(Joan Baixas. Foto Jesús M. Atienza)

¿Se jubilan los titiriteros? Por supuesto, somos personas normales que cuando acabamos lo que se llama el ‘período laboral’, nos merecemos el descanso reglamentario. Pero también sabemos que el tipo de profesión titiritera es de estas que en realidad no se acaban nunca, por una razón concreta: en general, quiénes han seguido este camino profesional siempre han tenido la sensación íntima de que más que un trabajo, nuestras labores son de otro tipo, que se hacen por placer y por decisión bizantina, es decir, por razones siempre distintas y peculiares. Por eso, cuando un titiritero provecto te hace saber que inicia un cambio de rumbo, vale la pena indagar en ello.

Escultura de Joan Baixas. Foto Jesús M. Atienza

Tal es el caso de Joan Baixas, seguramente el más reconocido y valorado internacionalmente de los profesionales del títere, cuyas labores se han prodigado en múltiples registros, siendo el de la plástica i el teatro visual sus derivas más recurrentes. Por sus manos ha pasado toto el amplísimo espectro en el que hoy se ha dilatado el mundo del títere, con profundas incursiones en las artes plásticas, lo que no ha sido óbice alguno para que siempre se haya definido como titiritero. Para él, ocupar el considerado como último piso de las artes escénicas conlleva una gran ventaja: pasar de refilón por los peajes que imponen las mayúsculas, acercándose más a esas figuras marginales del bufón, del pícaro y del juglar saltimbanqui. Por otra parte, triunfar desde la sencillez humilde siempre es más relajado y gratificante que hacerlo bajo presión de las alturas.

Escultura de Joan Baixas. Foto Jesús M. Atienza

Por eso fue un placer acudir a su casa del bosque, en la zona del Montnegre, tocando a Sant Celoni, junto a Jesús M. Atienza, conocido como el fotógrafo de los títeres, quien acudió con su cámara y una botella de vino del Bierzo, que resultó excelente. Contó Joan Baixas que quería explicarnos el momento por el que estaba transitando, que sin duda representaba para él un antes y un después. De ahí que hayamos titulado esta crónica como ‘Cambio de Tercio’, recurriendo a la terminología taurina, de la que Baixas siempre ha sido un buen aficionado.

La disciplina de la huerta

Nada más entrar en los alrededores de la casa, nos sorprendió un curioso despliegue de pequeños huertos encajonados en tablones donde crecía todo tipo de hierbas, hortalizas y verduras.

Y mientras cruzábamos ese pequeño mar verde de mil tonalidades diferentes, nos explicó las razones de lo que veíamos:

Ya te conté, Toni, hace tiempo, que estaba harto de los aviones. Mirad, esto de viajar hoy es una mierda. El mundo ha cambiado, te putean por todas partes, te hacen sentir masa en todo momento. Después de la exposición que hice en el Caixaforum por los 50 años de profesión en 2018, decidí que se acabaron los aviones. Desde luego no renuncio del todo a hacer cosas por aquí, pero sin salir de la Península, siempre viajando en tren o en coche. Aunque mis intereses ahora van por otros derroteros.

Escultura del bosque. Foto Jesús M. Atienza

Joan, en efecto, en sus últimos años de actividad, viajó bastante por Europa, invitado a estar varios meses en Polonia para dirigir en uno de los principales teatros de Varsovia. También estuvo e impartió talleres en Cuba, un país que conoce bien. Fue allí donde quedó atrapado en un aeropuerto no recuerdo cuántas horas sin poder salir encerrados en una sala de espera sin aire acondicionado. Fue la puntilla que acabó con sus ganas de coger aviones.

Por otra parte, yo siempre he defendido el caos y el desorden, porque me parece que en nuestra profesión es muy importante lo oculto, lo onírico, lo que ocurre en el inconsciente, lo simbólico, la mitología que llevamos dentro por herencia cultural, en fin, todo eso que no controlas. Y en el arte y el teatro, el caos y el desorden constituyen la base de la creatividad.

