(Robertos de José Gil. Foto Manuel Silva)
Llegamos a la tercera crónica del Titiriberia 2026 enfocando aquellos espectáculos que giran alrededor de la tradición polichinesca desde órbitas unas veces cercanas y concéntricas, otras desde ángulos dispares y alejados de cualquier normativa vinculante. Lo cual constituye la gracia de estas propuestas, que mantienen el principio de libertad como base inapelable de su razón de ser.
Empezaremos con la triple presencia del Dom Roberto de José Gil, la tradición polichinesca de Portugal: espectáculo, conferencia y curso. Seguiremos con Trécola y sus juegos cachiporreros para divertir a chicos y mayores, amén de su magnífica creación Pituquito Literal; la presencia de Raúl García junto a Altea Piñeiro, de la compañía Lobishome, con dos obras protagonizadas por Pulcinella una y por Cristobita la otra; Eñaut Gorbea López de Uralde, con Pulcinella Txio-Txinela; Anxo García, aquí como Seisdedos, con su Mamulengo Galego; Larraitz Urruzola con Doña Barriga Verde; y A Manos Libres, de Toni Rumbau, con un poema de Marcelino de Santiago ‘Kukas’.
El Dom Roberto de José Gil: espectáculo, conferencia y curso
No podía faltar en este XI Titiriberia en Rianxo la presencia de la vecina Portugal y muy en concreto del personaje característico de los títeres portugueses, Dom Roberto. Un nombre que también es el usado para designar a los títeres populares en el vecino país.

José Gil con el Diablo y Dom Roberto. Foto T.R.
Es importante destacar que Dom Roberto fue también el modelo en el que se inspiró José Silvent Martínez cuando llegó a Galicia tras pasar un tiempo en Portugal, donde aprendió con una compañía de Robertos.
Ha sido José Gil, uno de los principales maestros del Dom Roberto, seguramente quién hoy en día más lo está expandiendo en el mundo entero, el encargado de representar la tradición titiritera de su país. Y lo hizo por partida doble o incluso diría triple, pues no solo actuó con su espectáculo más canónico, sino que impartió un curso de dos días de manipulación a un nutrido grupo de titiriteros locales y foráneos. Igualmente presentó en un formato de conferencia visual y animada sus últimos trabajos de investigación sobre la historia del personaje, afín de completar el repertorio tradicional del Dom Roberto algunos de cuyos títulos son todavía poco conocidos.
Espectáculo
José Gil presentó en el Auditorio de Rianxo tres de las obras que constituyen parte de su repertorio: O Castelo dos Fantasmas, O Barbeiro y A Tourada.
Obras clásicas que Gil aprendió a partir de los maestros António Dias y João Paulo Seara Cardoso. De ellos adoptó su espíritu sintético y que podríamos llamar de ‘títere de velocidad’, siempre de muy difícil ejecución, con unos títeres elaborados en un estilo de gran simplificación plástica, que sigue el modelo usado por los dos maestros antes mencionados.

La maleta del titiritero desplegada. Títeres de José Gil. Foto Manuel Silva
Gil resuelve las tres historias buscando al máximo el espíritu antes mencionado de síntesis, que aplica no solo a los elementos escenográficos -mínimos como suele ser en el Dom Roberto y en la mayoría de las tradiciones europeas de los ‘títeres de velocidad’, a la manera de los guaratelle napolitanos- sino también al ritmo y al movimiento de los títeres, que son los indispensables para que el espectador pueda entender el significado de las diferentes acciones.
Todo ello genera esa imagen que da el Dom Roberto de un teatro muy popular, de cuando se hacía en la calle y se debía captar la atención de los paseantes, que cabía retener el máximo tiempo posible para que pusieran en el sombrero del actuante lo máximo que sus bolsillos permitían. Unos máximos que acabaron siendo mínimos, afín de garantizar la supervivencia del titiritero.

