(Luís Zornoza Boy con la Muerte, en el teatrillo de Punchinelis)

Hablar de Luís Zornoza Boy es hablar de uno de los valores titiriteros de más altura que hay en España, y uno de los menos conocidos, por una simple razón: gran parte de su carrera ha transcurrido y sigue transcurriendo en buena parte por Europa, y más concretamente, por el norte de Europa: Inglaterra, Bélgica, Finlandia…

Luís de Montserrat Zornoza Boy -nombre completo del personaje, indicando sus profundas relaciones familiares y sentimentales con Cataluña, donde pasó buen parte de su infancia- estudió Derecho en Madrid, su ciudad de nacimiento y de estudios, pero por el camino se cruzaron dos realidades que torcieron su camino: el taller de marionetas del titiritero argentino exiliado en España, Miguel Ordoñez, alma de la compañía Cristóforo Colombo, y el teatrillo de títeres del Retiro, regentado entonces por Paco Porras. Ambos personajes embelesaron de tal modo a Zornoza Boy, que un día decidió aparcar las leyes y lanzarse al mundo del espectáculo. Otro faro iluminó este interés: conocer el trabajo y la figura de Paco Peralta, el maestro de tantos titiriteros madrileños. Como dice él mismo, ‘Porras y Peralta representan las dos facetas más interesantes de los títeres de aquel momento en España, cuando el Estado aún no se había apropiado del Teatro de Títeres: uno representa la corriente popular, el otro la culta y elitista’.

De Porras le maravillaba el lado popular-canalla del personaje, capaz de rifar un jamón y una botella de whisky frente a un público infantil, premios que siempre iban a parar al mismo señor de mirada torva que se sentaba en primera fila. Igual de fascinante le resultaba ver como la pelea cachiporrera de los títeres se correspondía a la pelea entre los dos titiriteros que había tras el retablo, Porras y Tina, sumidos en su constante refriega. Dos juegos de bastones simétricos que indicaban la conjunción popular callejera entre la vida y el arte.

Teatro de calle en Sevilla, con Rocambole, espectáculo ‘Pasacalles’ (1981). Luís Zornoza llevando al marinero gigante.

Estamos a finales de los setenta y, con unos jóvenes aspirantes a titiriteros como él, fundan la Deliciosa Royala, histórica compañía de la que proceden otros personajes de larga carrera y reconocido prestigio como son Manuel Román y Antonio Aragón, que se estrenan con un Pasacalles. A continuación, se enrola con el Circo Internacional de los Salvini, con los que hace magia con animales, para formar luego la compañía Rocambole de teatro de calle, con muñecos grandes, números de circo y pirotecnia.

The Norwich Puppet Theatre.

Alma inquieta con ansias de profundizar en la extraña carrera emprendida, se traslada Zornoza a Dinamarca para pasar luego a Inglaterra, en el año 1986, donde, fascinado por el peculiar humor inglés, aprende sobre las marionetas victorianas, el music hall y el vodevil inglés con Barry Graham. Pronto se da cuenta de sus carencias, y cursa una licenciatura en Bellas Artes en la Universidad del Este de Londres, con un pie siempre en el Puppet Center que dirigía con su reconocido buen tino Penny Francis; con ella seguiría colaborando durante muchos años. Tras acabar los estudios de escultura y un máster en grabado, se presenta y gana las oposiciones para dirigir el único teatro público de títeres estable de Gran Bretaña, el Norwich Puppet Theatre. Un puesto que ocuparía durante 18 años, una increíble, larga y brillante carrera de director en la que pronto destaca por sus interesantes y siempre atrevidas e innovadoras puestas en escena.

Interior del Norwich Puppet Theatre.

