(Alfonso Lázaro con Don Cristóbal y Raúl García con la Bruja tras el espectáculo. Foto de Jesús M. Atienza)

Este sábado 31 de enero de 2026, se ha celebrado el décimo aniversario del espectáculo La Bruja y Don Cristóbal, de Títeres desde Abajo, en la Casa-Taller de Marionetas de Pepe Otal, en Barcelona. Y para ello, la compañía de Alfonso Lázaro y Raúl García presentó la renovada versión de la obra, con nuevos títeres a cargo de Ema Feeley, que se suma así al equipo de los de Abajo.

Una celebración que ha resultado muy emotiva, con el Taller lleno hasta la bandera, con asistencia del fotógrafo de los títeres Jesús Atienza algunas de cuyas fotos ilustran esta crónica, y con parlamento previo a cargo de Raquel Batet en el que recordaba los acontecimientos derivados de aquella fatídica función en el carnaval de Madrid, cuando Alfonso y Raúl fueron presos y acusados de exaltar con sus títeres el terrorismo. Un calvario que les duró bastantes días y que no se solucionó completamente hasta pasado un año, cuando fueron eximidos de cualquier cargo sin siquiera juicio alguno, dada la sinrazón del asunto.

Foto de Jesús M. Atienza

También al acabar el espectáculos, Raúl y Alfonso explicaron algunos detalles del espectáculo y de las repercusiones judiciales que tuvo, estableciéndose con el público un espontáneo mini debate sobre la cuestión.  

Pero vayamos al grano y centrémonos en esta nueva versión de La Bruja y Don Cristóbal, que no solo presenta nuevos títeres, sino que llega con un argumento muy cambiado e igualmente vestido con un retablo distinto, pensado para poder trasladarse con más facilidad por los escenarios del mundo.

Don Cristóbal como propietario con la Bruja. Foto de Jesús M. Atienza

Unos títeres muy expresivos llenos de color, especialmente la Bruja, convertida en la gran protagonista de la obra, con una acción simplificada de su argumento, pero muy bien trabada con la inclusión de muchos gags y juegos titiriteros, que sitúan el espectáculo de lleno en las vías de la tradición polichinesca.

También el retablo se adapta a la nueva formulación, construido a imagen y semejanza del modelo de los guaratelle napolitanos de última hora, sin fondo alguno y con las dos columnas de madera en los extremos de la parte frontal, que sirven a los títeres para marcar ritmos, tanto en el juego musical percutivo como en el de la acción y los estacazos.

La Bruja embarazada. Foto de Jesús M. Atienza

Muy interesante ha sido la conversión de la temible Bruja en una buena mujer de armas tomar, eso sí, con trazos de delicadeza en sus rutinas mágicas y en el trato con su bebé, pero que no se arredra ante los abusos a los que es sometida, y que se encabrita hacia alturas descomunales cuando la ocasión lo requiere.

El otro gran personaje de la obra es el señor Don Cristóbal, que aparece en su faceta más truculenta y malvada, siguiendo así una de las tradiciones del Polichinela español, cómo lo retrató Lorca en alguna de sus obras y otros autores. En este caso, encarnando a la Autoridad, al Propietario y al Juez. Un combate a dos entre la Bruja y Don Cristóbal que, para alivio de los espectadores, acaba como dios manda, con el triunfo de la inocencia, con hijo incluido, fruto querido de los abusos más despiadados del Polichinela.

Foto de Jesús M. Atienza

Pero la gran novedad y acierto de la propuesta son los ya aludidos gags y juegos complementarios a la acción, en un estilo más lírico que cachiporrero, bien acompañado el conjunto con una música muy eficiente, que hace de contrapunto dramático a la acción, en una línea que recuerda el cómic o los dibujos animados. A destacar el epílogo con un personaje que no podía faltar: la Muerte, vencida en este caso con el truco del aguardiente.

Para realizar todos estos cambios, ha sido necesario dar un gran salto en la manipulación que los de Títeres desde Abajo han realizado con esmerada aplicación. Se notan los meses pasados por Raúl en Nápoles a finales del 2019 junto a Pere Bigas, donde aprendieron la técnica de los guaratelle de la mano de Bruno Leone y su entorno, básicamente con Irene Vecchia y Federica Martina (vean aquí el reportaje de Pere Bigas en Titeresante sobre estos meses de pandemia iniciados en Nápoles).

La Bruja y su Bebé. Foto de Jesús M. Atienza

De aquella estancia en Nápoles, ambos titiriteros salieron con un buen conocimiento de las técnicas ancestrales de animación. Raúl creó un espectáculo clásico de guaratelle con el protagonista cambiado: en vez de Pulcinella, Cristobita, con un doble suyo, un legionario loco con el que tiene sus encuentros y desencuentros.

Este aprendizaje se nota, como dije, en La Bruja y Don Cristóbal, con muchos de esos elementos incorporados a la obra, pero sin perder en ningún momento su esencia e idiosincrasia propias.

El número de la Muerte Burlada, con Don Cristóbal. Foto de Jesús M. Atienza

En efecto, Raúl y Alfonso, más la recién llegada Ema Feeley, que sustituye a Alfonso cuando así lo requiere el calendario, han conseguido seguramente lo más difícil: estar en la tradición polichinesca pero con una formulación muy sui generis, incorporando todos aquellos elementos de contenido que conectan tan ardientemente con su público: la okupación, los asuntos de género, los abusos del poder, etc.

Un verdadero renacimiento de la compañía, que incluso parece haber rejuvenecido tanto en sus formas titiriteras como en sus propias personas, enfocadas a salir como nuevos Quijotes de las izquierdas ultramontanas por los caminos del ancho mundo. ¡Suerte en sus andanzas!