Tenemos el honor de publicar en Titeresante el testimonio de una iniciación en las artes de los títeres napolitanos, allí llamados guaratelle, que tienen a Pulcinella como protagonista. Un testimonio redactado por el mismo titiritero que vivió este proceso, Pere Bigas, audaz y redomado aventurero, que ya con anterioridad ha vivido experiencias de viajes tan insólitos como intrépidos con la compañía Marionetas Nómadas (ver aquí en Titeresante y aquí en Putxinel·li).

Dada la extensión de esta crónica aventurera, la hemos dividido en tres partes:

I- Rumbo a Nápoles
II- Tiempos de pandemia
III- Cruzar el umbral

RUMBO A NÁPOLES

Todo empezó como un sueño loco e insensato: navegar a Nápoles a bordo del velero Argos Maltés para aprender el arte de las “guarattelle”. Esta centenaria tradición de títere de guante napolitano que tiene a Pulcinella como protagonista es el origen de buena parte de las distintas tradiciones de títere de guante popular europeo y, para mí, es también la más pura e interesante de todas ellas.

Nápoles, con el Vesubio al fondo. Foto de TurItalia

Nos hicimos a la mar un soleado día de diciembre desde Barcelona. Pero antes pusimos proa a Tunisia para participar en un festival de teatro. Por miedo a no llegar a tiempo, salimos con una previsión meteo no muy favorable que, en la realidad, fue mucho, mucho peor. Casi naufragamos. Pero logramos llegar y actuar. Después vinieron las fiestas navideñas reparando el barco fuera del agua en el varadero de Bizerta y el fin de año al timón del Argos cruzando el canal de Sicilia. Finalmente, a mediados de enero de 2020, amarramos sanos y salvos en el puerto de Mergellina, en Nápoles.

CASA GUARATTELLE NUNZIO ZAMPELLA

Tras por lo menos 450 años de actividad titiritera ininterrumpida en las calles de la ciudad, el último “guarattellare” en activo a finales de los años 70, primeros 80, era el maestro Nunzio Zampella. También vivía Giovanni Pino, aunque ya no ejercía. Su arte no se fue con ellos a la tumba gracias a un joven arquitecto llamado Bruno Leone que se interesó por la tradición, la estudió, la documentó y empezó, al principio a espaldas de su maestro Zampella y después junto a él, a dar funciones de “guarattelle” salvaguardando y asentando lo que hoy podría entenderse como la versión más canónica del espectáculo tradicional. Bruno lleva 40 años de su vida dedicados a Pulcinella, ha sido maestro de la mayoría de los mejores “guarattellare” que hoy triunfan en escenarios de medio mundo y ha abierto junto a su virtuosísima discípula Irene Vecchia el primer teatro dedicado a este arte en la historia de Nápoles. Se llama Casa Guarattelle Nunzio Zampella, es muy pequeñito y acogedor, abrió sus puertas en abril de 2019.

El pirata de Pere Bigas frente al Argos Maltés

Les habíamos contactado meses antes diciéndoles que veníamos a aprender acerca de Pulcinella, no que soñábamos que nos enseñaran ellos. Más o menos lo mismo les dijimos, y lo mismo ocultamos, a Bruno y a Irene, cuando les visitamos en Casa Guarattelle al poco de llegar. También les preguntamos por sitios donde pudiéramos dar alguna función de nuestro espectáculo de marionetas “El Tesoro del Pirata”, pues de algo tendríamos que vivir durante aquel tiempo, y no solamente nos sugirieron varios sino que también nos ofrecieron actuar un día en el teatro fuera de programa y nos prestaron las llaves para poder ir a ensayar. Antes de despedirnos, nos invitaron a acompañarles junto al colectivo de artistas de calle de la ciudad a la procesión de San Antonio Abate del día siguiente, 17 de enero.   

¿CÓMO NACE UNA TRADICIÓN?

