¿Podemos considerar Barcelona como una capital titiritera importante? Creo que podríamos responder que sí, con muchas precauciones, por supuesto. Últimamente estamos viviendo una clara revitalización del género, evidenciada por una profusión considerable de estrenos y de nuevos titiriteros en activo como hace tiempo no se veía en la ciudad. Se trata de un movimiento sin duda determinante para la respuesta que he aventurado al principio, al que debemos añadir otros factores a tener en cuenta. Son los siguientes:

Barcelona

Luces y sombras de la Barcelona actual

1. Barcelona dispone de una inercia titiritera que proviene de principios de la década de los setenta, cuando los primeros grupos rompieron con la tradición y se atrevieron a ir más allá, en busca de nuevos horizontes para el género de las marionetas.

2. También a principios de los setenta se realizó el primer Festival Internacional de Títeres de todo el país, una iniciativa que perduró en el tiempo con una gran influencia y una repercusión a escala estatal y europea, hasta que se convirtió en el Festival NEO.

3. Esta inercia de los años se manifiesta sobre todo en la existencia de toda una serie de grupos que han creado un cojín histórico importantísimo, con una enorme influencia en las nuevas generaciones barcelonesas. Grupos históricos, muchos de ellos aún en primera línea mundial, presentes en la mayoría de los festivales internacionales más importantes del mundo.

4. Este movimiento gozó hasta los años noventa de la vertebración del Instituto del Teatro, a través del Festival y de su Escola de Titelles y del Taller de Harry V.Tozer, que generó un movimiento de público, alumnos y profesores de gran trascendencia.

5. Tres maestros de la marioneta de hilo, Harry V. Tozer, Herta Frankel y Pepe Otal, a los que habría que añadir, en una órbita más independiente, a Mariona Masgrau, han conseguido que con los años se pueda considerar Barcelona como una importante capital del hilo a escala mundial, dada la densidad de titiriteros que se dedican hoy a esta especialidad, forjados todos ellos en la ciudad.

6. Un bajón importante se vivió durante los años noventa -desafección del Institut del Teatre, pérdida del Festival y un cierto cansancio de las compañías históricas-, que fue sin embargo brillantemente superado por el gran empuje y la energía creativa de los nuevos grupos que irrumpieron en el escenario barcelonés ya en los mismos noventa con una fuerza extraordinaria.

7. La suma de todos estos factores, muy estimulada por el actual estallido de nuevos grupos y jóvenes titiriteros, con una gran presencia además del elemento femenino, hace que realmente podamos hoy hablar de Barcelona como de una capital de importancia dentro del panorama de las marionetas en Europa y en el mundo.

Hay puntos oscuros, por supuesto. Uno es la mala noticia de un cambio en la dirección del Pueblo Español y la pérdida de dos personas que habían hecho mucho para el género: Jacques Trudeau, secretario de UNIMA Internacional, y Jorge Bernárdez, gerente y director del Pueblo Español, y convencido impulsor del Festival TOT. Sería bueno que no se perdiera y que la presencia de Jacques Trudeau continuara siendo habitual en Barcelona. Otro punto oscuro es la dificultad que tienen hoy los titiriteros para actuar en la calle, víctimas de unos ordenamientos municipales que hacen pagar justos por pecadores.

Barcelona

¿Un arco triunfal para los títeres del futuro?

En estos momentos, sería bueno articular iniciativas –la refundación de UNIMA Catalunya es una muy buena noticia, un primer paso para volver a disponer de instituciones titiriteras representativas-, asentar las existentes e intentar proyectar otras nuevas, a pesar de la crisis económica que vivimos. Una crisis que, como todas las crisis, actúa de acicate para las propuestas de futuro. Ojalá Barcelona sea capaz de vencer las dificultades actuales y, con la energía y la creatividad de la que siempre ha hecho gala el sector titiritero, se convierta, en un futuro próximo, en la Gran Capital de los Títeres a escala mundial que hoy ya parece pretender ser.

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