Las ciudades siempre ofrecen estímulos a los que sentimos curiosidad hacia los temas del desdoblamiento y de la proyección figurativa. Y aunque Barcelona sea una ciudad pequeña, no por ello deja de sorprendernos con eventos y, en este caso, exposiciones asaz curiosas e interesantes. En concreto, dos son las que han llamado nuestra atención: la del Museo Egipcio de Barcelona dedicada a los Animales Sagrados del Antiguo Egipto, y la del CCCB (Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona) dedicada a Arquitectura y Sexualidad.

Temas muy diferentes y aparentemente alejados del mundo del títere, pero que esconden verdaderos tesoros cuando hay ganas de encontrarlos.

Animales Sagrados.

Resulta fascinante dejarse mecer de vez en cuando por esa atmósfera arcaica pero tan llena de vida y de rica imaginación que rezuman las culturas del antiguo Egipto de los faraones. Una civilización vitalista que nace con la primera Era del Bronce y que se extiende a lo largo de más de tres mil años de existencia, con cambios importantes y significativos pero con unas constantes sólidas en el arte, la religión y la vida social.

Dos exposiciones
Campesinos y ternerito naciendo. Aprox. 2000 antes de C. Wikipedia.

Y para gozar de esta inmersión, nada hay cómo acudir al Museu Egipcio de Barcelona, pequeño si lo comparamos con los imponentes del Cairo, de Turín, del Louvre o del British Museum, pero exquisito en la calidad de sus piezas y en las explicaciones que las acompañan.

Lo que tal vez llama más la atención de esta vieja cultura, desde la perspectiva del neófito y que nos interesa aquí tratar, sea el constante diálogo que los egipcios mantuvieron con la exuberancia natural del entorno que les proporcionaba el ecosistema del Nilo, con sus crecidas periódicas que fertilizaban año tras año las áridas tierras del desierto adjuntas al río, llenándolas del lodo oscuro proveniente de las altas y fértiles regiones del sur, motivo por el cual los egipcios llamaban a su país Khem, palabra que significa ‘tierra negra’. El milagro de la crecida anual del Nilo posibilitaba que todo el país se convirtiera en un vergel, con abundantes cosechas y la presencia de un sinfín de especies del reino animal y del vegetal, los cuales daban al conjunto un verdadero aire de paraíso terrenal. Así lo sentían sus habitantes y se entiende que desde muy temprano mantuvieran esta relación estrecha con el entorno, no sólo con la caza, el cultivo y la crianza, sino sobre todo a través de sus necesidades de proyección figurativa en la elaboración de mitos, dioses y creencias religiosas.

Dos exposiciones
Pintura de una tumba egipcia donde se muestran distintas facetas de la vida cotidiana. Ägyptischer Maler um 1500 v. Chr. – The Yorck Project: 10.000 Meisterwerke der Malerei. Wikipedia.

Se dice a veces que el panteón de los dioses egipcios es un zoológico divino, pues en él están representados un sinfín de especies animales. Parte esta inclinación del primer impulso animista de los Sapiens, para quiénes todo lo existente tenía un alma o espíritu, el que en su desbordante subjetividad proyectaban los humanos en el entorno natural. El Neolítico cambió este esquema, y aparecen las figuras de los dioses, al principio muy apegados a la tierra, al ser personificaciones divinizadas de realidades naturales (el sol, la luna, el Nilo, la tierra, el cielo…) o de seres vivos animales (con una preeminencia del toro). Rápidamente la divinización llega a los humanos, en la figura del rey asociado a un dios.

Museu Egipci de Barcelona
Escena de caza en la riba del Nilo. Tumba de Nebamon (dinastía XVIII, ca 1370 aC). British Museum. Fotografía a partir de una copia pintada en 2004 por Montserrat Inés. Exposición ‘Animales Sagrados’. Museo Egipcio de Barcelona.

