(Momento de la representación de Airiños Teatro en la pieza de Castelao ‘Peito de Lobo’, del libro Retrincos, en el Campo de Arriba de Rianxo. Foto Manuel Silva)
Continuamos con nuestra mirada del XI Titiriberia 2026, el Festival de Títeres Tradicionales que se ha celebrado en Rianxo del 18 al 23 de agosto. Y lo haremos centrándonos en esta veterana y entrañable compañía de teatro amateur Airiños -la más longeva de Galicia, con 90 años de existencia-, actualmente dirigida por Amantia Coello y que tiene su sede en la parroquia de Asados, de Rianxo. Airiños presentó dos entremeses alrededor de la figura de Castelao en el Campo de Arriba, y estuvo muy presente en las Varietés de las que hablaremos también a continuación.
La segunda parte de la crónica está dedicada pues a Las Varietés de Barriga Verde, un espectáculo ya clásico del Titiriberia en el que se juntan varios artistas de los que participan en el Festival, así como de la compañía Airiños antes mencionada. Este año con números de gran relieve.
Una vez más, nos acompañan las imágenes de Manuel Silva, el reputado fotógrafo que ha seguido día a día el Titiriberia de este año.
Retrincos: Peito de Lobo e Sabela, por el Teatro Airiños
Es importante situar aquí al lector ante este fenómeno teatral que es la compañía de teatro amateur Airiños, que cumplió 90 años de existencia en 2023. Un colectivo de excepcional categoría, verdadera cantera del teatro gallego y español, con figuras hoy tan reconocidas como la autora Esther F. Carrodeguas, quien fue directora del Teatro Airiños durante años. De ella vimos en el Titiriberia de 2023 la obra República Sideral, que en 2020 recibió el Premio Barriga Verde de textos para teatro de títeres, y que nos maravilló a quienes tuvimos la suerte de ver su representación en el Centro Social da Atalaia (ver aquí). En este caso la obra fue representada por los actores de Airiños en un registro de farsa tan logrado que a veces incluso parecía un teatro de máscaras o de marionetas, tal era la feliz caricaturización lograda de los personajes.

Cartel del 90 aniversario de la compañía, en 2023
En el presente Titiriberia de 2026, los de Airiños se centraron en la figura de Castelao y en dos episodios de su libro Retrincos, publicado en 1934 por la revista Nós: el relato Peito de Lobo, que escribió en 1918, y Sabela, de 1934.
Peito de Lobo fue un personaje real, muy popular entre los vecinos de Rianxo por su humor bizarro, sus salidas extravagantes y su aspecto encorvado que llevó a Castelao a crear un cabezudo de la villa con el modelo de su cara. Así se hizo y su parecido fue tal, que el mismo Peito de Lobo humano cogió un enorme enfado, diciendo a todo el mundo que mataría a aquel desgraciado llamado Castelao que lo había insultado. Con el tiempo, el hombre tomó cariño al muñecote y acabaron los dos, Peito y Castelao, la mar de amigos, tomando vinos en la taberna del puerto.

El cabezudo de Peito de Lobo con Castelao y el cura. Foto Manuel Silva
Pasaron los años, Peito se hizo viejo, el cabezudo también, y el cura de la parroquia donde se alojaba la cabezota del personaje decidió retirarlo de la circulación, dejando al modelo original huérfano de su sombra e ilustre efigie. Ya pueden imaginarse la depresión que tuvo el buen hombre, sin su copia de cartón.

