En Septiembre se celebró un atractivo y mítico festival europeo.  El PIF es uno de esos festivales que a muchos nos acompañan desde antes de nacer. No quiero ofender a nadie pero 51 años no es precisamente joven. Estamos hablando de un festival histórico en Croacia, más específicamente en la ciudad de Zagreb. ¡Ay, Zagreb! Qué belleza de ciudad… esas calles llenas de vida y de espacio, esos colores vivos y llenos de nostalgia; el mercado al aire libre con ese mar de verduras, frutos secos, artesanía y caras sonrientes. Y muy buenos vinos y cervezas. Eso me dijeron.


Tuve la suerte de participar en este evento como invitado, y no puedo comenzar sin agradecer a los directores Ljubica y Arsen por todas sus atenciones y disponibilidad. Aunque realmente no hubo nada que solucionar ya que estaba todo perfectamente coordinado para que los participantes no nos encontráramos con ningún inconveniente.  Técnicos impecables, salas llenas, espacios agradables y hasta una recepción con el alcalde de la ciudad.  Por otra parte, Ljubica y Arsen se preocuparon de organizar tan bien los horarios que eso nos permitió a todos los participantes poder disfrutar del trabajo de nuestros compañeros, lo que se agradece profundamente (no voy a enumerar la cantidad de festivales donde no es posible ver ninguna obra más que la tuya). Pero hay más. Como si de un milagro se tratase, ¡hasta pudimos compartir las cenas junto a los compañeros!, ¡Y vaya qué platos! Mención honrosa para el Carpaccio de Ternera con láminas de queso parmesano….

Pinocchio- The New Theatre

Una de las obras que me llamó la atención fue Pinocchio de la compañía “The New Theatre” de Nitra, Eslovaquia. Es la versión más rara y diferente que he visto de este clásico. Por supuesto esta propuesta tenía poco de clásico. Quiero decir que me interesó aunque no entendí absolutamente nada. Y por eso me gustó, y porque el espacio utilizado era curioso. Los espectadores estábamos en dos grupos de 3 filas de asientos  a cada lado de un pasillo de unos 5 metros de modo que veíamos la acción y también las caras de los otros espectadores.   De la obra en sí, puedo contar que podíamos ver a Pinocho pero también unas curiosas criaturas, especie de cuervo y rata, que crecían poco a poco a medida que la obra avanzaba, casi como crecen los miedos dentro de los humanos. Eran títeres que me recordaban aquel mítico “Cristal Oscuro”, perfectamente manipulados y construidos que realmente generaban en los espectadores cierta inquietud.


El juego del miedo y los movimientos de Pinocho inferían a esta obra un aire de búsqueda que parecía centrarse en una transformación del objeto inanimado en un ser humano, con todas las consecuencias que eso conlleva. Un trabajo extraño, pero interesante que nos hace salir pensando del teatro, lo que -como amante de esa corriente cada vez más rara de encontrar- agradezco profundamente.

Vanya- Karlsson Haus Theatre

Un dragón asolaba al mundo y engullía a los seres humanos. Ya no quedaba nadie en el planeta excepto una pareja de ancianos. Mágicamente son bendecidos y la cigüeña les porta fortuna en forma de un saco con un niño… Vanya. Una historia fascinante, divertida, y extremadamente simple. Tuve la oportunidad de ver esta obra hace algunos años en Ekaterimburgo, Rusia, pero por supuesto en su lengua original. No me enteré de nada, pero me encantó el trabajo. En Zagreb tuvieron la buena idea de colocar subtítulos lo que me aclaró bastante el panorama. La obra me encantó más aún. El trabajo que hace Mikhail Shelomentsev es sencillamente impecable. Un gran actor, con una cantidad de registros (sobre todo vocales) que realmente llenan de vida el espacio de esta obra sencilla pero poco convencional.  Esta obra está definitivamente entre el teatro de figura, el títere y el cuenta-cuento, aunque esa definición sea particularmente indefinida. Por eso esta obra atrae.


Para intentar graficar el escenario, es una rampa de unos 4 metros de largo, con un techo, lo que genera una suerte de rectángulo ligeramente inclinado. Los personajes aparecen desde el techo, desde el subsuelo, y desde un lado, ayudados por poleas y cuerdas. Son personajes sencillos pero con una movilidad impresionante. Esta obra es una clase magistral de cómo dar vida a un cuerpo que lo único móvil que tiene son las articulaciones de los hombros. Pero ahí está el trabajo de dirección brillante de Aleksei Leliavski. Consigue que cada pequeño episodio sea contado de una manera diferente a lo convencional, preocupándose por los detalles más insignificantes y transformándolos en algo fuera de serie. En la obra vemos principalmente a Vanya -ese bebé mágico que llegó con la cigüeña y que ahora es un hombre- y su intento para encontrar al dragón. No puedo dejar pasar la oportunidad de hablar de aquel monstruo del lago que encuentra Vanya en una salida de pesca, con grandes ojos azules. Mikhail cambia su registro a una voz profunda y crea el ambiente sonoro soplando una tetera con agua; con el agua justa para engañarnos y  transportarnos a las burbujas de un lago perdido en la Rusia profunda.  Bello. Como decía anteriormente, en este viaje que inicia Vanya se va en búsqueda del dragón. Y lo encuentra. Pero no puedo contar mucho más ya que el dragón desentraña una realidad profunda. Ese encuentro es un giro dramático que puede gustar más o menos, pero que es sin duda un punto de quiebre interesante que hace de esta obra algo más especial si cabe. Fue uno de mis trabajos favoritos.