En Egipto, el Faraón encarna a uno de los dioses supremos, cuyo nombre y figura va cambiando según las épocas (Horus, Ra el Sol, Amón, Atón…). En el Reino Antiguo el Faraón monopoliza el viaje al Más Allá después de la muerte, motivo por el cual el pueblo se suma a los esfuerzos gigantescos que requiere la construcción de las Pirámides, esas grandes tumbas que simbolizan el pacto de los egipcios con los dioses a través del Faraón, para así sentirse protegidos. El Primer Período Intermedio y las convulsiones sociales que lo caracterizan rompen este contrato, y el más allá se democratiza: todos son susceptibles de ser conducidos por Abubis y por Thot al Palacio de la Verdad-Justicia donde sus corazones son pesados en la balanza de Maat. Según el peso de sus pecados, se salvan o caen en las fauces de Apopis, el monstruo que encarnaba el infierno de los egipcios. El Libro de las Pirámides, esa guía post-mortem de los reyes en su viaje mortuorio, se convirtió entonces en el Libro de los Muertos, una democratización del Más Allá que individualizó su usufructo.

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Vasos canopos. Dinastia XXVI (664-525 cC). Museo Egipcio de Barcelona.

Cambio fundamental para las importantes artes funerarias, que de pronto deben satisfacer a todos los que se pueden pagar un entierro. Este es el motivo de la extraordinaria proliferación de tantas figuras y figuritas que han llegado hasta nosotros, como las llamadas ushebti, con forma de momia, que en su época constituyó una enorme industria y uno de los primeros souvenirs del mundo, al convertirse en un reclamo turístico para los visitantes, especialmente en sus últimas épocas. Pero su función principal era servir a los muertos en sus necesidades del Otro Lado. Eran como pequeñas marionetas estáticas que cobraban vida después de la muerte, cuando se convertían en activísimos seres encargados de realizar los trabajos indispensables para la vida de ultratumba: arar los campos, amasar el pan, preparar la comida y los brebajes, masajear al difunto… Cobraban vida en la imaginación de las personas y en el imaginario colectivo del que formaban parte los muertos. Tan vitalistas eran los egipcios, que no podían dudar de que tras la muerte no sólo había vida, sino que ésta era aún mejor que la vivida, de ahí la necesidad de tantas manos y la complejidad de los servicios a prestar.

Dos exposiciones
Figuras en escenas de la vida cotidiana
. Museo Egipcio de Turín.

Los ushebti son un ejemplo de esta enorme capacidad de los egipcios de proyectarse en la realidad, subjetivando con extraordinaria imaginación el entorno, lo que explica la riqueza icónica de sus culturas milenarias.

Es como si los egipcios necesitaran vivir siempre rodeados de figuras que los acompañaRan, para jugar, para distraerse, para tener suerte en tal o cual menester, para rogar a los dioses, para representar a una potencia mágica o sobrenatural, o para servirles tras la muerte. Pero en vez de buscar modelos abstractos y alejados de la realidad, ellos prefieren bañarse en ella, dialogando creativamente con todo lo que vive y se mueve a su alrededor.

Dos exposiciones
Estatua del dios Horus con forma de Halcón. Piedra calcárea. Período Ptolomaico (302-30 aC). Exposición Animales Sagrados. Museo Egipcio de Barcelona.

Hay muchos ejemplos de ricas figuraciones en la cultura egipcia, casi siempre relacionados con los ritos funerarios pero no siempre. En el extraordinario Museo Egipcio de Turín, se amontonan en vitrinas centenares de miembros articulados, brazos, piernas, torsos, manos…, que parecen piezas de muñecos o marionetas por montar, partes indudables de figurillas animadas, de uso funerario algunas pero otras seguramente de uso más casero y lúdico, cuando no mágico o para determinados rituales.

Dos exposiciones
Figuras varias. Museo Egipcio de Turín.

Lo que ahora nos aparece estático en los escaparates museísticos del mundo, en su época formaba parte del riquísimo imaginario de figuras de todo tipo y dimensiones, que animaban la ya de por si vitalísima vida egipcia.

