Cuando se analiza el ecosistema del mundo de los títeres, se habla mucho de compañías, festivales, solistas titiriteros y programadores, pero poco de las salas privadas que se han atrevido a abrir un teatro para los títeres. Un atrevimiento que suele pagarse caro. Pero lo que constituye además una rareza es que el gerente de una de estas salas reflexione y exponga criterios y experiencias. Es el caso de Esteban Villarrocha Ardisa, director gerente del Teatro Arbolé de Zaragoza, histórico programador y empresario de lo pequeño, que sin embargo, con la tozudez maña que caracteriza a los titiriteros aragoneses, ha alcanzado unos máximos sorprendentes: una sala de 220 plazas, programación estable para escuelas, público familiar y nocturno, abierta también a otros géneros teatrales, una ubicación privilegiada en el Parque de las Aguas Luís Buñuel de Zaragoza, y una financiación regularizada después de años de sufrir lo indecible. Una sala que desde un comienzo se hermanó con las llamadas Salas Alternativas del país y que continúa fiel a la Coordinadora que las unió.

Teatro Arbolé
Vista exterior del Teatro Arbolé.

El texto que publicamos es la ponencia que leyó en septiembre de 2016 Esteban Villarrocha Ardisa en la Feria de Teatro y Danza de Huesca. Palabras que nos ayudan a comprender la labor de un gerente de un teatro privado de títeres, que debe comportarse como un empresario aún sin serlo realmente, en el sentido de ‘quién actúa para ganar dinero’. Una suma de contradicciones que Villarrocha desbroza con magistral claridad, abriendo caminos al futuro de la gestión teatral, un oficio que el diablo carga de tremendas paradojas. Como ejemplo, el magnífico decálogo que nos ofrece como base propia de programación, diez puntos que nos aclaran el sentido íntimo y secreto de Arbolé, en su praxis y en su filosofía.

Teatro Arbolé
Frontis del retablo de Arbolé con Pelegrín.

Como dijo en la presentación: ‘Os dirijo estas palabras con humildad, pero con la pequeña sabiduría que da la experiencia y el viaje vital por una profesión que, aunque elegida libremente, el tiempo la ha convertido en un compromiso con la vida. Estas son reflexiones sacadas del mapa de mi trayectoria profesional y reconozco que soy un hombre enfadado, aclaro, más enfadado con el optimismo de la voluntad que con el pesimismo de la inteligencia.’ Quizás por eso le puso el título que lleva.


EL FIN DE LAS CERTEZAS

Con el subtitulo que explica el verdadero motivo de la charla:
Incertidumbres y metodología de mi actividad profesional programando teatro para niños y niñas durante más de 25 años.

A mi, aviso, me gustan más las preguntas que las respuestas. ¿Serán los estudios de latín y griego, que realicé en mi juventud, hoy casi desaparecidos?. Puede ser. Por eso la charla estará llena de preguntas para las que no tengo certeza ninguna; he tratado,con estas palabras que hoy comparto, deordenar algunas cosas de lo aprendido en más de 35 años dedicado al mundo de la Cultura y la Educación; buscando en la memoria me surgen preguntas que no tienen un orden lógico y hoy solo tengo 15 minutos para expresar mis inquietudes, por eso vamos con las preguntas:

Esteban Villarroche
Esteban Villarrocha.

¿Cómo definir la función del programador cultural?, ¿es lo mismo en el ámbito público y privado?. ¿Qué relación hay, si la hay, entre ocio y Cultura?, ¿entre ocio y educación?, ¿entre arte y entretenimiento?. ¿Cómo rellenan los seres humanos su tiempo libre?, ¿el tiempo libre es libre ó estamos condicionados a consumirlo?, ¿la utilización del tiempo libre se mercantiliza?, ¿ir al teatro es ocio, cultura, educación, entretenimiento…?, ¿existe un ocio inteligente?. ¿Quién decide ir al teatro en el ámbito familiar?, ¿en la escuela quien prescribe teatro?, ¿cómo segmentamos los públicos y para qué?, ¿el modelo cultural de las industrias creativas es válido hoy en día?, ¿qué papel juegan los niños/as en la sociedad de consumo como teóricos usuarios de actividades culturales?, ¿la cultura es o no es entretenida?, ¿hemos perdido el derecho al aburrimiento?. ¿Ofrecemos teatro para despertar interrogantes?, ¿hay, o debe haber, relación entre conocimiento y entretenimiento? Muchos frentes abiertos y un eufemismo: cada vez hay menos público en el Teatro que algunos queremos y soñamos, y un motivo puede ser que no respondemos a estas y otras preguntas de necesaria respuesta para programar.

