Ante trabajos como el visto la otra noche en La Farinera del Clot de Barcelona, con dirección e idea original de Irma Borges, sólo cabe levantarse el sombrero y felicitarse, tanto quién suscribe estas líneas como Jesús Atienza, autor del magnífico reportaje fotográfico que les ofrecemos, por haber tenido la suerte de asistir a tan buen espectáculo. Un cabaret con marionetas que rezuma inteligencia, buen gusto, alardes de sutileza y de desenfado, y un tono comedido y a la vez picante, que es cuando el erotismo funciona de verdad. ¿Qué más cabe esperar?

Chez la Poupée
Aurora Poveda e Irma Borges con una de sus muñecas. Foto de Jesús Atienza.

Dos jóvenes bellezas y un seductor galán son los conductores del cabaret. Con un vestuario cuidado y refinado, son los artistas del show y a su vez los manipuladores de las distintas marionetas que irán saliendo al escenario. Brazos y piernas desnudas las de ellas, y un aspecto entre bufonesco y zalamero el del galán presentador, de sombrero de copa, que a pesar de su tamaño y su voz grave y potente, encaja sin chirriar y sabe adaptarse a la sutil delicadeza de las muñecas protagonistas.

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Número de la contorsionista. Foto de Jesús Atienza.

Presencia impactante (la circunstancia de Irma embarazada aumentó todavía más el impacto) y correcta la de los tres oficiantes, pero capaz de esfumarse en un tono neutro y elegante cuando están detrás de la marioneta, sin nunca renunciar a su personaje. Sin duda la larga experiencia de los tres actores titiriteros explica la fluidez y la prestancia de su estar sin estar en el escenario, pues tal es el estado al que deben someterse los actores que también son marionetistas. Aurora Poveda, Irma Borges y Jordi Pardo son los nombres de los tres artífices de la obra. Había visto ya antes a las dos primeras en otros trabajos y conocía muy bien sus dotes para este tipo de labores. Y fue una sorpresa constatar como la compañía de un actor de porte tan exuberante como Jordi Pardo no quitaba feminidad al conjunto, sino al contrario, todavía lo aumentaba más.

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La Tropicana. Foto de Jesús Atienza.

Las marionetas, de medidas más bien pequeñas, constituyen un perfecto contraste con sus humanos manipuladores. Todas muy acertadas, sin abusar de los excesos que a veces los marionetistas gustamos en demasía. Al apostar por la sutileza del muñeco pequeño que requiere atención, sutileza y mayor maestría en la manipulación, Irma Borges da muestras de su confianza y madurez: se abandona la brocha gorda de la impostación sobreactuada y se opta por el refinamiento y la inteligencia. Los resultados le dan la razón.

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Los tres actores-manipuladores con la muñequita. Foto de Jesús Atienza.

Buenísimos todos los números. Un clásico la primera mujer de vestido rojo que enseña la pierna y cambia de cabeza como quién cambia de vestido. Divertida la contorsionista que sabe jugar con los cuerpos de sus manipuladoras, como si las contorsiones fueran cosa de dos o de tres. El juego con la escenografía es brillante y nos remite a los trucos de magia con humor y sin tópicos. Tal vez sea la lolita muñeca que limpia el piano y sale al final del espectáculo el personaje más logrado, personaje que creo ya salía en un anterior espectáculo y que rezuma picardía, inocencia y perversidad a partes iguales. Pero lo mejor es sin duda el conjunto marcado por un ritmo que no decae en ningún momento y que te transporta por las suaves olas del encantamiento erotizado.

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Jordi Pardo en plena acción. Foto de Jesús Atienza.

Una pequeña perla que espero veamos brillar con asiduidad en las cálidas noches titeretiles y cabareteras de Barcelona, o en las de otras ciudades del mundo.

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