Pues bien, ahora que he decidido asentarme, pensé que era el momento de aprender lo que es eso del orden, me parece que es lo que necesitamos los viejos, mientras que el desorden es más para la juventud. Y el huerto es orden y disciplina total. Y esto es lo que he hecho, aprendiendo cada día con los payeses de la zona que me ayudan y me aconsejan, cosa que no es nada fácil, pues estamos acostumbrados a huir de lo que nos da pereza hacer. La disciplina es aguantarte y cumplir con las obligaciones.

Colección de tierras de todo el mundo recogdas a lo largo de los años por Joan Baixas y amigosm colaboradores. Foto Jesús M. Atienza

Según explicó, los terrenos de su casa son todo piedra, hacer un huerto allí es imposible, a no ser que se acumule tierra y se alcen unos huertos encajados entre piedras y tablones, tal como Baixas ha hecho. Todo nos pareció trabajado al milímetro, en un orden desordenado, como es propio de un titiritero que se propone quehaceres importantes que requieren precepto y ordenanza.

Recuerdo que la exposición que presentó de sus 50 años de titiritero se titulaba ‘El enemigo es el sofá’. Magnífico título para hablar en primera persona de las tentaciones que acosan a los artistas a los que se quiere jubilar. Con él ya nos indicaba Baixas que lo importante era seguir buscando cosas nuevas, abierto a los necesarios cambios de esta búsqueda sin fin que es toda carrera artística.

República Montnegre

Estar aquí me ha desvelado cosas que ya sabía, pero a las que nunca les había dado tiempo. Me refiero a los esplendores de la naturaleza que hay en esta zona donde vivo, la comarca del Montnegre, todo ella repleta de bosques, que ocupa la sierra que separa la costa del Maresme con la zona interior, al lado del Montseny. Unos bosques frondosísimos que son regados diariamente por la niebla que sube las alturas costeras desde el mar y se deja caer al otro lado. Este poso constante de humedad convierte el Montnegre en una de las zonas más verdes de Catalunya, aunque llueva menos que por ejemplo el Montseny, siendo este sin embargo más seco.

Cada día voy de paseo al bosque por las mañanas y alucino descubriendo piedras, ramas rotas, raíces y restos vegetales que parecen ser los habitantes misteriosos de esta selva mediterránea, como si estuviera viva y se comunicara con nosotros a través de formas en las que puedes encontrar todos los modelos inimaginables del reino animal. Precisamente estoy preparando una exposición para la que se ha publicado un librito con textos e imágenes mías donde muestro unas pinceladas de este fascinante mundo de lo natural.

La exposición de llama Rocabosc así como el librito editado por Tushita Edicions, donde Baixas escribe pequeños textos en una cuidada y concisa prosa poética con los que nos introduce a ese mundo real y mítico a la vez, lleno de seres que, vistos a través de la mirada oblicua del artista, se convierten en mágicos y maravillosos, sin perder nunca sus rasgos concretos y tangibles. En cuanto al proyecto o nuevo espacio de trabajo en el que se ha embarcado Baixas, lo ha llamado República Montnegre.

Bailarina del bosque. Joan Baixas. Foto Jesús M. Atienza

Fijaros que un bosque así, tan generoso en su esplendor y su imaginería, es para nosotros como un teatro de títeres de un retablo tan ancho como lo es el bosque, en el que sus títeres aparecen y desaparecen mientras vas explorando sus interiores, figuras pequeñas, diminutas o gigantescas que te impactan y que tienen movimientos dados por el viento, el peso y la gravedad, más el constante murmullo de todos los bichitos que allí habitan, de vez en cuando con la sorpresa de algún noble depredador, aunque sin amenazar la vida de los humanos, por supuesto, a no ser que te enfurruñes con algún jabalí despistado aparecido de sopetón.

