Imagen de Birakolore. Foto de Manuel Silva

Continuamos nuestro reportaje del Titiriberia 2026 con la IV Crónica dedicada a cuatro actividades realizadas todas al aire libre: el espectáculo de Tenderete Menudencias en la playa de Tanxil, más Birakolore, de Zurrunka Teatro y La Semilla Voladora, el Canto del Año a cargo de Anxo García y Xerman Ermida y los juegos de Viravolta, en el Campo de Arriba y otros lugares del centro de Rianxo.

Menudencias, de Tenderete

Plantó Tenderete su vistoso teatro de marionetas de hilo en la playa de Tanxil con la intención de mostrar uno de sus títulos más emblemáticos: Menudencias. Un título que dice muchas cosas dejando abierto su significado. Aunque una vez vista la tipología del espectáculo nos vienen a la mente conceptos más concretos: ¿minucias sociales, en un sentido paralelo a lo que hay en los interiores ocultos de aves y otros animales y que suele tirarse a la basura o cocinar con ellos platos de comida popular barata?

El bandido Txikilicuatro y el aprendiz Puño. Foto TR.

Tal sería un modo de situar a los personajes de la obra, una tipología de seres que viven en la marginalidad, entre la supervivencia y el delinquir, como son el bandido Txikilicuatro, y Puño, aprendiz de caco y maleante, ambos los dos protagonistas.

Pero que no se asuste el lector, el Tenderete es una compañía libertaria que mira y trata a sus personajes con la humanidad que les corresponde y con el cariño de ser criaturas gestadas y muy queridas por ellos, sin regatearles el más fino y a veces brutal sentido del humor, que desde el arranque del espectáculo no cesa de despertar carcajadas a los espectadores, grandes y chicos.

El monstruo Rocha Tola. Foto T.R.

Pero hay un ingrediente fundamental que nos indica que nos hallamos ante una obra de menudencias pero de muy alto copete: los títeres son marionetas, que se mueven en un escenario clásico de la disciplina del hilo, lo que llamamos un puente de marionetas, que en esta modalidad de teatro son palabras mayores, pues hoy en día son pocas las compañías que actúan en teatros con puente, de los que tienen telón, y decorados que cambian para cada escena.

Y la gracia de Tenderete es que sus artífices han logrado cuadrar el círculo, haciendo un teatro de marionetas que da la vuelta a lo que generalmente exige esta modalidad teatral: lentitud, manejo muy cuidado y creando, en consecuencia, distancia entre escenario y espectadores.

Las marionetas tras la función. Foto T.R.

El Tenderete, sirviéndose de marionetas de hilo manejadas desde un puente, rompen con esta arraigada tendencia y se lanzan a un manejo vivo, con voces que hablan como se habla en la calle, con absoluta espontaneidad, dejando que manos, caras y cuerpos enteros de los manipuladores aparezcan por cualquier lado sin recato alguno, es decir, poniendo la comunicación y la vitalidad propia de personajes y titiriteros -y espectadores- por encima de los modales afectados y ceremoniosos.

Manja y Lito con sus marionetas. Foto T.R.

Todo ello con un humor disparatado y ocurrente, que convierte el espectáculo en una verdadera delicia de ‘menudencias’ provistas de una ingenuidad hilarante, con situaciones descabelladas, con un estilo punki de Bilbao, de pensamientos y decisiones expeditivos. Fíjense, si no, en la descripción que nos hace el programa del argumento de la obra:

Menudencias recupera la atmósfera de las antiguas posadas. En este espacio, el bandido Txikilicuatro, tras escapar de prisión en el coche del vendedor ambulante que arranca dientes, intenta organizar otra banda con Puño, el aprendiz, y rescatar el botín de su último robo que aún le espera en la Cueva de Salsipuedes, custodiada por la Rocha Tola.

Foto Rebecca Simpson

Y aquí se detiene este cronista, pues lo que sigue es lo que debe ver el lector yendo a una representación de El Tenderete, sea en Bilbao, Rianxo o en la Patagonia. No se arrepentirán.

Birakolore, de Zurrunka Teatro y La Semilla Voladora

Como puede ver el lector de estas crónicas, la compañía Zurrunka de Vitoria, en el País Vasco, acudió a Rianxo con dos obras muy distintas, mostrando la pluralidad de intereses que tiene: su Pulcinella Txio-Txinela, en el que Eñaut Gorbea López de Uralde muestra la fascinación que siente por el títere de guante tradicional europeo, y Birakolore, realizado en conjunción con la cía. La Semilla Voladora, de Amaya Garrosa Martín.