Dos exposiciones
Acopio de brazos articulados. Museo Egipcio de Turín.

En cuanto a los dioses, son muchos los ejemplos de animales o de figuras antropomorfas con cabezas de animales que los representan. Está Sobeck, el importante dios cocodrilo que reinaba en las aguas pantanosas del lago Moeris, en cuyos templos se los criaba y adoraba. Está la diosa Bastet, de cabeza de gato, que protegía el hogar. El halcón Horus representaba al Faraón, y por eso llevaba la doble corona (del Alto y del Bajo Egipto). Khepri, el sagrado dios escarabajo, tenía por misión empujar al sol cada mañana al amanecer.

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Máscara procedente de una momia de cocodrilo. Yeso pintado y yeso cristalizado. Época Baja Período Ptolomaixo (715-30 aC). Exposición Animales Sagrados. Museo Egipcio de Barcelona.

Thot, ¿un dios para los titiriteros?

Y está Thot. Los griegos lo llamaron Hermes y los romanos Mercurio, Thot es un dios polimorfo que los egipcios podían representar bajo la imagen del pájaro ibis, de un mono, o con figura humana y cabeza de ibis o de mandril. En la exposición Animales Sagrados del Museo Egipcio, el dios está bien representado con varias momias de ibis con sus bonitos sarcófagos de madera.

Ibis, museo egipcio de Barcelona
Sarcófago de Ibis. Época Baja (715-332 aC) o Período Ptolomaico (302-30 aC). La momia del ibis està en su interior. Exposición Animales Sagrados. Museo Egipcio de Barcelona.

Se atribuye a Thot la invención de la escritura, la gramática, la astronomía, las matemáticas, la música y el comercio. Ayudaba al creador en el gobierno del mundo y ejercía de intermediario entre los dioses. Guiaba a las almas en su tránsito al más allá en compañía del perro Anubis, y oficiaba de secretario en el juicio de los muertos presidido por Osiris. También se le consideró el dios de los caminos y de los ladrones. En calidad de Hermes Trimegisto, fue el fundador del Hermetismo y de la alquimia.  Con semejante Currículum Vitae, bien lo podríamos considerar el dios de las transformaciones, y por ello también el dios de los titiriteros. Sin minusvalorar a San Simeón el Loco, tradicionalmente considerado como el protector de los santos locos y de los titiriteros, Thot goza de unos atributos que creo encajan muy bien con las actuales artes de los títeres. Y goza además de un status superior, el de la divinidad.

Lo sugiere Hetty Paërl en su libro sobre Pulcinella[1], cuando establece una línea de parentesco entre Pulcinella, el Papageno de la Flauta Mágica de Mozart, Mercurio y la alquimia. Para Paërl, está clara esta relación que se apoya en la iconografía histórica de la máscara napolitana, con sus misterios andróginos y su capacidad de reproducirse él mismo a través de un huevo, lo que lo enlaza con el mundo de los dioses primordiales. Por algo se dice que ‘Hermes es el guía de lo seres en sus cambios de estado’[2].

Se entiende que Thot nos interese al ser un dios capaz de observarse a sí mismo -a través de la escritura, que él inventa- y, por lo tanto, dotado de la fina ironía que conlleva la autoconsciencia de la palabra. A lo que hay que añadir su carácter volátil y trashumante, picaresco, tramposo, dicharachero y mercantil, dios de las iniciaciones y por ello mismo de las dualidades. Suele llevar el caduceo, esa vara rodeada de dos serpientes enroscadas y ascendentes, por lo general coronada con un par de alas. Simbólicamente, el caduceo representa la dualidad de dos fuerzas antagónicas en equilibrio, una polaridad propia ‘de las corrientes cósmicas, figuradas más generalmente por la doble espiral’[3].

Hermes
Hermes con el caduceo. Autores: Cartari, Vincenzo, b. ca. 1500 Du Verdier, Antoine, 1544-1600. Foto Wikipedia.

