Se ha desarrollado durante los tres primeros días de la segunda semana del Quiquiriquí, el Festival de Teatro de Títeres de Granada, el proyecto La Incubadora, consistente en un Encuentro con Artistas Titiriteros Emergentes. Ha consistido en realidad en la visualización de siete espectáculos en proceso de creación la mayoría a cargo de jóvenes compañías o titiriteros ante una comisión de “entendidos” veteranos y no tan veteranos formada por Luís Zornoza Boy, experimentado titiritero de la compañía Siesta Teatro, Rita Consentino, directora de la programación infantil del Teatro Real de Madrid, Carmen Sánchez, directora del Al Festival de Zaragoza, Yudd Favier, reputada teatróloga cubana, Toni Rumbau, director de Titeresante, así como los directores artísticos del Quiquiriquí e impulsores de la idea de la Incubadora, Yanisbel Victoria Martínez y Enrique Lanz, de la compañía Títeres Etcétera.

Participantes de la Incubadora.

Hay que decir que la experiencia ha resultado ser un verdadero éxito al propiciar un cruce de miradas absolutamente inédito alrededor de varios espectáculos en proceso de creación, un cruce de enorme interés no sólo para la compañía situada en la sala de disección de la Incubadora, sino también para los mismos participantes de la comisión analítica, al poder compartir esta diversidad de perspectivas y análisis de los trabajos vistos. Si el objetivo era diseccionar “al vivo” un espectáculo para ofrecer a sus creadores la distancia de la mirada crítica, a modo de espejo de múltiples reflejos  capaz de despertar la siempre difícil auto-observación de lo que se hace, no me cabe duda alguna que se consiguió con creces lo que se buscaba.

“Bö”, de Cristina Ortega.

Rompió el hielo la artista plástica y escenógrafa Cristina Ortega, de Valladolid, con Bö, una propuesta en su fase aún inicial centrada en un atractivo personaje extraterrestre cubierto de plumas y con un rostro que recordaba un inmenso grano de café. Bö se enfrenta a lo desconocido y explora el entorno del pequeño escenario en el que se encuentra. De pronto aparece un gato que lo asusta pero con el que establece una relación. Finalmente, el ser emplumado regresa al bulto de donde ha salido, le saca una tela, y aparece una especie de wáter. Se sienta en él y se descubre que en realidad es un platillo volante, con el que se eleva del lugar.


Demostró Ortega un buen dominio del muñeco, aún en proceso de concreción técnica en los aspectos de la manipulación, con pequeñas intervenciones vocales más algunos sonidos grabados. Interesante el tono logrado entre lo excéntrico y la situación surrealista del entorno. Gustó mucho su presencia detrás del muñeco, muy importante en este tipo de teatro en el que se manipula a la vista.

El coloquio que siguió fue altamente positivo para ayudar a la joven titiritera a ver con la distancia de la observación ajena los rumbos del proyecto, siempre abiertos hacia lo desconocido. Los comentarios de Yudd Faver, de una profundidad y un alcance insospechados, impresionaron a todo el mundo por la minuciosidad del escalpelo analítico utilizado, mostrando el alto nivel alcanzado en Cuba en estos alambicados menesteres del aquilatamiento teatral y de la biopsia crítica. Un lujo para los artistas y para todos los que estábamos a su alrededor.

“El Hombre Pez”, de 2Remos

El argentino instalado en España Diego Ercolini nos deleitó con un refinado trabajo sobre el viaje, el mar, la emigración y la nostalgia. Vestido de marinero y situado frente a una atractiva escenografía a modo de un armario-baúl, nos muestra su interior donde almacena los objetos de sus recuerdos. También surgen imágenes de la niñez con su madre en la playa. Sitúa así en primer plano los elementos fundamentales del espectáculo: los recuerdos, la madre, el mar y la nostalgia.