¿Cómo nace una tradición? Pues no lo sé. Pero sé cómo nació ésta: hace casi 40 años Bruno Leone decidió que, no sabiendo si Pulcinella es humano o es una bestia, sería buena idea (por si acaso fuera bestia) ir a pedir la bendición que Santo Antonio otorga ese día a los animales domésticos y de granja. Desde entonces su Pulcinella no ha faltado a la cita y año tras año más y más artistas de todo pelaje se han ido sumando a la iniciativa, convirtiéndose en una tradición. Así que, disfrazados todos, enmascarados algunos, y capitaneados por Angelo Picone (más conocido como Il Capitano) con vestido y máscara de Pulcinella, cruzamos cual festiva procesión el centro de Nápoles cantando y tocando a Santo Antonio. Frente al cura, ya en la puerta de la iglesia, el Pulcinella títere de Bruno Leone hizo una pequeña función protagonizada por Santo Antonio y el Pulcinella actor, el Pulcinella encarnado por Angelo, leyó con la exagerada gestualidad de la Commedia dell’Arte el auca del santo. Cantamos al son de la música y luego, arrodillados y con los títeres de un demonio y un pirata enfundados en las manos, recibimos todos la bendición del sacerdote. Los siguientes, creo recordar, fueron dos perritos y un gato.

NÁPOLES Y LA COMMEDIA DELL’ARTE

El regreso al local de la Asociación de Artistas de Calle sita en Vico Pazzariello, a escasos pasos de Casa Guarattelle, fue un viaje en el tiempo. Al son de acordeones, guitarras, tamburos o panderetas, zampoñas y otros instrumentos, atravesamos un bullicioso mercado popular de la ciudad. En cada puesto cantábamos a Santo Antonio, manipulábamos títeres y marionetas y se bailaba mientras el pícaro Pulcinella de Angelo, haciendo honor a la irreverencia y glotonería de la máscara, moviéndose con alegre desparpajo, pedía con descaro fruta, carne, pescado, pan, vino o verduras a cada tendero para poder alimentar, les contaba, a la pandilla de devotos artistas con hambre que capitaneaba. Casi en todos los negocios nos ofrecían algo y acto seguido estallaban los gritos de júbilo, el canto, la música… y la comitiva avanzaba hasta la siguiente parada. Un señor de una tienda de ropa insistió entusiasmado en hacernos entrar. Le brillaban los ojos viéndonos cantar, tocar y bailar para él solo. Luego sacó 50 euros de la caja y nos proveyó de guantes, ropa interior y calcetines para pasar calentitos el invierno. El mercado entero, Nápoles, recibía, celebraba, toleraba, asumía, deglutía, incorporaba y coronaba todo aquel exceso y toda aquella fiesta creyente y pagana, solemne y farsesca. Apenas hacía un par de días que habíamos desembarcado y Nápoles se nos aparecía como teatro, fiesta, alegría, desparpajo, hambre y picaresca y nos transportaba siglos atrás hasta el medioevo, o el Renacimiento o el Barroco, y nos hacía sentir parte de una numerosa compañía teatral callejera, una napolitanísima compañía de Commedia dell’Arte que pasa el sombrero en el mercado, llenándolo de comida y vino, en medio de la algarabía y el desorden.

Cargados todos con instrumentos, títeres, botellas y bolsas de comida, llegamos a la sede de la asociación y la comilona y la jarana se alargaron por horas. Una de las cosas especiales de los napolitanos es que te hacen sentir uno más de la pandilla desde el primer día. Y una de las artistas que conocimos en esa interminable sobremesa se convertiría en mi maestra, amiga y hermana de “pivetta” casi dos años después: Federica Martina, la única titiritera que trabaja a sombrero con Pulcinella en las plazas de la ciudad.

