(Quema de Markitos. Foto Wikipedia. Autor dantzan)

Las máscaras, los muñecos y la acción teatral suelen estar presentes en los carnavales peninsulares, conservando estos su esencia tradicional especialmente en el mundo rural, marco en el que surgieron con fuerza al consolidarse una incipiente sociedad agraria. Coincide el carnaval con el despertar de la naturaleza y sus rituales recogen elementos fundamentales de esta, como son el oso que surge de su letargo, el arado con los bueyes y personajes disfrazados con elementos de la naturaleza, entre otras muchas máscaras. Cuando te acercas a los carnavales desde el campo del teatro de títeres sorprende que tengan tanto en común con el arte del teatro de objetos y de marionetas.

Tras el estudio de otro fenómeno anterior como es el surgimiento de las raíces de las ceremonias teatrales en las cuevas del Arco Atlántico, hemos dedicado varios años a visitar y estudiar los carnavales de esta misma zona, continuadores de esa cultura al convertirse sus moradores en agricultores sedentarios.

En esta ocasión vamos a abordar el carnaval de Zalduondo, un pueblo alavés próximo a Navarra y a Gipuzkoa, que cuenta con unos doscientos habitantes y un buen número de palacios como el de Lazarraga, que en la actualidad alberga un museo etnográfico y es el punto de partida de este carnaval. Otro palacio relevante es el de Andoin-Luzuriaga, en el que reside el escritor Bernardo Atxaga, que publica tanto en euskera como en castellano y que ha recibido los más importantes premios tanto a nivel de Euskadi como de España o a nivel internacional.

Este carnaval en el que participa todo el pueblo y del que existen referencias escritas desde finales del siglo XVIII, se recuperó en 1975 tras una interrupción obligada de cuarenta años y se celebra el domingo de carnaval. La mañana se dedica a preparar todo lo necesario para la sesión de la tarde, mucho más concurrida y que se prolonga más allá del anochecer.

Monumento a Marquitos. Foto de F. G.

El festejo arranca desde el palacio Lazarraga con la salida de Markitos, personaje central que encarna el mal y las desgracias sucedidas en el pueblo durante el año anterior y que será juzgado, condenado y quemado en la hoguera, para salvar a la pequeña localidad de las fuerzas del mal.

Markitos con su chaqueta, su txapela y el collar hecho con huevos pintados de colores, es montado sobre un burro para realizar el pasacalle de la mañana, conducido por sus dos cuidadores y seguido por otros dos mozos que danzan portando sobre sus hombros el largo tronco en el que será empalado a la espera de ser juzgado.

Markitos montado sobre el burro. Foto F.G.

Además de Markitos, el personaje central, en esa alegre comitiva también participan los caldereros, los barrenderos, las ovejas grandes representadas por los mozos, las pequeñas por los niños, el viejo y la vieja que representan los padres de Markitos, los porreros, las sorguiñas, el arado con dos mozos que hacen de bueyes, Ziripot o Saku zaharra (Saco viejo) similar al del carnaval de Lantz y que reiteradamente es derribado por Zaldiko el caballo.

La curiosa figura de los padres de Markitos en la que parece que la madre lleva al padre, mientras los portadores del tronco para colgar a ese personaje central van tras él, a la vez que los “porreros” danzan y cantan al son de la marcha de este carnaval (Fotos de F. G,)

Levantando el tronco como si de un “mayo” se tratara, con Markitos en la punta. Así queda el culpable de las desdichas del año hasta que después de comer se reanude la representación (Foto de F. G.)

Estos carnavales en los que prácticamente participa todo el pueblo sirven como aglutinante del mismo, siendo tradicional la comida popular, en este caso en el recio y amplio edificio del ayuntamiento. En el cartel central sobre una foto de un carnaval antiguo puede leerse Baginen, bagara (Si fuimos, somos)

El ayuntamiento de Zalduondo entre dos edificios típicos de esta localidad (Foto de F. G.)

Con el recogimiento de la comida ha llegado el momento para que los visitantes nos fijemos en los cambios que este pequeño pueblo ha experimentado. De entrada se aprecia que el carnaval está más presente durante todo el año, ya que se va haciendo cada vez más relevante, luciendo murales que muestran a Markitos sobre el típico asno. En el mismo parque, muy cerca, está el monumento a Celedón, un personaje de esta localidad de nombre Celedonio Alzola García de Andoin, que fue habitual en las fiestas de Vitoria-Gasteiz, y al que los blusas, al inicio de las fiestas y desde finales de los cincuenta, hacen bajar por un cable desde el campanario de la iglesia con su paraguas abierto hasta un edificio de la plaza. Cuando sale se ha transformado en un blusa de verdad. Algo que también tiene relación con el mundo de las marionetas.

 Entre brumas emerge Celedón con su atillo y su paraguas (Foto de F. G.)

Vista parcial de la amplia presencia de público (Foto de F. G.)

Desde primera hora de la tarde aumenta la afluencia de público frente al palacio de Lazarraga, lugar en el que vuelve a arrancar la representación bajando a Markitos del palo para introducirlo junto con el juez en un recipiente colocado sobre un carruaje tirado por una caballería. De nuevo arrancará la comitiva en alegre y variopinto pasacalles, que le acompañará hasta el espacio en el que se le juzgará.

Junto al oso una ovejita y frente a ambos una de las ovejas grandes (Foto de F. G.)

Los bueyes tirando del arado, símbolo de fecundidad (Foto de F. G.)

El pasacalles se dirige hacia el lugar donde se juzgará a Markitos (Foto de F. G.)

El carruaje con Markitos gira en torno a la pira que purificará el mal (Foto de F. G.)

El juez leyendo los cargos del reo (Foto de F. G.)

Cada año, tras relatar el juez todo lo bueno que ha sucedido en esa pequeña localidad (los nacimientos son especialmente bien recibidos), a continuación es acusado Markitos de todo lo malo que haya podido acontecer. En un simpático y elegante relato, en esta ocasión se le acusó entre otras cosas de haber sido el causante de que las ovejas pequeñas se perdieran en un descanso de las Jornadas de la Máscara Ibérica de invierno en Pola de Siero, a las que fueron invitados a participar y cuyo viaje fue organizado por la Sociedad Cultural. Finalmente se repitió el rito: fue condenado a ser pasto de las llamas para librar a Zalduondo de los males de ese año. 

Entre música y danza, las llamas cumplen su misión purificadora (Foto de F. G.)

El mural con Markitos sobre el asno y los pliegos con sus andanzas a la izquierda (Foto de Nati Cuevas)

Este carnaval es el más relevante de los que se celebran en Álava y uno de los importantes de entre los muchos que se celebran en Euskal Herria, de modo que junto a otros, en 2015 fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial por el Gobierno Vasco.

Dado el interés que los carnavales tienen para el mundo del teatro de títeres y máscaras, en breve volveremos sobre algunos de los más importantes que se celebran en Euskal Herria.

Felipe Garduño Hernández
Sestao, 4 de febrero de 2025