Senen. Foto Rosa Mari Coca
No es frecuente que uno se encuentre con perlas escénicas no en su esplendor triunfante sobre un escenario, sino en sus inicios o más bien en sus mitades, cuando ya se perfilan los rasgos compositivos que conducen a la perla, pero todavía se hallan en estado de boceto y balbuceo.
Tal es lo que pudimos ver el otro día cuatro espectadores privilegiados en los bajos de la casa de Víctor Molina, en Vilanova i La Geltrú, donde el inventor escénico Senen, llegado del País Vasco, había sido acogido para pergeñar en un espacio la fabulación en la que había trabajado últimamente.
Para situar al personaje, vale la pena indicar que Senen fue junto con Jomi uno de los dos Hermanos Oligor, autores ambos de la archirepresentada Las Tribulaciones de Virginia. Su espíritu inquieto y explorador le hizo bajarse de esta nave y seguir por su cuenta y riesgo indagando en este espectro teatral de los objetos y de las ocurrencias inventivas desde perspectivas propias, distantes y disonantes.
Todavía sin título -yo me atrevería a llamarla ‘De cuerpos, palabras y mitos’-, la obra, que llegó a alcanzar las dos horas de duración, longitud propia de los procesos aún en fase de gestación, nos tuvo a los cuatro espectadores experimentales sujetos a las sillas que sin embargo debíamos girar para cada escena en ángulos de noventa grados, según un ritmo circular del tiempo dividido en ‘cuartos’, pues cuatro fueron las direcciones y las digamos diferentes escenas de la obra.

Foto Rosa Mari Coca
Lo que nos da ya una pista clara de encontrarnos en una especie de ritual de conocimiento que busca descubrir otras maneras de cómo los humanos nos vemos. ¿Qué somos? ¿De qué estamos compuestos? Lo que pensamos ser, ¿es un engaño de quienes, desde el poder, nos han dicho lo que debemos ser?
La respuesta de Senen es, por supuesto, afirmativa, pero lo que para muchos se transformaría en queja y lloriqueo, en su caso adquiere forma de deconstrucción quimérica para recomponer, sobre esas ruinas, nuevas y diferentes hipótesis de edificación mitológica.
Porque en eso consiste su brioso empeño: crear a nuestro alrededor un universo donde las cosas y las ‘verdades’ encajen de modo distinto, con el alegre desparpajo de quién se toma todas las libertades, pero sin perder ni un ápice de coherencia, según estrictas lógicas de etimologías basada más en la fonética y los sonsonetes de las palabras que en las indagaciones filológicas, o en equivalencias metafóricas que siguen criterios subjetivos a caballo entre lo aleatorio y lo alegre-chispeante.
Dicho de otro modo, un universo sostenido por mitologías inventadas pero dotadas de una incoherencia coherente, que es lo mínimo -y lo máximo- que podemos exigir a lo mitológico.
¿Pero de qué nos habla Senen? Pues cómo de la teoría de los tres cerebros que tenemos los humanos podemos pasar al Cuento de los Tres Cerditos, y de este a la historia de cómo la Discordia tramó sus tretas en el Olimpo al preguntar cuál era la mujer más bella del mundo, pregunta cuya ejecución recayó en un pastor humano llamado Paris, caído en desgracia por las argucias de las tres Diosas más bellas y poderosas de las posesiones de Zeus, siendo Afrodita la que se lleva el gato al agua, ofreciéndole al pobre Paris algo irresistible: los amores de Helena, considerada la más bella hembra humana del mundo mundial. Y así ad infinitum, pues los sortilegios de ensamblaje de Senen no tienen parangón, y todo es susceptible de ser derivable de todo o simplemente, por simple paralelismo sonoro de las palabras, hermanadas estas en dobles y triples significaciones a cuál más sorprendente, disparatada y, por ello mismo, adecuada.

Foto Rosa Mari Coca
Pero gira la rueda de las transformaciones, y pasamos de un cuarto al otro cuarto girando como las manijas de un reloj para situarnos en otras resonancias del cuerpo y de las palabras, con el personaje de la Mujer y la Vaca, a los cuales llegamos saliendo de la primera palabra del alfabeto, la A, el Alef, que puesta del revés es la cabeza de una vaca, y cómo los primeros sonidos que emitimos al nacer surgen bajo la égida de la M, que da Mamá, pero también es el Mu de las vacas, y así, paso a paso, llegamos a un pequeño descanso en el que Senen nos ofrece un poco de queso y membrillo.
Pero no vamos aquí a desvelar los vericuetos de esta aventura del saber que es este giro teatral de 360 grados, círculo que remata la nueva cosmología que nos propone Senen, con mitos, cuentos y relatos para que nos sintamos más a gusto. Ellos nos ofrecen nuevas maneras de interpretar el mundo y vernos a nosotros metidos en él. Un tejido hecho de Cuerpos, Palabras y Mitos, como decía al principio, un universo de una nueva naturaleza elástica, adaptable, divertida y sorprendente.
Una ventana de aire fresco para almas fatigadas de tanta repetición y vasallaje mitológico. Un lujo que esperamos ver pronto en los escenarios singulares de aquellas ciudades que se precien de estar todavía despiertas y abiertas a lo nuevo. Amén.

