Dom Roberto, José Gil y el Marqués de Pombal. Foto Manuel Silva
Fiel a este espíritu de velocidad y síntesis, Gil brilló en las tres historias representadas, con momentos memorables como la persecución del fantasma en la escena del castillo, cuando parece que hay muchos Robertos y fantasmas entrando y saliendo, sacando la nariz y desapareciendo, en un alarde de manipulación cinética ejemplar. En el Barbeiro, descolló de nuevo el buen ritmo de la acción, así como en la Tourada, realizada con precisión y sin tiempos muertos. El toro cumplió y el Roberto forcado también.
Fue delicioso ver esta tradición ejecutada a la manera antigua en su estilo más popular y callejero, que Gil borda a la perfección.
O Marquês de Pombal e os Jesuítas
Explicó José Gil su proceso de investigación sobre la obra O Marquês de Pombal e os Jesuítas, título clásico que solía estar en el repertorio de los bonecreiros portugueses, del que sin embargo han quedado muy pocos testimonios, pues los últimos maestros que transmitieron la tradición por lo visto ya no la tenían en el repertorio. Tuvo que indagar Gil por muchos lugares y hablar con muchas personas. Uno de los entrevistados, José Carlos Barros, aun recordaba una barraca en la Feria Popular de Lisboa donde se representaba esta obra, al parecer con un escenario bastante complejo, y un barco de bastante altura, en el que el Marqués de Pombal puso a los Jesuitas para expulsarlos de Portugal.

Faustino Duarte con su familia y orquesta. Encima el títere del Marquês de Pombal, protagonista de la obra O Marquês de Pombal e os Jesuítas, a principios del siglo XX en su teatro, el Pabellón Guiñol. Foto Museu da Marioneta
Su testimonio coincide con el decorado que aparece al fondo de una fotografía de la compañía Faustino Duarte e Filhos en su pabellón de títeres, fotografía que se encuentra en el Museu da Marioneta de Lisboa y que José Gil nos mostró en la conferencia.
En ella se ve, en efecto y algo borroso, el decorado del espectáculo O Marquês de Pombal e os Jesuítas, con un clásico mar de teatro, el títere del Marqués de Pombal en primer plano, y el barco con los jesuitas en un tercer plano.
José Gil ha recompuesto de algún modo el espectáculo, que presentó en su conferencia con los títeres en la mano, con un divertido Marqués de Pombal que destaca por su blanca peluca. Se trata de un apunte de un trabajo que todavía está en fase de elaboración.

El Marqués de Pombal. Foto Manuel Silva
Esta es la segunda recuperación que José Gil ha hecho de obras perdidas. La primera fue O saloio de Alcobaça. Por lo visto, fue durante una conversación con el bonecreiro Francisco Mota, quién había aprendido el oficio de los Robertos con el histórico Domingos Mora, de Porto, cuando surgió el susodicho título, sin que Mota pudiera decirle nada más sobre el mismo. Al ser Gil de Alcobaça, y ante la referencia directa del título a su localidad, situada a unos noventa kilómetros al norte de Lisboa, muy cerca de Nazaré, lugar hoy muy turístico y reconocido puerto pesquero, se sintió en la obligación de investigar más sobre el asunto.
Explicó este proceso en el encuentro realizado en Évora en la BIME de 2023 (ver aquí).
Un trabajo excelente de recuperación que José Gil lleva realizando desde hace años, en el marco de un doctorado sobre la materia que se encuentra cursando en la actualidad.
Curso de manipulación
Dos días abarcó este curso que José Gil impartió a una muy buena cantidad de titiriteros gallegos y de otros llegados de toda la Península. Imma Palomar, de Sevilla, que realizó el curso, está escribiendo un artículo sobre el mismo que publicaremos en una próxima crónica de Titiriberia.
Treco-lerías
Sorprendieron a todos los visitantes del Festival los nuevos artilugios que Ero Vázquez e Isa García, de la cía. Trécola, plantaron en el terraplén del Campo de Arriba, para que jugaran con ellos niños y mayores a la cachiporra.

Ero Vázquez con la pareja Judy y Punch. Foto T.R.
Pues de eso se trata: cada pequeña instalación pone cara a cara a dos personajes de las diferentes tradiciones europeas: está Judy que le da a Punch con una sartén; Barriga Verde se las tiene con el Diablo; Maese Guiñol se enfrenta al Gendarme; Dom Roberto pelea contra un montón de Fantasmas que salen de improviso, movidos por unas teclas (este aún está en construcción).