Por la antigua iglesia medieval reconvertida en teatro que conforma el Norwich Puppet Theatre, situado en la población del mismo nombre en el este de Inglaterra, a pocos kilómetros de Cambridge, pasan muchos titiriteros tanto ingleses como de otros lugares de Europa, y por supuesto de aquí. Los primeros españoles que actúan en el teatro son los jóvenes titiriteros de Etcétera, Enrique Lanz y Fabiola, con su primer espectáculo. Les siguen muchos otros, como Jordi Bertrán, Lacónica Lacónica, Tabula Rasa, María Parrato, invitada asidua, Eugenio Navarro, por sólo citar a unos pocos. También la holandesa René Baker, hoy reconocida profesora y maestra de los títeres, participa en el NPT y crea con Zornoza varios espectáculos que ambos mueven por Europa.

René Baker con Luís Zornoza Boy en el Cabaret The End (1990).

Los años en Norwich fueron espléndidos y muy productivos, pues los títulos se multiplican, creando un estilo propio que le da a conocer por todo el país y fuera de él. Es así como recibe encargos para dirigir obras de otros teatros europeos. Destacan los 10 años dirigiendo con Vihera Omena en el teatro de títeres de Helsinki y los 8 años de asidua colaboración con la histórica compañía Taptoe de Bélgica, para la que crea y dirige dos de sus espectáculos de más éxito: Frankenstein y Scrooge. También colabora con Baobab de Suiza, La Baldufa de España,  Darpana Dance de la India, entre muchos otros. Como dice Zornoza: ‘Yo soy un simple fontanero, voy allí donde me llaman e intento sacar lo mejor de los que me contratan’. Su nombre suena y es solicitado por los principales teatros de títeres de Europa, hasta que en 2010 se cansa de tanto viajar en avión y cambiar de casa, y decide regresar a su país.

Vista parcial de Cónchar, Granada.

Se instala en Granada, en la pequeña localidad de Cónchar, en una antigua fábrica de Esparto, a tiro de la autopista que lleva a Motril, en cuyos alrededores, con los ahorros de sus andanzas europeas, compra también una casa de campo y un huerto de árboles frutales, en esa privilegiada zona de clima tropical tocando a Salobreña. Desde aquí, sigue dirigiendo cuando lo llaman, casi siempre por encima de los Pirineos, y se inicia a su vez en los espectáculos unipersonales de los que hasta ahora había huido: El Traje del Emperador y Punchinelis (ver aquí en Titeresante, y aquí en Putxinel·li).

El Traje del Emperador. Teaser from Siesta Teatro on Vimeo.


Es imposible resumir en pocas líneas una trayectoria como la de Zornoza Boy, tan rica en títulos, creaciones originales, direcciones y talleres impartidos. Hombre culto, leído y buen conocedor de los Clásicos, destaca su mirada entre cáustica e ingenua, siempre heterodoxa, con un conocimiento profundo del lenguaje de los títeres y de la plástica aplicada al teatro, él mismo constructor de la mayoría de los títeres de los espectáculos que dirige, abierto a lo nuevo y con un exquisito ojo para sacar lo mejor de los actores y titiriteros con los que trabaja. Sus espectáculos unipersonales desconciertan y sorprenden por el uso de un humor que combina la refinada y siempre cáustica ironía británica, con el manotazo directo del estilo ibérico, más proclive al esperpento, a la risotada madrileña y a la socarronería catalana, sin olvidar las pinceladas de lirismo del buen gusto andaluz.

Lo visito en su casa-taller de Cónchar, y tras gozar en un pequeño restaurante del lugar un manjar delicioso de buena comida casera, le disparo con la siguiente pregunta.

TR- ¿Cómo ves el panorama del teatro de títeres en España?

LZB- Desde mi perspectiva, la de alguien que ha trabajo 26 años en el norte de Europa, veo algunas diferencias entre aquello y lo nuestro.

La primera peculiaridad que me sorprendió de los festivales de aquí es la alegría con la que se reparten a granel premios y medallas. Es una generosidad inaudita, hay premios a la dirección, a la actuación, a la escenografía, a la invención, a los valores femeninos, se trata de una peculiaridad maravillosa que no he visto en ninguna otra parte.