Si tenemos en cuenta que algunos titiriteros (como Joëlle Nogues, de la compañía francesa Pupella-Nogues) proponen llamar al teatro de títeres ‘teatro de la metamorfosis’, conviene a los que practican este arte asociarse al dios ibis, que también es un mandril, y que en la época de los griegos fue el raudo y eficaz mensajero de los dioses. Muy amigo, por cierto, también de Karagöz, según nos consta.

Arquitectura y Sexualidad.

Entramos aquí en otro departamento de los contenidos: el de la cultura vista a través de los grandes arquetipos que configuran la experiencia humana: nuestra relación física con el espacio y el entorno, desde que dejamos de ser trashumantes y decidimos fijarnos en aldeas, ciudades y grandes aglomeraciones de ellas. Es decir, en los modos cómo nos situamos en relación al espacio.

Es fácil constatar cómo la arquitectura nace, en primera estancia, como un instrumento para la seguridad: protegernos del entorno, marcar unos límites, establecer un adentro y un afuera. Por eso las primeras ciudades del mundo nacen con murallas que las envuelven, al ser ellas las paredes con las que se protege el conjunto de los agregados. De los límites de la casa, se pasa a los límites de la ciudad, que luego se extienden a los límites del reino, del imperio…

Exposición Arquitectura y Sexualidad

Lo importante de esta arquitectura de la seguridad es tener un buen sistema de puertas y ventanas capaces de cerrarse cuando así conviene, especialmente por las noches. En el caso de las casas, se le suma el elemento techo, que nos protege de los elementos y de los intrusos que gustan escalar las paredes.

La exposición del CCCB, comisionada por Adélaïde de Caters y Rosa Ferré, trata de una arquitectura de otro tipo: la que se basa en el deseo y el placer. Algo que no tiene nada que ver con la seguridad. Mientras ésta se obsesiona en el cierre de puertas y ventanas, la del placer gusta de abrirlas, para dejar que entre lo ajeno deseado. Y de ahí que esta arquitectura exista sobre todo en el papel y en la imaginación de sus creadores, al ser tan difícil que las personas entiendan que el placer pueda estar por encima de la seguridad.

Oikema, Arquitectura y Sexualidad
«Oikema». Alzado de la casa de la Pasión y de los placeresClaude-Nicolas Ledoux (1736-1806). Imagen extraída de Wikipedia.

Y se da la paradoja que las pocas arquitecturas construidas con este fin, especialmente en los últimos siglos de la Historia, sean todo lo contrario de edificios transparentes y abiertos. Éstos sirven en la imaginación, pero en la realidad, quién se construye un edificio de placer necesita protegerse, aislarse y esconderse, de modo que desde el exterior aparezca como algo cerrado que no nos dice nada, disimulándose en el paisaje urbano. Esta contradicción se resuelve en el interior, una vez se han cruzado las murallas de protección: entonces, todo es equívoco y ambiguo, las puertas se abren con facilidad, aunque hay infinidad de espacios ocultos que buscan la intimidad de lo prohibido. Así eran las casas de placer que los aristócratas franceses y europeos construyeron en el siglo XVIII y XIX, y que la exposición del CCCB ilustra con bonitas imágenes.

Oikema, Arquitectura y Sexualidad

Oikema. La casa de la Pasión y de los placeresClaude-Nicolas Ledoux (1736-1806). Imagen extraída de Wikipedia.

Quizás en la primera época del Reino Antiguo egipcio, su arquitectura tuviera unas características de abertura propias de una arquitectura del deseo y del placer, como nos ilustran las maquetas que se han conservado, con esos cubículos abiertos con profusión de escaleras, que se abren al cielo y donde todo parece estar interconectado.

También en la Neapolis griega de la época romana, ciudad en la que se practicaba un régimen de vida alegre y muy liberal, las casa estaban concebidas como villas de placer, con jardines, patios abiertos con fuentes y surtidores, pinturas, mosaicos y estatuas que exaltaban el sexo y el desnudo. No por algo los ricos de Roma solían tener allí sus segundas residencias a donde iban de vacaciones: una vez instalados, se vestían a la manera griega y gozaban de los placeres de la vida que el ambiente relajado del lugar les permitía.

