i Edu Blanch son los artífices de este espectáculo para público de cortas edades que se presentó en La Puntual (escenario habitual del grupo) y que corona la trayectoria de esta compañía que título tras título ha confirmado el acierto de sus planteamientos y el buen uso que han hecho de las historias (ver referencias suyas en Putxinel·li y en Titeresante). Originales todas ellas, inspiradas algunas en canciones o temas populares mayormente británicos (Emilia es inglesa y española a la vez), los textos escritos por Langstaff se están publicando en una colección de muy alta calidad.

Gnoma, Pea Green Boat

Gnoma nos habla de la vida de unos seres  pequeños -los gnomos-, ‘elementales’ de la Tierra, invisibles para los humanos adultos pero no para los dotados de imaginación, que suelen verlos por todas partes cuando se pasean por los bosques. Su cometido es por lo general guardar tesoros escondidos así como cometer pequeñas diabluras, y están relacionados con el oro y las tierras preciosas. Pertenecen a la mitología del norte europeo, aunque hoy tanto el cine como la ópera (los nibelungos serían una variante oscura de los gnomos) los han universalizado en todo el mundo.

La obra se centra en uno de ellos, Gwendolyn, que se ha construido una casa a base de troncos de madera. Y mientras él levanta la vivienda, otro ser vivo, un pájaro, prepara su nido en el tejado. Se inicia así una relación entre ambos de curiosidad mutua pero también de desconfianza, pues al ser el gnomo medio humano, comparte esta característica tan propia de nuestra especie consistente en despreciar lo desconocido y especialmente a los demás seres del reino animal, siempre considerados inferiores y molestos -como, en efecto, muchas veces lo son. No es el caso, por supuesto, pues nuestro pájaro es simpático y de los que hablan, dotado de buen carácter aunque algo indisciplinado.

Gnoma, Pea Green Boat

La historia es de hecho un canto a la amistad y a la convivencia simbiótica entre las especies, algo muy aplicable al mundo de los humanos, en unos momentos como los actuales, en los que cada individuo puede llegar a sentirse una especie diferente en relación a los demás.

Con títeres de ambos titiriteros y escenografía de Edu Blanch, la obra es un precioso trabajo solista de Emilia Langstaff. Su presencia en el escenario, radiante y maternal, es clave para crear la atmósfera del espectáculo, con un  texto mínimo muy medido en el que se va a lo esencial del diálogo y de la relación entre los personajes. Los niños se sienten casi hipnotizados por el transcurrir tranquilo de la acción, que se desarrolla con las necesarias elipsis de modo que no todo se da masticado, sino que los pequeños deben trabajar en la comprensión del argumento.

Gnoma, Pea Green Boat

Capítulo aparte son los títeres y la escenografía. Muy logrados los primeros, siempre según una estética de máxima sencillez lo que garantiza su eficacia, con una manipulación que permite movimientos muy precisos y refinados. La escenografía consiste en una mesa que es en sí misma un paisaje y sobre la que se colocan elementos de quita y pon: la casa del gnomo con el nido encima, unas ramas que sirven para colgar los hilos de tender la ropa, un accidente geográfico que interviene en la historia, y la otra casa de la hermana de Gwendolyn.

Sintético y directo, refinado y solícito con los niños, a este espectáculo acabado de salir del nido le esperan muchas horas de vuelo. Ideal para una sala como La Puntual, busca la intimidad de la corta distancia y el cara a cara con los niños. Premiado por los entusiastas y cálidos aplausos con los que el público recibió la obra, Pea Green Boat demostró estar en forma con esta generosa demostración de talento.

‘La derinère dans de Brigitte’.

He aquí el último y esperado trabajo de Zero en Conducta, esta compañía formada por los dos bailarines Julieta Gascón y José Antonio Puchades (Putxa) que ya nos han regalado con anterioridad hermosos espectáculo y momentos de gran emoción e ingenio, al compaginar el trabajo del cuerpo con el de las manos.