CANOVACCIO TRADICIONAL Y NUEVO REPERTORIO

Ese mismo fin de semana fuimos a ver nuestro primer espectáculo en Casa Guarattelle. Actuaba el maestro Bruno Leone con su “Sant’Antonio”. En él el personaje principal, el santo, habla con la estridente voz de Pulcinella producida por la lengüeta, su personalidad tiene claros ecos pulcinellescos (las escenas puntuadas siempre por la musicalidad y el ritmo) y los distintos episodios de su vida encuentran un acomodo orgánico y natural en las rutinas clásicas del “canovaccio” o trama del espectáculo tradicional. Fue una brillante demostración de la maleabilidad y del potencial que ofrece el armazón Pulcinella a la hora de contar nuevas historias de la forma implacablemente eficaz que 500 años de rodaje en la calle otorgan.

Bruno Leone

“Para que la tradición perviva, hay que renovarla”, diría Bruno. Al mismo tiempo que ha llevado su Pulcinella, ejecutado a la manera tradicional napolitana, por escenarios de medio mundo, tiene registradas nada menos que 42 obras originales en las que o bien el protagonista es Pulcinella metido en distintas lides (encerrado en el manicomio, confrontado a la guerra, transmutado en Don Pulcinella de la Mancha, en cualquier caso siempre en naif lucha por la justicia social y/o la libertad), o bien lo es un personaje al que imbuye de espíritu pulcinellesco. Puede parecer sorprendente en un “miscredente” como él, y al mismo tiempo coherentemente napolitano, que a menudo elija como protagonistas de sus obras a santos y santas cuyas vidas suelen ser apasionantes: como ejemplos, el ya mencionado Sant’Antonio, Santa Patrizia (copatrona de la ciudad, la sangre de la cual se licúa milagrosamente como la de San Gennaro cada martes tras la misa en la iglesia de San Gregorio Armeno) o “Jesús Malverde” (una especie de Robin Hood mexicano que es hoy venerado como un santo por parte de narcos y delincuentes).

¿CUÁL ES EL ESPÍRITU DE PULCINELLA?

Más allá de que aparezca con su apariencia clásica vestido de blanco y con máscara negra, o con la de cualquiera de sus reencarnaciones o alter egos, ¿cuál es el espíritu de Pulcinella? Pues probablemente sea la contradicción: Pulcinella es listo y es bobo, lógico y absurdo, servil y soberbio, miedica y valiente, tierno y cruel, revolucionario y conservador al mismo tiempo. Dependiendo del momento o la escena, dependiendo del titiritero o titiritera que le da vida, unas u otras cualidades toman protagonismo, pero todos los Pulcinella son Pulcinella, siempre.

De igual manera, el espectáculo se puede ejecutar de forma más musical o con más diálogo, más lenta o más frenética, más dulce o más violenta, más coreografiada o más improvisada, pero siempre es Pulcinella. Además, existe otra ambivalencia fundamental: Pulcinella es ambiguo también respecto a su género, no sabiéndose con certeza si es hombre o mujer. Por si fuera poco, Pulcinella nació ¡de un huevo! Su nombre, su vestuario y su voz son andróginos. Y no solamente lo dicen los intelectuales sino que lo perciben los niños: es habitual (o por lo menos yo lo he escuchado algunas veces) escucharles preguntar a sus padres, incluso al mismo títere durante la función, si es un chico o una chica.

Pulcinella saliendo del huevo. Museo di Pulcinella de Acerra

Pulcinella trasciende a sus “sirvientes” transitorios (pues los titiriteros que le dan vida han muerto, mueren y seguirán muriendo mientras que Pulcinella permanece) y por lo tanto cabría decir que el personaje de Pulcinella vive fuera del tiempo.

