(La parada de Teatri Mobili frente al TOPIC de Tolosa)

La segunda semana del Titirijai 2018 avanza con los títulos que el calendario y el programa proponen a los que seguimos su desarrollo. En concreto, vamos a hablar en este artículo de los siguientes espectáculos: Giraffe, de la cía. griega Hop Signor; Gri-Gri, de la cía. catalana Marionetes Nòmades; Años Luz, de la asturiana Luz, Micro y Punto; Ici et ailleurs, de la cía. francesa Pupella-Noguès; y los dos espectáculos que ofrece el Teatro Mobili, Manoviva y Antipodi.

Giraffe, de Hop Signor

Encandiló al público tolosano y a los invitados internacionales este espectáculo de la compañía griega Hop Signor, titulado Giraffe. Una obra sin palabras en la que sus dos autores que también son sus dos intérpretes, Evgenia Tsichlia y Thanos Sioris, exploran un lenguaje sobrio centrado en el movimiento de las marionetas, de varilla sobre mesa en este caso, y en las imágenes que consiguen con la luz, la manipulación y los objetos escogidos.

Fotografía de Iñigo Royo.

Sorprendió la delicadeza de su propuesta, con una historia que en realidad es una no-historia, pues poca cosa sucede en ella. Lo importante aquí no es lo que dicen los personajes, que hablan con el lenguaje mudo del movimiento, sino lo que los espectadores deducen por sí mismos.

Fotografía de Iñigo Royo.

Centra la acción una bonita marioneta de un niño que es tratado con mucho mimo por sus manipuladores, en una relación casi paterno-filial, lo que sin duda busca la complicidad de padres y niños del público. Niño que más tarde es substituido por lo que sería su versión adulta. Pero lo que interesa es lo que sucede sin suceder: su relación con una jirafa que es una hucha y que de pronto se convierte en una jirafa de verdad de la que vemos su enorme cuello.

Fotografía de Iñigo Royo.

Lo que más gustó de la propuesta es el gran cuidado en la manipulación de unos títeres muy bien construidos, capaces de crear por si mismos un lenguaje que consigue atrapar la atención de los espectadores, niños y mayores.


También la lentitud de los movimientos, lejos de los ritmos trepidantes con los que estamos acostumbrados. En este sentido, Giraffe constituye un verdadero antídoto y un bálsamo a la cultura del Fast Food y del siempre correr sin ir a ninguna parte.

Un trabajo de dos titiriteros de amplia formación, pues mientras Evgenia Tsichlia procede del mundo de la Antropología y la Historia, con estudios teatrales en la Universidad de Atenas (y con intensas prácticas desarrolladas con el Bread and Puppet), Thanos Sioris tiene práctica y formación de Lutier, con estudios de Física y Matemáticas. Interesantes perfiles que explican este abordaje del mundo de la marioneta desde ángulos de distanciada observación, y una personal y sofisticada poética.

Fotografía de Iñigo Royo.

El público agradeció con calurosos aplausos este baño de calmada y sensible vivencia poética.

Gri-Gri, de Marionetes Nòmades

Ya conocía esta obra de la compañía catalana Marionetes Nòmades, constituida por esos cuatro titiriteros que gustan de los viajes y de la aventura: Raquel Batet, Bruno Valls, Elena Molina y Pere Bigas. No son palabras gratuitas: los cuatro se constituyeron como compañía para realizar el sueño de un largo viaje subidos en una caravana por varios países africanos. Al final la aventura tuvo lugar aunque sin la caravana, una experiencia que atrapó a los cuatro titiriteros y los propulsó a nuevas andanzas por las geografías del Planeta.

Fotografía Elena Molina. Marionetes Nòmades.

Lean la crónica del viaje a Burkina Faso y Mali aquí y la de Pere Bigas sobre el viaje a Haití aquí.

Subyace en sus acciones un compromiso por compartir sus vidas con otros pueblos y culturas, con el objetivo añadido de buscar a los maestros titiriteros que trabajan en los lugares visitados, para aprender de ellos y darlos a conocer al ancho mundo de los títeres. Vale la pena saber sobre estos viajes y encuentros, así como ver los reportajes fílmicos realizados por Elena Molina, cuyos documentales están llegando en estos momentos a importantes festivales y concursos de cine del país.

