Siempre es un placer asistir al arranque de un festival que, desde la modestia de situarse en una población de unos 17.000 habitantes, se afirma con rotundidad como uno de los más dinámicos y exigentes de la región. Una población pequeña, Ovar, situada al sur de Porto que sin embargo encabeza un municipio compuesto por 8 freguesías, con una área de 149,88 km² y 55.198 habitantes, lo que le da una densidad de población nada desdeñable de 368,28 habitantes/km².

Nuno Pinto, miembro de la Junta de Freguesía de Ovar, es el alma mater actual del evento, un abogado que se ha tomado muy en serio la tarea de dinamizar culturalmente su ciudad a través del arte de los títeres. Aún estando basada en una estructura humana de voluntariado, se nota el perfil profesional de quién está acostumbrado a trabajar en el sector privado y a intermediar en el inevitable duelo diario con las administraciones públicas. Seriedad, rigor presupuestario, pago inmediato a los artistas, organización impecable dentro de las humanas limitaciones de un festival concentrado en tres únicos días de actividad.


En efecto, el FIMO se inscribe claramente en una calculada e inteligente estrategia de situar Ovar en el mapa cultural del país, de la Península y de Europa, en definitiva. Hoy en día, lo pequeño no quita lo valiente, y el arte de los títeres constituye un lenguaje universal capaz de unir la tradición con la vanguardia, lo popular con lo elitista, el espectáculo solista con la compañía numerosa, lo local con lo global. Un nombre, un artista, un espectáculo, un festival, cuando destaca por alguna u otra razón de singularidad, tiene el poder de irradiar una conmoción mediática insospechada. El mundo de los festivales y del teatro de títeres constituye una red de enorme dinamismo que enlaza el mundo a través de nudos en todos los lugares del planeta pero sin la saturación que existen en otros dominios artísticos. Todo ello explica que en la actualidad sea posible pensar estrategias de posicionamiento global desde posiciones modestas de eventos como el que plantea el FIMO de Ovar.

Exposición del Museu da Marioneta de Lisboa en el Museo de Ovar

Muy acertada ha siso la idea de mostrar esta pequeña pero contundente exposición itinerante del Museu da Marioneta de Lisboa, con la finalidad de iniciar de un modo general al visitante en el arte y la tradición de los títeres. Acertada porque con la excusa de ver la exposición temática antes y durante los días del festival, uno se siente obligado a entrar en el museo de la ciudad, situado en una antigua casa noble de mediados del siglo XIX, sita en la Rua Heliodoro Salgado, n.º 11.

Marioneta de Manuel Rosado, Museu da Marioneta de Lisboa.

El Museo, fundado en 1961, consta de un impresionante fondo compuesto de más de 500 mil piezas -la mayoría de ellas guardadas en las reservas del museo-, con varias salas que buscan reproducir el interior de una casa típica de Ovar, con sus muebles característicos y con maniquís de talla humana vestidos con los trajes regionales correspondientes. Esta función de museo etnológico local se complementa con una hermosa sala dedicada al arte de la apicultura -la crianza de las abejas y la recogida de la miel-, o a los azulejos, con muestras de las tres variedades usadas en la construcción de las casas de la región, correspondientes a las tres fábricas que antiguamente había en Oporto.


Hoy estas fábricas ya no existen y los azulejos que se utilizan son más simples, aunque siempre es posible encargar los viejos modelos si uno está dispuesto a pagarlos.

En este sentido hay que decir que los azulejos constituyen en Ovar un bien patrimonial y un elemento diferenciador que establece y marca la imagen y la historia de la ciudad.


No por algo existe la expresión “Ovar, Cidade-Museu Vivo do Azulejo”, atribuida al museólogo y profesor Rafael Salinas Calado, y que se debe a la cantidad y diversidad de fachadas azulejadas de los siglos XIX y XX. Para salvaguardar este patrimonio cerámico, la Cámara Municipal de Ovar creó en el año 2000  el importante Atelier de Conservação e Restauro do Azulejo (ACRA).

Foto de Rita Branco.

El Museu de Ovar tiene tres salas consagradas a exposiciones temporales: una de ellas, la más grande situada en la planta baja, es la dedicada a la exposición de marionetas del Museu de Lisboa. Las otras dos, sitas en el primer piso, ofrecen en la actualidad dos exposiciones diferentes: una dedicada al pintor local José Luís Montero, y otra al conocido arte de las figuras populares de Estremoz (en el Alentejo portugués), a través de las obras realizadas por Jorge da Conceição, artista perteneciente a un longevo linaje de artesanos de Estremoz.

Jorge da Conceição. Foto de José Gonçalvez.

Vale la pena visitar esta pequeña muestra de un arte tan característico de Portugal como es el de las figuras que reproducen tipos populares, oficios cotidianos y elementos festivos y religiosos.

La señora Leonor Silva, guia del Museu de Ovar.

En cuanto a la exposición de marionetas, su principal virtud es, además de los textos y las imágenes que introducen al neófito en la historia y las variedades técnicas del género, la enorme calidad de las piezas presentadas, de las que destacaría las piezas de Manuel Rosado, así como las procedentes de Asia.

Roberto de Manuel Rosado. Museu da Marioneta de Lisboa.

Inauguración: discursos y concierto de Accordéon Mélancolique

En una pequeña carpa habilitada en el Jardim do Cáster, tuvo lugar la ceremonia de inauguración con los obligados parlamentos a cargo del director del FIMO, Nuno Pinto, y de los representantes políticos de la Cámara Municipal y de la Junta de Freguesía.

Discursos que incidieron todos en el deseo de impulsar el FIMO como uno de los motores simbólicos de dinamización cultural y turístico de la ciudad.

Y a modo de colofón artístico y musical, actuaron los dos músicos intérpretes de Accordéon Mélancolique llegados de Holanda: Chérie de Boer y Jean-Pierre Guiran.

Un reconocido dúo de acordeones, muy popular en las Tierras Bajas, que deleitó al público con preciosos temas de registro popular pero de autoría propia, entre la canción francesa y el blues. El dominio que mostraron de los dos acordeones fue realmente extraordinario, dando fuelle a los pulmones de sus dos potentes instrumentos con respiraciones perfectamente armonizados entre sí.

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