(Javier Aranda en ‘Saeta’, Foto compañía)
Por fin llegó a Barcelona, de la mano de la Fundació Joan Brossa i del festival IF Barcelona, Saeta, el último espectáculo de Javier Aranda, que ya vimos en una presentación antes de su estreno en la Fira de Titelles de Lleida de 2025, donde recogió algunos de los más importantes premios del evento (ver aquí). Una obra con la que este gran actor y titiritero aragonés ha logrado alcanzar su tercera creación en solitario, tras los grandes éxitos de Parias y Vida, sus dos primeros títulos.
Lo bueno del trabajo de Javier es que hay un hilo claro que enlaza sus tres obras, otorgando una coherencia entre ellas. Incluso diría que hay una conexión casi directa entre Parias y Saeta: la de la invocación de los muertos. Lo que en definitiva no es más que conectar con una de las verdades simbólicas más reales y potentes del teatro de marionetas: los títeres como representación de los muertos -o de los espíritus y dioses en tantos casos.

Foto compañía
El teatro como rito de invocación de presencias que cobran vida al encarnarse en una escultura, en un trozo de madera, en una cara desdibujada de un trozo de papel, en un muñeco roto y abandonado, etc.
Saeta, un canto que llora la muerte de Cristo o el dolor de una madre por la muerte de su hijo, o de un hijo por la muerte del padre o de la madre… Un sonido para invocar a seres queridos que se han ido al otro lado. La obra de Aranda se sirve de la potente fuerza que contiene la palabra saeta y el sonido que se desprende de ella, como música de fondo para la invocación teatral, en la que unos personajes hablan sobre todo de teatro, estableciendo los límites y las reglas propias del rito sagrado, mientras otros, por el contrario, los transgreden, poseídos por la desesperación de la pérdida, de saber que están muertos.

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Y, como dice el propio Aranda en su programa, la obra se convierte en un personalísimo homenaje al teatro en mayúscula, este que bucea en las profundidades de las artes de Talía, que se quita todos los oropeles y se queda con lo mínimo y lo esencial, con la Muerte como gran referencia, y que por ello no duda en servirse de objetos y marionetas. El ‘teatro bajo la arena’ del que habla Lorca en El Público.
Pero lo difícil es hacerlo desde la verdad y lograr que el escenario sea un lugar real de invocación. Para ello, el actor-titiritero debe sumergirse en la feroz disciplina del títere de desdoblamiento, ser dos en uno, despertando a la vida una máscara, un muñeco, un pedazo de madera toscamente tallado, como una calavera extraída de una tumba. Y es aquí donde el arte de Javier Aranda se eleva a altas cotas teatrales, atrapando al espectador y a sí mismo en esta ficción que nos habla de verdades ocultas, de seres desaparecidos pero que siguen vivos en nuestro entorno mágico y simbólico.

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El público de Barcelona, con muchos titiriteros y aficionados a estas teatralidades, acudió con pletóricos llenos especialmente en la segunda semana de funciones, deslumbrados los espectadores y entregados a la sutil y poderosa fuerza de su último espectáculo, Saeta.
