EL DENOMINADOR COMÚN, LOS ARQUETIPOS Y EL RITO

¿Pero qué denominador común podemos encontrar en su figura? Se trata de un libertario “per la gioia di vivere” (alegría de vivir), un revolucionario sin ideología que, espoleado por el amor representado en la figura de su novia Teresina, enfrenta los peligros del mundo natural (simbolizado a modo de arquetipo antagonista por “il cane” o el perro), la amenaza de nuestros congéneres (simbolizado por “il guappo” o camorrista), la opresión de la moral y del estado (el cura, el policía, el verdugo) y, finalmente, el miedo a la muerte (representado por el personaje de la Muerte). Sobre todos ellos se alza victorioso a bastonazos y cual mítico héroe popular el gran pequeño Pulcinella para luego celebrarlo con su amada Teresina. Hace por lo menos 500 años que las líneas fundamentales de este “canovaccio” o argumento se repiten una y otra vez en los humildes teatrinos de los “guarattellare”. Se trata de un espectáculo ancestral y catártico que esconde poderosos e inmemoriales símbolos que confieren una secreta e inconsciente ritualidad a su puesta en escena. Si algún titiritero en el mundo es consciente de ello, éste es sin duda el maestro Bruno Leone. Sabedor de que los ingredientes con los que trabaja son sagrados y mistéricos, su entrega a la improvisación y al duende de la posesión divina hacen de él una especie de místico canal de la divinidad Pulcinella. Como él a menudo recuerda, él no eligió a Pulcinella sinó que fue Pulcinella quien lo eligió a él. Para profundizar en esta concepción ritual de las “guarattelle”, recomiendo ver la charla que Bruno dio en diciembre de 2021 en la Universidad de La Sapienza de Roma (ver aquí).

LA UNIVERSALIDAD DE PULCINELLA

Pulcinella como personaje, y los titiriteros que lo trajinan, son de naturaleza viajera. Bruno ha paseado su Pulcinella por los cinco continentes: de la selva zapatista a los campamentos saharauis pasando por el Amazonas y el África negra. Sea donde sea y aun haciendo el espectáculo en napolitano, el público no solo sigue la historia sin problemas sino que se destornilla de risa y se identifica con el protagonista. El espectáculo funciona allá donde va.

Bruno Leone hablando con Pulcinella

¿Por qué? Me atrevo a aventurar varias razones: por un lado, el espíritu libertario y ácrata de Pulcinella conecta con anhelos de libertad que cualquier persona atesora de forma más o menos secreta dentro de sí. Especialmente, con los anhelos de libertad de las personas que históricamente han sido más oprimidas por la sociedad, las pertenecientes a las clases populares. No es casualidad que el personaje de Pulcinella sea un “zanni” o criado en la Commedia dell’Arte. Ni que las épocas históricas de mayor control social sobre el pueblo hayan coincidido con momentos de eclosión del género como es el caso del descendiente inglés de Pulcinella, Mr Punch, durante la puritana época victoriana.

Otro motivo que explicaría la universalidad de Pulcinella es la síntesis mínima que representa su argumento sencillísimo con personajes arquetipo, como más arriba señalábamos. Los conflictos son tan simples, y los personajes que los protagonizan tan caricaturizadamente reconocibles, que se convierten en universales.

En este punto cabría confrontar dos hipótesis distintas, que a mi entender no se excluyen la una a la otra. La idealista apuntaría a que la universalidad de Pulcinella se explica porque el canovacio o argumento tradicional pone en juego un mecanismo ritual-teatral con puros arquetipos y símbolos universales. La hipótesis materialista se fijaría en cambio en las condiciones de trabajo de aquellos titiriteros que cruzaban fronteras intentando ganarse la vida con su Pulcinella, hecho que les obligaba a actuar frente a públicos cuya cultura y lengua a menudo desconocían, motivo por el cual elegirían conflictos básicos y personajes tipo para facilitar la comprensión y potenciarían lo gestual, lo rítmico y lo musical en detrimento de largos diálogos.

