(Iñaki Juárez frente a La Puntual, con Manolo. Foto T.R.)
Del 23 al 25 de enero de 2025 se ha podido ver en Barcelona, en el Teatre La Puntual, la obra Los Tres Cerditos en la versión creada por Iñaki Juárez, del Teatro Arbolé de Zaragoza, para titiritero solista; a cargo del mismo Iñaki, un clásico de este maestro aragonés, interpretado otras veces por su hija Julia y una ayudante.
‘Humor, música y juego desenfadado’, con estas palabras el programa nos introduce con acertada descripción algunas de las características del espectáculo. En efecto, podemos decir que el desenfado constituye una de las cualidades más sobresalientes de Iñaki Juárez, que ha conseguido este aplomo que dan las tablas y los años de experiencia, es decir, el dominio del oficio de cómico que permite al actor titiritero todas las licencias que se le ocurran. Y lo hace sin que parezca que haya un texto escrito detrás, tal es la naturalidad con la que se desenvuelve al contar la clásica historia de los Tres Cerditos.

Foto compañía
Cuando se tiene esta maestría del actor titiritero, la marioneta que cae en sus manos toma vida aparentemente sin ningún esfuerzo. Así lo hace Iñaki ya desde el comienzo, antes incluso de empezar la obra, cuando desde la calle saluda a los espectadores con la marioneta del cerdito Manolo en la mano. Puede hablar con los mayores y también con los niños, mientras Manolo juega con estos, subiéndose unas veces a su cochecito, o hurgando en sus pantaloncitos y zapatitos, u olisqueando algún chuche o bocadillo en manos del crío.
Iñaki, una vez subido al escenario, hace todas las voces y mueve a todos los personajes, mediante una refinada manipulación del tipo que podríamos llamar ‘displicente’, es decir, como quien no hace nada especial ni le da importancia, pues lo que en verdad importa es la naturalidad de lo que sucede y de los personajes.

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Y es así como los tres cerditos se dejan ver en la granja donde habitan, hasta que un día descubren que su papá, cada día más lozano y gordito, acaba un día convertido en jamones, chorizos y morcillas. Huyen al bosque y aquí es donde empieza de verdad la historia, con el lobo malo malo que se los quiere comer.
Pero mejor no anticipar nada, aunque serviría para poco, al ser aquí lo importante el cómo y no el qué: cómo Iñaki Juárez nos cuenta la conocida historia, con algunas canciones insertadas, y dejando las truculencias de rigor ‘para otro día’. Con la escena de los jamones y los chorizos, el público ya tiene más que suficiente.

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Dice Iñaki que los cuentos, por muy conocidos que sean, cuando se cuentan, son siempre diferentes. Una verdad como un templo, que Iñaki Juárez aplica al pie de la letra, mediante los malabarismos del oficio más el aludido desenfado en su cuidadoso quehacer. Pequeñas paradojas que disparan el humor de una propuesta clásica que el de Arbolé convierte en una osadía llena de desparpajo único e irrepetible.
Niños y mayores siguieron la obra sin apartar los ojos de lo que ocurría en el escenario. Los aplausos fueron unánimes, intensos y elocuentes.