Pero bueno, la ventaja de este retablo es que tu solo haces de espectador, aunque metido hasta el cogollo dentro del mismo. Mi exposición quiere que sus visitantes vean bailar a estos seres estáticos, pero llenos de dinamismo. ¡Son buenísimos bailarines!

Jesús M. Atienza y Joan Baixas. Foto T.R.

Yo lo que hago es prestar al bosque mis conocimientos titiriteros, para dar forma a la espontaneidad de sus creaciones abriéndolos a los lenguajes humanos de la vista y del tacto.

Preservar la obra. La invitación de los museos

Por otra parte, es evidente que algo tengo que hacer con lo que considero mi obra, me refiero a lo que no debe ir a los vertederos de deshechos. Estos últimos meses he bajado mucho al taller para hacer espacio y me ha sorprendido ver todo lo que he llegado a almacenar. De alguna manera, allí está toda mi vida de trabajo con los títeres y con las artes que he practicado, siempre con un pie en el teatro, y otro en la creación plástica. Pero ya sabes mis suspicacias con los museos, pues los títeres piden vida y movimiento y no inmovilidad. Pero también es evidente que hay muchas maneras de plantear lo museístico. Y lo que yo he hecho no tiene nada que ver con los títeres de vitrina.

las Libretillas de Joan Baixas. Foto Jesús M. Atienza

Por suerte disponemos aquí de unos museos y de unos directores que saben muy bien lo que se debe guardar y lo que no. Y en estos momentos en los que estoy cambiando de tercio, con ganas de emprender nuevos caminos y trabajos, empezando por profundizar en mi conocimiento de la República Montnegre -así llama Joan al bosque que le rodea-, es indispensable pasar página y sacarme de encima lo que ha sido mi obra a lo largo de esos sesenta años. Es una necesidad inapelable que tengo que satisfacer con urgencia. De ahí que haya sido una sorpresa y una gran alegría el interés que han mostrado lugares como el MNAC, el MACBA y el MAE para acoger buena parte de mi obra.

Un legado impresionante

Nos invitó entonces Joan Baixas a bajar a su taller donde ha dispuesto la mayor parte de sus piezas recientes e históricas que constituyen su legado más importante.

Nos explicó que recientemente le había visitado Pepe Serra, director del MNAC, y parte de su equipo, y que había preparado el material para mostrarlo en las mejores condiciones posibles.

Joan Baixas en su taller. Foto Jesús M. Atienza

Nada más traspasar la puerta del taller-estudio que ocupa la planta baja de la casa, nos sorprendió el espacio de la entrada, donde podían verse los dos grandes títeres realizados para su histórica obra Mori el merma, adaptación de Ubú Roi, Papá Ubú y Madre Ubú, pintados por Joan Miró.

Pero lo que en seguida nos llamó la atención fueron varios muebles y vitrinas que había en el espacio vestíbulo donde nos encontrábamos, que en realidad eran exhibidores de distintas piezas, pequeñas esculturas unas, figuras de todo tipo otras, pinturas y mil y un objetos, variopintos a más no poder. Uno de los muebles era en realidad una gran cajonera como las que se utilizan en las librerías, tiendas de arte o estudios de arquitecto, que sirven para poner láminas, mapas, dibujos, planos, etc.

Baixas lo utiliza para guardar en cada cajón cosas diferentes: en el primero, una multitud de pequeñas libretillas creadas con papeles de todo tipo, que dicen y sugieren cada una cosas distintas, con dibujos, rasguños, manchas, palabras, frases, colores…, y que recorren una cronología de décadas, pues era una práctica habitual en Baixas ir configurando estos librillos según viajaba de un continente a otro, por países y culturas diferentes.

Joan Baixas en su taller. Foto Jesús M. Atienza

En otro cajón son láminas de todos los tamaños con dibujos y pinturas a modo de apuntes que hacen referencia a procesos creativos, a espectáculos, a giras, etc.

