París sigue siendo una ciudad sorprendente donde la vida cultural transcurre con una intensidad apabullante. En estos días de final de primavera, al mismo tiempo que los intermitentes del espectáculo se manifiestan por las calles parisinas -a veces con títeres, a veces sin ropas, pero siempre con fuerza y valentía defendiendo sus derechos sociales-, una curiosa exposición sobre títeres está teniendo lugar.

Jacques Chesnais
Fotografías de Enrique Lanz.

Se trata de Une famille de Marionnettistes: Les Chesnais. Passion et Collection. A pocos metros de la Ópera Garnier, entre las glamurosas y sombreadas calles de los Grands Boulevards, entre joyerías, cafés, tiendas de lujo, bancos, turistas despistados y hombres de negocio, en un también elegante centro de exposiciones y espectáculos llamado Éléphant Paname, se desarrolla entre el 10 y el 19 de este mes una exposición de títeres que nos interpela sobre muchos otros mundos y realidades de nuestro profesión.

La muestra no tendría la misma connotación si no precediera a una subasta de las piezas expuestas que se producirá el próximo sábado 21 de junio. No es nada común que se realicen subastas de títeres, y menos que colecciones de esta envergadura se desmembren.[1]

Jacques Chesnais

El contenido de la exposición recoge más de un centenar de títeres de Jacques Chesnais (1907-1971). Chesnais fue un titiritero francés cuya obra es una de esas referencias incontestables para la profesión en el siglo XX. Artista, coleccionista, fue también autor de diferentes publicaciones sobre títeres, como por ejemplo Histoire générale des marionnettes (Edición Bordas, París, 1947).

Comenzó a interesarse por este arte a partir de 1929 al ver las marionetas del Teatro dei Piccoli. Y la vocación por hacer títeres prendió a la par que el impulso por coleccionarlos. Cuentan que el equipo de Podrecca no le permitió ver los entresijos de las marionetas y el retablo, por lo que empezó a coleccionar para aprender, para acercar a sus manos objetos que pudiese desmontar, escudriñar y estudiar en profundidad el ensecrètement (como dirían los franceses).

Jacques Chesnais

Así, poco a poco fue pergeñando una colección con títeres venidos de horizontes lejanos, con técnicas y estéticas muy dispares: siluetas de China, Indonesia, Turquía o un gran cuero de Tailandia, títeres de mesa de Japón o de varilla superior de Lieja (Bélgica), marionetas de India, guantes alemanes, y más, mucho más… El primer impulso, el de la sed de conocimiento, devino con los años una clara intención de protección de un patrimonio que él sabía que comenzaba a peligrar y extinguirse, por eso adquirió marionetas consciente de su gran valor histórico, como por ejemplo las del Teatro Nabot, de la señora Forain.[2] Cada títere que coleccionaba lo acompañaba de notas sobre sus orígenes, detalles e historia.

Jacques Chesnais

Y en paralelo a la colección, Chesnais vertebró su propia obra, a pesar de su movilización en la Segunda Guerra Mondial, donde en el frente, en medio de tanta barbarie, sus títeres fueron una distracción para los soldados. Practicó varias técnicas, pero fue fundamentalmente el hilo, con su compañía los Comediens de Bois, lo que le otorgó gran notoriedad pública y le permitió viajar por numerosos países.

Los viajes fueron una ocasión extraordinaria para conocer a otros titiriteros y enriquecer su colección, compuesta fundamentalmente por piezas que le regalaban colegas, o que él intercambiaba con sus propias figuras.

Jacques Chesnais

Chesnais vivió esos pródigos años de entre-guerra, y en aquel París frenético por las ganas de vivir y el apogeo de las vanguardias, él se codeó con la élite artística e intelectual del momento: fue alumno de Fernand Léger, se relacionó con Charles Dullin, Edgard Gordon Craig o Marcel Marceau… Tuvo contacto también con diseñadores de moda y referencias de la alta costura como Paul Poiret,  Jeanne Lanvin, Lucien Lelong, Maggy Rouff y Elsa Schiaparelli.