Basilio. Foto Rebecca Simpson

Ambos titiriteros han conseguido crear una obra que se enfrenta al tiempo veloz y expeditivo que rige nuestras vidas urbanas, ese tiempo de planificación y de líneas rectas, tan bien adaptado a la fatalidad tecnológica, para defender el tiempo de la naturaleza que, como sabemos, avanza por derroteros diferentes, unas veces para adelante, otras para atrás, lento y sinuoso, y que tiene al azar como la mano derecha que regula sus quehaceres.

Pero es un posicionamiento, el de Birakolore, que no huye de la ciudad sino que busca adaptarse a sus recovecos, a sus placitas y jardines, a sus macetas puestas por aquí y por allá. Pues en eso consisten las acciones emprendidas por Basilio y Valeria, los dos ancianos que se pasean por la ciudad repartiendo semillas y poemas entre la gente, enseñando a los niños qué es eso de plantar una semilla. Hoy pocos saben que árboles, plantas y flores provienen de estos granitos de materia orgánica que contienen en su menudencia el esplendor futuro del árbol o de la planta de donde saldrán frutas, cereales, hojas, flores y otras semillas que seguirán reproduciendo esos curiosos ciclos de la vida vegetal.

Foto Rebecca Simpson

Bikolore, que en vasco significa ‘dos colores’, es un título que expresa dualidad y diferencia. Un hombre y una mujer, para empezar, una semilla y la planta que saldrá de ella, el niño que mira y el adulto que será al crecer, una marioneta y el portador cubierto de negro que la lleva. De alguna manera, nos viene a decir que en este mundo todo es doble. Incluso el Tiempo, que es el vector que rige nuestra existencia, también tiene su doble complementario, el Espacio, que lo frena, lo diluye y lo transforma.

La tecnología quiere controlar el tiempo de nuestro crecimiento, pero también el espacio que ocupamos y al cual nos dirigimos, pues esa es la finalidad del planificar. Las semillas que vuelan o que son llevadas al azar de las manos de los niños que las ponen por aquí o por allá, saben que también se deben al tiempo, pero también saben que el espacio no lo tienen definido. La tecnología quiere ordenar sus vidas, y lo hace siempre que puede, pero por suerte aun hay bosques y las manos de niños y viejos que plantan donde les apetece, o al menos eso es lo que proponen Basilo y Valeria.

Foto Manuel Silva

El deambular de las dos marionetas que esconden en su negra mochila a los dos humanos que las mueven, es un deambular lento, propio del anciano que ya no tiene los anhelos vacuos de los adultos. Estos los miran con dejes de displicencia, pero sin los antiguos reflejos de cuando eran niños y se dejaban llevar por los azares del juego y del capricho. Este deambular sorprende a los que pasean. Unos piensan: ‘bah, debe ser un tema de actores y de gente de la farándula, que se ganan la vida en eso de no hacer nada…’, otros se detendrán, y aunque piensen de forma semejante, percibirán otros modos de moverse por la ciudad. ¿Qué buscan, que hacen estas dos marionetas? ¿Son dos ancianos?… Verán un tiempo que recuerda al del flâneur, pero sin las trazas poéticas y culturales de los Baudelaires que lo suelen practicar. Un flâneur que busca oler al Tiempo y que se detiene donde le apetece con la excusa de la semilla, como si esta fuera quien guía sus pasos.

Foto Manuel Silva

De todo eso habla o más bien no habla pero sugiere Bikolore, con esos dos titiriteros empeñados en catar las ricas fragancias arbóreas y florales del Tiempo cuando este se encarna en el mundo vegetal, sin salirse demasiado del ajetreo loco de la ciudad. Que la suerte y el Espacio les sean afines y favorables.

El Canto del Año, con Anxo García y Xerman Ermida

Anxo García es el recitante y Xerman Ermida el autor, aunque luego Anxo adapte los versos a su prosodia y añada los que le parecen indispensables. Ambos han convertido ya en una tradición del Titiriberia cantar el año según rezan los cánones de los antiguos romances de ciego.

