La veterana y legendaria titiritera cubana Carucha Camejo (1927-2012), fundadora del Guiñol Cubano, murió el 10 de noviembre en Nueva York. Junto con sus hermanos Pepe, Bertica y Perucho, crearon las bases de lo que será el teatro de Guiñol en Cuba, con montajes de gran éxito que viajaron por todo el mundo, y con una profunda implicación en la divulgación del arte de los títeres en Cuba durante los primeros tiempos de la Revolución. Precisamente estos días estaba previsto presentar el libro “Mito, verdad y retablo: El guiñol de los hermanos Camejo y Pepe Carril”, Premio Nacional de Investigación Rine Leal 2009, de los autores Norge Espinosa y Rubén Darío Salazar, publicado por la Editorial Unión. Reproducimos a continuación dos textos recibidos de Rubén Darío Salazar y de René Fernández Santana en los que nos hablan de Carucha Camejo, nombrada en el último Congreso de Unima en Chengdu Miembro de Honor de Unima, a propuesta de la delegación de Unima Cuba.

Carucha Camejo

Carucha Camejo


Carucha Camejo, nuestra reina titiritera

por Rubén Darío Salazar

De Carucha Camejo (La Habana,18 de noviembre de 1927-Nueva York, 10 de noviembre de 2012) solo tenía breves referencias. Conocía, mediante el Seminario de Teatro para Niños, impartido por la profesora Mayra Navarro en el Instituto Superior de Arte de La Habana, algo de su leyenda, sus características personales y su contribución artística al teatro de figuras nacional e internacional.

En 1991, durante mi participación junto a Teatro Papalote en el Festival Mundial de títeres de Charleville-Mezieres, Francia, sostuvimos un pequeño encuentro con la maestra Margareta Niculescu, destacada directora artística rumana. Ella nos preguntó por Carucha Camejo y por los dos pepes, el Camejo y Carril. Recordaba aún con buen sabor la gira del elenco del Teatro Nacional de Guiñol por Rumanía, en 1969. Sentí en mí una laguna inmensa de conocimientos sobre experiencias, memorias y legados que nos pertenecían, como caminos legítimos de la familia titiritera cubana.

La huella luminosa de Carucha, su familia y su tropa de juglares, comenzaría a ser evocada en trabajos publicados en un boletín artesanal que realizábamos en Teatro Papalote bajo el singular nombre de La Mojiganga. Sahimell Cordero, joven líder de Teatro El Trujamán, nos envió un artículo sobre el encuentro con Carucha , en 1994, en su casa de Fontanar. Alguna que otra anécdota llego hasta nosotros de esta importante visita a la Isla tras largos años de ausencia. Nos contaron con ilusión su vuelta a los predios del Guiñol Nacional para ver una función con muñecos.

Hermanos Camejo

Los hermanos Camejo

De manera febril comenzamos a desempolvar ese “linaje”(1) maravilloso que ella inicia junto a los suyos en 1949. Desde Teatro de Las Estaciones nos volcamos a homenajear ese trazo mediante el estreno de títulos como Un gato con botas (1995), o incursionando en el teatro de figuras para adultos con un espectáculo nombrado El guiñol de los Matamoros (1998).

En 1999, junto a Yanisbel Martínez comenzamos una labor de investigación en grande. Hicimos una pesquisa de los posibles muñecos existentes en el país, y de los que podían existir en el extranjero. Entrevistamos a miembros, colaboradores y espectadores del Teatro Nacional de Guiñol. Esa búsqueda, con la imprescindible ayuda del titiritero villareño Allán Alfonso nos llevó hasta su casa, donde aún vive su hija Mirtha Beltrán. Comencé a escribirme con Carucha. Las cartas en papel, llegadas desde Nueva York, con caligrafía hermosísima, al estilo más antiguo, eran una fiesta para Zenén Calero y para mí. Mirtha pasó a ser nuestra hermana, Carucha, nuestra madre. De manera jocosa nos decíamos los príncipes y la Reina. Una soberana que desde lejos comenzó a enviarnos luces y una energía espiritual cosmogónica, que motivó la Exposición Un día, una vida, dedicada a Pepe Camejo, montada en la Galería El Retablo, durante la celebración del 4to Taller Internacional de Teatro de Títeres de Matanzas, en el año 2000.

Carucha Camejo y Rubén darío

Carucha Camejo y Rubén Darío en Nueva York, en el año 2000

La vida nos premió con una invitación para participar ese mismo año del Festival Internacional de Títeres Jim Henson, en Nueva York. Oportunidad única para conocer en vivo a Carucha Camejo, homenajearla desde nuestra representación, darle un abrazo sincero, decirle cuanto la queremos y recordamos en Cuba. La visitamos en su apartamento de la Avenida Columbus. Cocinó comida criolla para nosotros, nos regaló viejas cintas magnetofónicas con las voces jóvenes de ella, Camejo y Carril, entre otros integrantes de la mítica tropa. Fueron dos encuentros inolvidables que concluyeron con la vuelta de Carucha a su país, para la celebración de su cumpleaños 74 en Matanzas. Hubo puesta en escena (En un retablo viejo, texto de Norge Espinosa donde se recrea el estilo titeril de los años 50), exposición antológica de su obra para el retablo y fiesta por su onomástico en la UNEAC yumurina. Acudieron al homenaje, en el Teatro Sauto, algunos de sus alumnos de 1961 y 1962. Los fundadores del Guiñol de Matanzas, del Guiñol de Santa Clara y del Guiñol de Santiago de Cuba, entre otras personalidades que compartieron tiempos de trabajo con ella; pienso en Carlos Pérez Peña, Silvia de la Rosa o Armando Morales, entre otros maestros titiriteros, artistas noveles, autoridades y curiosos de nuestro arte.