La protesta de Peito de Lobo humano frente al cabezudo. Foto Manuel Silva
Una historia entre triste, dramática y ligeramente cómica, que nos ilustra sobre cómo los muñecos pueden convertirse en dobles reales de las personas que los necesitan, y que los de Airiños nos explicaron con diferentes cuadros muy bien trazados por sus actores. Magnífico Manuel Morán, el actor que encarnó a Castelao, con la elegancia de un señorito de la época bien trajeado y con sombrero, y lo mismo podemos decir de Álvaro García Castiñeira, en el papel de Peito de Lobo, con ropa de trabajador, figura encorvada bien protegido por las señoras del pueblo que se reían de él y a la vez lo protegían y, ya anciano, triste y deprimido al ver a su cabezudo jubilado. A destacar las actrices del coro de vecinas interpretadas por Katia Lojo, Carlota Somoza, Graciela Muñíz, Mari Santos, yMarga Silva. Una preciosa muestra de teatro costumbrista, con las alegres escenas del pueblo cantando y bailando, intentando consolar al cabizbajo Peito de Lobo.

Foto Manuel Silva
Sabela, interpretada la protagonista por Noelia Fernández, es igual de dramática con un final más cruel, centrado en el episodio de una chica desenfadada y liberal con la que bailaba Castelao de joven en el pueblo, una avanzada en su tiempo de mujer libre, reacia a comprometerse con cualquiera de los mozos que la pretendían. Veinte o treinta años más tarde, regresa Castelao de Madrid, ya diputado en las Cortes en representación de Galicia y como reconocido político y escritor. En la calle se encuentra de pronto con una mujer de cara avejentada, deformada por la edad, el trabajo y los infortunios. Se planta ante él y finalmente él la reconoce: es la Sabela con la que bailaba, convertida en un deshecho humano.

El baile de Sabela. Foto Manuel Silva
Como en el anterior episodio, el tratamiento es costumbrista, con hermosas escenas de conjunto con bailes y fiestas de la época. Los personajes aparecen incrustados en este marco del que no pueden escapar, salvo Castelao, en el papel de quien quiso cambiar las cosas y tuvo que salir del pueblo, pero al que la Historia se opuso, mandándolo finalmente al destierro, como a tantos otros.

Castelao flirtea con la joven Sabela. Foto Manuel Silva.
Los de Airiños ofrecieron una muestra de teatro de verdadero sabor popular, lleno de viveza y alegría, pero con una mirada crítica de las situaciones planteadas, sin perder de vista las desgracias de quienes viven destinos dramáticos y amargos, con ese manto invisible del pueblo, unas veces de protección, otras de desprecio y exclusión.
Una gran actuación coral con bonitas interpretaciones de los personajes protagonistas, muy bien dirigida por Amantia Coello.
Las Varietés de Barriga Verde
Al igual que ya se hizo en años anteriores, el Festival presentó sus Varietés en el Campo de Arriba, con un escenario que tenía por fondo la Capilla de la Virgen de Guadalupe, una ermita de estilo gótico marinero fundada en el año 1671 sobre otra anterior de 1561. Desde 1854 guarda en su interior la venerada imagen de la Virgen de Guadalupe, hecha en cartón piedra por el religioso rianxeiro fray Xosé de Santiago y traída hasta Rianxo desde el monasterio de Guadalupe (Cáceres).

Capilla de la Virgen de Guadalupe desde el Campo de Arriba, durante la actuación de los títeres de Raúl García y la chelista Altea Piñeiro. Foto T.R.
Claro que el escenario de las Varietés tapó este fondo sacro para levantar los cortinajes del pequeño cabaret de Barriga Verde en que se convirtió parte del Campo de Arriba, con el que Titiriberia quiso festejar la noche más salerosa del festival, ofreciendo a Rianxeiros y a los artistas invitados diferentes números de teatro y marionetas, a cuál más jocoso y divertido.

El Cuarteto Raimona. Foto Manuel Silva
Empezó la noche el Cuarteto Riamona, compuesto por cuatro magníficos jóvenes músicos salidos ya hace unos años de la Escuela de Música de Rianxo. He aquí sus nombres: Félix Rodríguez, bombardino y trombón; Aitana Alcalde, fagotista; Aldara Muiños, Clarinetes; y Bernal Muiños, Saxos.
Tocaron temas propios, adaptaciones generalmente de piezas relevantes para instrumentos de viento, escogidos con un gran gusto, sin caer en lo chabacano sino, por el contrario, repletos de exigencia estética e interpretativa. Sus intervenciones, entre número y número, sirvieron para dar tiempo a los cambios de escena para los diferentes números, en la mejor tradición cabaretera, y ofreciendo al público un respiro musical de alta calidad.
Raquel López y Barallocas
El rol de presentadora, de gran importancia en un espectáculo de variedades que se precie de tal, corrió a cargo de la actriz Raquel López, que ya el año pasado cumplió con las mismas funciones.

