Lo esperan cada año los niños pero también los adultos: Pelegrín, el personaje polichinesco de los títeres de cachiporra del Teatro Arbolé instala sus bártulos en la Plaza de los Sitios de Zaragoza. Teatro al aire libre con un retablo de madera de los que tienen techo y puerta de entrada, pues debe resistir a la intemperie dos semanas de programación. Largas colas se forman para entrar en el recinto donde deben caber unas 120 personas y quizás más. Muchos cochecitos de niños, aunque prima la edad adecuada a la cachiporra, de los 6 a los 10 años, pues las familias ya saben lo que van a ver. Al día se hacen unas seis funciones que se van turnando los peones titiriteros de Arbolé.

El Dragón de la historia Pelgrín y El Caballero Negro.

Una Cachiporra que suena según distintas tonalidades según el titiritero que maneja los títeres. Unos ejecutan el guante en tono de do mayor, es decir, con buenos garrotazos de los que instauran contendencia. Otros utilizan las modalidades menores, con más juegos de palabras y equívocos que bastonazos. Este cronista ya había visto en años anteriores a los maestros Iñaki Juárez y Pablo Girón, sólidos pilares de Arbolé, que gustan del estilo recio y de la contundencia en las afirmaciones titiriteras. Este año he tenido la ocasión de ver en acción a Javier Aranda y a Julia Juárez, que se estrenaba en estos lances de Pelegrín. Dos titiriteros que podríamos situar en la franja  de las tonalidades menores, es decir, más guante de seda y juegos de palabras que mamporros de la estaca. Aunque, por supuesto, sin alejarnos nunca del estilo de la cachiporra.

Javier Aranda y El Caballero Negro.

Con este título despliega Aranda un sencillo argumento con Pelegrín de protagonista que da pie al lucimiento del actor que hay detrás del titiritero de Zaragoza. Obra centrada en los amores de Pelegrín hacia Magdalena, que ejerce funciones de princesa del castillo, con un padre que no quiere ni oír hablar de que su hija se case con alguien como Pelegrín: un don nadie que en vez de noble sombrero, lleva un embudo en la cabeza, ¿cómo puede casarse con la hija del Rey?

Javier Aranda con Pelegrín.

Con un único decorado y un único rival, un dragón que el Rey ha comprado hace una semana en el Corte Inglés. El dragón, a pesar de ser de goma y provenir de unos grande almacenes, también quiere casarse con la princesa.

Obra que se basa en los equívocos y el enredo, al modo de las comedias y los sainetes, pero que busca la máxima sencillez para que puedan lucir los gags y los disparates de Pelegrín. Mantiene Aranda un ritmo pausado pero sin excederse en los tiempos, de modo que la obra se va desplegando sin pausa pero sin prisas, dejando margen para que niños y mayores disfruten de los juegos de palabras y del enredo de los títeres de cachiporra.

Julia Juárez y Pelegrín en el Circo.

Hija de Iñaki Juárez y también titiritera, como su hermana Alicia, Julia Juárez se estrenó este año en el retablo de la Plaza de los Sitios con uno de los títulos antiguos de la compañía, Pelegrín en el Circo, convenientemente adaptada a la duración y al formato de las funciones para el Pilar.

Julia Juárez con Pelegrín.

Tanto en la calidad de la voz como en el desparpajo y los cambios de tonalidad de los personajes, se nota que Julia se ha criado desde niña entre títeres. Demostró un envidiable dominio en el manejo del guante y en el control de las voces y sus modulaciones, lo que le permitió representar este espectáculo de títeres y circo nada fácil cuando se hace desde un retablo y a solas.

Como en la anterior obra, también aquí el argumento se sostiene sobre los equívocos y los juegos de palabras con un Pelegrín que quiere saltar de su condición de tramoyista y chico para todo a la de Artista de Circo. Lo intenta con unos malabares, luego con el león con el que mantiene una excelente relación, y por fin como Hombre Bala, disparado hacia el público por un impresionante cañón. Unos niños en la platea deben sostener la red donde caerá nuestro héroe.


Pelegrín triunfó en su deseo de coronarse como Artista de Circo, y también lo hizo la titiritera en su iniciación Pelegrinesca. Así lo corroboraron los cálidos aplausos del público al acabar la función.

Tras los saludos, el retablo se prepara para la siguiente función con otro titiritero de la factoría Arbolé. Un clásico de las Fiestas del Pilar que nadie se pierde.

‘Es-Puto’ cabaret, del Espejo Negro, en el Teatro Arbolé.