Llevo 25 años programando teatro para niños y niñas desde el sector privado y os aseguro que las pocas certezas que tenia en los inicios, hoy se han convertido en incertidumbres, no puedo asegurar nada, solamente certifico y aseguro que estoy en el sector de las industrias creativas, porque así lo han decido otros, me han alejado de lo que yo entendí en mis comienzos que era la actividad cultural. Entonces sabía que la educación era el comienzo de la cultura y la cultura la continuación de la educación. Abogaba por el uso y acceso universal a la cultura y por una educación pública que permitiera el fin de las desigualdades y la mejora de la conciencia colectiva. Tenía la certeza de que la educación y el acceso a la cultura nos haría más libre, más iguales, más solidarios. Hoy, me han condenado a ser empresario teatral, un viaje extraño y confuso, y como tal actúo.

Teatro Arbolé
Pablo Girón, Iñaki Juárez, Ana Abán y Esteban Villarrocha.

Las certezas del comienzo me hicieron desarrollar un modelo de desarrollo cultural basado en el común, que hoy lamento decir se ha desvanecido. Ahora, como os decía, soy empresario, y la excepcionalidad cultural, tan deseada, se ha convertido en industria creativa. En este viaje he visto como se mercantilizaba la propiedad intelectual, convirtiéndola en un producto de uso, con valor y plusvalía. El modelo del Estado protector que facilito el desarrollo de un nuevo modelo basado en la mercantilización de la cultura, se desentiende lentamente de sus obligaciones. El pretendido bien común de la cultura pasó a considerarse propiedad individual del artista, olvidándose del pro común, de lo colectivo y comunitario, olvidando a los ciudadanos y ciudadanas y su relación con el hecho cultural como necesarios para el hecho artístico.

Hoy, creo, no podemos afirmar que hay bases objetivas para poder planificar y realizar una programación para publico escolar y familiar, que mantenga como prioridad objetivos didácticos plausibles y que nos permita una sociedad más libre, más igualitaria, más fraterna, cuando la sociedad civil prefiere el entretenimiento al conocimiento algo se ha perdido en las certezas que teníamos.

Difícil tarea tratar de dar contenidos a un programa cultural para niños y niñas, y aún con todo, no dejo de intentarlo constantemente, sino no estaría aquí con ustedes. Como os decía al principio, es el pesimismo de la inteligencia.

Antes de continuar quiero avisar, y espero que todos estemos de acuerdo, que la democracia solo es posible con personas que puedan pensar libre y críticamente, personas autónomas; sé que en democracia es tan importante la transparencia como la participación, pero con trasparencia se pueden acometer mucho mejor los procesos participativos; sé que sólo el pensamiento y el conocimiento bien adquirido es fuente de nuevos ideales, pero la sociedad hace todo lo posible por obstaculizar la producción de pensamiento, sobre todo cuando este no se acomoda a los parámetros del poder. Entiendo la democracia como un estado de la sociedad, no como una forma de gobierno

Sé que en estos últimos años asistimos como espectadores a lo que los situacionistas de los años sesenta llamaron sociedad del espectáculo. Pero aún así quiero intentar contarles como me planteo desde hace 25 años la programación de un Teatro dedicado en un 80 % a los niños/as y al público familiar.

Iñaki Juárez
Iñaqui Juárez.

Fundamentalmente no programo, suelo COMPARTIR TEATRO, con las familias, con las escuelas y con los educadores. Pero a la hora de elegir una propuesta artística aplico el siguiente código O decálogo:

Por ética y estética. Las gentes del teatro, y más los dedicados a manejar títeres, son gente viajera, amigas del vino y la conversación. En esas noche en lugares comunes hemos hecho oficio y hemos dictado norma deontológica para recibir y compartir teatro. Es un criterio imparcial pero solidario. Se consigue cierta complicidad. Los niños y niñas como público del presente reciben las creaciones fruto del pecado de los artistas. Este concepto implica respeto al creador y al artista tanto en sus necesidades como en sus posibilidades.