En otro hay carteles de los montajes, muchos de ellos realizados por grandes nombres de la pintura, como Viladecans, Saura, Miró, Matta…

En el mueble que es una combinación de cómoda y vitrinas hay figuras esculpidas en diferentes materiales, procedentes de culturas lejanas y primitivas, y objetos que han servido para tal o cual espectáculo.

Para cada uno de estos elementos, Baixas tiene una historia, un relato que nos habla de viajes, producciones, anécdotas divertidas, teatros, estrenos, éxitos, fracasos….

Marioneta de Joan Baixas. Foto Jesús M. Atienza

La idea de los muebles nos excita y nos hace fabular sobre posibles expositores para sus obras, a modo de escaparates, templetes o ‘cajas vitrinas’ que permitan ir cambiando sus contenidos. Me viene a la memoria las cajas utilizadas por Orhan Pamuk en su Museo de la Inocencia, en Estambul, que constituyen -hay 80 de ellas- los expositores donde el escritor ha creado preciosas composiciones visuales que nos hablan de su ciudad en los años sesenta y setenta, tan diferente de la actual. Se sirve de carteles, grandes ampliaciones fotográficas, mil objetos encontrados en rastros, mercadillos y anticuarios.

Pero la cosa no acaba aquí. Penetramos en el interior del taller y allí nos esperan más maravillas, desde figuras de diferentes espectáculos, carteles, bocetos, dibujos y pinturas de todos los pintores con los que Baixas ha trabajado -Miró, Saura, Matta, Viladecans, entre otros-, vestuario, y muchos elementos escenográficos y de attrezzo, que constituyen curiosas piezas de arte que se complementan entre sí.

Pinturas en el taller. Foto Jesús M. Atienza

Nos contó que tanto el MNAC (Museo Nacional de Arte de Catalunya) como el MACBA (Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona) están interesados en tener obra suya. Los responsables del primero ya estuvieron en el taller y quedaron impresionados de los fondos y del valor de muchos de ellos.

Respecto a la abundante documentación que guarda, lo propio es cederlo todo al MAE, el Museo de las Artes Escénicas de la Diputación de Barcelona, que ya dispone de un potente Centro de Documentación.

Marioneta de Joan Baixas. Foto Jesús M. Atienza

Le preguntamos si tenía idea de cómo se pensaban mostrar sus obras. Fabulamos entre todos con la idea de que le cedieran un espacio diáfano a modo de ‘Espacio Baixas’ que fuera cambiante, con composiciones del espacio y de los muebles o cajas vitrinas movibles y reunidos bajo temas o lemas escogidos por Joan y los responsables del Museo, creando itinerarios de un laberinto que va cambiando con el tiempo. De este modo su legado seguiría vivo, al servicio de la creatividad del artista, que podría así situase en relación a los cambiantes momentos que vivimos hoy en el mundo.

Banquete, puros y ensoñaciones

Terminó nuestra visita a los dominios de Baixas a la manera clásica, tal como fue establecido en tiempos de Homero mediante el banquete y las libaciones de un buen vino, del Bierzo en esta ocasión procedente de la lejana León que Jesús trajo, el cual paladeamos con deleite y deferencia. La comida, de cocina catalana y aderezada por nuestro anfitrión, con civet de ciervo cazado por amigos suyos, resultó jugosa y espléndida.

Joan Baias con su hijo Nico. Foto Jesús M. Atienza

Todavía seguimos fabulando con ideas garbosas sobre museos y exposiciones, bien trufadas de bosquejos peregrinos que el buen vino insufló.

Finalmente repasamos la actualidad, asaz truculenta estos días, y tras los puros, cafés, copa y ponernos al día en los asuntos taurinos, Joan nos llevó a la estación donde Jesús y yo cogimos el tren de vuelta a Barcelona.