(Imagen de ‘Nido’. Foto de Iñigo Royo)

Una avioneta pilotada por un entrañable niño transporta tanto a mayores como niños/as a un fragmento de un mundo naif.  Aterrizamos en un retal similar al material de esparto donde este protagonista se balancea y trepa por las oportunidades de juego que le brinda este espacio. Para su sorpresa se encuentra, en lo alto del único elemento escenográfico, un nido. A partir de aquí, este niño sin nombre entablará una relación de amistad con un pequeño pollito al que enseñará incluso a volar.

Foto de Iñigo Royo

La compañía portuguesa Partículas Elementales no necesita la palabra para atrapar al público presente en el pequeño teatro de premontajes del Topic. Esta historia simple pero conmovedora, contaba con el acompañamiento sonoro que reforzaba de forma justa y sutil los momentos más emotivos. De alguna manera, consiguió rememorar entre el público el mundo poético y simbólico propuesto por Saint-Exupéry en El principito.

Foto de Iñigo Royo

Un único actor en escena manipulaba diestramente el guante que daba vida a este pequeño gran protagonista. La técnica, llena de detalles, permanecía oculta en la animación verdaderamente creíble que creaba Carlos Silva. Esta propuesta austera a nivel escénico, es un claro ejemplo de que el minimalismo en recursos puede ser brillantemente expresivo y afectivo.

Foto de Iñigo Royo

Este espectáculo de justa duración, llegó al fin con un mensaje bello para animarnos a dejar volar a nuestras amistades, a pesar de la desazón que esto pueda dejar.

Carlos Silva muestra su títere a niños del público. Foto de Iñigo Royo

Sin duda, Nido, que como excusa parte de un breve poema de Miguel Torga, nos conduce a un pequeño mundo que no debemos dejar escapar la oportunidad de espiarlo allá donde vuele.

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