Para desarrollar estos conceptos, Ercolini  recurre al teatro de sombras, con una pantalla incorporada al conjunto escenográfico, como una ventana que nos abre al ensueño y a la nostalgia. Cabe aplicar aquí el epíteto usado al principio de esta crónica: un “refinado trabajo”, en efecto, el realizado con las sombras de siluetas negras muy bien urdidas usando los recursos de distintos planos de perspectiva de la imagen, con la aparición de la madre que llama al hijo, y diferentes secuencias de mar, como el muelle de donde parte su viaje, el barco de papel en el que se embarca, un tiburón…

Dispara todo el proceso el sonido de una potente bocina de barco, que va puntuando la acción para recordarnos el registro nostálgico de la propuesta. Viaje onírico por los recuerdos de una vida de migración y distancia. El narrador marinero, a modo de cuentacuentos de la memoria, se despide tras cerrar el hermoso baúl-armario y llevárselo para otros escenarios. Como dijo Rita Consentino en el coloquio, un hermoso espectáculo con un precioso tono de entrañable “argentinidad”.

“Tú & Tú”, de La Pepetita

Marisa Refoyo es la artífice y única manipuladora de este montaje que busca la esencialidad del lenguaje de los títeres, al recurrir a dos simples elementos, una piedra y un palo o rama de árbol. La piedra cae del cielo y se nos indica que llega del espacio exterior, un meteorito pues, aunque en seguida descubrimos que tiene dos ojitos pegados a ella. No sabe donde está ni a qué ha venido. La piedra se siente sola. Aparece entonces arrastrado por el viento un palo, el segundo personaje de la obra, también con ojitos y nariz insinuada, y se inicia así una relación entre ambos.


Una historia que quiere centrarse en el tema de la soledad, de los amores y desamores. Aún en proceso de desarrollo, nos contó Refoyo su idea del rumbo argumental de la obra, en una dirección de fábula de corte ecológico, con la presencia de una ciudad hecha de residuos humanos. Una temática de actualidad que busca conectar con el público infantil y escolar, con el fin de proponer una visión crítica de nuestra civilización consumista y depredadora.

El coloquio a posteriori profundizó enormemente al analizar el lenguaje y los elementos del espectáculo, como si cada uno de los intervinientes dispusiera de un bisturí analítico de hondo alcance. La razón era el lenguaje escogido por la joven titiritera, basado en elementos muy simples como son una piedra y un palo, es decir, provistos de una intención de esencialidad que conecta muy bien con esta tendencia a la síntesis que tiene el teatro de títeres. También interesó la temática ecológica, como explicitó Carmen Sánchez del equipo analista. De todo ello se habló, tocando las fibras más íntimas y sensibles del empeño creativo de Marisa Refoyo. Un grado de profundidad en el sondeo retórico que sorprendió a todos los presentes.

“El caballero protector del reino”, de Juan Carranco.

He aquí una propuesta que despertó un enorme interés en los espectadores de la Incubadora, generando un animado y excitante debate de opiniones cruzadas y a veces no coincidentes.

Juan Carranco nos propuso un espectáculo que dice no ser un espectáculo, mientras nos explicaba un cuento pensado para títeres pero sin títeres, indicándonos las escenografías que a él le hubiera gustado tener pero que no vemos, creando en el escenario un intrigante espacio de duda radical, en el que sin embargo avanza el cuento con sus personajes, sus escenas y decorados, que vemos sólo a través de la imaginación y con el parpadeo de algunos temas sonoros y de pequeños puntos de luz hechos con un móvil. ¿Está fingiendo el titiritero? ¿Se está burlando de nosotros? ¿Cuenta o no cuenta una historia? Porque lo vemos a él hablar pero tampoco lo vemos demasiado, al no estar en realidad iluminado, y oímos su voz pero como un “runrún” (según matizó Luis Zornoza Boy) que se oye y no se oye, al perdernos algunas de sus palabras.

Para algunos, una obra vacía de contenido, de títeres, de historia y de sentido. Para otros, entre los que me incluyo, una obra que busca abrir un espacio inédito en nuestra imaginación, en el que la historia surge de la duda, de lo que vemos y no vemos, del ser y no ser de los personajes indicados. Precioso cuando nos indica al principio que ha llegado sólo con una idea, un concepto, que lleva dentro de una maleta. Pone la maleta encima de la mesa pero de ella prácticamente no sale nada, aparte de un par de calcetines que sólo sirven para despistar. La idea encerrada en la maleta no es otra que la idea-paradoja de este espacio vacío hecho de la polaridad esencial de lo que es y no es, y del que puede surgir la creación de una historia, de una obra, de un proyecto, que está por hacer y que en realidad ya está terminado para que gocemos de estas polaridades interiores e invisibles, pero tan reales en nuestra mente.