Luís Zornoza Boy manipulando un títere suyo, en la obra ‘Nieve’, Teatro de Títeres de Helsinki ‘Manzana Verde’ (2000).

La segunda peculiaridad es el grado de nepotismo que se practica aquí. Una palabra, nepote, que en italiano significa sobrino, la costumbre de colocar a la familia en los cargos importantes de la curia, una invención de los papas españoles. En Inglaterra, esto es ilegal. Una vez has colocado al cuñado, al sobrino o a alguien sin mérito alguno, sólo porque es del mismo partido o de la misma familia, lo único que se puede hacer es empezar a dar medallas. Y a comprar espectáculos por su peso: premios que ha recibido, conocidos en su elenco, valores pedagógicos que ofrece…

Una costumbre desde el siglo XVI, cuando aquí se desarrolló la Corte. Mientras en Europa se desarrollaba la ciencia, la filosofía, la medicina y los negocios, aquí la industria principal fue la Corte. Con el oro y la plata de América se pagaba a los cortesanos, a un ejército que perdía batallas y a un clero que combatió cualquier reforma.

Fíjate, hoy el Partido Comunista apoya al gobierno y, para agradecérselo, se le da a uno de su partido la dirección del Instituto Cervantes. Cuando en otras partes se seleccionan gestores por méritos, aquí se promueve la Corte.

En Andalucía se hizo un estudio, hace un año, sobre la cultura. La Concejalía de Cultura creó la Agencia Andaluza de Industrias Culturales, que tuvo un presupuesto de 24 millones de euros. Se crearon 483 puestos de trabajo a dedo, y queda 1 millón para actividades culturales. Los 23 que sobran son para pagar los sueldos y gastos de toda esta gente. Yo me exilié en el 86 porque intuía todo eso. Aquí se ha despilfarrado mucho


Cuando empecé a ver títeres en los años 70, había pocas compañías y de ellas me fascinaron dos, situadas en los extremos: Porras, en la calle, un teatro popular de gran frescura, y Peralta delicadamente en su taller. Dos extremos exquisitos: lo popular y la élite. Y el Estado se mantenía al margen. Los títeres hasta entonces representaban para la gente sobre la represión, la tentación y la muerte. Luego, en pocos años evolucionamos a la cultura de masas. Por supuesto, a contracorriente hay compañías de mucho mérito y espectáculos muy brillantes.

El kitsch, es un sentimiento de banalización, una palabra que se creó cuando los turistas americanos no tenían dinero y compraban sucedáneos.

Otro aspecto español es el nuevo riquismo. España ha pasado de ser un país pobre a uno rico. Algunos miden los espectáculos por metros cuadrados, cuando más grande y caro mejor, lo más caro que haiga, marginando la simplicidad y la sabiduría popular. Aquí cerca, en Granada capital, en la plaza de Bibrambla, actuaban todos los años por el Corpus los guiñoles de Talio.  Cuando el pequeño héroe con su estaca pegaba al ogro el público tenía que gritar “chacolí”, todavía hoy se conocen en Granada popularmente por chacolines a los títeres. En 1979, celebradas las primeras elecciones municipales tras la dictadura, la corporación interrumpió los guiñoles hasta la fecha. Han pasado 40 años sin los títeres populares y los Chacolines siguen siendo una experiencia profundamente memorable para muchos granadinos. De las cosas tan caras, con tantos valores y con tanto brillo que trajeron los políticos, parece que no se acuerda ni Dios.

‘Skroetsj’, con el Teatro Taptoe (2001), dirección, títeres y adaptación de Luís Zornoza Boy.

Ya Cervantes, en el Licenciado Vidriera, nos señala lo que somos: los titereros son gentes que transforman con las figuras de su retablo la devoción en risa. El Estado ha cambiado los términos. Ahora se transforma la devoción en más devoción.

TR- Ante este paisaje tan negro que ves, ¿Qué cambios crees tú que serían necesarios, qué reformas?