Bien sabemos el lago recorrido de Anxo García como romancero de ciego, atraído por esta forma arcaica de recitar los hechos más virulentos ocurridos en un lugar, coplas de ciego que pertenecen al género de la llamada literatura de cordel. Como bien indica la Wikipedia:

Su difusión y sello iconográfico ha quedado ligado al arquetipo del «ciego de los romances», mendigo ciego que iba errante de pueblo en pueblo, relatando, cantando o vendiendo los ‘pliegos de cordel’, que llegaría a generar un personaje literario, de especial relevancia en la novela picaresca. Del mismo modo, singulares maestros de la pintura reflejaron en su obra el tema, entre ellos Francisco de Goya (en sus cartones para tapices y en sus grabados), Georges de la Tour o Ramón Bayeu. (ver aquí)

Ilustración sobre los romances de ciego vendidos en pliegos de caña o de cordel, en un grabado catalán de 1850 (recogido por Joan Amades en 1984). Imagen extraída de Wikipedia aquí.

A Anxo le hemos visto en el Titiriberia en compañía del actor Fran Lareu caracterizado de Ciego de los Romances explicándonos la historia de Peito de Lobo, extraída del libro Retrincos, de Castelao.

Pero ya hace unos años que se han confabulado Anxo García y el antropólogo y periodista Xerman Ermida, uno de los factótums a la sombra del Festival Titiriberia, en elaborar un Canto del Año, que Anxo se encarga de recitar desde un retablo, tras convertir el Ciego en títere.

El Títere Ciego. Foto Manuel Silva

Y así se hizo en el Campo de Arriba el jueves 20 de agosto por la tarde. Con el sonsonete característico de los romances de ciego, que Anxo domina a la perfección, vimos o mejor oímos transcurrir el año en Rianxo según la mirada entre irónica y veraz, no carente de truculencias, de sus autores. Reproducimos aquí algunos de los cuartetos del romance, para que el lector pueda captar el espíritu del texto:

Vimos outra vez este ano
que é ano de carallada
ou para que fique máis claro
un ano de Trumpallada.

Este ano foi tranquilo
non mo tomedes a mal
pasaron ben menos cousas
que en Venezuela ou Irán.

Y yendo ya hacia el final, después de citar al hórreo más grande de Galicia, que se encuentra en Rianxo y al que parece le van a lavar la cara, hace referencia el romance a los museos aún por inaugurar de las casas de Castelao y de Rafael Dieste, que están en la misma Rua de Abaixo donde también se halla la casa-museo del poeta Manuel Antonio, así como a la Biblioteca Castelao, que ocupa el pazo do Martelo, recién restaurado, pero todavía por abrir.

El hórreo de Araño. Foto Xunta de Galicia

Seica lle andan  facer
umlifting ao hórreo de Araño
que é o mais grande do país
a ver se xa fica claro

A ver se despois do hórreo
amañanlle a casa a Dieste
Castelao, Manuel Antonio
non tenen museo que preste

E tamén temos fechado
este pazo do Martelo
e o museo do mar en obras
iso dá peniña velo.

E se me permiten vostedes
collo a pucha e vou marxar
que me chegaron co conto
que o Trump me anda a buscar.

Ou sexa que aquí acabamos
Ogallá gustase a leria
fiquen vostedes atentos
que segue o Titiriberia.

Juegos populares de Viravolta

He aquí una de las facetas a las que se ha dedicado desde hace años la compañía Viravolta, fascinados sus miembros por las tradiciones populares no solo teatrales sino también las referidas a los juegos de niños y mayores con los que se solían entretener, en las ferias y en otros días de fiesta de Galicia.

Anxo García con la vieja ruleta. Foto T.R.

Son muchos los recogidos por Viravolta. Este año, Anxo nos mostró las últimas adquisiciones, como la ruleta que gira manualmente, sin electricidad alguna que la mueva o ilumine, y que encandila a chicos y mayores por lo bien que rueda y funciona. Por lo visto, es una pieza original utilizada en las ferias de antaño.

Muñecos para practicar la puntería. Foto T.R.

También los niños pudieron jugar a tirar bolas de algodón contra unos muñecos desde una cierta distancia, a ver cuántos hacían caer en la bolsa que los reunía abajo. O la palanca que hacía saltar una rana de madera pegando fuerte en uno de los brazos de la misma.