Hay registros históricos que demuestran la expansión de titiriteros napolitanos por toda Europa a partir del 1600. Incluso sabemos que el canovaccio o línea argumental de sus espectáculos en aquellas lejanas tierras siglos atrás es prácticamente el mismo de hoy en día en la tradición napolitana. Pero generación tras generación de titiritero, aquel Pulcinella fue mutando en sus características exteriores (en ocasiones perdiendo la voz de la “pivetta”, o cambiando de aspecto, de lengua, de canciones, incluso de personajes secundarios, complejizándose la trama) y adaptándose a cada realidad nacional (aunque manteniendo a través de todas sus metamorfosis el espíritu rebelde del original napolitano). Fue así como nacieron el inglés Mr. Punch, el español y francés Polichinela, el alemán Kasperl, danés Mester Jakel, el húngaro Vitezl Laszlo, el portugués Dom Roberto, entre otros… Es lo que algunos han venido a llamar como las rutas de Polichinela (ver aquí).

En Catalunya no existe ningún documento que demuestre que la palabra “putxinel·li” (sinónimo de títere en catalán) provenga de Pulcinella, pero parece bastante evidente que así sea. Lo que sí sabemos a ciencia cierta es que otro sinónimo de títere, “titella”, viene del nombre de un personaje llamado Titella, protagonista de multitud de obras de distintas compañías de las que se conservan libretos, afiches, anuncios, etc. Por la misma lógica, no sería descabellado aventurar que tal vez algún día también existiera un tal Putxinel·li cuyas obras y memoria se perdieron en el tiempo. Asimismo, me gusta pensar que la palabra más habitual en el catalán de la isla de Mallorca para decir títere, “tereseta”, nació también como una metonimia de un supuesto personaje femenino de nombre Tereseta, catalanización del napolitano Teresina, novia de Pulcinella.

LOS MAESTROS, LA SCUOLA DELLE GUARATTELLE Y LA DE LA CALLE

Cuando tras no sé qué espectáculo en Casa Guarattelle, andando por el centro histórico de Nápoles, le pedimos a Bruno que fuera nuestro maestro… no nos dijo que sí abiertamente pero tampoco nos dijo que no. Y aunque Bruno nos prestaría libros y viejas grabaciones de los maestros, nos invitaría a su casa donde nos ayudaría en nuestros primeros pasos con la “pivetta” o lengüeta, nos visitaría en el taller donde nos aconsejaría acerca de la construcción de los títeres y compartiría siempre generoso con nosotros su saber, lo cierto es que nunca nos adiestró en el manejo de los títeres y a lo máximo que accedió fue a autodenominarse nuestro “maestro informal”. Era como si acompañara nuestro proceso, pero con cierta distancia.

Me consta que otros jóvenes titiriteros interesados en las guarattelle se han sentido algo desorientados al acudir a Bruno Leone como maestro. A menudo han encontrado en el otro gran maestro histórico de este arte, Salvatore Gatto, a un guía más concreto en la transmisión de los detalles técnicos del espectáculo y tal vez por ello se hayan sentido más acompañados en el proceso de aprendizaje. Parece una obviedad pero es que cada maestro tiene su forma de enseñar.. y además enseña lo que le parece más importante. En cualquier caso, probablemente la mejor escuela de las guarattelle que nunca haya existido fue la que armaron ambos maestros en 2000, 2001 y 2002 y que llamaron “Scuola delle guarattelle”. El formato era interesante: dos meses intensivos al año, a lo largo de tres años, para dejar tiempo suficiente para que los alumnos pudieran ir madurando y desarrollando su personal acercamiento a Pulcinella. El éxito de esta experiencia se puede medir por los grandes guarattellari que nacieron de ella, siendo Irene Vecchia, Gianluca di Matteo y Selvaggia Filipini tal vez los más reconocidos a nivel internacional.

No obstante, creo que tanto Bruno come Salvatore estarían de acuerdo que la mejor escuela es la calle. Cuando, a principios de marzo de 2020, mostramos a Bruno nuestros títeres recién construidos y le dijimos algo así como que estábamos listos para empezar a ensayar, Bruno respondió: “esto no se ensaya, se tiene que hacer con público y en la calle. La semana que viene saldremos juntos a trabajar”. Desgraciadamente, pocos días después toda Italia empezaba a confinarse a causa de la pandemia.