LZB- Las que dijo Bartolozzi en una entrevista en 1929 en Madrid:

“—¡Nada de literaturas!  Nada de esa literatura que se llama infantil, que encanta a los mayores y aburre indefectiblemente a los pequeños ¡Nada de filosofías ni lirismos anticuados, ocultos hipócritamente bajo la máscara de la ñoñez!… En este guiñol todo debe responder a un objeto único, al lado del cual todo me parece insoportable. Ese objeto único es divertir a la chiquillería; pero nada más que divertirla. No intentar educarla ni moralizarla, porque la moral suprema está, para el niño en la risa franca, sincera, que brota espontáneamente sin segunda intención de ninguna clase”.(Citado por Joaquín Díaz en su libro sobre títeres)

El teatro de títeres mejoraría si se moderase el uso del retruécano y la redundancia.

TR- Sobre los Festivales, ¿qué opinas? ¿Cómo los ves en nuestro país?

Hay de todo, conozco pocos en España, desde esta ignorancia podría pensar que parte de los festivales españoles no tienen una visión, siguen la moda. Vivimos en la dictadura de la estadística. Los más interesantes se crean por expertos titiriteros para poder juntarse con afines, como el de Pontevedra, Titiriberia, en este caso de títeres de cachiporra. Comer, charlar, debatir y darle acceso a un público que ríe y celebra los castañazos al demonio.

Con el público del Parque de las Marionetas, Zaragoza. Espectáculo ‘Punchinelis’, foto de Manuel Minaia.

Escribía Ferlosio que los guiñoles tienen al demonio y a la muerte, pero no tienen a Dios. En el Parque de las Marionetas de Zaragoza reúnen por el Pilar, desde hace bastantes años, cuatro guiñolistas tradicionales, un placer ver a un público tan bien educado por la constancia del festival, disfrutar de este teatro de risas. Quiquiriquí en Granada acierta  programando casi cada edición el gran talento de Bobé con sus objetos. El If de Barcelona programa excelencia como a Inés Pasic o Los Bonecos de Santo Aleixo,  junto con lo más contemporáneo.

En Charleville, Anne-Françoise Cabanis me parece una buena directora artística, si ella programara en España podríamos ver trabajos brillantes que nadie nos trae.

Imagen de ‘Frankestein’, Teatro Taptoe, Dirección, títeres y adaptación de Luís Zornoza Boy.

Podrían hacer monográficos focalizando en lo extraordinario, por ejemplo, un festival dedicado a Giggio Brunello, tal vez el mejor escritor vivo para teatro de títeres.

Sería bueno eliminar el clientelismo, el intercambio que hacen las compañías, yo te programo, tú me programas. Y no ir detrás de las últimas novedades que denota desconocimiento de lo que es el teatro clásico de títeres.

TR- Luís Zornoza es alguien que conoce muy bien los temas de formación y enseñanza. Desde el Norwich Puppet Theatre, organizó periódicamente y año tras años seminarios y Master Class invitando a los titiriteros que consideraba más interesantes. Pero él mismo ha impartido cursos y talleres en multitud de lugares, como en Brasil para la Unima Pernambuco, en Oval, Londres, para el Teatro Nacional de Londres, la Universidad de Cambridge, en Helsinki, en Madrid, en el CIT de Matanzas y en otros muchos lugares. ¿Cómo ves, le pregunto, el tema de la formación en España?

Programa de uno de los cursos en el Norwich Puppet Theatre (1994).

La riqueza de los títeres es la variedad, su gran diversidad.  ¿Formación para qué? ¿Qué se quiere conseguir? Con el acento en el trabajo de actor de figura, hay escuelas muy buenas como Lecocq en Paris o Midelsex  en Inglaterra. Para la exploración, lo visual y lo excéntrico, está la Escuela de Jerusalem. La de élite, sin duda es la de Charleville-Mézières. Dando una formación profesional generalista, con buenos elementos, el Institut del Teatre de Barcelona.