El público de Zaragoza tiene estos días la oportunidad de descubrir y gozar con uno de los mayores titiriteros del Reino, Ángel Calvente, creador de El Espejo Negro, y que en esta obra, un clásico de la compañía de Málaga, actúa como manipulador indispensable del personaje principal, Marianna Travelo, una artista travestida del cabaret hispánicamente más petardo, corrosivo y burlón del mundo…! -como reza el mismo programa del espectáculo.

MariannaTravelo.

La exuberante, fondona y subversiva estrella del transformismo MARIANNA TRAVELO, explosión de carne, atroz y voluptuosa, ex cantante de tugurios de dudosa reputación…, es la maestra de ceremonias de este cabaret donde el humor negro y las constantes salidas de tono son sus pautas principales.


Cabaret que convierte el mismo lenguaje de la marioneta con sus manipuladores que van de negro en uno de los principales temas y motivo de burla y jolgorio. Es decir, una obra de feroz sátira que no duda en mirarse a sí misma, y que consigue desmitificar la técnica de manipulación de los muñecos de goma-espuma, al reírse de la seriedad siempre algo impostada del teatro de figuras con los manipuladores cubiertos de negro.

Lola Flores.

El Cabaret es también una oportunidad para reírse del país, de algunas de sus constantes más deleznables, de la estrechez mental imperante y de los nacionalismos de campanario, tan de moda hoy en España. La máquina de cortar malas hierbas de El Espejo Negro no duda en talar las mayúsculas que entusiasman a tantos políticos de la piel de toro. Y lo hace sirviéndose de personajes conocidos de la cultura popular, o de otros inventados salidos de la peculiar mitología de la compañía, trufada de personajes insólitos, truculentos, impresentables aunque también pueden llegar a ser entrañables. De hecho, todos los personajes de ‘Es-Puto’ Cabaret juntan su canallismo congénito con la fragilidad que da vivir en los márgenes sociales: todos están vivos pero muertos a la vez, no sólo porque son títeres -como Marianna nos recuerda cada dos por tres- sino porque están instalados permanentemente en el filo de la navaja.

Ángel Calvente con uno de sus personajes.

Una obra de verdadero virtuosismo titiritero en la que Ángel Calvente y sus dos compañeros manipuladores hacen una demostración de cómo manejar títeres y soltar texto fresco, improvisado y adaptado al lugar con un oficio y una maestría tal que parece como si fuera la cosa más sencilla del mundo. El público, impresionado por el impacto y la fuerza del espectáculo, aplaudió a rabiar.  Poder verla en un teatro de títeres como es Arbolé constituye todo un lujo y un acierto total de la programación. Tres únicos días, durante las Fiestas del Pilar: 12, 13 y 14 de octubre de 2018.

Desfile popular para la Ofrenda Floral.

Sorprende y maravilla la devoción que el pueblo zaragozano, el aragonés y el de tantos otros lugares de España y de Hispanoamérica, sienten por la Virgen del Pilar, cuya fiesta se celebra cada 12 de octubre. Fiesta de la Hispanidad pues en ella se identifican millones de personas de todos los países hispano hablantes.


Y para comprender el significado real de estas palabras, nada hay como estar en Zaragoza estos días y especialmente el 12 de octubre, cuando se celebra la extraordinaria Ofrenda Floral, por la que miles y miles de personas van en procesión festiva hasta donde se expone la Virgen del Pilar, en la plaza adyacente a la gran Iglesia del Pilar, encima de un tramoya de madera de forma piramidal que a lo largo del día es cubierta por un mar de flores llegadas de todos los rincones de la región.


Las flores son el denominador común de la Fiesta, así como los disfraces de los que asisten a ella: vestidos regionales de magnífica y refinada elaboración, de una increíble variedad, los propios de un país que gusta distinguir los folclores a cuál más original, excéntrico y sorprendente. Los que por su profesión ya suelen ir disfrazados con uniformes y vestidos de gala, se acicalan este día con sus mejores prendas. Así ocurre con los militares y guardias civiles que acuden a desfilar entre el tumulto popular con la candidez de quien estrena vestido nuevo y sale con las más vistosas prendas de gala sin necesidad de marcar el paso, en un ambiente de absoluta relajación, de celebración familiar y de tranquila festividad provinciana.

Participantes de la República Dominicana desfilando para la Ofrenda.

Una ofrenda que cada año reúne a un mayor público (unos 3 millones de flores y 310.000 personas participantes en la Ofrenda este año, según dicen los periódicos), lo que obliga a plantear nuevas estrategias  de diseño para contener a tantas flores ofrendadas. Una fiesta en la que Zaragoza se mira a sí misma para llegar a la conclusión de que se gusta en lo que es y en lo que aspira a ser.

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