Judy muy enfadada. Foto T.R.
Pulcinella en solitario tocando la pandereta cuyos movimientos giratorios activan un verdadero arsenal sonoro de tambores, platillos y otras percusiones….

Pulcinella con su pandereta encima de su orquestina de percusión. Foto T.R.
Para los más pequeños, han ideado una cajita-teatro puesta a su altura con una manivela que mueve a un único personaje, podría ser Teresina, la novia de Pulcinella, con unos pelos locos.
Se invita a dos participantes, uno para cada títere contrincante, a asir unas manivelas que mueven a cada uno de los peleantes, y la cosa consiste en ver quién da o recibe más cachiporrazos.

Guignol y el Gendarme. Foto T.R.
Cabe decir que los mecanismos funcionan muy bien y que aguantan de maravilla los excesos de quienes se baten a base de mover la manivela. Acabados de salir del taller de Trécola, algunos debían pasar de vez en cuando a la sala de curas que los ingenieros de la compañía (Ero e Isa) habían dispuesto junto a un árbol del Campo de Arriba, a modo de dispensario de urgencia, para volver a salir al campo de batalla a los pocos minutos.

Ero con Barriga Verde y el Demo. Foto T.R.
Con esos artilugios titiritescos, Trécola complementa su rica colección de juegos mecánicos que en anteriores ediciones de Titiriberia ha ido presentado con gran éxito.
Pituquito Literal
Ya hablamos en la anterior edición de Titiriberia de 2025 de esta obra que presentó Trécola con los personajes de su invención Pituquito y su par femenina Pituquita (ver aquí).

Ero con Pituquito y Millonetis. Foto Manuel Silva
Como dije al respecto, Pituquito es el héroe polichinesco que creó Ero Vázquez buscando a un prototipo que le permitiera entrar en la pléyade de los titiriteros de oficio y cachiporra. Y debemos decir que en este nuevo espectáculo mostró el personaje todo su potencial, perfilando Ero con mano segura y verbo afilado su bizarro carácter: un joven todavía en los lindes de la adolescencia que habla el lenguaje propio de los de su edad cuando estos crecen y aprenden en la calle, usando una lengua popular de rústica simpleza pero que paradójicamente ilustra la gran riqueza del gallego, capaz de subir y bajar sin problemas por la escala social, sin que títeres y titiritero se despeinen en esta labor.

Pituquito y Pituquita. Foto Manuel Silva
La función se realizó este año en el Centro Cultural Vicente Vidal-Leiro, ubicado en la parroquia de Leiro, acondicionado para la realización de charlas, ponencias, coloquios, cursos, etc.
De nuevo Isa García y Ero Vázquez mostraron su buen oficio y capacidad de improvisar y salir de los apuros que sus personajes les crean, para regocijo del público que asistió entregado a la representación.
Raúl García junto a Altea Piñeiro, de la compañía Lobishome, con Pulcinella en la plaza, y Cristobita y el novio de la Muerte
Raúl García, acompañado por la chelista Altea Piñeiro, conformando ambos la compañía Lobishome, presentaron dos espectáculos surgidos de la inmersión que ha hecho Raúl en el mundo de los guaratelle napolitanos, uno protagonizado por Pulcinella, y el otro por el héroe hispánico Cristobita.
Pulcinella en la plaza
Cabe decir que, en esta obra, Raúl fijó e hizo suya lo que podríamos llamar la ‘gramática esencial’ de los llamados guaratelle, los títeres populares de Nápoles que tienen a Pulcinella por protagonista. Es decir, el conjunto de rutinas básicas que todo buen guaratellero debe saber: el juego con el perro, los bailes con Teresina, las peleas con Pasqualle, el amigo/enemigo del héroe, la muerte de Pasqualle y el ataúd que le viene pequeño, y la Muerte como plato final, que no puede con el pícaro de Pulcinella.