Fruto del primero de los viajes efectuado en África, nace la idea de recoger algunas de las imágenes y experiencias vividas para ponerlas en el escenario bajo forma de espectáculo. Así surge Gri-Gri, un proyecto realizado por Raquel Batet, Bruno Valls y Xavi Silveira, y cuya creación se ha alargado durante tres años, en un proceso de constantes cambios y de nuevos planteamientos que todavía está en curso.

Fotografía de Iñigo Royo.

La obra se centra en un episodio por lo visto bastante común en las sociedades de los países visitados sobre el dramatismo de la poligamia, cuando el marido se siente dueño y con derechos abusivos y unidireccionales de usufructo marital. Un episodio que acaba con la intervención de un brujo que sabe cómo resolver este tipo de situaciones con encantamientos que despiertan los demonios interiores de los poseídos por la maldad.

Fotografía de Iñigo Royo.

Pero lo bueno de la obra es que busca reproducir escenas cotidianas del África Subsahariana, con sus coloridos, sus ricos espacios sonoros, sus músicas contagiosas, y sus tipos populares. El mercado es el lugar escogido donde extraer estas imágenes. Escenas que buscan crear el contrapunto adecuado al duro mensaje denunciador de la obra sobre este abuso marital.

Fotografía de Iñigo Royo.

Marionetas Nómadas, sensibles a estas realidades generadoras de tantas injusticias,  realizan un teatro de denuncia pero también de exaltación vital, que busca sustentarse en la potencia de las imágenes creadas: la tela que se convierte en un animal mágico, de impactante factura, del que surgirá el brujo. O el mismo Gri-Gri que da nombre al título, ese espíritu monstruoso que encarna la maldad del marido acanallado y que lo acaba devorando.

Fotografía de Iñigo Royo.

El público empatizó con el mensaje de la obra y las intenciones estéticas de la compañía, así como con la juventud del elenco, lanzados sus miembros a la aventura de los viajes pero también de la acción propositiva de un teatro de denuncia.

Fotografía de Iñigo Royo.

El coloquio que sucedió a la representación fue de los más animados del Titirijai de este año, con una gran participación de los asistentes, especialmente de los más jóvenes, que querían todos opinar sobre el espectáculo y sus equilibrios y desequilibrios internos entre el mensaje, la forma y la historia. Lo que hizo recapacitar tanto a los actores/autores de la obra como a los contertulios en el ambigú del TOPIC.

Años Luz, de Luz, Micro y Punto

Ha actuado en el Teatro Leidor para el público familiar y escolar la compañía de Asturias Luz, Micro y Punto con el espectáculo ‘Años Luz’, una obra que ya conocía (ver aquí) y en la que he podido descubrir nuevos ángulos, como es propio que suceda en segundas visiones. Y más aún cuando se trata de una obra sin historia visible -aunque la tenga de invisible para los intérpretes-, que busca crear una trama de imágenes que habla por sí misma a los espectadores, afín de que estos construyan con libertad sus propias lecturas.

Fotografía de Iñigo Royo.

Y mientras en aquella primera vez lo que captó mi atención fue el vaivén retórico del paso delante y detrás de la pantalla, en una estudiada coreografía entre cuerpo, luz y sombra que permite estar en dos sitios diferentes al mismo tiempo, en esta segunda ocasión me dejé llevar por la percepción del espacio de distanciación que crean en el escenario entre la pantalla, el mueble lateral de los perfumes, los dos aparatos de retro-proyección que se hallan situados frente al público, y la parada de la música a un lado.

Fotografía de Iñigo Royo.

Un espacio que gracias a estos múltiples puntos de visión y de proyección de luz y de imágenes, se convierte en un mágico lugar de intersección para que broten en él las formas tangibles e intangibles que llenan y cosen el espectáculo.

Fotografía de Iñigo Royo.