Por amor al arte, nuestro teatro esta abierto a la gente que comienza y a los grandes profesionales en gira. Viajes de ida y vuelta. Son gentes que aman el oficio y tienen actitud para el teatro. La exhibición es parte de lo que devolvemos al oficio, parte de lo que el oficio nos da. Vivimos de gestionar y decidir a veces el placer del espectador. Muchas veces ese amor al oficio obliga a mantener una programación.

Por finanzas poéticas, no siempre se llega a las pretensiones de los artistas, nosotros nos creemos más artesanos que artistas y jugamos con conceptos de clase. Somos y nos sentimos trabajadores de la cultura. Jugamos con economías precarias y buscamos la CORRESPONSABILIDAD con los creadores y artistas.

Por irracionalidad. Las cosas más irracionales que nos proponen son programadas. A veces llamo irracionalidad a mi propio gusto. No tiene sentido económico arriesgar por propuestas de gente joven o por propuestas artísticas poco habituales, pero hay que hacerlo, sin ser un hecho racional es una necesidad. Las propuestas deben ir de la tradición a la vanguardia, completar el ciclo y guardar memoria de donde venimos.

Por afinidad de ideas. La vieja máxima ácrata implica solidaridad con los creadores y artistas que están en sintonía ideológica. Esto procuro que se produzca siempre. La afinidad de ideas crea sinergias con el público que también comparte tu manera de ser y pensar. Un espacio teatral forma y es referente ideológico para el usuario. El público se identifica con el espacio.

Por racionalidad. Espectáculos que tienen que venir porque atraen a un gran número de espectadores. A veces el poema económico se salva utilizando propuestas que gozan del placer del público: los clásicos infantiles implican memoria y recuerdo. La racionalidad no implica lo bien hecho, solamente es lo que pide la realidad, no el deseo.

En Cooperación. Buscando líneas de intercambio de espectáculos con otras salas que tienen compañías residentes. Intentando crear siempre red. La escritura del poema financiero, para mantener vivo un Teatro, pasa por ofrecer trabajo a cambio de trabajo. Esto que parece novedoso es tan viejo como el hombre. La cooperación como mecanismo de ida y vuelta.

Por necesidad. Hay ocasiones que existen compromisos ineludibles fruto de la excesiva dependencia económica que tenemos con la administración. Es parte del juego del poder: El político como programador coarta la libertad de programar pero se acepta por necesidad. Hay veces que uno se lleva sorpresas gratas y otras que acepta las imposiciones del político gobernante en ese momento.

Por ciclos. Es bueno y necesario establecer una serie de Ciclos anuales en la programación. Agrupar la exhibición por ciclos permite crear sistemas de abono para democratizar el precio de la entrada. Esta manera facilita la información y puede generar expectativas plausibles. A veces limita la diversidad. Dar a conocer todas las técnicas, todos los lenguajes, es necesario para formar al público más pequeño.

10º Porque sí. Esto es la norma más habitual y la veo en muchas de las  programaciones que consulto. Esta decisión siempre esconde excusas como la calidad, la excelencia de la propuesta, la innovación, etc. Todo esto son argumentos banales. Hay cosas que se hacen porque sí. Este planteamiento se ha instaurado en muchos teatros. El porque sí en principio ni es malo ni bueno. Es porque sí. Todos respondemos a esta condición, lo que hay que hacer es asumirla y responsabilizarse de esta actitud.

De este decálogo surge una programación que cada año recibe a más de 50 compañías y más de 200 artistas. Un sueño hecho posible y que goza del beneplácito del público (40.000 espectadores cada temporada).

Teatro Arbolé
Asientos del Teatro Arbolé.

PERO NADA SERIA POSIBLE EN ARBOLÉ SIN el Trabajo con la escuela y su proyecto didáctico. Quizás el elemento de segmentación de públicos más claro que manejo y que da verdadero sentido al proyecto del Teatro y a la programación.