Raúl con el payaso presenyador. Foto Manuel Silva
Y todo ello con la voz de la lengüeta con la que se expresa el personaje.
Unos retos que Raúl aprendió hace años junto a Bruno Leone, Irene Vecchia y Federica Martina, en compañía de Pere Bigas, compañero de su aventura napolitana.
Podemos decir que hoy Raúl domina a la perfección esa gramática a la que ha conseguido ponerle su potente acento personal, que es lo más importante en estos casos. Una disciplina, la del guaratelle, que obliga al titiritero a refinarse y a moverse con extrema precisión, pues no es nada fácil manejarse en estas rutinas endiabladas de los títeres populares. Algo que Raúl ha conseguido con creces, evolucionando de la práctica más montaraz, a un desenvolverse donde lo grácil, el juego y la sagacidad pilla se acaban imponiendo, con la elegancia que suele agtregarse a estos atributos.

Foto Manuel Silva
El acompañamiento de Altea Piñeiro ayuda a dar profundidad a la obra, así como un tono distante que permite al titiritero tener más espacios interiores de juego, sin los apremios de tener que llenar él solo la escena, lo que da soltura y desahogo al desarrollo del espectáculo.
Cristobita y el novio de la Muerte
Se regodea Raúl con el juego que le proporciona el himno de la Legión, poniendo a la Muerte, personaje fundamental de la tradición titiritera, en el centro de la acción, y el gran hallazgo de una divertida y alocada Cabra, mascota de los legionarios, como el inmejorable sustituto del Perro, Dragón o Cocodrilo que suele aparecer en las comedias populares de los títeres europeos. El acierto de los personajes puestos en acción por Raúl en esta obra es tal que ellos solos se bastan por sí mismos para articular todos los juegos y las rutinas clásicas, que adquieren aquí un tono peculiar y diferente.

Altea Piñeiro. Foto Manuel Silva
Igualmente es un gran hallazgo haber incorporado tanto en la obra de Cristobita como en la de Pulcinella, al clown presentador pescado del Punch and Judy, un personaje magnífico que habla con un tono irónico, distante y encantador, con su fantástico acento inglés, creando una atmósfera ideal para iniciar y acabar el espectáculo.

Foto Manuel Silva
También aquí acompaña la acción el violoncelo de Altea Piñeiro. Su vivaracha presencia, propia de quien además de chelista es actriz y titiritera, ejerce de contrapunto a las partes más oscuras de la acción, bañando al conjunto, más bien sombrío y surrealista, con la regocijante luz que Altea chispea.

Cristobita y el Legionario. Foto Manuel Silva
Obra peleona y a la vez dulce y muy divertida, con unos personajes que son hallazgos excelentes para una comedia de títeres.
Eñaut Gorbea López de Uralde, con Pulcinella Txio-Txinela, de la cía. Zurrunka
Se presentó en el Campo de Arriba de Rianxo este espectáculo que también podríamos encajar en la familia de los guaratelle napolitanos, pero al que Eñaut consigue darle un tono distintivo gracias a sus dotes de actor y a un vestuario extraordinario y muy colorista, tanto para él en cuanto titiritero de la obra, como para el músico que lo acompaña, Roberto Castro ‘Boti’, con su parada de instrumentos varios junto al retablo, a un lado del escenario.

Boti y Eñaut en escena. Foto T.R,.
Realmente ha conseguido Eñaut, de la compañía Zurrunka, una imagen muy especial y atractiva, con unos pantalones ceñidos, una armilla negra de aire torero y un elegante sombrero de cómico medieval, mientras para el músico se ha optado por una vestimenta más campechana aunque no menos estrafalaria, con un gorro adornado con un timbre de recepción de hotel puesto encima de la cabeza.
Antes de calzar los títeres detrás del retablo, Eñaut recurre a sus dotes de actor con el nacimiento de Pulcinella, al extraer de una caja de madera el huevo originario del que nace el embrión polichinesco ya formado, un origen refrendado por la tradición, un huevo que ha puesto el mismo Pulcinella, de modo que, como en las gallinas, no se sabe quién fue primero, si el huevo o Polichinela.

