(Foto compañía)

En el marco del Festival Internacional de Teresetes de Mallorca, la Sala Petita del Teatre Principal de Palma acogió, sin una butaca libre, Viva!, de la compañía hispanofrancesa La Loquace—también podría haber utilizado el adjetivo compuesto “franco-española” para referirme a la procedencia de la compañía, pero a ellos, por razones obvias de semejanza que tienen que ver con la segunda parte del término, no les agrada en absoluto— .

Viva! es una de esas obras que desmontan definitivamente el prejuicio de considerar el teatro de títeres y objetos como un género menor o exclusivamente infantil. La función confirmó hasta qué punto este lenguaje escénico posee hoy una capacidad extraordinaria para abordar algunos de los temas más complejos de nuestro tiempo: la memoria histórica, la violencia política y la violencia de género.

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Con apenas una mesa de oficina y un conjunto de objetos cotidianos —lápices, carpetas, pósits— la obra reconstruye la vida de Paco y María, una pareja atravesada por la II República, la Guerra Civil y el franquismo. Pero lo que comienza como una evocación de la memoria colectiva española—esa gran olvidada— termina revelando otra violencia más silente: la que sufrieron tantas mujeres relegadas al espacio doméstico, atrapadas entre el miedo, la obediencia y la invisibilidad. Cercadas por el macho.

La gran fortaleza de Viva! consiste en evitar cualquier tono grandilocuente. Daniel Olmos y Lisa Peyron trabajan desde la miniatura, desde el detalle insignificante que lo resignifica todo, y precisamente por eso la emoción alcanza unas cotas de intensidad inesperadas. Un simple sacapuntas puede convertirse en símbolo de la represión; una carpeta escolar, en frontera ideológica; una mesa de oficina, en todo un país fracturado. El teatro de objetos demuestra así una capacidad de síntesis poética que muchos montajes de gran formato ya quisieran para sí. Porque La Loquace comprende desde su ejercicio enorme de creatividad que todo el infinito cabe en un solo símbolo. Y nos lo hace comprender a nosotros sin grandes aspavientos, con la maestría de quien dice lo importante sin alzar la voz, sin impostar el tono, sin subirse al púlpito.

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En los últimos años, la memoria histórica—tan denostada por algunos politicuchos patrios— se ha convertido en uno de los grandes ejes del teatro contemporáneo español. Dramaturgos como Alberto Conejero, con La piedra oscura, han explorado la necesidad de rescatar las voces silenciadas de la Guerra Civil y del franquismo desde una escritura profundamente poética. Del mismo modo, Juan Mayorga—por poner tan solo otro ejemplo— ha abordado en obras como El jardín quemado las heridas de la memoria, la manipulación del relato histórico y las zonas oscuras del pasado español; creadoras como Laila Ripoll han construido una dramaturgia marcada por los fantasmas de la posguerra y la violencia soterrada del franquismo en piezas como Santa Perpetua o Atra Bilis. En todos estos casos, el escenario funciona como espacio de restitución simbólica frente al olvido institucional y familiar.

Sin embargo, Viva! introduce una singularidad muy particular dentro de esta corriente: desplaza la memoria histórica desde el gran acontecimiento político hacia la intimidad doméstica. La guerra aparece aquí filtrada por la cocina, la escuela, el matrimonio y los pequeños rituales cotidianos. Y es precisamente ahí donde emerge con fuerza la dimensión de género del espectáculo.

La obra deja entrever cómo el franquismo construyó un modelo femenino basado en la obediencia y el sacrificio, impulsado por instituciones como Auxilio Social y la Sección Femenina dirigida por Pilar Primo de Rivera. Sin necesidad de discursos explícitos, Viva! muestra cómo aquella pedagogía nacionalcatólica penetraba en los gestos más simples de la vida diaria y convertía el silencio en una estrategia de supervivencia. La violencia política y la violencia patriarcal terminan así formando parte de una misma estructura de poder: una hidra que coloca a la mujer en el centro de todos sus arrebatos de ira.

Lo más notable es que La Loquace consigue todo esto desde un lenguaje aparentemente sencillo. Mientras otras dramaturgias recurren a grandes dispositivos escénicos, archivos documentales o reconstrucciones históricas, Viva! deposita toda su fuerza en los objetos más cotidianos. Esa fragilidad material multiplica el impacto emocional de la propuesta y recuerda hasta qué punto el teatro de títeres y objetos puede convertirse en uno de los ejercicios de lenguaje más sofisticados de la escena contemporánea.

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Precisamente por ello resulta inevitable preguntarse por el lugar todavía marginal que estas disciplinas ocupan en muchas programaciones públicas. En España persiste cierta tendencia a relegar el teatro de objetos a festivales especializados o a ciclos familiares, como si no pudiera dialogar de igual a igual con las grandes producciones dramáticas. Sin embargo, espectáculos como Viva! demuestran exactamente lo contrario: que desde la miniatura, la manipulación y la poesía visual puede construirse un teatro políticamente incisivo, emocionalmente complejo y estéticamente radical.

La representación de Viva! en el Teatre Principal de Palma confirma así no sólo la madurez artística de La Loquace, sino también la enorme capacidad del teatro contemporáneo para seguir conversando con las heridas del pasado desde nuevos lenguajes escénicos. Porque quizá una de las mayores virtudes del espectáculo sea precisamente recordar que la memoria histórica no vive únicamente en los archivos o en los discursos oficiales, sino también en los objetos cotidianos, en las palabras no pronunciadas y en los silencios heredados como dádivas venenosas en el interior invisible de una casa de provincias donde viven dos abuelos anónimos: Paco y María.

Ojalá ya nadie olvide su historia: porque tanto las víctimas como los verdugos deben ser recordados por los siglos de los siglos.

Antonio Miguel Morales

Licenciado en Filología Hispánica, docente, investigador y dramaturgo. Su proyecto de investigación aborda el tratamiento de la memoria histórica en la dramaturgia española contemporánea. Colabora con publicaciones especializadas en teatro, como “Primer Acto”.

Artículo publicado en uepmallorca (ver aquí)