Y no olvidemos que Francia era aún una gran metrópoli colonial, y seguía organizando exposiciones en las que mostraba a esos “salvajes” venidos de confines exóticos, cuyas danzas, máscaras, instrumentos musicales, cantos y títeres tuvieron un enorme impacto. Y como ejemplo más flagrante recordemos el encuentro de Antonin Artaud con aquellos bailarines balineses en 1931. Fueron años muy fecundos para nuestra profesión, pensemos en experiencias similares como la de Maria Signorelli en Roma, o Lorca, Falla y Lanz en Granada, o estos dos últimos en París estrenando El retablo de maese Pedro que enseguida se montó en media Europa, o los Piccoli girando por el mundo…

Jacques Chesnais

Y toda esta savia que nutrió a Jacques Chesnais, se destila, se percibe, se respira en esos títeres que han llegado hasta hoy, testigos de otros tiempos, y que pueden verse por estos días en París, juntos por última vez.

Chesnais trabajó codo a codo con su esposa Madelaine y su hija Marion. La primera falleció en 2006, y Marion ha recibido el legado familiar con enorme responsabilidad. Marion es una mujer entrañable, de esas que te dan ganas de abrazar y querer después de unos breves minutos de charla. Sonriente, conocedora de un oficio y una época, lúcida, habladora… Hoy, con una edad avanzada, es la heredera que vive una problemática frecuente: ¿cómo hacer frente a ese patrimonio tan singular, compuesto de títeres, decorados, herramientas, fragmentos del taller, manuscritos, cuadernos de notas, diseños, textos, carteles, fotografías, correspondencia, etcétera?

Ya en 2008 un centenar de piezas relevantes de la colección de la familia Chesnais fue donado al Departamento de Artes del Espectáculo de la Biblioteca Nacional de Francia, y una buena parte de los documentos fue entregada al Instituto Internacional de la Marioneta de Charleville-Mézières. Muchos de estos documentos, así como fotografías de los títeres, se pueden consultar on line a través del Portail des Arts de la Marionnette (PAM: http://www.artsdelamarionnette.eu/)

Jacques Chesnais

Pero todos los otros títeres (que no son pocos) esos que se exponen por estos días en la calle Volney, el próximo sábado partirán hacia nuevos paraderos, se dispersarán por el mundo entre museos, anticuarios, aficionados, coleccionistas o quién sabe qué manos. ¿Cubrirán paredes y estanterías, o se quedarán agazapados en cajas o gavetas olvidadas? ¿Quién cuidará de ellos, quién velará para que lleguen dignamente a las generaciones que nos siguen?

En la exposición se percibe muchísimo cariño, mimo y cuidado detrás de cada objeto. Es indudable que las mujeres Chesnais -madre e hija- hicieron una labor de conservación encomiable. Me gustaría pensar que ese cariño se transmitirá a los futuros dueños de esos objetos cargados de historia, me gustaría pensar que estarán en buena compañía, que les aguarda una vida digna y sana, que alguna institución se hará cargo de ellos para que brinden un auténtico servicio público.

Jacques Chesnais

Pero no sé si es porque el calor del nuevo verano amilana mi esperanza, o porque mis colegas galos lloran enrabiados por esa Francia progresista que sienten perder, o porque sé lo que cuesta crear y conservar un patrimonio así, que me habita sin embargo una tristeza muy grande, una consternación, una impresión arrebatadora de quebranto… Porque se dispersa un material que conjuntamente es más potente pero sobre todo porque siento que con él parten una época, unos valores, una manera de vivir el títere y la profesión muy distinta a la de hoy.

Parafraseando a Antonio Muñoz Molina, es como si se esfumara una seriedad, “una seriedad que implica al menos dos cosas: la primera, una dedicación incondicional al oficio y una exploración a conciencia de todo lo mejor del pasado; la segunda, una decisión a rajatabla de convertir el arte en un reflejo de la vida, de usarlo como una herramienta para el conocimiento, semejante en su rigor a la ciencia, sujeto a exigencias equivalentes de verdad, a procesos de búsqueda en los que la capacidad de observación estará aliada a la destreza técnica, a una insobornable integridad en el trabajo.”

Granada, 16 de junio de 2014

Fotografías de Enrique Lanz


[1] Ver más información en: http://www.artstalentsencheres.com/html/infos.jsp?id=18255&lng=fr

En este enlace puede consultarse el catálogo de la exposición así como todos los detalles de las piezas en venta.

[2 Para más referencias: “Coleccionar para aprender. La colección de Jacques Chesnais”, artículo de Raphaèle Fleury en Puck 19 Collections et collectioneurs, Editions IIM y L´Entretemps Charleville-Mézières, 2012, pp-157-164.

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