¿Qué tiene que ver este asunto  con el Egipto antiguo y con las marionetas? Poco y mucho,  según se mire.

De entrada, las dos exposiciones tratan temas profundamente arquetípicos de los humanos, ambos sobre aspectos de la cultura que tienen que ver con actitudes de vitalismo y abertura hacia el entorno: en la cultura egipcia, el modo en que se valoraba el rico entorno natural a través de la existencia de los animales sagrados, divinizados por la imaginación de sus pueblos; en la arquitectura del placer, el modo en que los humanos nos hemos imaginado espacios abiertos al deseo, permitiendo que lo ajeno penetre en nosotros. Abertura al entorno para gozar de su riqueza vital y natural.

No cabe duda que parte de la fascinación que nos causa el viejo Egipto de los Faraones tiene que ver con esta sensación de libertad hacia el entorno que derrochan sus pinturas y bajo relieves, algo que también vemos en el arte antiguo de Creta. Las numerosas escenas de vida doméstica y cotidiana que nos han llegado, bajo forma de pintura o de maqueta objetual, ilustran este apego por la vida que sentían los egipcios, como si fueran conscientes de que gozaban de un lugar paradisíaco bendecido por los dioses que les eran amigos, empezando por el mismo Nilo, río convenientemente divinizado.

dos exposiciones
Estanque rectangular con peces y patos, alrededor del cual hay plantados lotos, palmeras datileras y árboles frutales. Fragmento de un fresco de la tumba de Nebamun, Tebas, Dinastía XVIII. © Yann Forget / Wikimedia Commons.

En la exposición del CCCB hay una perla que he dejado para el final, y que bien merece una visita de los que gustan de las artes figurativas animadas. Me refiero a la instalación de William Kentridge ‘Right into her arms‘, una obra de 2016 en la que el reputado artista crea un modelo teatral cinético de un gran atractivo, a partir de imágenes filmadas para su producción de la ópera Lulú, de Alban Berg. Dotado de un conjunto de paneles de fondo, dos de los cuales se mueven automáticamente según secuencias pre-establecidos, el teatrillo se anima con la proyección de imágenes que se combinan con los movimientos de los paneles. El resultado es realmente de impacto, logrando el resultado buscado por el autor: a partir de un juego de desconstrucción y reconstrucción de las imágenes, se muestra una radical sucesión de diferentes grados de inestabilidad y de fragmentación.

Exposición Arquitectura y Sexualidad
Imagen de ‘Right into her arms’, de William Kentridge.

Reproducimos el texto de William Kentridge que se cita en la exposición sobre el contenido de su obra: ‘La imposibilidad de establecer quién era Lulú, tanto por sí misma como, especialmente, en relación con los otros, con los hombres, se refleja en la inestabilidad de la imagen, en su flexibilidad. Lulú no puede ser la mujer que los hombres quisieran que fuera, el objeto estable y singular de su fascinación y de su deseo, y los hombres no pueden ser como quiere Lulú, capaces de aceptarla tal como es, capaces de seguir las vicisitudes de sus múltiples deseos y de aceptarlos’.
Regresando a las palabras del principio, es estimulante visitar las dos exposiciones, la del Museo Egipcio y la del CCCB, por el efecto de excitación mutua que se produce, una imágenes invitando a las otras a cruzarse y a interrogarse mutuamente. Reflexiones que concluyen este paseo informal por esos dos lugares de Barcelona.


[1] Paërl, Hetty. La misteriosa maschera della cultura europea. Apeiron Editore. Roma. 2002. Más información sobre Hetty Paërl en Titeresante aquí http://www.titeresante.es/tag/hetty-paerl/

[2] Chevalier, Jean; Gheerbrant, Alain. Diccionario de los símbol0s. Editorial Herder. Barcelona. 1986.

[3] p.p-227, del Diccionario de los Símbolos citado.

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