La dernière danse de Brigitte, Zero en Conducta

Es éste un trabajo nuevo  en el que llevan trabajando ya dos años y que era muy esperado por la profesión y los amigos. Se presentó en un Ateneu 9 Barris lleno hasta la bandera, tal era la expectación que se había creado, y este cronista puede decir que la obra no sólo no defraudó sino que cosechó entusiastas aplausos de un público entregado.

Julieta y Putxa han conseguido algo que es muy difícil: coreografiar un ejercicio a dos de manipulación de un sólo muñeco con el propio trabajo como bailarines de ambos manipuladores. Y para ello, se han servido de una historia que lo integra todo: una antigua bailarina, en sus últimas horas, prisionera en una silla de ruedas, revive sus momentos de gloria, algunos recuerdos, dotada ya de escasos movimientos, los que les dan dos seres mecánicos, sus manipuladores, con los que mantiene una relación ambigua: la que se tiene con quién mueve los hilos. Muy amables y sonrientes al principio, con el rostro de la Parca al final. Siempre elegantes y cariñosos, como le gusta verse a la anciana desde su silla de ruedas.

La dernière danse de Brigitte, Zero en Conducta

Lo bueno del trabajo es que consigue ceñirse a lo esencial de la historia, siempre focalizada alrededor de la anciana, una disciplina técnica y dramatúrgica de altos vuelos, con momentos en los que la fantasía de Brigitte da alas a la parte femenina de sus manipuladores, secuencia brillante de Julieta en un solo sobre la vida de la bailarina, cuando revive escenas de sus años de carrera, de amores y de gloria.

Lo más fascinante de la historia es cuando comprendes que los dos bailarines se mueven en el inconsciente de la mujer, son dos proyecciones de su energía joven y llena de vitalidad, que para su amargura sólo consiguen escasos movimientos de su cuerpo inmovilizado. Manejan la silla y manejan sus recuerdos, sus necesidades simbólicas de última hora, sus secretos más íntimos. Momento culminante es cuando consigue crear una réplica de sí misma, un doble espiritual con capacidad de bailar y volar como jamás podrá volver a hacerlo, doble creado por las manos de los dos ‘oficiantes en la sombra’, secuencia brillante de manipulación y coreografía de los cuerpos y de las manos, una técnica que Julieta y Putxa ya han practicado con anterioridad pero que aquí se carga de sentido y de necesidad dramatúrgica. Álgido momento de singular virtuosismo, cuando la anciana bailarina ha conseguido crear un cuerpo libre con el que se puede permitir abandonar el cuerpo. Aunque luego todo sea un sueño y este doble se difumine entre las sombras oscuras (¿o luminosas?) de ambos manipuladores.

La dernière danse de Brigitte, Zero en Conducta

Ya sólo queda el desenlace. Putxa, encarnado en el lado masculino de Brigitte, ocupando el papel de Tánatos, aparece desdoblado con la máscara de la Muerte. Escena preciosa, muy bien manejada por el bailarín-titiritero (vi que Miquel Gallardo había intervenido en la obra, sin duda dando algunos consejos para esta escena clave), que se acerca a la anciana. Todos sabemos el porqué. Se le acabó la cuerda. Un ojo de la Pálida es un reloj que cronometra los últimos minutos de Brigitte. La anciana se resiste a abandonar este mundo. Antes los recuerdos que su corazón marchito. Acepta el canje la Parca. Mejor asegurarse que el corazón deja de latir que tener una llave oxidada de una caja llena de cartas viejas y fotografías desvanecidas. Se acabó lo que se daba. La vieja muere, y los dos manipuladores desaparecen en la oscuridad.

La dernière danse de Brigitte, Zero en Conducta

Un trabajo muy difícil y brillantemente logrado, un reto del que han salido victoriosos ambos artistas. Una obra destinada a recorrer los escenarios del mundo.

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