Una obviedad, se pensará, y lo es sin duda, pero cuando los límites y los puntos de emisión que crean los espacios son tan nítidos y se exponen tan abiertamente al público, el goce de la percepción estética se hace entonces con plena consciencia, en un presente en el que percibes con claridad el tejer y a las propias tejedoras.

Fotografía de Iñigo Royo.

Pero para que ello sea interesante, la trama de lo que se teje en este espacio de creatividad debe versar sobre asuntos esenciales. ¿Y qué más esencial existe que ver a la luz perseguir a la oscuridad, y viceversa, o percibir el diálogo entre cuerpo y sombra, o las paradojas de la superposición o del ser dos en uno?

Fotografía de Iñigo Royo.

Es así como mientras parece que nada ocurre en el escenario, nos dejamos atrapar por esta nada que lo es todo, o en todo caso, una nada tejida de formas, movimiento, luz y puntos de observación distintos. En medio, tres cuerpos elegantes y desacomplejados de mujer, los de las dos actrices manipuladoras Patrícia Toral y Chantal Franco, y la encargada de la música y los efectos sonoros Verónica R. Galán, ejercen de tejedoras de lo invisible, como si quisieran encarnar arcaicas figuras mitológicas trasladadas a la realidad lumínica del presente, con bombillas, electricidad, linternas y retroproyectores.

Fotografía de Iñigo Royo.

Los niños de la sesión escolar, embelesados por esa nada tan llena de cosas, se mantuvieron callados y atentos al teje y destejer de las imágenes, para estallar al final con sinceros y sonoros aplausos.

Ici et ailleurs, de Pupella-Noguès

También conocía esta obra de la reconocida compañía Pupella-Noguès, directores del Centre Odradek de Compagnonage de la Marionnette de Toulouse (ver aquí), en la que ponen en escena la preciosa idea de un museo de objetos ambulante, donde se exponen los que la compañía ha ido recogiendo a lo largo de sus  distintos encuentros con los niños de muchos colegios visitados.

Fotografía Iñigo Royo.

En ellos, los dos responsables de Pupella-Noguès, la que firma como directora y asiste detrás del escenario, Joëlle Noguès, i el intérprete titiritero Giorgio Pupella que hace de guía y curador del Museo, indujeron a los niños, especialmente a los procedentes de otros países, hijos pues de las actuales oleadas migratorias, a buscar aquellos objetos que tienen una especial significación para ellos.

Fotografía Iñigo Royo.

Y es así como se constituyó este museo de la memoria vital de los niños europeos de hoy en día, situados en un cruce de caminos a los que les ha llevado las muy a menudo dramáticas situaciones de sus países de partida.

Fotografía Iñigo Royo.

Museo entrañable y que responde a esta nueva necesidad contemporánea de crear, junto a los grandes museos que exaltan la grandeza de lo colectivo, los museos particulares que expresan las singularidades vitales de cada uno. Lo individual frente a lo colectivo, lo singular frente al canon de la estandarización social.

Fotografía Iñigo Royo.

Cada día se hace más necesaria esta desinflamación de las exaltaciones patrióticas, de los grandes museos nacionales que buscan imponer las visiones colectivas de la historia, por lo general versiones interesadas de las élites que gobiernan sus respectivas sociedades. Lo expone muy bien Orhan Pamuk y su Museo de la Inocencia, en Estambul (ver aquí), con su magnífico catálogo que puede comprarse, en su versión en inglés, en las principales librerías de Europa.

Dice Orhan Pamuk: “Todos ganaremos una comprensión más profunda de la humanidad cuando los comisarios modernos desvíen la mirada de la rica “alta” cultura del pasado –como aquellos primeros novelistas que se cansaron de escribir sagas sobre reyes– y observen, en cambio, las vidas que llevamos y las casas en las que vivimos, especialmente fuera del mundo occidental. El futuro de los museos está dentro de nuestras propias casas”. (Fragmento final del texto de Orhan Pamuk publicado en Babelia de El País el 17/11/2012 titulado “Los objetos viajan por rutas misteriosas”)

Esto es lo que hace Pupella-Noguès con su Ici et ailleurs, poniendo en énfasis como cada objeto del que se habla es en realidad una cápsula concentrada de tiempo, el vital del niño que lo entregó al Museo, de modo que su visita no es más que un desplegar sucesivo de estos ‘cartuchos de tiempo’ que reúnen imágenes, dramas personales, historias de la infancia, de amigos y enemigos, retazos de vida y de muerte.