En un mundo donde nos obligan a tomar partido por polaridades bien establecidas, sean religiosas, políticas, ideológicas o patrióticas, o simplemente teatrales con sus convenciones prefijadas, es altamente necesario, refrescante y alimenticio encontrarnos con una obra que propone una secuencia temporal de duda entre las polaridades esenciales, un espacio de vacío creativo, de penumbra de la conciencia, que nos permite vivir la auto-observación de la duda, de la paradoja fundamental de lo que es y no es. Conciencia que entonces deviene en autoconsciencia. Una historia sin historia que sin embargo nos permite crear un relato en el que nosotros estamos incluidos a modo de sujeto que se cuestiona como tal, para afirmarse a pesar de todo como el creador del relato.

Aceptar la paradoja y experimentarla desde la auto-observación conlleva un potente efecto catártico y liberador, anunciándonos caminos del futuro que deberían ser transitados ya desde hoy mismo, ante la gravedad de los callejones sin salida a la que nos llevan las polaridades excitadas de las razones en oposición en sus luchas sin cuartel que no tienen solución aparente.

La obra sin obra de Juan Carranco constituye una de las propuestas escénicas más refrescantes de las que he visto últimamente, sabiendo además que allá adonde vaya, creará una interesante y saludable polémica. Una sorpresa mayúscula, al menos para este cronista.

“El monstruo bajo la cama”, de La Maga.

El granadino Arturo Abad es el autor de este proyecto, todavía en fase de realización, sobre la temática de los miedos, que la compañía La Maga quiere hacer con títeres de tipo mappet manipulados por titiriteros inclinados sobre taburetes-tumbonas con ruedas. Una técnica difícil pero útil para mover a estos títeres de espuma a la manera de los que se utilizan para la televisión.


Pudimos ver los muñecos aún sin acabar y los diseños de los personajes. Se notó que La Maga tiene muy claros sus objetivos, al demostrar una energía ejecutora de mucho empaque y claridad. Sin duda, el proyecto que proponen promete convertirse en un espectáculo con futuro, sobre todo al tratar un tema que hoy interesa mucho al público de maestros y especialistas de la educación, empeñados en educar a los niños sin miedos innecesarios. Un objetivo eterno e inalcanzable, aunque necesario, al cumplirse esta ley que dice que por mucho que se los persiga y cace, los monstruos de la imaginación seguirán emergiendo con nuevos rostros y formas de las sombras. Aún así, siempre es liberador sacarse los miedos de encima, al menos los que han cristalizado en nuestro cuerpo a modo de nudos físicos y mentales que nos frenan e inmovilizan.  El montaje de La Maga avanza en esta sana dirección.

“El nica más pícaro”, de Titiritama ta Rubentxo.

Zoa Tamara Cuéllar es una joven aunque ya veterana titiritera nicaragüense que nos deleitó con una obra de su repertorio, con la que se graduó en sus estudios titiriteros en Cuba: una historia de dos personajes populares de Nicaragua, Tío Conejo y Tío Coyote. Pero lo que antes hacía a cuatro manos, ahora, tras llegar a España y decidir avanzar en su carrera como solista, lo hace a dos manos. La acompaña el músico Rubén Mejuto, su compañero, en el teclado y pequeñas intervenciones como ayudante.


El empeño de la artista es crear una nueva tradición en su país a partir de estos dos personajes populares, inspirándose en las tradiciones tanto europeas como latinoamericanas. Lo bueno de Zoa es que cuenta ya con un importante bagaje a sus espaldas, al provenir de una familia titiritera muy conocida en Centroamérica, la compañía Guachipilín. Ello le da la seguridad que proporciona el oficio, indispensable para adentrarse en estos terrenos siempre difíciles y resbaladizos de querer crear nuevas formas en el campo de los títeres tradicionales.

