(Edificio del Teatro de la Casa de los Títeres de Abizanda. Pilar Amorós acoge a los espectadores antes de entrar)

Abizanda, días 27, 28 y 29 de julio de 2018

Procedemos a hablar en sucesivos artículos de los espectáculos vistos en el Festival de Teatro de Títeres de Aragón, organizado por Los Titiriteros de Binefar y ‘La Casas de los Títeres’, que la emblemática compañía ha creado en la localidad de Abizanda, en Huesca. Cuatro espectáculos pertenecientes a las compañías Teatro de Medianoche, El Silbo Vulnerado, Arbolé y Callejeatro.

‘SeRes Uhmonos’, de Teatro de Medianoche

He aquí una de las compañías más veteranas de Aragón, fundada en el año 1984 por Araceli Gil y Domingo Castillo, y que fue de las primeras en utilizar en España el teatro de sombras y la técnica de la llamada ‘luz negra’ o ‘teatro negro’ que la tradición ha asociado siempre a la ciudad de Praga. Treinta y cinco años de experiencia y de recorrer los caminos de la región y del país, toda una vida de dedicación al títere.

Fotografía de Rocío Durán.

La compañía se presentó en el Teatro de La Casa de los Títeres de Abizanda con un espectáculo compuesto de cuatro historias independientes titulado ‘SeRes Uhmonos’, con guión y dirección de Araceli Gil. que combinaba técnicas distintas del teatro de animación, desde la clásica luz negra y la máscara, hasta la manipulación de fondo oscuro sobre mesa.

Quedó el público maravillado del buen uso que saben hacer los de Medianoche de la luz negra, con esta historia de un Dios en batín y pantuflas representado por una máscara que juega a crear formas y seres compuestos a partir de los elementos que va sacando de un cubo. Un sofisticado juego de manipulación combinada de los tres miembros de la compañía, Araceli Gil, Ángela Castillo y Domingo Castillo con la máscara, que recrea lo que podría ser la rutinaria vida de un Dios que juega a crear con los elementos más anodinos y cotidianos. Exquisita la labor de manipulación de las formas que al unirse configuran seres dotados de vida propia.

Foto Teatro de Medianoche.

El espectáculo adquiere de pronto un acusado humor negro con los distintos episodios protagonizados por vampiros, que pasan sucesivamente de ser unas máscaras con cuerpo a títeres voladores (murciéelagos), en una irónica, poética y morbosa recreación del mundo de los chupasangres.

Foto Teatro de Medianoche.

Donde quizás el trabajo de Medianoche alcanzó sus cotas más altas fue en el último episodio, con unos personajes inspirados al parecer en los dibujos de cómic de Arceli Gil de unos seres provistos de una enorme gracia y elasticidad, que la fresca y dinámica manipulación de los tres titiriteros llenaron de vida. Un ‘cómic visual’, como lo llama la compañía, lleno de humor, frescura y vitalidad, y que consigue lo que siempre es más de agradecer: dar vida a unos seres nacidos de la nada o, más bien, de la imaginación humana.

Foto Teatro de Medianoche.

‘Desde Azul’, de El Silbo Vulnerado

Fue un acierto y todo un lujo poder ver a esta histórica compañía de Aragón creada en 1973 en Zaragoza, de la mano de Luís Felipe Alegre y Francisco J. Gil, y que a lo largo de más de cuarenta años ha presentado un sinfín de espectáculos siempre alrededor de la palabra poética y del oficio del recitador y de la buena dicción. Un trabajo que jamás dudó en sumar a la palabra el gesto, los sonidos musicales, el teatro, la recreación plástica, los objetos o las mismas marionetas.

Luís Felipe Alegre y Carina Resnyski. Foto Rocía Durán.

‘Desde Azul’ es el resultado del encuentro de Luís Felipe Alegre con Carina Resnyski, actriz y rapsoda argentina de gran reputación, alrededor de una idea: hablar de Rubén Darío pero desde un repertorio poético que agrupa no tanto a obras del gran maestro nicaragüense como a las de aquellos poetas que de algún modo se movieron bajo su influencia y aliento estético y vital.

Foto Rocía Durán.

El formato libre del espectáculo permite a Alegre iniciarlo como si se tratara de una disertación entre académica y diletante sobre Rubén Darío. Un autor muy conocido pero a la vez un gran ‘desconocido’ del lector medio español, como sucede por otra parte con muchos de los grandes poetas. Por eso fue un placer escuchar anécdotas y datos sobre la vida de Rubén Darío a cargo de Luís Felipe Alegre, que aparcó sus dotes de recitador de poesía para encarnar la figura de un profesor informal pero riguroso, lo que aumentó todavía más el atractivo del mismo.

Tras estos escarceos profesorales, la obra entra de lleno en materia con el poema de Rubén Darío ‘Los Cisnes’, que da pie a la aparición de los muñecos de dos cisnes, uno blanco y otro negro, manipulados por Carina Resnyski. Y prosigue con poemas de autores como Dulce María Loynaz, León Felipe, Nicolás Guillén, Nicomedes Santa Cruz, Jorge Luís Borges…, recitados por ambos actores o por los dos juntos.