Raquel López. Foto Manuel Silva
Raquel brilló provista de una enorme soltura y mucha ironía, de la que es consumada maestra, acompañada por un ayudante inesperado, el tramoyista que ayudaba en los cambios de número y que respondía al nombre de Barallocas.

Raquel López con Barallocas
Una hilarante interpretación de Ero Vázquez en el papel de técnico inepto y torpón, un trabajo de clown de cabaret que encajó a la perfección con el juego de Raquel López, empeñada en poner algo de orden en el escenario.
Voar, de Larraitz Urruzola y Cris Cameselle
Rompió el hielo la titiritera Larraitz Urruzola con la bella creación Voar, un trabajo dirigido por Cris Cameselle que ha desarrollado durante una residencia efectuada en el espacio O Garagem de Melgaço (Portugal), una coproducción entre el Festival de Danza Síntese y Titiriberia.

Larraitz Urruzola en ‘Voar’. Foto Manuel Silva
Impactó el trabajo de la titiritera en un ejercicio colindando con la danza y combinado con el teatro de sombras. Una simple tela blanca colgada en el escenario marcó un delante y un detrás, dos posiciones a las que la intérprete vasca galleguizada supo extraer todo el jugo posible. Usó imágenes de video proyectadas por delante que bañaban el cuerpo de Larraitz, olas del mar y paisajes de campos. Por entre ellos deambuló la actriz creando un hermoso efecto de estar situada dentro de la imagen, entrando y saliendo de las imágenes que veíamos proyectadas.
Había una estudiada combinación de las imágenes con el cuerpo de la actriz, delante y detrás de la tela-pantalla. Cuando eso ocurría, se activaba otra luz trasera que proyectaba su silueta pintada ahora de negro, como es propio del teatro de sombras más genuino.

Foto Manuel Silva
El ejercicio, que maravilló a los espectadores por su hermosura y por las ambigüedades que formaban las imágenes, fue una bonita y feliz cata del trabajo que se hallan realizando estas dos artistas, inmersas en una investigación escénica alrededor del cuerpo, el movimiento, la luz, las sombras y el feminismo.

Foto Manuel Silva
Tras el intermedio bien orquestado por los del Cuarteto Raimona, y por Raquel López en conjunción con el inefable Barallocas, llegó el turno de los títeres con la intervención de Raúl García, de la cía. Lobishome (o Títeres desde Abajo), que interpretó el número Fumando Espero.
Fumando espero, de Raúl García, cía. Lobishome
Iba a decir que fue uno de los momentos álgidos del Varietés, pero de pronto me doy cuenta de que prácticamente todos los números lo fueron, de álgidos, a tal grado llegó el buen hacer de los artistas participantes.

Guille en escena. Foto Manuel Silva
Aparcando pues los panegíricos, diré que esta intervención mostró en el pequeño escenario del retablo de Raúl a Guille, un personaje al que por lo visto el titiritero hoy de Granada (antes lo fue de Madrid, Barcelona, entre otros lugares) lleva a cuestas en sus actuaciones más ‘golfas’, un fumetas que se pasea solo enfrentado a su conciencia, que le habla en un monólogo de una tremenda actualidad, pues en él salen todos los temas habidos y por haber que asaltan hoy en día a los jóvenes que salen de noche y acaban, digamos, ‘desorientados’.