Como dijo Luis Zornoza Boy en un comentario posterior, es admirable que una joven titiritera que ha estudiado cinco años en la escuela de títeres y teatro de Cuba, y proveniente además de una familia comprometida con las políticas revolucionarias del sandinismo, mantenga la frescura, la valentía y el desapego del titiritero que no busca adoctrinar ni educar ni condicionar al público hacia una u otra ideología, sino que simplemente busca entretener y divertir. Haberse sacado de encima los formalismos y los esquematismos del teatro  más o menos ideologizado no siempre es fácil y requiere disponer de una mente clara y de una personalidad que sabe tocar de pies al suelo. En definitiva, un compromiso con la libertad y el libre pensamiento.

Fascinada por los polichinelas europeos y a su vez inmersa en la tradición villafañesca del títere poético representado por “Juancito y María”, tiene por delante una tarea excitante como es la de llegar a combinar ambas tradiciones, sin huir de las temáticas centroamericanas que le son cercanas. Y buceando por las aún más antiguas tradiciones mayas del Popol Vuh. Un empeño ambicioso al que sólo una titiritera curtida y valiente como Zoa Tamara puede enfrentarse con visos de éxito.

Fue muy interesante el coloquio que prosiguió a la presentación, en el que se abordaron temas tan peliagudos como es el de las tradiciones de los títeres de cachiporra, cómo podemos imaginarnos su evolución, de qué modo los prejuicios sociales y las actuales corrientes de corrección política y cultural se resisten a sus contenidos. Discusiones que nos mostraron caminos a seguir y la conciencia clara de Zoa Tamara respecto a sus propósitos titiriteros de futuro.

“Superhéroe”, de El Perro Azul.

Pudimos ver dentro de la Incubadora el montaje “Superhéroe” de Fernando Moreno de la compañía El Perro Azul, un trabajo realizado con títeres de desdoblamiento. Atención, no nos encontramos ante una obra aún en preparación ni acabada de estrenar. “Superhéroe”, con dos  años ya de vida, es una obra que ha ganado el Premio Feten 2015 a la “Composición de personajes, combinando cuerpo y máscara” y el Premio al Mejor Actor del Festival Internacional de Teatro en la Calle, Noctivagos 2015 en Oropesa. Una obra pues, no sólo fogueada, sino valorada y muy bien recibida desde el día de su estreno.


Nos encontramos frente a un actor y creador escénico honesto y ambicioso, que no duda en enfrentarse a un lenguaje del teatro de títeres tan difícil como es el del “títere de desdoblamiento”, una especialidad a la que muy pocos titiriteros se atreven. Para ello, se requiere audacia y preparación técnica: dos virtudes de las que Fernando Moreno dispone en abundancia y que le han permitido sumergirse en un tema que le es próximo y querido: el de los superhéroes del mundo del cómic.

El escenario es una habitación hecha al modo de los cómics, de vivos colores y muebles de los años sesenta, con una  colorida iluminación y un juego sonoro de estilo cinematográfico que acompaña la acción. El personaje vive en ella con su abuela y protagoniza un sueño en el que se ve convertido en un superhéroe. Cinco son los personajes a los que Moreno da vida, ya sea con la ayuda de las máscaras o de los títeres cuyos cuerpos se confunden con los del actor-titiritero.

Lo más interesante es ver cómo entramos en una realidad doble, en la que el actor encarna a varios personajes a la vez, mediante la transformación onírica del espacio bien acompañada por el elemento sonoro. Moreno maneja con habilidad los muñecos y las máscaras, con una mímica dinámica de gesto amplio. Pero quizás lo más interesante y que sustenta con profundidad el montaje es la verdad de subyace a la interpretación del actor: Moreno vive y se cree lo que hace, cosa que se traduce en la tensión adecuada para captar el interés del público.

Fue interesante compartir las opiniones de los participantes en La Incubadora al final de la representación, analizando esta técnica del títere de desdoblamiento que en España ha tenido pocos practicantes. Siempre lloraremos, en este sentido, la pérdida que ha representado el fallecimiento de Miquel Gallardo, un artista de los grandes en esta especialidad. Fernando Moreno se arriesgó y podemos decir que salió más que airoso de su empeño. El resultado, “Superhéroes”, así nos lo demostró.

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