(Fotografía Alice Brazzit. Festival Grec 2026)

Aprender a escuchar lo invisible

En el marco del proyecto Creació i Museus, integrado en la programación del Festival Grec 2026, las Fábricas de Creación de Barcelona vuelven a tender puentes con algunos de los espacios patrimoniales más importantes de la ciudad. En esta edición, la creadora Ángeles Císcar, residente del Teatre Tantarantana, junto a Edu Comelles y Federico Caraduje, dialogan con el Real Monasterio de Pedralbes a través de una propuesta inmersiva que invita a recorrer el monasterio siguiendo un único hilo conductor: el agua.

Barcelona atraviesa estos días una intensa ola de calor y el agua deja de ser únicamente el tema de la obra para convertirse también en una necesidad física. El sonido del agua fluyendo, la frescura de los jardines y la sombra de los muros del monasterio predisponen el cuerpo a una escucha distinta. El propio lugar forma parte de la dramaturgia.

El agua que respira

El recorrido comienza en el huerto histórico del monasterio, considerado el más antiguo conservado de Barcelona. Allí, junto al estanque, aparecen las primeras palabras del poema que acompaña toda la experiencia. El agua deja de ser paisaje para convertirse en un ecosistema.

Descubrimos que ese estanque alberga diminutos organismos que comen, se alimentan, excretan y, gracias a esa actividad constante, mantienen el agua transparente. La paradoja: sus habitantes hacen que el agua parezca deshabitada.

Fotografía Alice Brazzit. Festival Grec 2026

Es una idea sencilla y profundamente reveladora. La transparencia, que solemos asociar con la ausencia, es en realidad el resultado de una intensa actividad invisible.

Mientras escuchamos el poema, una agradable brisa atraviesa el jardín. En medio del calor sofocante de Barcelona, el agua comienza a sentirse incluso antes de verla.

Escuchar antes de mirar

Desde el huerto el recorrido conduce hasta la Cisterna, el antiguo depósito donde durante siglos se almacenó el agua de lluvia del monasterio.

El poema continúa desplegando las múltiples formas que puede adoptar el agua: vida, memoria, movimiento, quietud, transformación y también destrucción.

Fotografía Alice Brazzit. Festival Grec 2026

La escucha sucede gracias a unos pequeños altavoces inalámbricos de forma circular que algunos participantes sostienen entre las manos. Su discreta luz azul apenas ilumina, pero basta para convertirlos en discretos compañeros de viaje. El sonido ya no llega desde un punto fijo; nos acompaña mientras caminamos.

La experiencia comienza entonces a desplazar nuestra atención. Ya no recorremos únicamente distintos espacios del monasterio. También empezamos a recorrer distintas formas de percibir el agua.

Cuando la luz empieza a hablar

La última parada tiene lugar en el antiguo Refectorio. La oscuridad obliga a los ojos a detenerse. Durante unos segundos son los oídos quienes conducen el recorrido. Los pequeños altavoces, que hasta ese momento habían servido para escuchar el poema, pasan a convertirse en discretas luces que acompañan nuestros pasos. Uno a uno son recogidos y depositados cuidadosamente dentro de una cesta de mimbre. Un gesto cotidiano que, envuelto por la penumbra, adquiere una inesperada belleza.

Cuando desaparece el último parlante, la sala vuelve a quedar casi completamente a oscuras. Entonces aparece la primera gran imagen del recorrido.

Fotografía Alice Brazzit. Festival Grec 2026

Ángeles Císcar atraviesa lentamente el refectorio sosteniendo entre sus manos un frasco de vidrio iluminado desde abajo por una luz blanca. El recipiente deja de ser un simple objeto para convertirse en una lámpara. La luz atraviesa el agua y proyecta suaves reflejos sobre la piedra centenaria del monasterio. Bastan un frasco, agua y una pequeña fuente de luz para transformar por completo el espacio. Es una imagen de una sencillez conmovedora.

Solo después de ese pequeño ritual la artista se sienta frente a una mesa donde matraces y recipientes de laboratorio comienzan a convertirse en instrumentos escénicos. Una cámara proyecta en directo sus manos mientras el agua pasa de un recipiente a otro. Sobre la pared del refectorio, el movimiento del agua adquiere una escala inesperada. Bastaba verla para que una sensación de frescura se colara, silenciosamente, desde la imagen hasta la piel.

Lo invisible sostiene el mundo

La escena siguiente termina dando sentido a todo lo anterior. El mismo organismo microscópico que habita el estanque ocupa ahora toda la pared del refectorio. Lo observamos comer, excretar y moverse con un temblor constante. Aquello que apenas existe para nuestros ojos adquiere de pronto el tamaño de un paisaje.

En otra pared, un foco proyecta la sombra de Ángeles Císcar. Cubierta por una capucha negra y unas ramas sobre la cabeza, reproduce con su cuerpo los movimientos del diminuto organismo. Durante unos instantes deja de representar el agua para convertirse en uno de sus habitantes.

Mientras observaba aquella criatura proyectada a una escala gigantesca y a la artista acompañando sus movimientos, no podía evitar pensar que, en ese mismo instante, miles de esos pequeños seres seguían viviendo tranquilamente en el estanque del huerto, completamente ajenos a nuestra presencia y al calor que poco a poco iba apoderándose del refectorio.

Fotografía Alice Brazzit. Festival Grec 2026

Solo al terminar comprendí que el recorrido no era casual. Primero aparece el agua viva, la del estanque habitado por organismos invisibles. Después el agua conservada, la de la antigua cisterna que durante siglos abasteció al monasterio. Finalmente llega el agua imaginada, transformada en sonido, proyección, luz y performance dentro del refectorio. El agua pasa de ser materia a convertirse en memoria y, finalmente, en imagen.

Al salir del monasterio seguía pensando en aquel diminuto organismo que come, excreta y, sin saberlo, mantiene transparente el agua que todos miramos. Hay algo profundamente conmovedor en esa existencia silenciosa, en ese trabajo invisible que sostiene un equilibrio del que apenas somos conscientes. Lo mismo ocurre en la tierra, en el aire e incluso dentro de nuestro propio cuerpo. Millones de seres viven, transforman la materia, se alimentan, se reproducen y mueren sin que lleguemos siquiera a percibirlos.

La propuesta inmersiva de Ángeles Císcar, Edu Comelles y Federico Caraduje, me recordó que una parte inmensa del mundo continúa sucediendo fuera de nuestra mirada.

FICHA ARTÍSTICA

Dirección e interpretación Ángeles Císcar @angelesciscar
Espacio sonoro Edu Comelles @educomelles
Audiovisuales Federico Caraduje @fede.caraduje
Fotografías: Alice Brazzit (@alicebrazzit) | Festival Grec.
Producción ejecutiva Maika Pacheco (Tantarantana) y Gemma Bonet (Real Monasterio de Santa María de Pedralbes) 
Iluminación Tantarantana
Una producción de Tantarantana y Real Monasterio de Santa María de Pedralbes, enmarcada en el proyecto Creació i Museus dentro del Festival Grec de Barcelona.