Raúl García con Altea Piñeiro. Foto Manuel Silva
Todo le sale mal a Guille, aunque no desfallece en su empeño de cruzar la noche, buscando la satisfacción de sus deseos y necesidades, que se quedan sin respuesta y muchos desengaños, pues las puertas se le van cerrando una a una, hasta que solo queda la de su casa, que iba evitando, pero a la que debe recurrir como el último parapeto donde aterrizar vivo.
Fumando esperó, pero sin el costo que requería con urgencia.
Una actuación que Raúl bordó con la humildad que caracteriza a este gran titiritero.
Lady Maffin con La Última Cena, de Altea Piñeiro Ferreiro
La compañera de Raúl que ejerce también de chelista en la compañía Lobishome, Altea Piñeiro, presentó un fragmento de su creación Lady Maffin en un número de marioneta de desdoblamiento, de atmósfera gótico-decadentista, con mucha gracia oscura, donde representó un ritual de muerte por envenenamiento titulado La Última Cena.

Lady Maffin con su amado. Foto Manuel Silva
Altea mostró sus recursos actorales, que son muchos, dotada como está de una gran presencia escénica, poniendo en escena a una asesina en serie, Lady Maffin, interpretada por ella misma. Se pregunta la obra: ‘¿Puede una asesina en serie encontrar el amor?’ La respuesta la da su propio amado, es decir, la víctima, una marioneta que ella misma maneja y a la que finiquita con exquisita delicadeza.

Foto Manuel Silva
Una afortunada fusión de clown, títeres, humor negro, locura, sangre y risas que encontró en el marco de las Varietés su lugar perfecto de exhibición.
Pausa con Raimona, Raquel y Barallocas
El ritmo de las Vaietés necesita respiro para ir avanzando en la diversión y el jolgorio. Y Raquel se las tuvo de nuevo con sus dos ayudantes o técnicos tramoyistas del cabaret, Barallocas y el loco pianista de los Airiños (Manuel Morán), cuyos números complementarios mientras cambiaban unos focos de lugar o sacaban el teatrín de Raúl, hicieron las delicias del público.

Raquel López lidiando con Barallocas. Foto Manuel Silva
Y llegó el turno a los Airiños, la primera de sus intervenciones, pues fueron tres los jolgorios presentados.
Los números de Airiños
Una monja (Mercedes R. Pimentel) espera a su Tenorio, pero al dejarla este plantada, decide colgar los hábitos y probar en el mundo del espectáculo. Como vemos, aquí nada es lo que parece, y todo se desmadra, pues los de Asados no tienen pelos en la lengua, y su tendencia a la jarana no le va a la zaga a nadie. Menuda francachela es la que se toman estas actrices y actores que dicen ser amateurs, pero que muestran unas tablas de alto voltaje y largo alcance.

Inés espera a su Tenorio. Foto Manuel Silva
Pregunté a Amantia Coelho, la actual directora de Airiños y que ha dirigido los entremeses y números presentados en Titiriberia, qué han perseguido en sus presentaciones, y respondió: «un canto a liberdade, ao desfrute, ao absurdo e un pouco á loucura creativa».

Inés transmutada. Foto Manuel Silva
Para ello recurrieron a tres playbacks, el de la monja ya descrito, y uno de los números más aplaudido, la parodia del histórico cantante Andrés do Barro, genialmente interpretado por Héctor Figueiro, mientras es incordiado por las cantantes Ana Kiro (Carlota Somoza) y Rafaela (Katia Lojo). También intervienen Graciela Muñíz, Álvaro Enrique y Ana.

Andrés de Barro interrumpido. Foto Manuel Silva
El público se partió de la risa viendo a un serio Andrés do Barro intentando poner las notas de su canción, mientras todos los demás se interponen a sus áureos deseos. Ni por un momento sonrió el doble de Andrés do Barro, como si el actor se hubiera realmente transformado en alguien llegado de otra época y vacunado de las modernidades contemporáneas. Aunque al final lo arrastran a sus bailoteos indignos para el cantautor.