Estar en contacto con las escuelas, con educadores y educandos, y colaborar con los que verdaderamente mueven los hilos del acercamiento al Teatro, permite que la programación se mantenga y sea sostenible con una fidelidad del público envidiable.

Toni Rumbau y Libélula
Juan Antonio Sanz,Toni Rumbau y Julio Michel frentre al primer Teatro Arbolé.

Sabemos de la necesidad, contribuimos a conseguirlo, de unir nuestra actividad con los diseños curriculares de las escuelas. Desarrollar las enseñanzas artísticas en la escuela, único lugar posible, creo yo, para estos menesteres. ¡Pongámoslo en práctica!

Nosotros podemos contribuir con nuestro trabajo y nuestra programación al proceso de aprendizaje, la educación es nuestra finalidad y la estrategia para hacer posible un mundo mejor. Nuestro Teatro tiene una vocación, fruto de una ética basada en la colaboración constante con el proceso de aprendizaje de los más pequeños. Es entonces cuando aparece la unión Teatro y educadores, Teatro y educandos. Traducido, algo que muchos tratan de falsear y/o detestan: LAS CAMAPAÑAS ESCOLARES como elementos que articula la presencia del público en las programaciones abiertas.

De alguna manera se contribuye a acabar con la disonancia cultural.

Los programas didácticos en torno al Teatro han cumplido una misión importantísima en los procesos de democratización y formación de una inquietud cultural, se quiera reconocer o no. Todo es criticable y de todo se puede hacer discurso negativo, pero el papel de democratización del acceso al Teatro que las Campañas Escolares han supuesto desde hace más de 25 años en España precisaría de un debate calmado. Dejémoslo para otro día. Pero no las critiquemos por criticar, pongámoslas en valor y hagámoslas visibles, es mi recomendación.

Si todo esto estuviera unido al quehacer del buen gobierno, si existe, estaríamos más cerca de conseguir una escuela pública, única, popular y laica. Insistiendo puede que llegue. Algún día entenderemos que la educación y la cultura nos hará libres. Aunque también tengo que decir que la libertad crea mucho desasosiego.

Decía Galeano que somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. Por eso nuestra verdadera esencia no está en lo que ya sabemos hacer, que es lo que mira al pasado, sino en lo que crecemos cuando nos superamos, que es lo que nos acerca al futuro. ¡Seguir insistiendo!.

Creo que la cultura es el reflejo del espíritu de un pueblo y esto se hace muy difícil por no decir imposible de gestionar, a veces se puede caer en el peligro de que la gestión se utilice como herramienta de adoctrinamiento (El dirigismo cultural). Otras puede convertirse en grupo de presión, en creador de tendencias. Un lobby. Nada más lejos de mi intención. Esto que hoy os planteo es una manera fruto del sentimiento libertario que siempre ha tratado de mantener.

Permanezco fiel a principios morales societarios y quiero ejercerlos en mi labor de programador. Lo que implica la defensa del libre albedrío y el respeto a todas las opiniones: la del artista programado, la del espectador asistente, la del crítico profesional que ejerce su oficio, la de los medios de comunicación que informan del acto y la del poder político que a veces subvenciona la actividad. Pero el respeto no implica pleitesía. Cada vez entiendo menos la labor de intermediario cultural, que aunque necesaria, no debe ser labor de diseño sino de campo, cuando uno vive su oficio como una elección libre lo ejerce con humildad y sin vanidades y osadías, actitudes que he visto mucho y que aborrezco.

Espero no haberles aburrido y haber generado más preguntas sin haber dado ninguna respuesta. Vuelvo a la duda como Hamlet.

Me permitirán, para terminar, recordar a una persona vinculada a esta ciudad de Huesca; para mi referente constante por su aptitud ética y política ante la vida, en este año 2016 cuando hace 80 años de su fusilamiento por aquellos que querían acabar con la inteligencia, Ramón Acín. Su labor en favor de la Cultura y la educación será siempre ejemplo a seguir. Recordemos su pensamiento y sus obras cada vez que pasemos por Las Pajaritas del Parque.

Salud y gracias.

Esteban Villarrocha Ardisa
Director – Gerente del Teatro Arbolé de Zaragoza – España.

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