Guyi, Guyi, otro patito feo- Periferia Teatro

Pues bien. Presencia española en el PIF. Presencia de una compañía amiga de la que personalmente soy muy admirador. Periferia teatro.  Me gusta como cuentan cuentos. ¿No se debe un cuento contar por si solo? Pues sí, cuando quienes te cuentan el cuento están fuera, aislados y ejercen de maestros de ceremonia, la cosa se muere. Cuando los actores son parte de un engranaje perfecto, parte del mismo cuento, la cosa funciona. Mariso e Iris están compenetradas y esa máquina de trabajo deleitó al público croata de principio a fin. Pero es que además tuvieron la osadía de soltar algunas frases en croata. No puedo dejar pasar estas líneas sin recordar aquella hilarante “Malo tu Malo tamo”, que ellas os lo expliquen, pero no es castellano; es croata señores. (No voy a hacer referencia a las chuletas pegadas debajo de las mesas)  La construcción de las escenografías móviles y de los títeres es siempre un punto y aparte en esta compañía;  generan dimensiones, planos y nos llevan a vivir en geografías distantes una de otra. Sencillamente fantástico.  Gracias Juan Manuel Quiñonero, que aunque no te vi, te vimos.


Guyi  Guyi es un pato. Bueno, no. Es un cocodrilo, pero que se crío en una familia de patos. Al final es eso, un cocodrilo que ha sido educado como pato. Se mueve como pato, ¡y hasta se puso un traje de plumas!  Es un cuento hermoso que nos relata esa búsqueda casi inocente y trascendental de un cocodrilo que tiene su naturaleza por un lado y su familia por otro. Una lectura delicada de la vida, una lección para tantos adultos que vamos perdiendo nuestra identidad y nos dejamos engullir por estructuras sociales y por la necesidad de pertenencia. Me gustan las obras que en teoría son para niños, pero que los que no lo somos tanto podemos extraer un mensaje potente y útil. La pertenencia…,  me parece un concepto tan bello, que no pude evitar esa noche pensar sobre ello;  sobre como pertenecemos y como eso nos encasilla. Como de esas casillas nos alimentamos. Como luego nos acomodamos. Como somos actores y profesionales de un tipo o de otro.  Como nuestras obras son “buenas” o “malas”. Como calificamos nuestro arte. Como según eso nos presentamos en un festival o en otro. Como opinamos de una manera u otra. Como se nos abren y cierran puertas. Como la pescadilla se muerde la cola. Eso es  Periferia;  teatro bello, experiencia, entrega y  sobre todo mensajes abiertos dispuestos a hacer reflexionar a alguien tan terco…

Perfieria Teatro con los alumnos del taller de dramaturgia y reciclaje de David Zuazola

Como punto a parte quiero agradecer a Periferia por la gentileza de permitir a un servidor y a su grupo de alumnos, hacer un pequeño coloquio cuando acabó la función. Fue un momento distendido y útil para todos que nos nutrimos y aprendimos de este excepcional trabajo (y también vimos las chuletas).

Las chuletas de Periferia Teatro.

Amikeco- Canícula Puppets

Para concluir esta nota me voy a referir a Canícula Puppets de Guatemala y su obra Amikeco. Esta compañía joven recién se estrenaba en el circuito de festivales europeos y lo hacían con una obra que tenía un valor añadido: no tenía texto. Aplausos. Admiro a quienes consiguen contar las cosas sin utilizar la palabra. Me gustaría hacer un paréntesis y resaltar no solamente el aspecto poético que tiene una obra sin texto, sino también la utilidad para nuestros compañeros profesionales del arte de los títeres, que con esto pueden acceder a países y circuitos más variados ya que la lengua no aparece como un limitante.

Canícula está formada por Helene Josephides y Roberto Braham, de Guatemala, y nos traen toda esa energía y potencia de una tierra tan rica en mitos y leyendas, en naturaleza y en buena gente. Son gente encantadora, y ese encanto lo transmiten a su títere Amikeco; un nombre que deriva del Esperanto.

David Zuazola junto a Canícula Puppets y Perfieria Teatro

La historia es un viaje. Un viaje en un mismo sitio. Un sitio sencillo y teatral. Una farola y tarro de basura que es un hogar. Un mundo. El mundo de Amikeko. Un mundo ordinario donde se genera la acción. Esa acción bien llevada por Helene y Roberto nos invita a observar la búsqueda de nuestro personaje que ha perdido algo muy importante. Es curioso observar como un viaje puede comenzar y acabar en un mismo espacio escénico sin demasiadas variaciones escenográficas. Pero los viajes no siempre implican subirse a un coche o si bien lo prefiere, a un burro. Un viaje puede ser interno, transformador y el punto de inicio nunca coincidirá con el final porque las experiencias cambian a los seres humanos. El valor del aprendizaje por medio de la experiencia es esta obra. Una historia de amistad y también de pena con un final feliz. Helene y Roberto trabajan juntos hace mucho tiempo y esa complicidad queda patente en una obra atractiva y abierta a crecer cada día más. Esta compañía seguro dará que hablar en el ambiente titiritero.

David Zuazola.
Titiritero y autor.

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