Melé de los artistas. Foto Manuel Silva
El último playback ofrecido fue la parodia de una actuación de Charlotte Adigery, también conocida como WWWater, felizmente encarnada por Mercedes Pimentel. Aparecen al final unos médicos, entendemos que estamos en un manicomio, que se la llevan con una camisa de fuerza y una nariz de payaso.
Al final, el pianista es un loco que ha conseguido escapar de los loqueros, interpretado por Manuel Morán, el mismo que hacía de Castelao, y que es también el técnico que ayuda a Barallocas, de modo que vemos como la pobre Raquel López va quedando atrapada en manos de dos locos de atar, con los que se establece una hilarante toma y daca que hizo las delicias del público.

El teclista loco. Foto Manuel Silva
Y de nuevo llegaron los títeres, con Ostomila Teatro.
El Propietario, de Roberto Espina, por Ostomila Teatro
La compañía de Irún, Ostomila Teatro, conformada por Zoa Tamara Cuéllar Meza y Rubén Mejuto Fernández, presentaron en el pequeño retablo de Raúl la obra El Popietario, del insigne autor de los títeres Roberto Espina. Lo hicieron adaptando la pieza a la temática de la emigración, aunque la fuerza de la pieza de Espina es tan poderosa, que su esqueleto se impuso a los personajes de Ostomila.

Los títeres de Ostomila. Foto Manuel Silva
Una obra que trata sobre la propiedad privada. La tesis es la siguiente: si eres dueño de un terreno, nadie más puede construir ni vivir en él. Pero alguien le discute al propietario esta verdad social consensuada. Y se pone tan fiero en su voluntad de poseer el terreno, que el propietario se lo vende a un precio irrisorio para que lo puedan compartir ambos como buenos hermanos. Pero entonces el nuevo dueño, ya con el hábito de Propietario, le dice que el terreno es suyo y de nadie más, y echa al anterior dueño hasta que este se muere de hambre.

Zoa Tamara Cuéllar Meza y Rubén Mejuto Fernández. Foto Manuel Silva
Una puesta en cuestión de grandes verdades capitales por reducción al absurdo. Los de Ostomila, que dominan a la perfección el lenguaje del guante -no por nada Zoa proviene de una familia nicaragüense de ilustres titiriteros y tiene el título cubano de teatróloga– bordaron la obra que fue recibida por unánimes aplausos.
Doña Coca, de Raúl García
Remató la velada de nuevo Raúl García con una marioneta de hilo con la que interpretó su número titulado La Coca. Una limpiadora que trabaja escobando la escena mientras suena la canción popular mejicana La Bruja, que tan bien interpreta Rosy Arango.

Raúl y Doña Coca. Foto Manuel Silva
Poco a poco la música va impregnando la atmósfera hasta descubrir que la limpiadora es una bruja que se vale de su profesión para escapar y salir volando con su escoba entre las piernas.
Gracias a este número, no faltó la marioneta de hilo en las Varietés de Barriga Verde, una presencia que el público entendido siempre espera.

El vuelo de Doña Coca. Foto Manuel Silva
Mostró así Raúl sus múltiples conocimientos del oficio, al ser él persona formada y muy relacionada con el Taller de Marionetas de Pepe Otal de Barcelona, un lugar donde se practica y se enseña la técnica del hilo y del que tantos maestros marionetistas han surgido y actuado en su pequeño escenario.
Final y saludos
Las Varietés llegaron así a su final, con la gran actriz Raquel López lidiando con Barallocas, empeñado este en que se le cayeran los pantalones y despedirse en calzoncillos. Lo logró a medias dejando el escenario libre para que los artistas participantes en el cabaret salieron a saludar todos juntos.

Foto de familia de las Varietés de Barriga Verde 2026. Foto Manuel Silva
Una foto de familia que mostró en su conjunto la rica variedad y la alta calidad del elenco de estas últimas Varietés de Barriga Verde, bien coordinadas por Raquel López y su histriónico ayudante Barallocas (Ero Vázquez) más el hiperactivo técnico destroyer interpretado por Manuel Morán.

