Eñaut con Teresina. Foto T.R.
Todo ello otorga al actor titiritero un protagonismo del que Eñaut sabe sacarle mucho partido. Un buen recurso para acompañar la obra que se despliega con algunos de los números clásicos de los guaratelle. Y hay que decir que el vasco se ha salido con la suya, con un excelente dominio de los títeres y de sus rutinas, teniendo en cuenta que es una obra recién estrenada y que la disciplina del títere de guante tradicional exige muchas horas de vuelo. Lo bueno del proyecto es que todo queda genialmente compensado, con un magnífico equilibrio entre el trabajo de actor y el de los títeres, bajo los acertados atributos coloristas antes citados, más el acompañamiento del exótico músico juglar, con un dominio excelente del acordeón y de una preciosa trompeta de pequeñas dimensiones que suena de maravilla.
Con un buen uso de la lengüeta, la obra contiene buenos hallazgos, como la clásica Teresina, la novia de Pulcinella, convertida en una despampanante negra cubana de grave e insinuante voz, ante la que nuestro héroe se ve interpelado y superado a más no poder.

Eñaut con la Muerte. Foto T.R.
Una original recreación de los clásicos polichinelas tratados con mano sabia y con un gusto exquisito, que encandiló a profanos y entendidos.
Anxo García, de la cía. Seisdedos, con Mamulengo Galego
Este veterano titiritero de la compañía Viravolta, que participó junto a sus compañeros Pilar Álvarez y Xulio Balado muy activamente en la recuperación del histórico Barriga Verde (la compañía dispone de un espectáculo que recoge buena parte de los números clásicos de los Silvent, la familia creadora del personaje, ver aquí), conoce muy bien los secretos de las artes polichinescas, lo que le permite aplicarlos a otros registros que, sin ser propiamente títeres de cachiporra, participan del mismo espíritu.

A Carolina y el Demo. Foto Manuel Silva
Tal es el caso del espectáculo que estrenaron en esta edición de Titiriberia, actuando en este caso Anxo García junto al músico Carlos Quintá bajo el nombre de la compañía Seisdedos. La obra presentada se titula Mamulengo Galego, una preciosa comedia musical basada en la canción popular gallega A Carolina, cuyo personaje es la protagonista de la obra.
El otro personaje es el lagarto que Carolina lleva colgado en su camiseta y que parece haberse escapado. A partir de estos dos simples elementos, Anxo y Quintá han elaborado un brillante espectáculo de títeres que bien podríamos situar en el apartado de los musicales, tal es la importancia que adquiere la música en él. Empezando con la canción A Carolina, convertida en verdadero leitmotiv de la obra, a la que se suman otras muchas.

El músico Carlos Quintá en la actuación realizada en el Campo Maneiro-Taragoña. Foto Manuel Silva
Destacan dos factores en la propuesta: el gran oficio que demuestra tener Anxo con los títeres, resueltos plásticamente con una sencillez tan hermosa como funcional, los cuales saben ubicarse a la perfección entre los compases de las músicas y los bailes; más un manejo impecable de los mismos entre lo preciso y lo funcional. Y el brillo que consigue Carlos Quintá con el acordeón y la voz, en un doble papel de cantante y animador capaz de despertar al público e integrarlo como coro al espectáculo.
La suma de estos dos factores constituye un motor a reacción capaz de proyectar la obra hacia las alturas del mejor teatro popular, especialmente dirigido al público gallego que conoce la mayoría de los temas y las canciones usadas.

Carlos Quintá y Anxo García tras la función. Foto Manuel Silva
Curiosamente, por la dinámica, el ritmo y la acción de los títeres, llegué a la conclusión que este Mamulengo Galego, que también es un homenaje a la Carolina de la canción, entra de lleno en el capítulo del títere de cachiporra, en lo que podríamos llamar su ‘variante musical’, pues en la obra los cachiporrazos generalmente dados por la misma Carolina van a ritmo con la música y constituyen de hecho su percusión acompañante. Lo que dispara la energía del espectáculo a cotas todavía más altas.
Salimos todos del pequeño teatro del Centro Cultural de Asados con el ánimo exultante y los ojos brillantes de haber participado en un acto singular de fiesta colectiva y de alegres títeres de cachiporra.
Doña Barriga Verde, de Larraitz Urruzola
No podía faltar en este Titiriberia la versión femenina del héroe gallego de los títeres, Doña Barriga Verde, creación de la titiritera Larraitz Urruzola, que también ejerce las funciones de productora del Festival. Un multiempleo que exige unas dosis únicas de energía.