Foto Rocío Durán.

Palabras, imágenes, gestos, mohines, ideas, objetos, muñecos… Los recursos se van combinando con momentos estelares, como el poema de Borges ‘Para las seis cuerdas’, magistralmente ilustrado con imágenes en una especie de libro cuyas viñetas se abren a modo de los romances para ciegos, o ‘El Espantapájaros’ de Oliverio Girondo, con el texto escrito en la figura de un espantapájaros de papel,o el ‘Noche y día’ del catalán Lluís Urpinell, cuyas palabras monosilábicas van apareciendo a medida que se abre un largo desplegable de papel. La divertida ‘Canción adúltera’, de Chicho Sánchez Ferlosio, cerró el recital al unísono de las carcajadas de los espectadores.

El Espantapájaros. Foto de Rocío Durán.

Pocas veces se da esta conjunción de dotes, buenas ideas, oficio y talento, que consiguen aunarse en lo que quizás constituyan los cuatro pilares del espectáculo: palabra, sentido poético, imagen y presencia. Carina Resnyski y Luís Felipe Alegre lo consiguen con elegancia, fragilidad humana, inteligencia y gesto distante. El público aplaudió a rabiar.

‘Veo Leo’ de Arbolé

Nos encontramos con otra de las grandes compañías de Aragón, una verdadera institución en Zaragoza, al disponer de una espléndida sede fija en el Parque de las Aguas, el Teatro Arbolé, y de un personaje creado por la compañía, Pelegrín, que se ha convertido con los años en un icono local, festivo y popular, en la línea de los polichinelas de toda la vida. Constituida por Iñaqui Juárez, Esteban Villarrocha y Pablo Girón, no podían faltar a la cita de Abizanda.

Azucena Roda. Foto Teatro Arbolé.

Se presentaron con un vistoso espectáculo interpretado por la actriz Azucena Roda y dirigido por Iñaqui Juárez, con diseño escénico de María José Montón. Y lo que vimos fue el enorme despliegue de facultades protagonizado por la actriz solista en un escenario ocupado por los libros. Una especie de biblioteca imaginaria donde además de contar con los títulos de la literatura universal, los mismos libros en cuanto objetos cobran vida y se convierten en las cabezas de los personajes de las historias que se cuentan.

Foto Teatro Arbolé.

Son dos; El Patito Feo y la Caperucita Roja, bien conocidas por todos, lo que da permiso a la actriz y a los creadores del espectáculo tratar los contenidos con la más absoluta libertad. Dirigido a público familiar y escolar, la obra no carece de los indispensables guiños a los adultos, algo que siempre es de agradecer, y que en definitiva sirve para contentar a los mismos niños, al darse cuenta de que son tratados no sólo como niños sino también como adultos, pues ¿acaso un niño no es un adulto en potencia? Y si lo es, como tal debe ser tratado, con los filtros y los amortiguadores que se crean necesarios.

Foto Teatro Arbolé.

Arropada por Pablo Girón en la técnica y por Esteban Villarrocha en la producción y como gerente de la compañía, Azucena Roda consiguió la entrega del público, pequeños y mayores, atrapados por su derroche de energía y facultades, y por la empatía que supo transmitir la actriz. Los espectadores que llenaban el Teatro de la Casa de los Títeres se lo agradecieron con sinceros y prolongados aplausos.

‘Busco y rebusco’, de Callejeatro

Sergio Marzo Paricio es el artífice y único actor de ‘Busco y rebusco’, el espectáculo de la compañía Callejeatro de teatro, animación y circo fundada en el año 2000.

El programa de la obra es toda una declaración de principios: ‘Susurros, caricias con las palabras, emociones y mucho mimo. No es magia, es un regalo con amor y algo de humor’.

Sergio Marzo Paricio. Foto de Rocío Durán.

Y, en efecto, lo que nos ofrece Marzo Paricio es la creación de un personaje insólito, único, encarnación espontánea y veraz de las palabras antes citadas. Un personaje que es una ‘actitud’ ante la vida, donde la malicia parece no existir, la comunicación va de alma a alma, las palabras no tienen que ser chilladas ni impostadas, y en el que la ingenuidad prima sobre todo lo demás. Un poco a la manera de ‘El Idiota’ de Dostoyevski, pero centrado en la comunicación con los niños y con su mundo de espontánea imaginación.

Foto de Rocío Durán.

Y es en la coherencia del personaje, con el que el actor se siente muy cómodo, donde se halla el secreto del espectáculo, que supo ponerse al público en el bolsillo desde el primer momento, atrapados todos por el clima de espontánea y sincera ingenuidad transmitido.

Foto de Rocío Durán.

Quizás buscando este ambiente de indefinición de los papeles, el actor buscó una iluminación tenue, casi inexistente, con la finalidad de confundir los roles y de romper los muros de las convenciones, algo nada fácil de conseguir. La respuesta del público y la implicación entusiasta de los niños indica que Marzo Paricio logró sus objetivos.

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