En Inglaterra, desarrollé programas en los que invitaba a maestros que vinieron para hacer masterclases; Yang Feng, Miralini Sarabai, Enno Podhel, David Glass, Joan Baixas… Se buscaba el contacto directo con ellos, poder entrar en su universo. También talleres con técnicas muy específicas, marionetas, danza, análisis del movimiento…

Programa de uno de los temporadas de otoño 2007 del Norwich Puppet Theatre.

Formarse es también dar espacio para experimentar, lo inesperado, los accidentes, como cuando Cardoso, el titiritero que rescató en Portugal el D Roberto, tuvo una discípula, Sara Hernandes, que aprendió con un gran mimetismo todas las coreografías del maestro, pero haciendo un espectáculo radicalmente diferente, sin haber pretendido cambiar nada. Ha cambiado sin querer su sensibilidad. Sara son las nubes. Cardoso es la tierra. Este es un camino.

‘Libro Imaginario’ (2005), de La Baldufa, dirección de Luís Zornoza Boy.

Enrique Lanz, cuando programaba hace pocos años un festival en la casa de Lorca, tuvo una gran idea para la formación, invitaba a todos a desayunar en el patio empedrado con el titiritero que actuó la noche anterior. Allí hablé por primera vez con un tal Toni Rumbau al que había visto actuar en el teatrito de Porras en Madrid a principios de los ochenta animando un títere en sombras, delicada simbiosis de caballo y muerte. Rumbau volvía a usar el mismo títere en otro espectáculo la noche anterior. Esa muerte que cabalgaba incansable. Cuando he sufrido la muerte de cerca me volvían las sombras de ese caballo con guadaña y también la obra Miseria de Cardoso.

Lo que hacemos nosotros en el teatro de títeres es una fabricación con elementos que nos han ido llegando. El títere como práctica general artística es un camelo muy repetido, los títeres raramente son una vanguardia. Ahora también llaman donde te hacen las cejas y te ponen mechas, “local de estética”.

Luís Zornoza Boy con uno de sus títeres.

Hay guías maravillosas. Shakespeare, Cervantes, Borges o Shopenhauer. Sólo entrar en el Quijote, Cervantes ya dice cómo hay que estar: ‘Desocupado lector…’

TR- Háblanos de los Museos. ¿Cómo valoras su existencia y necesidad?

LZB  En teoría una contradicción en términos, porque el títere no es una escultura, es en la animación donde toma vida. Dicho eso, he disfrutado de exhibiciones de títeres como las marionetas de la familia Barnard que actuaban para la reina Victoria, en el Polka Theatre de Londres, o el Museo de Viravolta en Pontevedra, un pazo precioso.

Luis Zornoza Boy con una escultura suya de hierro en 1991.

Organizaciones.

TR- Por último, ¿cómo ves el tema de la organización entre los titiriteros?

LZB- Yo no puedo hablar por experiencia, porque no he estado en ninguna. La Unima me pareció brillante cuando se creó. Los súbditos de los países con regímenes comunistas necesitaban salir para obtener ropa interior que no picase. Con la Unima pudieron ir a Occidente y satisfacer sus necesidades. Ahora toda la ropa interior viene de China, y es suave, tal vez se ha perdido el sentido altruista de la Unima.

‘Juan y las habas mágicas’, 1993, producción en el Norwich Puppet Theatre, con Joy Haynes,

Lo que no me agrada es cuando veo personas que dicen hablar en nombre de los titiriteros y que usan esas organizaciones para rozarse con nuestras dignísimas autoridades. Lo más dañino para ver buen teatro de títeres  son los gremios localistas que bajo el lema “mejor lo de aquí, aunque sea  mediocre, que lo bueno de allí”. ¿Cuánto teatro excelente de Suecia, Alemania o de otra comarca a pocos kilómetros nos perdemos por el “apoyad lo nuestro”?

15 de diciembre de 2020 – Cónchar, Granada.

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