Doña Barriga Verde. Foto Manuel Silva
Quizás por ello en esta ocasión la heroína cachiporrera no se prodigó con un espectáculo entero, sino en una pequeña aparición en el acto de apoyo que se hizo en el Campo de Arriba a la Marcha de Solidaridad en favor del pueblo saharaui y con los niños acogidos en el programa Vacaciones en paz, para que puedan descubrir el mundo de las marionetas.

Larraitz Urruzola tras la función. Foto Manuel Silva
Un terreno en el que la peleona Barriga Verde se encontró muy cómoda, luchadora como es ella en la defensa de sus derechos. Y como siempre, la gracia y la ingenuidad batalladora del personaje brilló bajo la cúpula arbórea del Campo de Arriba. Para saber más del personaje, clicar aquí.
A Manos Libres, de Toni Rumbau
Publicamos para acabar y completar este recorrido polichinesco por el Titiriberia 2026, un poema escrito por Marcelino de Santiago ‘KUKAS’ sobre la obra A Manos Libres de quien escribe estas crónicas, que se representó en el Auditorio de Rianxo el martes 18 de agosto de 2026. Dado que no sería honesto que fuera yo mismo quien hablara de mi obra, he pensado que estaba suficientemente justificado publicar este hermoso texto que me ha enviado Kukas, afín de compensar la no mención obligatoria de mi faceta de titiritero en activo.

Foto Rebecca Simpson
(Soñé como se sueñan las transparencias
Agua cristalina
Fluidez de sentimiento
Y pensamientos desnudos
Bañándose en el más dulce deseo)
A MANOS LIBRES, de Toni Rumbau
I
Aromas de mar,
Rianxo,
Teatro,
Silencio…
Sobre la nada una sombra
dibuja la silueta del destino.
Anónima,
una mano busca caminos
en el laberinto confuso de la idea
y sobre el vértice de un teatrillo
los sueños se abren en flor
para transportarnos al centro mismo
del pensamiento…
Comienza la función,
pareja a la vida
fluye el verbo
y el verso transparente
preñado de incoherencias
nos inunda de pequeñas palabras
que el titerero va inventando
cómo se inventa la vida:
el llanto del recién nacido,
la primera mirada,
el primer susto,
la primera risa absurda
el primer paso que nos encamina
hacia el destino.
Y esa mano amiga que está ahí
para ayudarnos.

Foto Jesús Atienza
II
Suena de nuevo la cornetilla
de forma inconsciente y grosera
y como Don Nicanor
tocando el tambor
continuamos la función…
El grito excitante de la lengüeta
nos anuncia
al gran Toro totémico
vestido de azabache,
teñido de sangre libertaria
y sobre su frente, la luna,
corona de marfil,
engalana la grandeza de su estirpe.
Al fondo transita la muerte reptiliana
oculta tras andrajosos capirotes
al son de desafinadas trompetillas
(horrenda sinfonía)
cual Santa Compaña
arrastra la sombra
de agonizantes tradiciones…

Foto Rebecca Simspon
III
Mientras las manos van escribiendo seguras
verdades como puños
y oraciones de perpetuos caminantes.
Manos que acarician las miradas,
Manos que trasmiten la dulzura
sobre besos de cartón-piedra,
Manos de aquel viejo enamorado
que aun descubre nuevas pasiones
bajo el mágico tapete de la experiencia,
Manos del maestro,
Manos del titiritero
que dan movimiento, arrebato,
y tranquilidad al pensamiento,
manos que regalan vida al espectador de los sueños…
¡Quien te pudiese decir mil poemas
a cambio de lo que en sencillez y alegría
tú nos regalas amigo y maestro Toni!
Gracias por compartir tus sueños,
Tus historias, tus cuentos…
En una sola palabra gracias: ¡¡¡¡¡¡TITIRITERO!!!!!!
Marcelino de Santiago Viqueira “KUKAS”
Compostela 26 de agosto de 2026

