Montajes de Las Estaciones como La caperucita roja, Pelusín y los pájaros, La caja de los juguetes, Pedro y el Lobo, El patico feo, Los zapaticos de rosa o La virgencita de bronce, fueron declarado tributo a ese rastro indeleble y gigante de los Camejo y Carril, y entre ellos la presencia de Carucha como única sobreviviente de ese trío de oro, con todos los recuerdos frescos y organizados, junto a consejos siempre a tiempo para los que llegamos después.

El libro Mito, verdad y retablo: El guiñol de los Camejo y Carril, firmado por Norge Espinosa y por mí, ganador del Premio de Investigación Teatral Rine Leal, en 2009, cierra momentáneamente un ciclo de indagaciones sobre la poética escénica del Teatro Nacional de Guiñol. Una etapa en la historia de nuestro teatro de muñecos que aún merece mucha más atención, justicia, respeto y promoción. Esa trayectoria  define y explica quienes somos hoy. Carucha, nombrada en mayo de 2012 como miembro de honor de UNIMA Internacional, en el 21 Congreso de la organización, celebrado en Chengdú, China, seguirá siendo nuestra Reina. Una emperatriz que no solo fue ejemplo de belleza femenina, sino de inteligencia, de creatividad, de rigor, pasión y sacrificio. Las maestras como ella no mueren nunca, han construido su palacio en zonas fértiles, en terrenos donde  crece una fronda infinita, ramajes culturales que se alzan desde la profundidad de la tierra y llegan al infinito en eterno ascenso.

(1)  Término que gusta de usar el maestro titiritero Pedro Valdés Piña, con justificado orgullo.


Carucha y la Luna
por René Fernández Santana.
Premio Nacional de Teatro y Presidente de la UNIMA Cuba.

Nunca he confesado esto. Son huellas líricas a su alma. He admirado a seres que superan la conciencia y Carucha Camejo me produce ese asombro. Recuerdo su majestuosidad ante las cortinas, su perseverancia y rigor en sus ensayos, su discreta elegancia al accionar un títere de varillas, su doma de un títere con la cachiporra, su andar celeste de justas palabras en la escena, el sonoro secreto de las voces que concedía a sus personajes y su integral sapiencia del universo titiritero.

Carucha Camejo

Carucha Camejo con Pelusín del Monte

Siempre los personajes de la Luna que aparecen en mis obras tienen algo del decir de la maestra Carucha. Su versatilidad en su sonrisa la hacía ser un astro luminoso.  Siempre ha sido mi Luna y ella misma es la Luna. La del Papalote de Domingos por la mañana, la de los Cazadores de estrellas y el Circo imaginario, la laboriosa del Huerto y los tomates rojos, rojos, la de las palabras en los habladores actores, la pescadora consejera de Felipito, la cazadora del Cocodrilo verde, la de Dorotea, que se mira y se vuelve a mirar en su espejo, la de Okin eiye ayé guardando la libertad dentro de su plateado vientre, y todas las Lunas que me faltan por escribirle. Carucha: poseedora y cautiva del oficio de los retablos en el monte de sus manos.

Carucha Camejo

Carucha Camejo en los años 50

El rio y sus crecidas no arrastraron tu presencia, encontraron su cauce y sus arenas el horizonte en el símbolo del títere cubano. Tu recuerdo de gran titiritera sigue grabado: nunca se fue, nunca nos abandonaste, nunca abandonaste esta isla. Siempre hemos estado junto a ti, hoy se ha roto el silencio. Penélope a la luz de la Luna nunca destejió tu nombre. Las estrellas en sus nocturnas conversaciones ante la patria y la partida hacia el amanecer, buscaron tu otra mirada, la segura, la encantadora, la más sutil, la de maga, la de creadora de un comienzo que no tiene fin. La Luna rezó tu arte. Carucha, nos acompaña con sus sabias palabras: “El títere es para vivirlo y hacerlo vivir”.

Siempre esperamos una justicia de la cultura. Un claro de Luna, pero fue demorado. Desfavorecedor. Se perdió la voluntad de muchos espíritus. Difíciles momentos del agresor pensamiento a la identidad cultural. Este ejército de titiriteros está obligado a trasladar tu legado-leyenda como una misión a todo lo nuevo. No hay despedida. La Luna aún silba tu canto, Carucha.

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