Un espectáculo cuyo despliegue a la realidad lo convertiría en infinito, y que nos habla de épicas anónimas que atañen a las partes más débiles y frágiles de nuestras sociedades, los niños de ‘aquí y de afuera’, todos ellos atrapados en esta red de caminos que tejen el mundo abierto y valiente del mañana -un futuro al que el miedo de los adultos pretende encerrar en islotes rencorosos de separación, exclusión y desconfianza mutua.

De ahí la importancia de obras como la de Pupella-Noguès, que nos habla de lo urgente y lo necesario. ¿Acaso no sería una buena idea crear museos de este tipo en todas las escuelas del mundo? ¿Y por qué no en nuestros propios domicilios? Una obra que quizás nos habla más del futuro que del presente timorato y caduco…

Teatri Mobili, con Manoviva y Antipodi

En el centro de la plaza Euskal Herria, frente al antiguo Palacio de Justicia de Tolosa, hoy sito del flamante TOPIC, aparcaron sus dos grandes vehículos escénicos el Teatri Mobili para ofrecer a los tolosanos las maravillas de sus dos espectáculos: Manoviva, de Federica Lacomba y Marcos Grignani, y Antipodi, de Rugiada Grignani, Facundo Moreno y Tommaso Grignani.

Fotografía de Iñigo Royo.

Ya hablé del Teatri Mobili a raíz de su presencia en el Parque de las Marionetas de Zaragoza (ver aquí), pero vale la pena regresar a ellos para constatar la gran impresión que produjeron sus espectáculos en el público del Titirijai.

Fotografía de Iñigo Royo.

Nos encontramos ante una de esas realidades teatrales que se dan en muy contadas ocasiones, cuando la vida y el arte se juntan para dar lo mejor de sí, pues no otra cosa son los dos espectáculos, nacidos ambos de la pura vivencia del arte.

Fotografía de Iñigo Royo.

Manoviva me sigue pareciendo el resumen artístico de una vida dedicada en cuerpo y alma al arte de los escenarios, siendo asimismo un respetuoso homenaje a los artistas que desde la humildad recorren el mundo para manifestar y dar a conocer sus habilidades, y a los espectadores que comparten con igual generosidad la de los  actores que actúan frente a ellos.

Fotografía de Iñigo Royo.

Público y titiriteros ambulantes se juntan en estas secuencias de las manos que encarnan a los dos personajes de la obra, en una preciosa síntesis que conquista el corazón de los espectadores, al verse reflejados en los números como en ellos se reflejan también los dos actores que los ejecutan.

Fotografía de Iñigo Royo.

De ahí que el resultado sea una tremenda exaltación de las artes populares del teatro, reproducidas a una escala de íntima interioridad poética, con la delicadeza de una práctica minuciosa que se observa y se deja observar, en un cruce de miradas que crean juntas la magia del arte teatral.

Fotografía de Iñigo Royo.

Antipodi es asimismo una exaltación de la creatividad cuando la juventud descubre sus potencialidades expresivas y se permite dejarlas florecer empujadas por la disciplina de un arduo trabajo compositivo. Pues lo que sorprende en esta obra es la madurez de unas imágenes que sin embargo tienen toda la frescura de un arte vivencial fruto de la necesidad, la de quienes han optado por desarrollar sus potencialidades creadoras como medio de vida.

Fotografía de Iñigo Royo.

Frescura y disciplina, contención y juventud, inspiración y trabajo, tales podrían ser las paradojas duales que dejan entrever las imágenes y los momentos de Antipodi.

Fotografía de Iñigo Royo.

El público, entregado, sale del CamiónTeatro poseído por una emoción extraña, como si hubieran presenciado algo que está más allá de lo humano de cada día. Conscientes de que acaban de vivir unos momentos en los que teatro, arte y poesía se juntan en alquímica intersección. Algo maravilloso e inaudito.

Fotografía de Iñigo Royo.

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